RAQUEL HERNÁNDEZ: “MI BMW ME HA DADO TODO»

noviembre 2022

Por José Mª Alegre
Raquel Hernández Bustamante (Madrid, 1964), desarrolla su labor profesional en la Base de Mantenimiento de Renfe. Rider de lo más precoz, tiene claro lo que las dos ruedas representan para ella: “La moto para mí es mi vida. En la moto va todo, tu vida, tus amigos, tus viajes, tus vacaciones, tus fines de semana, todo gira en torno a la moto. La vida no es solo el trabajo, está la moto, y no concibo ahora mismo no tenerla. Y la BMW R 1250 RS es mi moto”.

La precocidad de Raquel en el mundo de la moto se remonta a cuando tenía “siete años. Tuve la suerte de que mi padre pudo cumplir el sueño de tener una segunda residencia en una urbanización cerca de Madrid donde pasábamos los fines de semana y las vacaciones. En aquella época Ángel Nieto era el boom del motociclismo español y en una urbanización tener moto era lo normal. La primera que se compró en casa fue para mi hermana la mayor, un Vespino, y yo, en el momento que se descuidaba, la cogía, y eso que nadie me enseñó. Yo sabía ir en bici y la Vespino, con la que apenas llegaba al suelo, era como una bici, pero con motor”, recuerda.

La primera moto que Raquel conducía, la primera vez que sintió la sensación “de libertad total -evoca-. Igual que cuando cogía la bici, libertad, pero con esta, que no tenía que pedalear y podía ir más lejos, más libertad todavía”. 

Pero el ciclomotor era de su hermana, por lo que Raquel reclamaba su moto, prometiéndole su padre una si aprobaba todo. Y aprobó. “Me compró una Puch X30 con ruedas de tacos con la que me metía por caminos. En aquella época, había mucha carrera pirata de motos de campo y me apunté a varias con la X30”.

Luego, llegó a su casa una moto de mayor cilindrada, la de su hermano, que Raquel también se ‘adjudicó’. “Le compraron una Montesa enduro 125 H, pero a él no le iba mucho la moto y cuando cumplió 18 años se sacó el carné de coche y la moto se quedó allí y yo la cogí y como no llegaba al suelo, me tenía que parar en los bordillos para poner el pie en tierra. Con esa moto corría enduros, motocross, supercross, me apuntaba a todo”. Incluso se apuntó a un trial “con una Cóndor que me dejó un amigo. Así que, falsificando la firma de mi padre para poderme apuntar, porque te pedían su autorización, me apunté y quedé tercera. Y todo esto sin carné de conducir, porque entonces para llevar una 125 debías tener 18 años, pero todos íbamos sin carné, eran otros tiempos. Allí empezó todo”.

Por la vida de Raquel han pasado ochos motos, las dos últimas BMW, una K 1200 S y la actual, la R 1250 S.

Pregunta. ¿Por qué BMW?

Respuesta. Yo tenía a BMW como una marca catalogada para gente mayor. Pido perdón (dice sonriendo). Tuve un novio que trabajaba en una revista de motos y hacía pruebas. Yo tenía entonces más de 18 años y ya tenía el carné. Y la primera BMW que probé fue la que se compró él, una R 65 RS roja y negra. La siguiente que me dejó fue la K 75 y yo alucinaba con aquella moto, tenía incluso un display con la marcha que llevaba engranada y aquello me parecía de ciencia ficción. Más tarde, me salió la oportunidad de comprar la K 1200 S, moto con 3.500 kilómetros que era de un señor de Zaragoza y se la compré. Aquella moto era una maravilla y la prueba es que hace un año la cambie por otra BMW. En el mercado hay muchas motos que me gustan, pero BMW me ha dado fiabilidad y seguridad, me ha dado todo, y por eso me he comprado otra.

P. Es curioso, porque cambias de motor, de una cuatro cilindros al motor bóxer de dos…

R. Porque si quería un cuatro cilindros me hubiera tenido que ir a la S 1000 R o la S 1000 XR. La XR estaba en mi opción de compra, incluso antes de ver la RS en Sabiñánigo, pero no llegaba al suelo incluso con el asiento bajo. Y cuando vi la R 1250 RS, en 2018, me subí y dije ‘BMW ha pensado en mí y ha sacado mi moto’; porque yo soy todavía de Sport Turismo. Terminaré con una de turismo rutera de viajes, como la RT, pero de momento, la RS es mi moto.

Una moto, la R 1250 RS, que lleva 28.000 kilómetros, “comprada en diciembre de 2019, con año de pandemia entre medias”, recalca. “A la K 1200 S le hice 140.000 kilómetros y ningún problema”.

Raquel tiene la moto “para disfrutarla los fines de semana, para las vacaciones, los puentes, todo lo que me permita viajar, y luego, el sábado o domingo, hago una ruta por los alrededores de Madrid, que hay muchos sitios”.

Nuestra rider también ha salido fuera de España en moto a países como “Italia, dos veces, Eslovenia, Austria, República Checa, Alemania, Francia y Portugal, país que habré visitado cuatro o cinco veces. La primera vez que fui a Portugal fue al Gran Premio de Estoril. Conozco todo el norte hasta Cascáis. Y volveré de nuevo en marzo de 2023, al Gran Premio de Portimao, que sustituye al de Qatar porque con el Mundial de Fútbol no les da tiempo a reasfaltar el circuito, así que iremos (el plural se refiere a sus amigos) en esa fecha y aprovecharé para conocer toda la zona del Algarve”.

P. ¿Por qué sigue sorprendiendo, a ellos y a ellas, que una mujer lleve una moto de gran cilindrada?

R. Cuando empecé a montar en moto, era la única mujer que lo hacía. En mi casa, la educación que nos dieron mis padres era que todos hacíamos todo, sin distingos de sexo. Yo no he sufrido nunca el machismo. En cambio, en moto, sobre todo en las carreras que corría, allí sí que lo notaba, sobre todo si quedaba por delante de diez tíos, pero yo no hacía caso. Ahora, los comentarios que recibo son ‘qué valiente eres’, ‘cómo puedes con una moto tan grande’, pero son comentarios que vienen, sobre todo, de ellas, de las mujeres. Pero sí es verdad que parece como que la mujer no pueda llevar una moto grande como la mía, aunque a mí no se me hace raro verlo. Creo que no hay que darle importancia a este tema.

P. ¿A qué es debido que el mundo de la moto atraiga menos a las mujeres que a los hombres?

R. Yo creo que es más por una cuestión de afición. En mi casa las tres hermanas teníamos moto y al final la única motera que ha salido soy yo y hemos vivido lo mismo. ¿Y por qué? Por afición. Que la mujer no esté metida en el mundo de la moto, pues porque no quiere, no tiene otra explicación. Actualmente, quién quiera llevar una moto, sea hombre o mujer, la puede llevar, no hay limitaciones de ningún tipo, nadie te va a prohibir ir en moto por ser mujer. Yo creo que es por falta de afición, aunque luego vas a los circuitos y ves muchas mujeres, pero van de ‘paquete’. También puede influir eso, que al tener novio o marido que lleve moto, la mujer no tiene necesidad de llevarla.

Entre las aficiones de esta mujer, además de la moto, que es más devoción que afición, prima el deporte “desde pequeña -asegura-. He competido en natación, tenis, juego al pádel desde 2017, sigo nadando y me veo los partidos del Real Madrid, tengo que reconocerlo (risas), y las carreras de motos, MotoGP, Superbike, intento ir y verlo en directo y sino a través de la televisión”

Le van más los tramos serpenteantes que las rectas, “me gusta disfrutar de las curvas. Cuando veo a los pilotos, me fijo en cómo conducen, en cómo trazan las curvas, en cómo es su conducción y soy de tumbar, me encanta, de ahí que siga en Sport Turismo”, apostilla.

Tal vez por esa predisposición a ‘curvear’ su viaje por realizar pasa por un lugar donde las curvas son la esencia de la competición que allí se celebra cada año, “la Isla de Man -confiesa-, ese viaje me gustaría hacerlo y ver el Tourist Trophy, un viaje que está ahí, pero lo tenemos para cuando nos jubilemos (ella y sus amigos). Luego, están los de siempre, la ruta 66… Pero la Isla de Man en moto es un viaje que todos los que somos moteros debemos hacer”, concluye.

2 Respuestas para “RAQUEL HERNÁNDEZ: “MI BMW ME HA DADO TODO»”

Deja tu comentario