EXPLORANDO KIRGUISTÁN

Por Eduard López Arcos
Muchos de los planes que tenía previstos para los ya casi dos años pasados, no los he podido llevar a cabo. Básicamente, se trata de las diferentes actividades que realizo en moto por Marruecos y el Sudeste Asiático. Así que, resignado a que lo que resta de este año la cosa continuará igual, me he decidido a abrir una nueva vía, esta vez en Asia Central.

Llevo semanas, meses, mirando el mapa interactivo del Covid-19 en Skyscanner.com . En él se puede ver de forma gráfica el nivel de restricciones de los países en todo el mundo.

Asia Central está formada por cinco de las antiguas repúblicas soviéticas y hace tiempo que están en la lista de tareas pendientes. Observando el mapa que he mencionado antes, y llevando el foco al sudeste de Europa, se visualiza un pequeño oasis de color verde rodeado de color rojo. Es Kirguistán.

Descubrir

Empecé a soñar y me planteé viajar con Tormenta, mi confiable BMW F 800 GS, para llegar a la República Kirguisa. Pero, de nuevo, me encontraba con el color rojo por en medio y eso complicaba las cosas. Acabé descartando esa opción.  Lo más sencillo era coger un avión. El precio de los billetes es asequible y solamente requería un test PCR negativo y el pasaporte con validez de, al menos, seis meses.

Descubrir nuevos lugares y culturas me estimula. Llevaba muchos meses con demasiados altibajos, sintiéndome atado, sin posibilidad de llegar a esos lugares que quería y necesitaba estar. Kirguistán empezaba a brillar y lo hacía, además, porque en su capital reside un amigo cercano, de esos que se cuentan con una mano y sobran dedos. A Ernest, también de Barcelona, lo conozco desde los catorce años y hemos compartido vivencias de juventud en diferentes partes del mundo.

Pasar un invierno, o parte de él, en Kirguistán es una buena aventura. Y sí, si ahora escribo en presente es porque me encuentro en la pequeña ciudad de Karakol. Después de pasar una semana con mi amigo Ernest en Bishkek, he comenzado una ruta alrededor del lago Issyk Kul, utilizando los transportes locales. Salí de Bishkek con Ricard, otro barcelonés residente en Bishkek desde hace tiempo, gran conocedor del país y, por si fuera poco, motero empedernido.

Lo mejor del país

Lo que más me está impresionando de este país es su gente y las montañas. La gente es sencilla, hospitalaria y risueña. Me siento cómodo en Kirguistán. La vida aquí puede resultar económica para los que llevamos euros o dólares en el bolsillo. Un viaje de unos 150 kilómetros puede costar unos 2,50 euros. La gasolina de 95 octanos cuesta poco más de 60 céntimos de euro. El Som kirguís (KGS) equivale aproximadamente a 0,01 euro.

Comer en los mercados resulta barato. Un par de platos de comida pueden costar poco más de 50 céntimos de euro. Hay restaurantes con varios precios, pero suelen ser económicos. Un “menú” lo encuentras a partir de unos 2,50 euros.

Siempre me ha gustado moverme ligero. Cuando viajo en moto viajo con lo indispensable, y suelo llevar lo mismo para un fin de semana que para unos meses de viaje. Sinceramente, añoro Tormenta. Estoy viendo tantos lugares maravillosos para ir en moto que, en cuanto pasé algo más de tiempo por aquí me veré preparado para guiar a un grupo de riders por las montañas de este espléndido país.

Exploraratoria sin moto

Cuando no viajo con vehículo propio, cargo todo lo necesario en una mochila de cuarenta litros que no supera los diez kilos de peso. Recuerdo que hace unos cuantos años esa mochila pesaba la mitad, pero una parte importante de tecnología ocupa ahora un espacio importante en ella. Usar el transporte local te acerca a la realidad del país, sin paliativos. Un chute de autenticidad por la vena que, por suerte, no hace daño, pero tiene efectos secundarios. Compartir los mismos recursos que utiliza la gente del país, te hace comprender una parte importante de su cultura y es una gran oportunidad para ampliar la visión más allá de nuestro mundo particular. Sí, añoro mi moto, pero siento que ir sin ella me va a proporcionar una relación más estrecha con la cultura kirguisa. Una experiencia amplia que será un valor añadido para cuando comparta ruta con otros riders que tengan la misma inquietud por conocer.

Querido lector, te agradezco que hayas llegado hasta aquí. El próximo mes te contaré más cosas de este rincón del planeta. Espero ir despertando tu curiosidad. Quizás, quién sabe, acabemos copartiendo juntos una ruta por Kirguistán.

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