DESPEDIDA A LO GRANDE

Por Agustín Ostos
Albert Einstein decía que los problemas que tienes hoy no pueden ser resueltos pensando de la misma manera que pensabas cuando los creaste. Yo jamás imaginé que en la ruta de Santa Isabel a Murillo me fuera a meter en algunos problemillas, pero como el viejo Albert, para resolverlos tendría que pensar de una manera diferente.

No iba a irme de Colombia sin hacer la mítica ruta de Los Nevados. Sabía que, a pesar de la altura, el tramo de Murillo a Manizales se hacía sin problemas, pero no imaginé que el de Santa Isabel a Murillo fuera a ser tan desafiante. Pero todo desafío, como suele suceder, tiene su recompensa.

En mi pueblo dicen que donde está el cuerpo está el peligro. Y no puede ser más verdad. Por eso, acepto el aumento estadístico de cosas que pueden pasar viajando en moto porque a cambio obtengo mucho más: obtengo la satisfacción de sentirme vivo, gano la consciencia de ver más bella mi existencia pues valoro más la vida cuando la apuesto. Ernesto Sábato afirmaba en “La Resistencia”, libro que les recomiendo muchísimo, que la #libertad que está a nuestro alcance es mayor que la que nos atrevemos a vivir. Entonces siendo así no cabe duda alguna: atrevámonos, querida tribu, atrevámonos. Porque la vida es una, y hay que aprovechar. Hay que aprovechar el cuerpo y el tiempo que nos fue brindado para hacer lo que queramos hacer, aunque esa acción se resuma en recorrer caminos, caminos, como cantaba Roberto Iniesta, empedrados de horas, minutos y segundos.

Después de pernoctar en Murillo, me abrigué más por el frío de la altura y continué aproximándome al paso de montaña sorteando baches, charcos y huecos. La expectación era cada vez mayor, pues sabía que el momento culmen se aproximaba. Aunque no puedo escuchar el audio de las grabaciones por el viento, lo que sí puedo asegurar es que estaba profundamente emocionado, pues dentro de mí sabía que esta era mi última gran ruta en Colombia.

Mientras más lejos vas, más adentro llegas. Esa fue la conclusión que abrazamos Simón y yo en La Guajira. Y es real, sobre todo si vas solo. La introspección que te brinda viajar en motocicleta en solitario durante horas, días, semanas, meses y años, ha sido para mí la mejor escuela, la más reputada Universidad: la Universidad de la Vida. Y fue en Colombia donde me postulé para el doctorado, en el cual, como saben, dejé parte de mi alma y espíritu. Espero, con la venia del tribunal, que son ustedes, haberme doctorado ‘cum laude’. Y como sé que sí, tal vez por eso el deseo que pedí el día anterior se me cumplió. Se confabularon los dioses, conspiraron los vientos con las nubes y el imponente Nevado del Ruiz se dejó ver… no ante mis ojos, pero sí a los de mi dron.

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