CLUB DE MOTOS BMW ESPAÑA: FIESTA DEL ROAD LEADER Y DÍA DEL CLUB 2021 – BILBAO

Por Alberto Municio
Me vais a permitir que haga la crónica de este evento en primera persona, no me sale de otra manera, hay tantas cosas que contar y sensaciones que describir que creo que merecerá la pena transmitir así lo que he vivido, evidentemente es mi crónica, habrá otras 83 del evento, todas serán distintas, pero tendrán un punto en común: la diversión y el buen rollo.

La primera noticia que tuve de que nuestra fiesta del Road Leader y día del Club se trasladaba al “centro” fue durante una reunión de la junta directiva, nuestro amado presidente se lo tenía muy callado. Cuando te dicen que “se traslada al centro”, de inmediato piensas en el centro de la península, pero en éste caso no, en éste caso se trataba del centro del universo, Bilbao, y los organizadores no podían ser otros que dos de los grandes: Javier Colmenero y Fernando Iza, o lo que viene a ser lo mismo, Superyou y Katxote, del mismo centro también, vascos por los cuatro costados, aunque creo que Katxote tiene más costados ya que es el único socio del Club al que una Adventure se le queda pequeña.

Me ha tocado vivir de cerca el trabajo y las dificultades superadas por este par de amigos ya que me ofrecí de ‘apoyadura’ de ambos, aunque he de reconocer que casi todas las gestiones las hice con Katxote y que pasé muy buenos ratos hablando con él por las noches, tantas que creo que nuestras respectivas estaban empezando a mosquearse y yo también un poco, sobre todo cuando en un par de ocasiones se le escapó un “cari, cuelga tú. No, cuelga tú, venga, a la de tres…, pero cuelga ya, no, tú…” (me veía en Cuenca).

La primera dificultad superada, como casi siempre, fue el hotel, imagino la cara de la directora de un hotel ‘pijillo’ en la mejor zona de Bilbao cuando dos tíos grandotes, uno gigante, le piden reservar 44 habitaciones para un club motero (y un perrito). ¡Qué se le pasaría por la cabeza!, como mínimo la imagen de Los Ángeles del Infierno saliendo esposados de su hotel en llamas, ¡pero, mujer, que nosotros vamos en BMW!

La segunda, y no menos importante, la capacidad de restaurantes, medios de transporte y lugares donde disfrutaríamos de alguna actividad, en especial la de los barquitos con los que navegaríamos de Bilbao a Santurce y de Santurce a Bilbao, vengo por toda la Ría… (Perdonadme por meteros la cancioncita en la cabeza). En principio sólo disponíamos de uno y no daba para todos, tema solucionado con un segundo barco más pequeño y más rápido con el que dimos un repaso importante al principal, ¡qué se le va a hacer!, somos así de competitivos.

En esta ocasión el concesionario amigo, muy amigo tal vez, fue Dasmoto Bizkaia, al que desde aquí queremos agradecer el despliegue de facilidades para que nuestra fiesta fuera un auténtico exitazo. Gracias Jorge.

Pero bueno, vayamos al lío, el fin de semana elegido fue el del 19 al 21 de noviembre; Carol y yo llegamos desde Valladolid sobre las 18:00 y en la puerta del hotel ya estaban unos cuantos sonrientes socios acompañando a Katxote que estaba con los nervios del que ha organizado una boda y quiere que todo salga bien. Saludamos a un montón de amigos, evidentemente todos de Bilbao, aunque hayan nacido en otros sitios, ya sabemos que los de Bilbao nacemos donde nos sale de ahí, así que nos saludábamos con nuestras típicas expresiones: ¡Qué levantas, pues? ¡Aúpa! ¡Aúpa! Por fin, después de unos cuantos “Aúpa” más conseguimos la llave que abre la puerta de nuestra habitación, ducha rápida y para abajo donde nos esperaban los autobuses que nos acercarían al concesionario, el primero sale a las 19:00 h con puntualidad británica, pero el segundo se queda esperando a un iPhone desparecido que al final estaba en su sitio. (su dueño no tanto, ¡aúpa Joaquín!)

Al llegar al concesionario observé que se había dispuesto un gran mostrador y detrás varias personas trabajaban como locos preparando canapés, cortando salmón ahumado y todo tipo de manjares que nos hicieron desear que dieran las nueve para empezar con el banquete. Debo decir aquí que el jamón ibérico que un señor muy serio cortaba con maestría, nos lo regaló un buen amigo de Carpintería Metálica Anfra y ¡qué jamón señores!

El evento ‘Road Leader’ comenzó a las ocho en punto. La primera parte consistía en entregar las camisas bordadas de RL con los correspondientes galones a aquellos socios que durante los últimos dos años habían organizado rutas para el Club, este año recibíamos camisa David Soto, Carlos Bertrán, Joaquín Blanco, Javier Gómez, Xavi Madrid, Santiago García, Josep Mellado y el que modestamente escribe estas líneas, Alberto Municio.

La primera camisa me la dieron a mí, y no sé si fue buena idea; You me entregó la camisa y Katxote se abalanzó sobre mí al grito de ¡Cariiii!, me dio un abrazo, me fui a negro, paso mi vida en imágenes sin transición alguna y cuando recuperé el oxígeno recibí un fuerte aplauso, sólo uno como es la tradición, quizá por haber sobrevivido.

David Soto no sólo recibió camisa, también agradecimiento por tener nuestra web en forma.

Carlos, Xavi, Santi, Guille y los demás nos contaron sus proyectos para el 2022, Josep prometió no hacernos madrugar en “por su tierra II” (me pareció escuchar), Joaquín nos prometió unos “Puertos de Cantabria” y Javi vino a “hablar de su libro” y nos contó su nueva manera de colaborar con las rutas del Club.

Manuel, que en esta ocasión no recibió camisa por no haber llegado al mínimo de puntos, también explicó su segunda edición de “Oliveras Milenarias”. El Club también quiso agradecer a otros colaboradores que no son road leader, pero que aportan tanto como éstos, sus propuestas, así que Paco se llevó una camisa por su “Desafío Cardinal” y You y Katxote otras por la organización de la Fiesta del RL y Día del Club.

Una vez acabada la entrega de camisas se sorteó entre los RL un magnífico casco BMW System 7 que recayó sobre ‘Guille el suertudo’ (me alegró más que si me hubiera tocado a mi) y después Nito nos presentó suConcentración Nacional de Girona 2022 que preparará con Arnau.

Las nueve, hora de cenar, nos abalanzamos contra el mostrador de la comida imitando el paso sigiloso de la hiena, no hay amigos, menos mal que dos leones, You y Katxote, ponen orden y con grandes bandejones empiezan a mover las delicatesen de un lado a otro, había tanta abundancia que pasamos de agarrarnos al plato de jamón a cederlo amablemente al primero que pasaba.

Con la bebida pasó lo mismo, cervezas, refrescos y buenos vinos, en poco tiempo pasamos de la primera fase de la borrachera conocida como “verborrea fácil” a la segunda “exaltación de la amistad” y ahí nos quedamos, nadie se atrevió a pasar a la de “Cantos regionales”, sólo Vanessa, otra de nuestras anfitrionas que nos deleitó con un ‘Irrintzi’, grito ancestral y popular vasco al que nos hemos acostumbrado en nuestras reuniones y que ya no podemos pasar sin él. Gracias otra vez Vanessa.

Cuando la cosa parece que ha acabado se presentan en el concesionario un montón de señores con bandejas repletas de pastelitos típicos de Bilbao, nos rendimos, el catering ha sido de quitarse el sombrero y desabrocharse el cinturón, impresionante, así que nos cogemos los autobuses de vuelta al hotel a descansar que ya nos esperan en la puerta.

El sábado amaneció soleado, el tiempo nos iba a acompañar durante las celebraciones del día del Club. Habíamos quedado a las 9:00 en la puerta del hotel para ir dando un paseo hasta la Ría, por lo que previamente tomamos fuerzas con el magnífico desayuno buffet del hotel, la verdad es que no sé por qué desayuné tanto, sobre todo sabiendo como había sido el catering de ayer, más parecido a una cena romana que a otra cosa, nos faltaron las uvas y la orgía del postre, aunque claro, cada uno en su habitación pudo montarse la historia correspondiente; ahí lo dejo….

Después de un paseo de no más de diez minutos llegamos a la Ría donde nos esperaban atracados dos barquitos turísticos, el primero, más grandote, de dos alturas, se llenó rápido y los que llegamos un poco más tarde, embarcamos en el segundo, el que tenía bar. La travesía debía ser eminentemente cultural, con una voz en ‘off’ que iba explicando cada edificio singular, monumento y demás aspectos significativos con los que íbamos tropezando pero, entre las anécdotas que en nuestro barco narraba Katxote, las distintas embarcaciones de remo con las que nos íbamos cruzando y que, no sé por qué, parecía que los dos barcos habían iniciado una carrera para ver quién llegaba antes a los puntos de paso, acabó convirtiéndose en una fiesta divertidísima Bilbao – Santurce – Bilbao que duró cerca de dos horas y durante la misma nadie cayó al agua ni se maltrató a ningún animal.

Tras el paseo fluvial, atracamos frente al Itsasmuseum – Museo Marítimo de Bilbao. Nada más desembarcar, justo en la explanada del museo, nos hicimos la primera foto de grupo a la sombra de la inmensa “Grúa Carola”(llamada como mi ‘txica’), icónico testigo del pasado de la cultura marítima e industrial de Bilbao y que ahora hace las veces de inconfundible faro del Itsasmuseum. Las caras de preocupación de You y Katxote, ya por entonces, eran evidentes puesto que llevábamos casi dos horas sin comer, imperdonable situación tratándose de un evento en Bilbao, así que, asaltamos la cafetería del museo y sin apenas darme cuenta me encontré con una Coca-Cola en una mano y un platito con una especie de bocadillo en la otra que estaba cerrado, no se podía saber lo que había dentro, los que ya habían dado el primer mordisco tenían la cara roja, pero ponían cara de satisfacción invitando a cualquiera que los mirara a que hicieran lo mismo, como olía francamente bien abrí la boca hasta donde permitieron mis mandíbulas y ataqué el manjar como si en ello me fuera la vida, ahora entendía las caras rojas, el relleno estaba formado por una especie de pasta de carne y otros manjares a una temperatura que probablemente superaba la de la ebullición del agua a nivel del mar, ¡qué situación! Evidentemente disimulé e invité a otros a que mordieran con ganas el bocata, ¡faltaría más! Que no se pierda esta tradición tan nuestra.

Ya con las lenguas “estofadas” entramos al museo, nos dividieron en tres grupos para facilitar la visita, me sorprendió ver a la prensa, todavía no habíamos hecho nada, pero parece ser que nuestra visita coincidía con la reapertura del museo después de una actualización profunda y la verdad es que merecía la pena, estaba muy centrado en la transformación de la ciudad desde su etapa industrial muy productiva y próspera, pero oscura y sucia por los contaminantes hasta la actual Bilbao, moderna y luminosa; personalmente me llamo la atención la colección de maquetas y los audiovisuales que reflejaban perfectamente la historia de la Ría como puerto marítimo, astillero naval y mercado-factoría.

Al salir del Museo, dimos un paseo andando hasta el Guggenheim, donde nos hicimos otro par de fotos de grupo espectaculares y me di cuenta de una cosa importante, You es un perfeccionista, no dejó que hubiera ni una arruga en nuestra bandera, dio órdenes precisas a los fotógrafos e impidió con la mirada que nadie se cruzara por delante del risueño grupo.

El programa dice que ahora hay que coger allí mismo el autobús “que nos llevará al Asador Mendipe, allí degustaremos un riquísimo menú, donde la protagonista principal será nuestra famosa Txuleta” y desde luego que lo fue, al menos para algunos, pero no adelantemos acontecimientos.

Llegamos al Mendipe con un poco de retraso, aunque mejor diré que llegamos un poco tarde, por aquello del chiste; las vistas desde el restaurante eran espectaculares con Bilbao a nuestros pies, el comedor enorme con mesas anchas corridas que nos acomodaron a todos con holgura, a lo grande como no podía ser de otra manera.

El menú era largo y variado, empezaba por una generosa y sabrosa ración de pulpo a la brasa a la que seguía un no menos generoso revuelto de bacalao, en mi entorno decidimos hacernos los finos para reservarnos para la txuleta y nos centramos en los vinos blanco y tinto, extraordinarios ambos, mientras, a lo lejos, el murmullo general del comedor subía rápidamente, estaban empezando a repartir txuletas (de las que se comen).

Nuestra mesa estaba un poco fuera de la vista de los organizadores y en ella no había nadie de Bilbao, o todos éramos de Bilbao, pero no nacidos en Bilbao, ya sabéis lo que os he contado antes. A mi izquierda dejaron una enorme txuleta troceada y a mi derecha otra, unas patatas fritas recién sacadas de la sartén y una bandejita con pimientos, después las camareras se marcharon como si hubieran terminado su trabajo y nos dejaron tranquilos para saborear el manjar hasta el postre. La carne era de primera calidad, seguro, tenía un aspecto magnífico pero a mí me pareció que estaba cruda y fría, seleccioné el trozo que me pareció más hecho, probablemente porque le hubiera dado el sol al sacarlo de la cámara, y empecé a diseccionarlo en minúsculos trocitos para ponerlos entre dos patatas fritas y poder tragarlos sin más; en mi mesa había distintas opiniones respecto del punto de cocción de la carne; Pere, vehementemente, nos espetó “le vas a enseñar tu a un vasco el punto de cocción de la txuleta, los de aquí mojan pan en la sangre”. Lo dijo tan seguro de lo que afirmaba que nos convenció a todos y seguimos comiendo sin rechistar, sólo Francesc, que en aquel momento tenía una expresión similar a la del Fary chupando un limón, se atrevió a musitar con la boquita pequeña un “pues a mí me gusta un pelín más hecha también” (gracias compañero). Por un momento estuve tentado de pedir que me pasaran un par de trozos un poquito más, pero ante el temor de hacer el ridículo, no me atreví.

Ya habíamos dado buena cuenta de las txuletas cuando Katxote se nos abalanza desde el fondo del comedor y nos grita, “¿pero no esperáis ni a la plancha?, ¡cómo sois!”. ¿Esperar a la plancha?, ¿qué es eso de la plancha? ¿No me digas que ahora nos traen una plancha? ¡Claro hombre! ¡Y la sal! Que no la traigan, Katxote, que a nosotros nos gusta la carne cruda y mojar en la sangre, que somos de Bilbao, además la manteca para untarla se la ha comido Anna.

Tal vez es la demostración de que los moteros somos pioneros en muchas cosas, por ejemplo, ahora está de moda comer insectos, los moteros llevamos comiéndolos, o mejor dicho, ingiriéndolos a gran velocidad desde tiempos inmemoriales.

Después de tanta risa y con el estómago más que lleno, nos plantaron un hermoso trozo de ‘Pantxineta’ para redondear la comida y rellenar posibles huecos que quedaran en el estómago.

Con tanta diversión la comida se alargó más de la cuenta y entre eso y un atasco, que el conductor aprovechó para pasar tres veces a saludar al San Mamés, llegamos al hotel justito para darnos una duchita rápida y vestirnos para nuestra cena de gala en el lujoso y emblemático Hotel Carlton.

Con el tema de la vestimenta requerida para la cena reconozco que nos liamos un poco, You dijo desde el principio que “camisa del Club y zapatos”, Ángel, desde el foro, preguntó por la necesidad de llevar también algún tipo de prenda de cintura para abajo que impidiera la visión de los miembros y miembras, pero no contestó, por lo que un poco más adelante dije yo, por el mismo medio, de asistir con la elegancia que nos caracteriza, a lo que You insistió en lo de la camisa del Club y zapatos. Con éste pequeño embrollo se produjo una mezcolanza de camisas del club de colores estridentes complementadas con americanas oscuras en los hombres que, unido al entorno lujoso del hotel, nos dieron la imagen perfecta de “Mafia Calabresa”.

Nos hicimos las correspondientes fotos de grupo en el recibidor del hotel junto al cartel del evento y las motos de nuestros organizadores, la R 1250 GS Adventure de You y la 1350 de Katxote (todavía en fase de prototipo).

El menú era lo de menos, os lo juro por Snoopy (me vuelvo pijo en estos hotelazos), todavía estábamos haciendo la digestión del tartar, pero os lo cuento para que alucinéis: Ensalada de ventresca, Risotto de langostinos y hongos, Bacalao en Salsa verde y tarta de queso. Así que cuando vi luces de colores en el techo y escuche la canción de los coches de choque ‘piribiripiribiripiribí’ no estaba seguro de si me había desmayado y soñaba o qué, así que aguanté la respiración esperando que el extraño sueño se convirtiera en erótico, pero nada, no hubo suerte, era Katxote otra vez con un altavoz de pilas y luz estroboscópica, ‘coñe’, y ¿qué lleva en la mano? ¿dos Txapelas gigantes? Ostras, sí, y llama a Santi, un socio que este año ha ganado nada más y nada menos que el Campeonato del Mundo de Turismo que organiza la FIM, se pone la Txapela y le sienta bien al tío, es que Santi, a nada que se ponga… Y ahora me llama a mí, pero (parafraseando a Sara Montiel), ¿qué invento es esto? Pues, toma txapela, me la enrosco a lo Macario y se me cae hacia atrás, me asisten varias personas en su correcta colocación y nada, ni con esas, en las fotos se me ladea y parece que tengo media melena, a la vez Katxote me indica amablemente que no es una boina, es una txapela, pero no para poner, sino para enmarcar. Me quedo más tranquilo, tengo una cabeza de talla 63 y la txapela se me caía, uff. Pero si en algo coincidí con Santi es que nos gustaba mas que el dinero.

Después, Víctor sorteó de parte del Club un magnífico regalo, una inscripción para la Concentración Nacional de Girona, eso sí, personal e intransferible, que recayó en el nuevo socio Fermín, ¡enhorabuena! Nota del Secretario: Fermín, no intentes transferir el regalo. Víctor buscó, como si en ello le fuera la vida, y encontró, un boli permanente e imborrable y apretó bien fuerte para que si conseguías eliminar la tinta quedara la marca, así que no te queda otra opción que disfrutar de la Nacional.

Un ‘cubatita’ en la mesa y nos dieron la una y las dos y las tres… Menudo fin de semana, sin duda de la talla de You/Montse y Katxote/Vanessa. ¡Qué grandes sois compañeros!  ¡Os queremos!

P.D. Nos quedaba el resto de la noche para descansar y un desayuno de despedida, pero no quiero extenderme demasiado, yo soy así. Nos vemos pronto.

Organizan: Katxote y You

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