RODAR HACIA LO PROFUNDO

Por Agustín Ostos
Una vez me preguntaron que qué quería transmitir en Soy Tribu, y respondí que Soy Tribu es un canto a la vida, un intento de mostrar que, a pesar de todas las cosas malas que aparecen en las noticias, el mundo en el que vivimos es más bonito que feo y tiene más gente buena que mala, que no hay que tener miedo para lograr lo que uno quiere y que los sueños no están tan lejos como parecen. En resumen, ser feliz con qué se hace y cómo se hace. Y aquel día, nuestra felicidad estaba en ir a San José del Guaviare y resignificar todo lo que habíamos escuchado sobre aquel territorio.

Las vías principales de los territorios donde más se recrudeció el conflicto son los que actualmente cuentan con una mayor presencia militar, razón por la que aquel día nos encontraríamos constantemente, además de con la lluvia, con el Ejército colombiano. Poco a poco, tras sortear controles y trombas de agua, fuimos avanzando entre plantaciones bananeras a través de los 256 kilómetros que separan San José del Guaviare de Acacías con un doble propósito: llegar con luz, y llegar bien.

El sitio que más me impresionó del Guaviare fue Cerro Azul, un emblemático cerro donde los pobladores de la Antigüedad dejaron un regalo que ha permanecido intacto durante miles de años. Cerro Azul, como pueden observar, en realidad es verde, pero desde lejos, debido a un efecto óptico, sí que parece azul, razón por la que los que lo veían en la distancia lo llamaban de esa manera. Y es en Cerro Azul donde se encuentran unos impresionantes pictogramas de más de 8.000 años de antigüedad, un auténtico alijo de arte prehistórico que te trasladan al antiguo mundo.

Los primeros pobladores de la región dibujaron motivos antropomorfos, zoomorfos, geométricos y vegetales representando escenas de caza y rituales, con los humanos interactuando con plantas, bosques y animales de la sabana. A mí, personalmente, el arte rupestre me fascina porque me permite asomarme a una ventana en el tiempo desde la que visualizo a todos los que caminaron antes imaginándome sus amores y sus anhelos, sus alegrías y sus miedos, sus creencias y sus sueños. Cerro Azul es, junto al Chavín de Huantar en Perú y la Sierra Nevada de Santa Marta, uno de los mayores puntos enérgicos que visité en mi vida y, por tanto, uno de mis sitios favoritos de Sudamérica. 

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