CLUB DE MOTOS BMW DE ESPAÑA: POR MI TIERRA I. 30 DE SEPTIEMBRE DE 2021

Aunque he nacido en Almería, he vivido más años en mi primera tierra de acogida, Jaén. Es por eso que, en estos meses de confinamiento, me planteé compartir alguna ruta por mi tierra con mis compañeros del Club de Motos BMW de España. La verdad es que la pandemia me ha permitido dedicar más tiempo a planificar rutas que a materializarlas, pero por fin nos encontramos con una cierta normalidad que nos permitió disfrutar de un fin de semana largo con dos rutas por la provincia de Jaén.

Como la primera ruta, la del día 1 de octubre, correspondía a un recorrido por la Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas, tomé como punto de encuentro el Hotel Riopar Spa (Riópar), en la provincia de Albacete, a 21 kilómetros de los límites con la provincia de Jaén.

En el Hotel Riópar nos agrupamos y tal cual fuimos llegando, disfrutamos del spa y después de la cena, dedicamos un rato a comentar la ruta del viernes, que, aunque no superaba los 200 kilómetros, decidí poner la salida las 8:00 horas, ya que tenía como objetivo comer en Úbeda y dedicar la tarde a una visita guiada por la ciudad (de aquí que algunos le añadieron a la ruta “Por mi tierra 1, Al Alba»).

A las 8:00 horas en punto, las catorce motos y los 25 viajeros con nuestras RT, Adventure, GS y K 1600, pusimos rumbo a la Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas. Un parque natural con 214.336 hectáreas, que lo convierten en el espacio protegido más grande de España y el segundo de Europa. Iniciamos ruta por la CM-3204/A-310: por delante, 198 kilómetros por un espacio olvidado por el mundo, sierras de Cazorla, Segura y las Villas. Un oasis de paz y silencio, rodeado por hectáreas y hectáreas de olivos plateados. Tierra de pinares, de pendientes rocosas y picachos coronados por castillos, sus cumbres y valles, escenario del constante pelear entre cristianos y musulmanes, parecen un ángulo muerto en el mapa de Andalucía, pero rebosan de vida: ciervos, corzos, gamos, cabras, linces… que cobijan, además, pueblos y villas encantadores, casi de cuento. Y aunque no nos lo creíamos, en la subida hasta el Parador de Cazorla, al menos las primeras motos del grupo, tuvimos la oportunidad de ver corretear delante nuestro alguna ardilla y un par de ciervos que apenas se inmutaron ante el paso de las catorce motos. La cámara de Conchi, con David al manillar, captó ese momento.

Tras recorrer 21 kilómetros, entramos en la provincia de Jaén por una carretera de curvas y buen firme (A-310), permitiéndonos contemplar sus olivares y pinares en todo su recorrido. Sobre el kilómetro 42, tomamos un desvío a la izquierda en dirección Orcera, pasando muy cerca del cruce que sube hasta Segura de la Sierra, pueblo que no visitamos, pero que afortunadamente contemplamos a cierta distancia su castillo encaramado en un lugar imposible, que bien merece este pequeño desvío.

Pasado Segura de la Sierra, nos dirigimos a la A-317, en dirección Cortijos Blancos, acompañados en este tramo, por los ríos Guadalimar, Trujala, Orcera y Hornos; éste último, con algunos arroyos alimenta el Pantano del Tranco, junto con el Guadalquivir.

Continuamos la marcha por la A-317, que dejamos poco antes del punto de desagüe del embalse del Tranco de Beas, donde hicimos una parada para realizar fotos del paraje.

Otros doce kilómetros más nos llevaron hasta Coto Ríos, donde nos tomamos un pincho en el Mesón el Rincón, atendido por Janet y Belín, que nos tenían todo preparado: pincho de tortilla de patatas, acompañado de embutido de jabalí (lomo, chorizo, jamón…)

Y de nuevo a la A-319, dirección Arroyo Frío, para desviarnos hasta el Parador de Cazorla, un tramo precioso y una foto obligatoria para los participantes del Desafío Cardinal. Curvas y más curvas, acompañados del Guadalquivir, al que pronto abandonamos en dirección al Puerto de las Palomas, donde hicimos parada y fotos, aprovechando las vistas espectaculares.

En dirección Cazorla de nuevo, más curvas y preciosas vistas que nos llevaron al arbolado valle del Guadalquivir, que no hay que olvidar que nace en la Sierra de Cazorla. Por allí desciende, ingenuo y confiado, el río totémico de Andalucía, apenas un hilo de agua, que corretea entre pedregales sin sospechar aún las aventuras que le deparan su carrera ni las ciudades que hallará a su paso. Antes de Cazorla, La Iruela, con la espectacular vista de su castillo que desde la carretera culmina en una roca vertical que ya desde abajo produce vértigo.

Pasada Cazorla, continuamos por la A-319, ahora poco revirada y bordeada de olivares, que hace pocos años seguro que dejaban caer sus frutos en el mismo asfalto. Fuimos en dirección a Arroyo Frío, donde volvimos a saludar al Guadalquivir y a Torreperogil, donde nos desviamos hacia Úbeda, para llegar a las 13:00 horas al Palacio del Deán Ortega (Parador de Úbeda), donde nos esperaba un minúsculo descanso y la comida, que hicimos a las 14:30 h.

A las 16:00 horas, en la puerta del Parador, teníamos a María Jesús Rodríguez, guía experimentada, que nos tenía preparada una ruta de interiores y exteriores de unas dos horas y media y que nos llevó a ver la espectacular Úbeda, declarada Patrimonio de la Humanidad en 2003.

Empezamos por la plaza Vázquez de Molina y el Parador y seguimos con una obra maestra: La Sacra Capilla del Salvador, encargada por Francisco de los Cobos y Molina (secretario de Carlos I), al burgalés Diego de Siloé y a su ejecutor, el albaceteño Andrés de Vandelvira.

Otro interior que tuvimos la oportunidad de visitar fue el Palacio Vela de los Cobos: uno de los monumentos más notables de la ciudad de Úbeda. Se encuentra enclavado en el antiguo Real viejo, hoy llamado Juan Montilla, en honor del destacado político e ilustre morador del edificio. Fue declarado, junto a Úbeda, patrimonio de la humanidad.

Se mantiene actualmente en perfectas condiciones de conservación, tanto su exterior y fachada principal, como su interior, cuidadosamente acondicionado y amueblado, constituyendo una notable excepción, en el inexorable proceso de desaparición de la función residencial de las viejas grandes moradas de la ciudad. Después de las visitas y los recorridos exteriores, dejamos la cena al libre albedrío, lo que nos permitió disfrutar de bares, terrazas y alegre ambiente de la noche de Úbeda.

Día 2 de octubre 2021

De nuevo a las 8:00 horas, todos en la puerta del Parador con las motos a punto para iniciar la ruta. ¡Fue un gran espectáculo contemplar el destello de las luces de las motos al unísono!

Nos fuimos directos a una almazara en las faldas de Sierra Morena, provincia de Jaén, principal zona productora de aceite de oliva del mundo. Sólo en Jaén, se cultivan 66 millones de olivos. Visitamos una de las mejores almazaras de España, premiada por AEMO en 2013 y los olivares de donde se obtiene, uno de los mejores aceites de oliva del mundo: Oro BailénReserva Familiar.

Como llegamos en octubre, estaban en plena recolecta de las aceitunas y tuvimos la gran fortuna de ver como el tractor llegaba de la propia finca y las descargaba en la tolva, dirigiendo el fruto a su criba y al lavado (procedimiento previo al prensado en frío). Todo un privilegio, que despertó el interés del grupo. Durante la visita, hicimos catas, tanto de los aceites, como de las mermeladas producidas en la finca. También concertamos un desayuno molinero, acompañadas de un par de botellas de aceite emblemáticas de ¼ de litro (variedades Picual y Arbequina). Posteriormente, cada uno fue adquiriendo en la tienda otros productos, que pusieron a nuestra disposición y que permitía el espacio de nuestras maletas.

Sobre las 10:30 horas teníamos previsto salir de la almazara, «pero entre pitos y flautas» nos dieron las 11:00 pasadas y emprendimos ruta en dirección sur hacia Mengíbar y Jaén, bordeando la capital en dirección a Martos.

Nuestro destino era Alcalá la Real y su ciudad fortaleza: no olvidemos que la provincia de Jaén es uno de los lugares con más concentración de castillos y fortalezas del mundo, sólo comparable con los países de Siria y Jordania.

Transitando hacia Alcalá la Real, pasamos por Castillo de Locubín, un pueblo de unos 4.200 habitantes, en el que viví unos siete años, durante mi niñez e inicio de la adolescencia. El actual Palacio Abacial, antiguo instituto El Patronato, es el escenario de la presentación del libro ‘La cuarta bestia’, de Luis Miguel Sánchez Tostado, sobre un espeluznante asesinato que conmovió a todo el país en 1898 y que puso al pueblo de Castillo de Locubín en el centro de mira de todo el país. Este asesinato marcó un hito en los fastos de la criminalidad. Una ardua investigación, el polémico juicio y las ejecuciones públicas posteriores desataron un enorme impacto social en aquella España profunda y hermética. Fue tal su trascendencia, que el asunto sobrecogió al presidente Sagasta y se debatió en el Consejo de Ministros. Nada fue igual desde entonces. ¿Cómo se proyectó el crimen de Pedernales?, ¿quién hizo desaparecer la documentación judicial?, ¿quién fue el ‘monstruo de Castillo de Locubín’ del que tanto se habló en su tiempo?, ¿existe el crimen perfecto?, ¿es posible desvelar secretos a través de los ojos? Merece la pena leerla y ya se habla de llevarla a la gran pantalla.

Tenía prevista una parada en Castillo de Locubín, saludar amigos de hace 50 años, pero no pudo ser.

Llegamos a Alcalá la Real y sin pensarlo subimos hasta la plaza del Castillo de la Mota, por la puerta norte, un camino empinado y empedrado por el que ascendimos diez de las catorce motos. Algunos, con buen criterio, decidieron quedarse en los aparcamientos previos a la subida y al empedrado. Si la hora de llegada prevista era las 12:15 horas, creo que llegamos a las 12:55, con la guía y el fotógrafo de turismo de Alcalá la Real esperándonos. Hubo que hacer un replanteamiento de la visita y nos perdimos la entrada que hizo a la fortaleza el ejército de Alfonso XI por los túneles subterráneos que conducían a los depósitos de agua. Merece la pena disfrutar del recorrido completo propuesto por la oficina de turismo de Alcalá la Real y la proyección que hacen durante la visita.

Acabada la visita, pusimos rumbo al Mesón Angelillo en Frailes, donde teníamos concertada la comida. Después, vinieron los 62 kilómetros más divertidos de la ruta: unas vistas excelentes de fincas de olivares que puedes tocar con las manos, curvas sin cesar, en definitiva, la culminación final de la ruta. Para acabar la jornada, recorrimos 48 kilómetros tranquilos y relajados por la autovía del Olivar (A-316), que nos llevó de nuevo a Úbeda, con un total de 291 kilómetros apasionantes por la provincia de Jaén.

Pues bien, aún hubo tiempo de relajarse un rato en la habitación del Parador de Úbeda, asistir a la cena de despedida y participar en el sorteo de una excelente chaqueta Raceflow, gentileza de BMW Motorrad España, y que le tocó a Lola, socia asidua e infatigable del club, ¡Felicidades, Lola!

Os espero el año que viene con la continuación de esta ruta: “Por mi tierra II”, que ya tiene fecha en el calendario del club.

Direcciones web:

www.tuhistoria.org

Castillo de la mota

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