JOSÉ MARÍA GARCÍA, ÚNICO ESPAÑOL EN DAR LA VUELTA AL MUNDO EN MOTO Y PARTICIPAR EN TRES DAKAR, SIEMPRE CON UNA BMW, ANTE SU CUARTO RALLY: “EL OBJETIVO ES DISFRUTAR Y SUFRIR LO MENOS POSIBLE”

Por José Mª Alegre
José María García (Madrid, 1972), el único español que ha dado la vuelta al mundo en moto y ha participado en tres Dakar, siempre con BMW, “eso seguro -se reafirma-. Creo que hay algún inglés que ha hecho viajes en moto y ha corrido el Dakar, pero español no hay y con BMW, menos”, afrontará su cuarta participación en el rally más duro del mundo con una BMW 450. “El objetivo -asegura el piloto-, aparte de llegar, es disfrutar, que es difícil, porque siempre tienes un plan y al final se va complicando, tienes un golpe un día, ya te duele una cosa, otro día se rompe algo que te retrasa, pero la idea es disfrutar y no sufrir tanto, porque hay veces que llega a ser peligroso. Terminar en buenas condiciones y sufrir lo menos posible, que es complicado”.

García se inició en la prueba en 2006, con una F 650 GS, debut exitoso pues llegó a la meta, toda una proeza si tenemos en cuenta que el madrileño es un piloto amateur. Ese año fue el penúltimo en disputarse en tierras africanas, pues desde 2009, tras la suspensión del rally en 2008 por amenazas terroristas en Mauritania, tiene como escenario Sudamérica y desde hace dos en Arabia Saudí.

La segunda incursión dakariana del español fue en 2011, prueba que discurrió entre Argentina y Chile, cruzando de nuevo la bandera a cuadros con su BMW 450 preparada por Touratech. En 2016, García repitió el reto del Dakar con igual moto, edición que debía discurrir por tierras peruanas, pero el país andino anunció a última hora que no permitía el paso de la caravana por su territorio. Un revés para José María y para el resto de participantes, que fue mayor en el caso de nuestro protagonista al ser descalificado a tres etapas del final tras una injusta decisión de la dirección de carrera. Dos plenos de tres y este próximo 2022 de nuevo con una nueva BMW 450 más actual que las anteriores y preparada por ADN Motos en esta ocasión, espera sumar un nuevo Dakar finalizado en su haber, un rally que tendrá como escenario, por tercer año consecutivo, Arabia Saudí y sus temibles desiertos, dándose la salida en Ha’il el 1 de enero (etapa prólogo), para finalizar en Jeddah el 14 del mismo mes. Cuarta aventura dakariana que le acompañan BMW Motorrad España, ADN Motos, Eurolloyd,  KmCero Club del Motorista y Motocenter Company, entre otros.

Pregunta. Dado prácticamente el monólogo de arena y dunas con el que te encontrarás en Arabia Saudí, la pregunta es obligada, ¿cómo vas en el desierto?

Respuesta. El problema de la arena es que aquí en España no puedes entrenar en esa superficie. La última vez que lo hice fue en el Morocco Desert Challenge, en Marruecos, en el que participé hace cinco años, y ahora he estado una semana en ese país entrenando, con muchas horas en moto, con road book y he hecho mucha arena, muchas dunas en los dos principales desiertos, el de Erg Chebbi y  Erg Chegaga y me ha servido de refresco. (Y, bien?). Sí, esto es como cuando esquías, el primer día de la temporada te sientes un poco torpe, pero luego vas acordándote y bien.

P. Cumplirás 50 años el mismo mes del Dakar, eres padre de familia, ¿qué es lo que te impulsa a participar en una carrera como esta que, además, tiene fama de ser la más dura del mundo?

R. Lo he pensado y la verdad es que uno de los alicientes es que se celebra en Arabia Saudí. El primero que corrí fue en África, los dos siguientes los hice en Sudamérica y de este he visto imágenes, la gente me ha hablado muy bien y aunque hay pilotos todavía mayores que yo que corren en moto, yo no lo podía dejar mucho más. Entonces, pedí permiso a las mujeres de casa -Pilar, su mujer, y Paula, la hija de ambos-, me lo dieron y no me lo he pensado (¿Qué generosas…?) Bueno, pides permiso dándolo un poco por sentado -se ríe-, yo soy muy cabezota… Se trata de entrenar fuerte, tener cuidado, ya no soy un chaval, entonces hay que ir con mil ojos. Pero al final los retos son así, cuanto más duro es el reto, mayor es la satisfacción de haberlo conseguido.

“Prefiero viajar a competir, es bastante menos estresante, por eso el Dakar lo hago cada cinco años. Porque está la logística, buscar espónsores, preparar la moto, eso genera estrés y viajando no”

P. Retrocedamos en el tiempo y cuéntame cómo y cuándo te enganchaste a la moto. ¿De qué te viene la pasión por las dos ruedas?

R. De mi padre, de pequeño ya, con diez o doce años, en quinto de EGB, tuve una moto por buenas notas y ya no hubo marcha atrás. Él llevaba toda la vida montando en moto, tuve la suerte de viajar con él, muchos viajes por Europa, también por Marruecos, la verdad es que toda la familia le debemos la afición a él.

Su padre (foto de abajo, recibiendo a José María en Dakar, en 2006)  , que era conocido como “El Capi”, se fue prematuramente a consecuencia de un desgraciado suceso. “Fue debido a un accidente de muy mala suerte con el buggy que le gustaba tanto… Una pena, la verdad, porque disfrutaba muchísimo, tenía setenta y pico de años y disfrutaba muchísimo de la moto, del buggy, de viajar, una pena, la verdad”, recuerda su hijo con pesa

P. En tu haber tienes una vuelta al mundo con tu mujer, en una R 1200 GS, ¿cuánto duró esa aventura?

R. La vuelta al mundo la he dado en dos etapas, una fue hace unos diez años, hice ‘América en moto’, desde Alaska a Argentina, con mi hermano Jaime, íbamos para seis meses y al final tardamos nueve. La segunda, fue con Pilar muchos años después, en 2012. Cuando nos conocimos, Pilar me pregunto cuál era el siguiente viaje que me gustaría hacer y le dije que ir a Australia en moto, ella se apuntó y al año de conocernos ya estábamos saliendo desde el (Santiago) Bernabéu, los dos subidos en la 1200 GS Adventure rumbo a Australia. Luego, lo alargamos, porque yo seguía trabajando ‘on line’, había ingresos y decidimos ir a Nueva Zelanda. Luego, Sudáfrica, donde compramos una moto para Pilar, una BMW F 650 GS e hicimos África durante cinco o seis meses, ella con su moto, se emancipó -sonríe-, y yo con la 1200, y muy bien. Íbamos para nueve meses y al final fueron prácticamente dos años.

P. Qué recuerdos guardas de ese viaje tan deseado por tantos riders.

R. Siempre me preguntan qué país te ha gustado más y yo digo que eso es muy difícil de responder. El que menos, sí, algún país raro como Turkmenistán y algún otro, pero el que más… Es que hay sitios espectaculares, como Tailandia, que nos encantó, Indonesia, Nueva Zelanda, Asía Central también es espectacular, África es impresionante, la verdad es que todos son buenos recuerdos. Tuvimos suerte en el tema de enfermedades importantes, no tuvimos accidentes importantes, no sufrimos robos, entonces, la verdad es que el viaje, aunque fue de aventura, salió todo bastante bien.

P. Viajar o competir.

R. ¡Viajar! -responde al instante con una sonrisa-, es bastante menos estresante, por eso el Dakar lo hago cada cinco años. Es verdad que se me olvidan las penurias, lo duro que es, incluso el estar en la línea de salida, porque antes está la logística, el buscar espónsores, el preparar la moto, eso genera bastante estrés y viajando la verdad es que no.

“Cuando el cuerpo está muy cansado, la cabeza es la que te hace seguir. Yo, lo tengo muy claro, la frase ‘me retiro’ no está en mi cabeza”

Respecto a su fidelidad a BMW, marca con la que ha estado en los cinco continentes y disputado los tres dakares, además del cuarto con el de 2022, José María asegura que “no es que sea un talibán de la marca, pero se ha dado así. Yo, la primera BMW que tuve fue en la década de los 90, una R 1100 GS, y a partir de ahí la 1150, dos Adventure, la actual tiene 240.000 km y anda perfectamente y luego el Dakar, el primero con BMW y así sucesivamente”, explica.

P. ¿Cómo estás preparando el Dakar?

R. Hay dos partes, la física y la parte de moto, que siempre es la más complicada, porque hay que buscar lugares para entrenar. La física es más fácil de organizar. Estoy haciendo mucha natación para fortalecer todo lo que es la espalda y el tren superior, mucha bici de montaña y también correr, porque eso lo puedes hacer en cualquier lugar y momento. A mí, el gimnasio no me gusta, intento siempre hacer ejercicio al aire libre. Y con la moto, hacer los kilómetros con ella que pueda, con road book, salidas largas, ahora he estado en Marruecos, como he contado, y he estado muchas horas encima de la moto y haciendo toda la arena, todas las dunas que hemos podido.

P. La navegación también es difícil…

R. La navegación es complicada, porque si vas más o menos despacio, se puede hacer. El problema es cuando tienes que ir a gran velocidad, yo no soy un piloto profesional, pero al final tienes que mantener una velocidad aceptable, de lo contrario no llegas al vivac antes de que se haga de noche. Entonces, la navegación es importante, manejando el road book y en los últimos dakares es todavía más importante.

P. ¿El Dakar es más duro física o mentalmente?

R. Yo creo que los dos, lo que pasa es que cuando el cuerpo ya está muy cansado, la cabeza es la que te hace seguir adelante, pues piensas en toda la logística, en los espónsores, la gente que te ha apoyado. Yo, como forma de financiación, vendo camisetas, que en las dos últimas participaciones han sido mi espónsor principal, entonces, piensas también en toda la gente que la ha comprado y hay que darlo todo. Yo, lo tengo muy claro, la frase ‘me retiro’ no está en mi cabeza, puedo tener un accidente, una avería mecánica, pero me retiro, eso no existe.

Las camisetas que vende José María para financiar su aventura dakariana como la que lleva en la fotografía, se pueden conseguir en sus RRSS o escribiendo a su correo jgarcíadom0@gmail.com, “donde les responderé y muy agradecido. En otros dakares, en 2011 y 2016, hicimos 600 o 700 camisetas, agradeciendo mucho el apoyo, pero todo eso hay que gestionarlo, hacer envíos y tal, pero para los amateurs llegar a la línea de salida tiene que ser así, gracias a un cúmulo de pequeñas ayudas”, reconoce.

P. El Dakar es mucho más duro en moto que en coche, de eso no hay ninguna duda, ¿no?

R. Totalmente, ya no solamente más duro, sino que encima es más peligroso. Siempre hay accidentes. Primero, eres tú el que tiene que ir navegando y pilotando, en coche el copiloto va dando la información con el road book y el piloto, conduciendo. También es verdad que en la moto no podemos discutir con nadie más que con nosotros mismos, pero la dureza es mucho mayor en moto. Luego, a los amateurs nos empiezan a alcanzar los coches, hay días en los que te pilla la noche; en Mauritania, tuve que dormir en el desierto. En Argentina-Chile llegué cuando ya habían salido diez o veinte pilotos de moto de la etapa de ese día, entonces, comes algo, los mecánicos miran la moto lo necesario, te mira el médico y ¡hala¡, te haces dos etapas seguidas, lo cual es una locura. En el primer Dakar perdí siete kilos y cuando llegué aquí estaba totalmente chupado.

P. Qué media de horas diarias duermes en el Dakar?

R. Pocas, yo creo que de media unas cuatro o cinco horas. En Arabia creo que hay menos enlaces que en Argentina, donde salías a las 3 o las 4:00 h de la madrugada del campamento, hacías 400 kilómetros, luego una etapa de 600 kilómetros y luego otros 300 de carretera. Porque no todo es la especial, sino que hay enlaces que normalmente suelen ser por carretera, pero con una moto de rallys de 450 cc al final se sufre prácticamente como si lo estuvieras haciendo por pista”.

P. ¿Cómo es el Dakar por dentro, hay camaradería, hay compañerismo, se hacen dos grupos, los pilotos consagrados por un lado y el resto por otro, cómo es la convivencia?

R. El aliciente del Dakar, la magia que tiene es que estás participando en la misma categoría que los pilotos de la élite. Entonces, compartes vivac con ellos, la zona de la cafetería, compartes el campamento y son totalmente accesibles y eso no pasa en ninguna otra competición. Tú te puedes apuntar a un campeonato, pero como amateur no correrás con Marc Márquez, por ejemplo. Entonces, es un lujo poderlo hacer y hay mucha camaradería, sobre todo con los pilotos amateurs, que nos vamos ayudando. Si ves a alguien que tiene un accidente, por supuesto, pero si tiene algún problema mecánico y le puedes ayudar en algo, con algún tipo de herramienta o bridas, pues lo haces, porque hay mucha ayuda entre los amateurs.

El coste para correr el Dakar, incluyendo la moto, entre 50 y 60.000 euros. La inscripción son 15.000 euros, la asistencia entre 10 y 14.000 euros…”

P. ¿La moto la arreglas tú o tienes asistencia?

R. Voy con asistencia, porque mecánicamente tengo algunas nociones, pero no para solucionarme los problemas que se pudieran presentar, sino tienes problemas, cambiar el aceite, limpiar el filtro, eso bien, pero si es tema eléctrico o de otro tipo… Y de esta forma puedes descansar. Este año voy con el Club Aventura Tuarech y espero que funcione todo perfectamente.

P. ¿El Dakar es realmente la carrera más dura del mundo?

R. Yo no he corrido muchas carreras, la verdad, solo disputo rallys y de lo que he hecho, pues sí lo es, sobre todo el primer Dakar, que sufrí muchísimo; allí íbamos siete pilotos con BMW 650 y el único que acabé fui yo y sufrí muchísimo, la falta de sueño, que era una moto muy pesada para ir por Mauritania y la verdad es que se pasa mal, lo que pasa es que luego las penurias se olvidan y te queda solo lo bueno y por eso te vas animando (para hacer otro Dakar).

P. ¿En algún momento de las tres participaciones tuyas en el rally dijiste “qué hago yo aquí”?

R. En el primer Dakar hubo dos accidentes, dos pilotos fallecidos. Uno era profesional, el otro no, y piensas que igual esto no es algo en lo que yo debiera estar, pero, como te digo, lo malo se olvida y vuelves. Pero realmente lo peor de todo son los accidentes fatales que hay.

García recuerda alguno de esos momentos. “Ver la moto parada de un piloto que sabes que va rápido totalmente destrozada, pues sabes que algo gordo ha pasado. Luego, las noches esas en Mauritania, durmiendo en las dunas, con los camiones pasando por todas partes, cuando enlazas etapas sin dormir, te preguntas ‘qué hago yo aquí’, pero el Dakar es así”, reconoce.

“BMW Motorrad España siempre ha estado ahí, en los anteriores dakares, en los viajes, siempre ha colaborado y es muy de agradecer”

P. ¿Qué tal la BMW 450, qué preparación está haciendo ADN Motos?

R. Este es el tercer Dakar que haré con una BMW 450 -la de este año es otra diferente-, cuya preparación, al igual que en 2016, la está haciendo Óscar de ADN Motos y aunque todo se va complicando, porque es una moto que no hay tanto recambio disponible, pensamos que va a quedar muy bien, con suspensiones pata negra que le hemos montado y realmente creo que esta vez, de las tres que he ido con la cuatro y medio, va a ser la mejor preparada.

P. Cómo valoras el apoyo de BMW Motorrad España.

R. BMW Motorrad España siempre, de alguna forma, ha estado ahí, en las aventuras, en los anteriores dakares, en los viajes, siempre ha colaborado de alguna manera y es muy de agradecer, siempre piensas que siendo la única BMW presente en el Dakar te pudiera apoyar algo más, pero la verdad que es un detalle de agradecer que BMW esté siempre ahí apoyando.

P. ¿Qué presupuesto necesitas para correr el Dakar?

R. Si se incluye la moto, entre 50 y 60.000 euros, depende de lo que quieras meter en el presupuesto. La inscripción son 15.000 euros, la asistencia entre 10 y 14.000 euros, las ruedas, la preparación, al final es mucho dinero; entonces, es muy importante contar con espónsores, que son difíciles de encontrar, sobre todo para los amateurs, pero con muchos pocos se va haciendo un presupuesto y luego, como te he comentado, con la venta de camisetas y el apoyo de gente particular, lo vamos sacando adelante.

José María García con su padre, el actor Ewan McGregor (izq) y Charley Boorman (dcha)

P. De las tres veces que has participado, en dos has llegado a la meta, ese tiene que ser un momento único, inolvidable…

R. El primero, sobre todo, porque al final entrabas en una dinámica que ya realmente tampoco podía ni pensar, porque había días que llegaba a la meta, me tumbaba vestido, me quitaba el casco, las botas y a las dos horas salía de nuevo para la siguiente etapa, entonces, lo que hemos hablado antes, físicamente estaba muy hecho polvo, pero era la cabeza la que me hacía tirar para adelante. El día que llegué a Dakar, me encontré a mi familia por sorpresa, mis hermanos, mis padres y la verdad es que ni me lo esperaba. Al llegar ahí vi a la familia y fue una sorpresa y ese fue, de todos los dakares, el más emocionante.

P. ¿El de 2022 será tu último Dakar?

R. Yo creo que sí. Cuando vuelva casi cumpliré 50 años, padre de familia, yo creo que sí, pero también he dicho eso otras tres veces y al final he ido repitiendo -sonríe-. Nada más acabar dices, ‘no vuelvo nunca más’ y luego te vas acordando de lo bueno y las penurias las vas olvidando un poco. A ver qué tal se da, que eso es lo importante.

P. Qué pilotos de motos del Dakar admiras o destacas.

R. Bueno, aunque ya no está en activo, a Marc Coma, ganó cinco dakares. Peterhansel, también, ha ganado en coches y en motos, pero para mí Marc Coma. Pero ahora el tema ha cambiado bastante, porque antes había a lo mejor diez pilotos muy rápidos, pero es que ahora los treinta o los cuarenta primeros pilotos son rapidísimos.

P. Has disputado los tres Dakar en escenarios diferentes, en África y en países distintos de Sudamérica, ¿cuál te gusta más?

R. El africano -no lo duda-. Ahora mismo, en el vivac no hay muchos pilotos de moto que hayan tenido la suerte de haber hecho el africano y la verdad es que es el Dakar original, con salida desde Lisboa, atravesando Marruecos, Mauritania, Burkina, Mali, llegada al Senegal. Ibas viendo cómo cambiaba el paisaje, el marroquí, el Sáhara, el África negra y la verdad es que ha sido un auténtico lujo haber corrido allí y además terminar el Dakar africano.

“En ningún Dakar he pasado de 140 km/h, un piloto profesional puede ir a 170 km/h. Yo, voy conservando la mecánica y concentrado en los peligros”

P. ¿Eres consciente de los peligros a los que te enfrentas en el Dakar?

R. Lo más difícil es al principio, cuando tienes la moto nueva, estás entrenado, estás en forma, estás fuerte, todo el mundo está igual, pero la carrera te lleva a ir a un ritmo más fuerte del marcado en los entrenamientos, pues no quiero lesionarme. Entonces, esos primeros días tienes que ir tranquilo, en mi caso más, porque yo no soy profesional de esto, lo que necesito es acabar y no hacerme daño y entras en un bucle, no romper la moto y quemar etapas cada día. 

P. ¿Para acabar y no hacerte daño, qué se necesita, talento o suerte?

R. (Ríe) Yo no soy un pilotazo off-road. En el Dakar hay que ser suficientemente rápido para que no te pille la noche, mantener un cierto ritmo, hay que saber navegar, que se me da bien y hay que tener la cabeza muy fuerte cuando empiezan los problemas. Digamos que es un mix de las tres cosas (ritmo, navegación y ser mentalmente fuerte).

P. Imagina que estás a punto de ganar el Dakar (“Mucho imaginar -apunta él-. Bueno, va, te lo compro”, dice sonriendo), estás a 50 kilómetros de la meta para llevarte esa victoria y te encuentras con un compañero accidentado, ¿qué haces?

R. Parar, pero lo hace todo el mundo; pero, además, si paras te dan ese tiempo que has estado detenido, tiempo que te devuelven. Siempre pararía, todo el mundo lo haría (¿Y si no te lo devuelven?). También, si ves un piloto que no se mueve. Otras veces el piloto te hace un signo con el dedo de que está bien y sigues. En tres o cuatro ocasiones he tenido que activar la llamada al helicóptero para otros pilotos. Uno de ellos fue un español que se rompió el bazo y menos mal que llamamos al helicóptero, porque se estaba poniendo pálido. Otras veces por lesiones de rodilla, dos pilotos en este caso. Esos momentos que dices ‘que hago yo aquí sino vivo de esto’. La moto tiene ese componente de riesgo.

P. Desde cuándo querías correr el Dakar?

R. De toda la vida, igual que los viajes en moto. Cuando eres pequeño, ves a los extranjeros que vienen con sus motos y piensas ‘a mí me gustaría hacer lo mismo’. Mi primer viaje fue con una MBX 75, me fui a la playa, y para mí ese fue mi primer gran viaje y lo recuerdo muchísimo. Y con el Dakar pasa igual. Primero, piensas, ‘me encantaría’ y luego dices ‘¿por qué no?’. Toda la vida viendo los programas en televisión del Dakar y al principio lo ves como un sueño, el participar, y luego lo intentas hacer.

P. ¿Cuándo vas a toda velocidad por el desierto, por explanadas de tierra, te da tiempo a pensar?

R. (Ríe) Piensas en que no haya ninguna piedra en el camino, muchas veces ocurre que vas mirando el road book, tienes que apartar la vista del camino y tienes que ir concentrado, es fácil decirlo, pero durante tantas horas encima de la moto es difícil mantener la concentración. En mi caso, yo creo que en ningún Dakar he pasado de 140 km/h, un piloto profesional puede ir a 170 km/h. Yo voy conservando la mecánica, no tienes la misma infraestructura logística, pero sobre todo voy más concentrado en los peligros que te puedas encontrar. No es como en un circuito de motos, que es siempre lo mismo, en el Dakar es pista abierta, es el desierto y aunque los peligros están marcados en el road book, un agujero, un bache, un cortado, te puedes despistar, hay otros pilotos, polvo que te impide ver bien, todo es peligroso. El Dakar es peligroso, pero las medidas de seguridad son muy altas. Ahora tenemos que llevar airbag, que, por lo que dicen los pilotos, aumenta la seguridad.

Solo falta desearte suerte, que te diviertas y que sumes tu tercer Dakar finalizado.

“Hablamos en enero y espero que todo haya ido bien y pueda contaros muchas batallas”, concluye José María García.

Qué así sea.

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