BMW R 18 CLASSIC: EL PODEROSO ‘BIG BOXER’

Por José Mª Alegre
Acudí al BMW Motorrad Experience Tour 21 de Albacete subido en la irresistible R 18 Classic, la cruiser (o custom) de BMW que ostenta un sinfín de virtudes, la primera de ellas el poderoso motor ‘Big Boxer’ de 1.802 cc, el bicilíndrico de mayor cilindrada jamás construido por BMW. Fui hasta el circuito manchego, lugar del evento, por autovía, pues me apremiaba el tiempo, dejando las carreteras nacionales y secundarias para el regreso, llegando a La Torrecica sin contratiempo alguno.

La R 18 Classic es una moto que atrae. Sus profusos cromados, su estética retro, reviviendo la mítica R5 de 1936, su depósito en forma de lágrima perfilado con una doble línea blanca o su frontal potente con los tres faros, fascina. Y si contemplada en parado invita a hacer muchos kilómetros, la corazonada se confirma una vez subido en ella, primero, por el maravilloso sonido de los escapes; segundo, porque va firme al suelo; tercero, porque el ‘Big Boxer’ responde con contundencia, y, añadiendo una cuarta, algo nada baladí, comprobar que te permite hacer largas distancias sin cansarte.

En rectas, el comportamiento de la R 18 es impecable. Yendo a 120 km/h, el cuentarrevoluciones digital que se muestra en la pequeña pantalla LCD que incluye el único y bonito reloj de la instrumentación en el que solo es analógica la velocidad, señala 2.600 revoluciones, llegando a 3.100 vueltas al aumentar el ritmo en veinte kilómetros. Un régimen sobrado que evidencia el poderío del ‘Big Boxer’ de 1.802 cc, 91 CV de potencia a 4.750 rpm y par máximo de 150 Nm a 3.000 vueltas, estando por encima de 150 Nm entre las 2.000 y 4.000 rpm.

Acabado el BMW Motorrad Experience Tour 21 de Albacete, que fue todo un éxito, al igual que el de Sabiñánigo celebrado un par de semanas antes, reportaje que podéis leer en la News, me subí de nuevo a la R 18 Classic y puse rumbo a Valencia por la vía más rápida, aparcando la experiencia ‘rural’ para mi vuelta a Madrid.

¿Y por qué una vuelta por Valencia antes de regresar a casa? Porque es una ciudad que me mola. Siempre que puedo me escapo desde los ‘madriles’, pues la capital del Turia, además de tener el mar más cercano a la villa y corte, es cálida climatológica y socialmente, acogedora, bonita (al igual que el resto de la Comunidad) y cuenta con una gastronomía, con la paella como estrella, que es una gozada.

Finalizada la estancia express en Valencia, inicié el viaje de vuelta a Madrid sin tocar autovía alguna, salvo los últimos cien kilómetros, pues la noche me envolvió y conducir por secundarias en esas circunstancias no es aconsejable, a pesar de que la iluminación Led de la R 18 es muy efectiva, pero la actividad de los animales es mayor en la oscuridad. Retorno que arranqué desde el El Saler, pues no puedo irme de la ciudad de las Fallas sin cursar visita a tan bella zona, empezando por el Embarcadero Gola de El Pujol de la Albufera, donde le hago la primera foto a esta joya.

Llevar la R 18 es otra historia. Como dice Mc Bauman en su artículo en la News del pasado mes de agosto, que hizo con igual modelo cuatro mil kilómetros por prácticamente toda la península, conducirla “requiere de otro ritmo”. Porque la R 18 tiene sus peculiaridades que demandan en quien la lleva un cambio de chip respecto a las motos convencionales. La BMW es una custom y, como tal, es más larga (2.440 mm), tiene una mayor inclinación de las horquillas delanteras (avance, 150 mm), corta altura al suelo (710 mm desde el asiento) y pesa lo suyo (365 kilos con el depósito lleno -16 litros, 4 de ellos de reserva-, es por ello que opcionalmente lleva marcha atrás, que se acciona con una palanca ubicada en el lado izquierdo, encima del cambio, y control de arranque en pendiente).

El siguiente punto al que me lleva este bellezón es El Palmar, pedanía de la ciudad de Valencia perteneciente al distrito de los Poblados del Sur y situada a orillas del parque natural de la Albufera. Tiene un canal que la rodea que resulta un magnífico escenario para hacer fotos. Pueblo con casi más restaurantes que habitantes, me suelo “perder” en el Racó de les Eres, donde sirven un arroz con bogavante excelente que llena de buenos sabores el estómago y no te vacía la cartera.

Prosigo mi camino por los arrozales, ahora en plena cosecha del arroz, que es el fundamento de la paella y alimento básico en muchas gastronomías del mundo.

La R 18 Classic First Edition es una versión rutera de su “hermana mayor”, la R 18. Las diferencias respecto a ésta no pasan desapercibidas, empezando por los elementos que la equipan como son el amplio parabrisas, luces delanteras adicionales ‘cuneteras’ de Led -al igual que el resto del alumbrado, como reflejo al principio-; lleva asiento de pasajero, no así la R 18 “normal”; control de velocidad; llanta de radios -ambas de 16”- y neumáticos ‘bobber’ -130/90 el delantero y 185/65 detrás-. Los escapes, también difieren de la anterior en el diseño, yendo paralelos al suelo y llegando hasta el final de la moto hasta superar la rueda trasera. Y si queremos una R 18 Classic personalizada a nuestro gusto, el extenso catálogo de accesorios específicos que presenta BMW ofrece hasta cuarenta posibilidades de personalización distintas.

Es obvio que la R 18 no es una moto para curvear como las GS, RT, XR, etc, pero te lo pasas muy bien con ella haciéndolo, siendo consciente de que lo que llevas exige otra conducción, otro tiempo, otra cadencia, otro ritmo, pues es una custom. Sabes que enseguida van a tocar las estriberas de ambos lados, pero si le pillas el tranquillo, vas curveando escuchando el ‘rack’ de un lado y el ‘rack’ del otro, roce y sonido que sirve incluso para avisarte indicarte la inclinación que llevas y hasta dónde puedes llegar haciéndolo. Solo hay que vigilar no pasarse con el ángulo de escora, pues las estriberas ceden, pero si lo que roza el asfalto es la pata de cabra, por ejemplo, la emoción que produce controlar esta joya se transformará en un buen susto.

Pasado Sollana, tomo la CV-520, que estreno con unas curvitas muy suaves donde la R 18 Classic se desliza como si fuera una bailarina. A pesar de su peso, la moto es noble y estable, tomando los giros con obediencia y aplomo, escuchando una vez sí y la otra también el “quejido” de los estribos conforme abordo las curvas. Éstas, no faltan, pues el recorrido que hago hasta Cofrentes es “territorio motero” cien por cien.

La R 18 Classic presenta tres modos de conducción, Rain (el más tranquilo), Roll (medio) y Rock (el más dinámico, ¡viva el rock and roll!), optando siempre, una vez probados los dos primeros, por este último, pues es el más ‘cañero’ con diferencia. Por otra parte, el modelo lleva de serie el sistema antideslizamiento de la rueda trasera ASC, ayudado por el control de freno motor MSR (su misión es impedir el deslizamiento de la rueda trasera al cortar gas o cambiar de marcha bruscamente), ayudas a la conducción que, junto con el muy efectivo BMW Motorrad Integral ABS, que potencia la impecable frenada, son un plus de seguridad que aumenta y favorece la confianza en esta moto.

La CV-422, para luego enlazar con la CV-435 hasta pasado Dos Aguas, es trayecto rider en su totalidad. Sin embargo, la R 18 Classic, a pesar de lo que pudiera parecer por su concepto custom, no se descompone. Solo hay una cosa que la perturba, los asfaltos en mal estado, bacheados, rizados y ya no digamos rotos, entonces hay que aminorar la marcha, pues la rigidez y corto recorrido de las suspensiones dejarán huella en nuestro lumbago. Eso lo pude experimentar en mis propias carnes en el tramo final de la CV-425 desde Castiblanques hasta empalmar con la N-330, tramo de 14 kilómetros donde la R 18 Classic parecía un potro y yo un cowboy del oeste americano, hasta que entendí que la cruiser, moto fina y elegante donde las haya, exige asfaltos sedosos, reduciendo simplemente la presión sobre el puño derecho para recuperar el control y levantar el trasero cuando es imposible sortear el desperfecto ‘asfáltico’.

Llegando a Cofrentes, tras el recorrido desde Valencia de unos cien kilómetros -todo por secundarias, repito-, que se hace en menos de dos horas, divertido y variado, lo primero que se divisan son las dos chimeneas de la central nuclear que entró en servicio en octubre de 1984, justo ahora hace 37 años. La imagen impresiona y no resisto la tentación de utilizarla de ‘photocall’ para lucimiento de la R 18 Classic: el poder de la energía nuclear frente al del ‘Big Boxer’.

En cuanto a Cofrentes en sí, es mucho lo que hay que ver, empezando por el castillo que domina la localidad (curiosamente, la fortaleza está construida sobre una de las chimeneas de ¡un volcán! -de triste actualidad-, el Cerro de Agrás, situado a 95 metros sobre el cauce del río Cabriel), y lo que se puede hacer, pues la propuesta de actividades es numerosa, variada y atractiva.

Después de hacer las fotos y tomarme un tentempié en un bar de la zona, reinicio la marcha hacia Madrid, haciéndolo por la CV-439 hasta enlazar con la CM-3207, ya en la Comunidad manchega. En las carreteras hay mucho trasiego de tractores con los remolques cargados de uva, la vendimia está en plena efervescencia. En Iniesta, nombre inolvidable por ser el del protagonista de la victoria en el mundial de fútbol 2010, me detengo para consultar el navegador. A lo lejos, sentado en la terraza de un bar, veo un tipo que se levanta como impulsado por un resorte que se acerca a buen paso. Cuando está junto a mí se deshace en elogios por la R 18, “Qué bonita es -dice-. No había visto ninguna hasta ahora. Qué tal va?”, pregunta, “Magníficamente”, le respondo sin exagerar. “Pues me quedo aquí hasta que te vayas, que quiero escuchar el sonido, porque esta moto me encanta”, asegura. No me hago de rogar y me voy en seguida, despidiéndome de él con una sonrisa.

Alabo el gusto del “espontáneo”. A mí también me encanta la BMW R 18 Classic. Es una moto diferente, para hacer largos viajes a su ritmo, que, ojo, no significa ir lento, porque su ‘Big Boxer’ es poderoso y la moto en sí, en parado y ‘cabalgándola’, es irresistible.

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