DE VELOS FLOREADOS A RETENIDA POR LA POLICIA IRANÍ

Por Elsi Rider
Me levanté con las cervicales tocadas, el GPS no coge los satélites, me encuentro perdida en mitad de Urmia y sin saber muy bien hacia donde tirar; aparco mi moto y despliego el mapa de papel, ese famoso aliado que nunca te falla.


Poco a poco se va acercando gente hasta hacer un buen grupo y todos, como ya es y será habitual, sacan sus móviles para hacerse fotos conmigo; después, eso sí, me indicaron como pudieron que había que dar la vuelta para encontrar la salida hacia Isfahan.

Entro en una carretera secundaria y veo unas preciosas casas de adobe, era como si el tiempo se hubiese detenido en esos barrios, con los niños correteando por sus callejuelas, los camellos pastando y gente caminando lentamente, bajo aquel cielo azul intenso, que me saluda con la mano, me dice adiós, alguna se lleva la mano al pecho a mi paso, lo que interpreto como de gratitud por visitar su país.

Poco a poco voy haciendo kilómetros y este viaje sanador para mí, en el que voy soltando mucha pena, en el que a veces tengo que parar para llorar tranquilamente, de repente me siento tan feliz que esta vez lloro, pero de emoción. Estaba viviendo mi sueño y éste era tan intenso, que se me olvidaba el dolor de mi alma, el terrible suceso que me había hecho liarme la manta a la cabeza y estar camino de la India.

Voy camino de Abyaned y atravieso Tabriz, la ciudad que curiosamente me acogería en la tremenda nevada con la que me encontraré a mi regreso. Como toda ciudad que se precie en el país persa, “caótica”, un tráfico loco, nadie respeta nada y el primero que llega pasa, es como si cuando se sentasen al volante, aquello se convirtiese para ellos en una batalla.

La gente es muy amable, todo el mundo te dice el famoso “Welcome to Irán”, la gentileza de los iraníes es espectacular y nunca te sientes solo, porque siempre hay alguien dispuesto que te va a ayudar.

Abyaned, velos con flores e instalaciones nucleares

Conduciendo por una pintoresca carretera, llego a un pueblo de cuento empedrado, es Abyaned, un lugar pintoresco de adobe con casas que están restaurando para atraer al turismo y esto, claro, en cierta manera y egoístamente hablando “hace que pierda su magia”. ¡A veces me pregunto si hacemos bien en contar lo bueno de este país para viajar!, si algún día se masifica, “turísticamente” hablando, perderá este encanto que ahora tiene.

Paseo entre su historia, túneles que cubren sus calles típicas del país para evitar el sol, con esos canales de agua para refrigerar el lugar, ¡mira que eran ingeniosos estos persas! A lo largo de mi viaje iré descubriendo cómo con ingenio lograban sobrellevar las elevadas temperaturas en las zonas más cálidas del país, que, por aclarar, hay que decir que en Irán existen zonas montañosas e incluso estaciones de esquí.

Y terminé retenida por “supuesta” espía

Pero seguimos con Abyaned, el pueblo donde las mujeres se ponen velos con flores de colores por tradición y, además, uno de los más típicos del país persa, con una amplia historia detrás que os invito a conocer.

La anécdota del camino fue muy ‘strong’ y es que la carretera que te lleva a este bonito pueblo está salpicada por instalaciones militares con misiles, que vigilan las polémicas instalaciones nucleares, hasta el punto de que, sin saberlo previamente, me paré para sacarme una foto delante de la señal de Abyaned, cuando apareció un coche policial rotativos encendidos y derrapando delante de mí como si estuviese cometiendo el peor de los delitos. ¡Menuda cara se me que quedó! A grito pelado, me pidieron el pasaporte, todos los papeles de la moto y me prohibieron hacer fotos. Yo, no entendía nada en aquel momento, eran solo fotos, pero como llevaba poco tiempo en Irán, no conocía todavía muy bien lo que ocurría, aunque no comprendía como todo el mundo me sacaba fotos sin parar y yo no podía fotografiar una señal, ¡algo no encajaba! Los policías me hablaban con voz muy seca, más bien me hablaban gritándome y con rostro poco amigable. ¿Qué hace usted aquí? “Fotografiar ese cartel”. ¡Está prohibido! “¿Fotografiar carteles está prohibido?”. Me piden la cámara de fotos y en ese momento pienso: “Adiós a mi Nikon”, les digo que no, que sólo son fotos, y me hacen encenderla para revisar todas, absolutamente todas las fotografías. Yo estaba alucinando, porque obviamente pinta de espía llamando tanto la atención no podía ser, pero, en estas situaciones más vale ser prudentes y dejar hacer, aunque yo sigo “erre que erre” y ante mi insistencia y después de haber comprobado que en mi cámara solo había fotos amables del país, accedieron a devolvérmela. A los pocos minutos después y ya encima de mi moto, tras haber estado retenida sin mi documentación ni la de mi moto durante una hora, descubrí que había accedido por una zona caliente del país, estaba circulando por instalaciones militares y es cierto que después, al ir encontrando el motivo de aquello, comencé a ver fusiles, cañones y armamento camuflado que salía de la tierra.

Poco a poco, otra de las cosas que iré descubriendo de este país es que existen un montón de instalaciones militares y de personal del ejército que te encuentras en cualquier esquina, pero por aquel entonces no lo sabía. Como tampoco sabía la cantidad de policía secreta que existe, hasta que más adelante, como podréis leer, echándome de varios lugares.

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