BERNH Y SU BMW R80 GS

Por Eduard López Arcos
Yo permanecía sentado en un taburete, detrás de un cristal con vistas a la plaza, en un agradable café de Prad am Stilfser Joch (en italiano Prato dello Stelvio), una población del Südtirol. Mientras degustaba un delicioso ‘espresso’, vi como llegaba un motorista con una BMW muy llamativa.

Aparcó la moto, se quitó el casco y miró a Tormenta, mi F 800 GS, de arriba a abajo. El motorista entró en el café y enseguida entablamos conversación. Es lo que tiene esto de ser motorista, no necesitamos romper el hielo cuando nos acercamos a un desconocido que comparte la misma pasión por las dos ruedas.

Bernh es un enamorado del motor bóxer de BMW. No fue hasta hace unos años que consiguió una preciosa, y muy especial, BMW R80 GS. Su anterior propietario la restauró y le hizo una serie de modificaciones que, además de mejorar la estética, consiguió un mejor comportamiento en cualquier terreno. Sin lugar a dudas, se hizo un trabajo bien hecho. La moto sigue como nueva y funciona como un reloj.

Me contó que acababa de llegar al norte de Italia en tren, él y su moto. Venía desde Hamburgo, así que pasó la noche en el tren para llegar hasta la estación de Bozen (Bolzano). Bernh estaba emocionado porque era su primer viaje en mucho tiempo. Esa misma tarde se iba a reunir con unos amigos con los que compartiría dos semanas de ruta por los Alpes y Dolomitas.

Observando las dos motos a través de la cristalera del café, veía a dos máquinas que parecían de dos mundos diferentes, por su diferencia de edad, pero que compartían las siglas GS y la misma esencia. A Bernh también le gustó Tormenta, pero su R80 GS se ajusta, a su modo de entender, a la moto y disfruta a los mandos de una clásica. A mí también me gustó la moto de Bernh, y es una de las R80 GS más bonitas y curiosas que he visto.

Se hacía tarde y era hora de reanudar la marcha. A Bernh le faltaban todavía unos cuantos kilómetros para encontrarse con sus amigos, y yo quería encontrar algún lugar agradable en la montaña para plantar la tienda y descansar. Mi nuevo amigo me invitó al café con una sonrisa, contento de poder vivir esta nueva aventura por los Alpes.

Esos momentos que comparto con personas, que quizás no vuelva a ver, son únicos, y es lo que más me motiva para continuar viajando. Conocer el mundo es conocer a las personas que lo habitan.

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