CINCUENTA Y CINCO DÍAS EN JAPÓN

Por Gustavo Cuervo
El verano de 2021 quedara para mi historia personal como el que pase en Japón. Profesionalmente, los primeros veintidós días fueron en Tokio y Sapporo como Director del equipo de motos de retransmisión de los Juegos Olímpícos 2020, de cuyas experiencias ya os conté algo en el pasado boletín.

Otros veintidós días como Jefe de Equipo del conjunto encargado de la inauguración y las competiciones out-door de los Juegos Paralímpicos, con 43 personas directas bajo mi responsabilidad y en coordinación con otros grupos de logística, montaje y técnica que sumaban mas de cien profesionales de cinco nacionalidades diferentes. Esto ultimo da para unos cuantos relatos de anécdotas, pero como todo es demasiado largo y complejo, hoy solo voy a acordarme de forma resumida de uno de los días que yo llame “entre Juegos”.

Regresar a España entre ambos eventos suponía estar tres días y medio en casa, no hacerlo era casi una semana completa en Japón y libre, pues ya tenía superada la cuarentena y me podía mover, siempre bajo las estrictas restricciones niponas, pero moverme y lo ideal sería hacerlo… en moto, claro.

Conseguí una BMW R 1250 GS Adventure 40 aniversario del importador BMW Motorrad Japan, así que cuando salí del garaje de BMW de Tokyo Central, pude sentir de nuevo esa libertad que solo se tiene cuando vas en moto, sin ordenes en el casco de realizadores o técnicos y sin destino prefijado. Libre de toda atadura profesional. Libre para viajar. Nada mas pisar la calle me di cuenta de que habían pasado ya 40 años desde que sentí una sensación parecida cuando salí de un garaje en la Castellana de Madrid, entonces la sede central de BMW Ibérica, con una BMW R80 GS. Cuarenta años en los que he tenido el privilegio de poder rodar por el mundo con todos los modelos fabricados con las evocadoras siglas GS.

El primer objetivo, regresar a mi hotel en la isla de Tennzou para preparar el equipaje y salir temprano la siguiente mañana. Fácil, solo que Tokio es una de las ciudades mas difíciles para moverse en superficie con vehículo personal y más si el navegador solo admite nombres en japonés, coreano o chino, que no son precisamente los que domino. Sentido de la orientación y la decisión de seguir la dirección del metro en el que había llegado hasta allí que viajaba siempre en superficie sobre mi cabeza en un continuo viaducto. Fácil, sino fuera por que como es lógico a veces la vía viaja por encima de calles de dirección única cuando no sobre canales; aun con todo relativamente fácil, siempre en dirección sur. Ya cerca del hotel, la ultima vez que fallé en un giro me quede frente a una puerta abierta que daba paso a una amplia explanada desde donde se debería ver bien la bahía de Tokio. Efectivamente, así era, se trataba de la central de contenedores de la ciudad y en pleno verano el tráfico de camiones y barcos era tan escaso que me encontré completamente solo frente a una de las mas bellas vistas de la ciudad. Perderse, cuando no tienes prisa, tiene recompensas inesperadas.

Al día siguiente, muy temprano, nada mas amanecer, a las 4:30 de la mañana, estaba listo para partir. Equipaje cargado y el teléfono ajustado con una brida en la caja portaobjetos del depósito de gasolina, me permitiría “navegar en cristiano”. Pero no iba a ser tan sencillo. Nada mas arrancar se puso a llover y el teléfono no podía mojarse, así que tuve que guardarlo y volver al navegador “en japo”. Dos horas después conseguía acertar con la autopista adecuada hacia Fuji y en su tercera altura, ¡biennnn! Una de las peores cosas cuando te equivocas en los complejos nudos de autopistas voladas, es que bajar de tu nivel hasta el piso inferior para volver a encontrar la autopista y su nivel correspondiente no es tan fácil como dar la vuelta.

La lluvia, cada vez mas intensa y continua, no solo no permitía hacer fotos o videos con tranquilidad, además es que, como suele suceder cuanto más desarrollados son los países, todos los lugares considerados de riesgo se cierran al público. Parque Nacional del Volcán Fuji, cerrados los accesos por niebla. Ya había rodado en varias ocasiones por las faldas del volcán, símbolo del país, pero trabajando durante los Juegos con las competiciones de ciclismo y claro, pues no es lo mismo.

Bueno, a otra cosa. Seguí rumbo sur y la tormenta, tifón como le llaman por estos lares asiáticos, aumentaba. A tramos, la autopista acumulaba importantes balsas de agua. La cosa se ponía hasta peligrosa. Conseguí legar hasta Hamamatsu y buscar un hotel para pasar la noche mientras llovía y llovía. La previsión meteorológica no podía ser mas contraria a mis intereses. Lluvias permanentes durante toda la semana.

Aun así, busque tramos de carreteras locales para darme cuenta que Japón, concretamente la gran isla central de Honshu, no es precisamente el mejor lugar del mundo para viajar en moto. Japón tiene una población tres veces la de España y con un tercio menos de territorio, extremadamente montañoso y boscoso que no permite el asentamiento de pueblos y por tanto faltan carreteras de montaña, así que los valles se llenan de casas donde se aglutina la población. La mayoría de las rutas son una sucesión urbana con campos de arroz y fábricas incrustadas sin ningún orden aparente. Eso implica muchos cruces y por tanto muchos semáforos, pues rotondas solo encontré una en todo mi viaje. Pero es que aún encontré menos motos circulando. Aunque parezca mentira, el país cuna de muchas de las grandes fabricas de motos. no tiene, ni de lejos, la afición que se vive en los países mediterráneos. Para desplazarte o viajar por el país casi estás obligado a hacerlo por autopistas, de peaje claro.

Entre divagaciones varias y pasado por agua, pasaron los días y adelanté mi regreso a Tokio donde me dediqué a recorrer alguno de los lugares mas representativos de esta macro-ciudad. Toda una aventura, pues no se puede aparcar mas que en los lugares indicados. Lo de subir la moto a la acera debe estar penado severamente y ni se me ocurrió intentarlo.

Con pena devolví la moto a BMW. Nunca se me pasó por la cabeza que me pudiera dejar tirado bajo la lluvia. Ni una tos, ni el mas mínimo fallo en sus complejos sistemas electrónico-informáticos, la fiabilidad del bóxer con cuarenta años de experiencia te permiten pensar en otras cosas.

Una respuesta para “CINCUENTA Y CINCO DÍAS EN JAPÓN”

  • jose carlos garcia rodriguez dice:

    Estupenda Experiencia. Veo que llevas la moto identica a la mia con las maletas en negro. Las mia el primer dia que las lave con un jabon neutro las maletas se quedaron en un color desigual como que tuvieran mucho uso. Te ha pasado a ti o a caso las mías las fabricaron un Lunes de tormenta?

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