MIS PRIMERAS HORAS EN EL PAÍS PERSA

Por Elsi Rider
Me instalo y voy a cenar a un restaurante de Urmia, aquí no están acostumbrados al turismo. Veo banderas y pregunto qué pasa, “es la fiesta del Muharram”, y yo aquí, ¡qué suerte poder disfrutarla y conocerla! El Muharram es algo parecido a nuestra Semana Santa en España. Los iraníes me dicen que es una pena que vaya en esta época porque es un mes de recogimiento, pero para mí, es todo lo contrario, es un regalo cultural porque podré ver y tener una opinión de primera mano sobre lo que tantas veces vemos en televisión y que muchas veces nos asusta.

A lo largo de mis veinte días por Irán, pude ver en cada ciudad las celebraciones, donde los hombres desfilan conmemorando el martirio del Imán Hussein, y golpeándose la espalda con una especie de látigo con cadenas o el pecho con las manos, para simular el dolor que sintió Hussein durante su martirio, repitiendo su nombre una y otra vez acompasadamente, como podéis ver en el vídeo. Se reparte bebida y comida gratis como forma de ofrecer algo a cambio de cumplirse sus plegarias. Recuerdo, que, al principio, pensé que me querían vender cosas, “desconfianza”, ¡! No entendía muy bien porque venían con comida, hasta que una chica me explicó que era una costumbre en el Muharram, y que además lo que me estaban ofreciendo en aquel momento era Ashura, un postre que se repartía en esta época. Después de esto, tenía mi moto todos los días llena de comida, todo el mundo me daba algo y yo sin espacio donde guardarlo, tenía que dejarlo lamentablemente en la siguiente esquina. La generosidad iraní es fantástica, “no te piden, te dan».

Sus procesiones son muy parecidas a las nuestras y si en España salen a procesionar con capirotes, en Irán lo hacen todos vestidos de negro y con capas hasta los pies para las mujeres. Al igual que en España sacan las imágenes por las calles las diferentes cofradías, allí también lo hacen con una especie de gran escultura triangular, que no logré entender muy bien lo que significaba y al igual que en España también hay costaleros para llevarlas. Es una época de recogimiento y penitencia como la Semana Santa. Una pareja joven me preguntó que pensaba de aquello y les respondí que en España teníamos algo parecido, lo que les sorprendió, porque me dijeron que todo el mundo fuera de su país les mira como “gente peligrosa y terrorista que desfila por fanatismo”, y es que una de las cosas que pude apreciar durante mi viaje alrededor de Irán fue el “tremendo pesar del pueblo iraní” por esta mala imagen que tenemos de ellos; siempre me repetían en las diversas ciudades que visité, que “los gobiernos son una cosa y las personas otra”, “no somos peligrosos, no somos terroristas”, y cuando estás unos días en el país, te das cuenta de ello, y de que al contrario, son gente tranquila, de paz; en mis veinte días por el país no vi peleas, ni discusiones y aunque hubo de todo, la mayoría es gente educada, con inquietudes por conocer cosas  de nuestro país y de Europa y con la eterna preocupación que se convertía en cotidiana pregunta: “¿Qué piensas ahora que viajas por nuestro país?”. Cuando tienes una tertulia con ellos, aflora esa pena que sienten por ser vistos como fanáticos y violentos.

He de decir, que cuando llegaba a un sitio los niños se acercaban con mucha educación y no tocaban la moto hasta que su padre me preguntaba a mí y le daba permiso. Muchas veces, cuando me veían con la moto parada en algún lado, se acercaban y me preguntaban primero, si necesitaba ayuda y luego, de dónde era, “España, respondía yo”, y entonces sacaban el móvil para enseñarles a sus hijos donde estaba este país. Además, todos querían una foto conmigo, era una mujer en una moto de gran cilindrada y viajando sola por su país.

Una de las cosas que me pasó muchas veces es cuando las mujeres veían que no era un hombre quien llevaba la moto, se ponían a mi lado y me hacían la “V” con la mano, orgullosas de verme conducir; por cierto, las mujeres allí conducen coches, pero como he señalado anteriormente no pueden hacerlo en moto, ni en bicicleta.

A veces, conseguía tener conversaciones con las mujeres del país, que, si bien es de justicia decir que trabajan, conducen, se casan y se divorcian y una larga similitud con cualquier mujer europea, a la mayoría, la imposición del velo las agobia. Todas te dicen que antes de la revolución podían vestir como quisieran y no llevaban nada para cubrir el pelo, pero que ahora para la mujer no es fácil vivir en Irán. Por cierto, a la mujer, a pesar de poder parecer contradictorio, se la respeta mucho. Personalmente, puedo contar que he paseado de noche por calles de diferentes pueblos y ciudades del país persa y nunca, nunca, tuve ningún problema.

Estoy viviendo el día a día en Irán, explorando esta cultura, paseando entre sus comercios y callejuelas; es mi primer día y aunque todo es diferente, no me siento insegura e incluso la gente de la calle me va saludando con un “Welcome to Irán”, que a lo largo de mi viaje escucharé muchas veces a diario; es como si estuviese institucionalizada esta frase y el buen trato al poco turismo, que agradecen continuamente.

Mi próxima parada sera Abyaned, para explorar uno de los pueblos más antiguos de Irán, donde las mujeres se cubren con velos de flores coloridos.

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