CAMINO DE UN LUGAR MÁGICO EN OAXACA

Por Charly Sinewan
Antes de abandonar México y entrar en Guatemala, quería conocer el interior de Oaxaca. Aunque pasé en su costa parte de la cuarentena, lo cierto es que no conocía realmente nada de ese estado y era uno de los que más me atraían por lo mucho que había oído hablar de lugares como Puerto Escondido, Mazunte, o San José del Pacífico. Sin embargo, del mejor de los lugares nunca había oído hablar, me estaba esperando en el camino.

El sentido de esta vida nómada, o uno de ellos al menos, es conocer los lugares desde otro punto de vista, algo que sucede sin buscarlo, que pasa por el simple hecho de llegar a un sitio y hacer un hogar temporal, ya sea en un hostel, un hotel, o una casa. A partir de ahí, siempre pasan cosas.

Yo llegué un día a Mazunte, pueblo costero en Oaxaca, turístico y muy popular entre viajeros. Sin embargo, seguí hasta San Agustinillo, un par de kilómetros de costa después, algo menos conocido, pero también volcado casi exclusivamente en dar servicio a turistas. Allí hice un hogar temporal donde estuve editando un par de semanas. Y en los ratos libres intentaba surfear, paseaba, o salía a cenar.

Así conocí a Jan, cocinero y músico catalán, nómada y, a día de hoy, excelente amigo. Él fue el que me habló de San Mateo, un pueblo muy especial en la montaña al que llegué tras dos días de ruta off-road.

Por cierto, en época de lluvias. Felices vacaciones.

 

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