ELLEN BRAND, UNA RIDER ALEMANA RESIDENTE EN ESPAÑA DESDE HACE 22 AÑOS: “ME ENAMORÉ DE MI PAREJA GRACIAS A BMW”

Por José M Alegre
Ellen Brand (Tréveris, Alemania, 1973). Motera desde joven y ‘bemeuvera’ posteriormente, conoció a su pareja en un foro de BMW y allí salto la “chispa”. Antes de contárnoslo, Ellen aprovechar la ocasión para reivindicar su ciudad natal, “la más antigua de Alemania, muy bonita, con mucho monumento romano, la llamaban en su día la segunda Roma porque tenía mucha importancia durante el imperio romano”, apostilla con orgullo.

Pregunta. La moto ejerció de Celestina…

Respuesta. La moto ejerció de Celestina -reafirma-. Fue en una ruta que había organizado un amigo, yo iba conduciendo una GS, la 1200 blanca y había un tramo de curvas cuesta abajo, él -Victoriano, su pareja- llevaba un buen rato detrás de mí y al parar en una gasolinera se me acercó y me dijo: ‘Oye, creo que has de mirar la luz de freno, porque no te va’.

-El recurso de la luz de freno…?, le pregunto a Victoriano, presente en la entrevista.

-Es que resulta que Ellen no frena, ¡no frena!, exclama.

“Y así nos conocimos -prosigue Ellen- y al final, ya ves, acabamos juntos. Pero fue por culpa de la moto, realmente, bueno, gracias a BMW, concretamente, porque era un foro BMW”.

La puerta de entrada de Ellen a nuestro país fue Canarias, “mis padres iban de vacaciones a Fuerteventura, donde tenían un apartamento y cuando acabé los estudios decidí irme a vivir allí, tenía 21 o 22 años”.

P. ¿Te gustaba la aventura?

R. Bueno, para mí aquello no era aventura, porque ya lo conocía, no era nuevo, además sabía que mis padres iban regularmente allí y que podía coger un avión y estaba en Alemania enseguida y tampoco es que tenga una familia muy grande. Tengo una hermana y un hermano. Después de dos años en Canarias me aburrí de tanta isla, de ir siempre por la misma carretera y decidimos con mi pareja de entonces, que era valenciano, aunque también vivía allí, venirnos a la península, a Valencia, y allí estuve diez años hasta que conocí a este señor -señalando con la mirada a Victoriano- por las motos y aquí en Ibi (Alicante) llevo poco menos de nueve años.

P. ¿Qué te llevó a la moto? ¿De qué te viene la afición?

R. La moto me ha gustado desde joven, aunque mi padre no ha sido motero, porque muchas veces la afición viene de familia, pero no en mi caso. Mi padre tuvo una Vespa, pero creo que la tenía porque le habían quitado el carnet de coche y con ella sí podía circular. Cierto que yo, desde pequeña, estoy ligada al mundo del motor porque mi padre tenía un taller de neumáticos y recuerdo haber jugado al escondite allí en el almacén entre las torres de ruedas. (¿Nunca tiraste una?) Sí, también (responde riendo) y salía negra de allí; mi madre se ponía de los nervios. Y aún hoy, cuando vamos al taller de Valdivieso, donde cambiamos las ruedas de las motos, cuando entro allí me viene la memoria olfativa del olor a goma y enseguida me vienen esos recuerdos de la infancia tan bonitos.

En casa de Ellen había mucha afición “a la Fórmula 1, era la época de Niki Lauda, James Hunt, etc. Cerca de donde me crie está Nurburgring, donde se celebraban muchas competiciones e íbamos cantidad de fines de semana a ver las carreras de Fórmula 1, de camiones, las 24 horas… Mi padre me había comprado un cronómetro para tomar los tiempos y yo estaba ahí siempre en la valla cronometrando los coches, los camiones o lo que hubiera. Pero la moto siempre me ha gustado; de hecho, me saqué el carnet de moto en Alemania, junto con el de coche, a los 18 años, me lo pagó mi padre, pero no me quiso comprar una moto, me dijo: ‘Mientras vivas bajo mi techo, no quiero que tengas moto’”.

Pero la sorpresa llegó en uno de esos viajes vacacionales a Canarias. “Mis padres habían llegado antes y al llegar yo me encontré en la puerta de casa una ‘minibike Dax’, una moto que es súper chiquitita que me compró mi padre para moverme por la isla, te estoy hablando del año 88 o 89, cuando entonces no se llevaba casco porque no era obligatorio (en las motos de menos de 125 cc), aunque yo sí que lo llevaba. Y así empecé yendo en moto por Canarias”.

Fue luego, en Valencia, tras unos años residiendo en la ciudad del Túria, cuando Ellen se preguntó “aquí, con el clima tan bueno que hay, ¿por qué no volver a retomar la afición por la moto? Y mi entonces pareja me soltó: ‘Si quieres una moto, ha de ser una BMW’. Y yo pensé ‘¡madre mía, una BMW, qué grande!’, porque yo estaba pensando en una scooter, ‘no’, dijo él, ‘una moto BMW’. ‘Bueno, vale, una BMW, pero la más pequeña’, respondí. Y empezamos con la F 650 GS, que nos gustó a los dos, aunque al poco él se compró una R 1200 GS y yo me quedé con la 650. Cuando empezó a rodar con la grande, me empezó a gustar más la suya, porque la veía más manejable, incluso más que la pequeña (la F 650 GS), era más fácil de llevar y me compré una R 1200 GS, la primera, en 2009. A partir de entonces empecé a ir en moto grande y desde ese momento hemos tenido unas cuantas, ¿no?” -inquiere a su pareja-.

-Unas treinta BMWs, responde él, pues suelen de cambiar de modelo cada año, me cuenta Victoriano.

P. ¿Cuándo te diste cuenta de que te gustaba la moto y dijiste no quiero prescindir de ella?

P. Me enganché a ella después de probar la seis y medio y ver que realmente me gustaba para desplazarme, tanto al trabajo como para hacer salidas con amigos los fines de semana, viajar… Eso empezó a gustarme mucho. Coger la moto un viernes, recorrernos la Comunidad y conocer sitios… Tengo compañeros que tienen coche y sin embargo no se mueven, no conocen a veces ni los pueblos que tienen al lado y es curioso porque me preguntan a mí, que soy la ‘guiri’: ‘Oye, este fin de semana dónde puedo ir? Qué sitio me puedes recomendar?’, porque saben que yo lo conozco todo, sobre todo aquí, pero también conozco mucho del resto de España, porque nos la hemos recorrido y por eso me preguntan muchas veces y me hace gracia. Eso fue lo que me enganchó a la moto, el viajar en ella.

”La moto es una terapia. En el trayecto al trabajo coges energía, refrescas la mente, te oxigenas y llegas allí con más energía y a la vuelta igual y llegó a casa más despejada”.  

Para Ellen, la moto es algo más que un vehículo para desplazarse, “para mí es una terapia -reconoce-. Todas las mañanas suelo ir en moto al trabajo, que lo tengo a unos nueve kilómetros de distancia de casa, en una scooter que tenemos y en el trayecto al trabajo coges energía, refrescas la mente, te oxigenas y llegas allí con más energía y a la vuelta igual, es una nueva terapia, es como si el aire de la moto me quitara todo el estrés que haya podido adquirir en el trabajo y llegó a casa más despejada”. 

P. ¿Crees que la moto es una cuestión mayoritariamente de hombres?

R. Desgraciadamente, todavía sí, aunque me alegra ver que cada vez hay más chicas en moto y que cada vez se ven más grupos los fines de semana con más mujeres que las llevan y también que van de copilotos, aunque esto último para mí tiene incluso más mérito que llevar tú misma la moto, porque confiar que te lleven entregando tu vida al que conduce, eso para mí tiene mucho valor. Nosotros también hemos viajado en una sola moto los dos, hemos hecho viajes grandes, uno de ellos a San Petersburgo, donde yo iba de copiloto, o Albania; bueno, he recorrido muchos países, y también es una experiencia, aunque diferente, no me desagrada tampoco, porque mientras vas detrás tienes más tiempo para disfrutar del paisaje, cuando pasas por una ciudad la ves mucho mejor, buscas información en el móvil de lo que merece la pena visitar… Pero sí, desgraciadamente todavía hay muchos más hombres en moto y las mujeres se quedan todavía al margen, pero poco a poco vamos avanzando.

P. ¿Qué a las mujeres les cueste más acceder al mundo de las motos como reflejas es debido a las reticencias masculinas o a la falta de atrevimiento de las féminas?

R. Yo creo que más bien por falta de atrevimiento de ellas. Hay muchos hombres que conocemos que incluso animan a sus mujeres, que de momento van de ‘paquete’, a sacarse el carnet, a decidirse a dar el paso y muy pocas raramente se atreven a hacerlo, no sé exactamente por qué, si es por comodidad, porque no quieren meterse en líos de autoescuelas, prácticas y toda la historia que implica sacarse el carnet. Yo creo que es más por falta de decisión de ellas.

P. ¿Eso ocurre también en Alemania como aquí?

R. Ocurre también en Alemania, pero no en un porcentaje tan alto. En Alemania hay más chicas moteras con motos grandes, ahí no pasa tanto como aquí, que llegas a una gasolinera, viene el empleado, te sacas el casco y descubre que eres una mujer y se te queda mirando sorprendido, como diciendo ‘¡madre mía!, ¿qué hace ésta con esta moto?’. Allí es más normal, no te hacen tanto caso -repite sonriendo-. Sí, existen diferencias y yo creo que siempre habrá más chicos que chicas en las motos, está claro, y España está un paso por detrás, pero poco a poco imagino que se irá igualando la situación.

A esta alemana de carácter afable, discurso pausado y buena dicción del castellano, la palabra moto la encadena con “libertad, disfrutar, viajar, naturaleza, aire libre, aventura, la moto la relaciono con muchas cosas, porque para nosotros es un método de vida y muchas cosas las hacemos pensando en la moto, como los viajes, por ejemplo, que casi siempre los hacemos en moto, porque es nuestro día a día, lo que nos gusta es que nos dé el aire en la cara, ya sea en la moto, en bici o en coche, que es descapotable, porque nos gusta que nos dé el aire, como te decía, siempre oxigenándonos. La moto es liberar la mente”.

Y no es de extrañar la dependencia de Ellen por la moto porque le aporta “confianza, conocimiento, recorres muchos sitios, conoces muchos lugares, aprendes muchas cosas y sobre todo el sentirse libre y el espíritu aventurero, y más ahora desde que nos ha dado por meternos en caminos y en berenjenales. Antes, íbamos más por carretera y ahora vemos un camino y decimos ‘¿nos metemos por ahí e investigamos?’ y a veces sale bien y otras no tanto, pero es una aventura y te da un subidón, en especial cuando consigues pasar un obstáculo, una zona exigente, que a lo mejor de primeras no te atreves porque hay mucha pendiente, mucha piedra. Eso nos pasó varias veces en los Alpes el año pasado, que nos metimos por caminos complicadillos y al final superarlos te da mucha satisfacción y al llegar allá arriba tienes esas vistas que te compensa todo el esfuerzo y sufrimiento que hayas podido tener”.

”Hay un viaje que se nos frustró por el Covid, dar la vuelta al mundo, pero lo haremos, no sabemos cuándo, porque todavía tiene que pasar un poquito de tiempo para poder viajar, pero está ahí pendiente”

Para esta rider que al año hace, junto con su pareja, una media de 30.000 kilómetros, “salvo el año de pandemia, en 2019, que hicimos poco más de 20.000 al haber estado encerrados como todo el mundo”, su viaje más largo en moto fue el de San Petersburgo que ha explicado. Mientras que el más aventurero se produjo “en Vietnam, que no pudimos ir con la moto desde aquí, pero alquilamos en Hanoi unas scooters, que es lo único que hay ahí, aunque, eso sí, los más grandes, de 150 cc (ríe) y recorrimos toda la parte norte del país hasta llegar a Ha Long y vuelta a Hanoi. La verdad es que es un choque cultural brutal. Ya simplemente el trayecto en taxi del aeropuerto al hotel fue una aventura, con el ¡ay! continuamente, y pensando ‘¿aquí yo tengo que coger una moto?’, porque el tráfico es tremendo, es un caos organizado. Yo no me atrevía a conducir por la ciudad y le pedí al del alquiler que me sacara la moto a las afueras de la ciudad, y me dijo: ‘Tú no te preocupes, piensa que eres un pez y el tráfico es la corriente y tú tienes que ir con la corriente; no mires ni a la derecha ni a la izquierda, déjate llevar’. ‘¡Madre mía!’, pensé, pero al final nos salió bien”.

Un viaje “realmente intenso -prosigue Ellen-, porque cada 50 metros había algo nuevo, el búfalo que atravesaba la carretera, el perro que estaban asando… Eran tantas cosas impactantes que veíamos en tan poco tiempo, que después del viaje estuvimos un mes soñando todas las noches con el viaje y lo que habíamos vivido. Necesitábamos asimilar todos esos impactos que experimentamos, pero fue una experiencia realmente chula que nos gustó mucho a los dos, tanto que al año siguiente nos fuimos a Filipinas e hicimos lo mismo, alquilar motos y recorrer las islas con las scooter. El año pasado teníamos previsto ir a la India y ya teníamos los billetes comprados antes del Covid, pero la pandemia aplazó el viaje, que queda pendiente”.

Sin embargo, no es el de India el único viaje que aguarda en el debe del Covid a esta pareja, hay otro que lo supera en tiempo y ambición. “Hay uno que se nos frustró y que a lo mejor ahora estaríamos por ahí, el de dar la vuelta al mundo en moto. Lo empezamos a pensar hace dos años y lo íbamos a iniciar el año pasado, en mayo, pero tampoco pudo ser, pero lo haremos, no sabemos cuándo, porque creo que todavía tiene que pasar un poquito de tiempo para poder viajar con un poco más de tranquilidad, pero está ahí pendiente. Un viaje que durará un año, que es el tiempo que habíamos pensado en un principio, porque luego, a lo mejor, tienes que abortarlo antes porque ya no puedes más o bien quieres alargar porque te gusta mucho, eso lo veríamos sobre la marcha”.

Las motos elegidas para esa vuelta al planeta son una R 1150 GS para él, “por el tema de la electrónica y Ellen con algo más ligerito, una 850 o una 750 incluso”, confiesa Victoriano. “Teníamos ya la ruta planificada -apunta ella-, aunque faltaba resolver el tema de África. Ahora no tenemos fecha, pero el día que digamos vámonos, nos iremos, pero ahora está complicado, fíjate si es así que en la embajada alemana, con el tema del Covid, no me dan cita para renovar el pasaporte y llevo meses solicitándola, pero no hay forma. También teníamos pensado ir a Sudáfrica para final de este año, alquilar allí unas motos y recorrer desde Johanesburgo a Ciudad del Cabo”. 

P. Ellen, por qué BMW?

R. Porque soy alemana (risas). (¿El que nace alemán nace ‘bemeuvero’?). No sé (ríe de nuevo). Pero te puedo decir que tanto las motos como el coche que tenemos son alemanes. BMW es una marca que te da confianza, una moto que siempre ha funcionado bien, que me ha dado muchas satisfacciones y alegrías, he aprendido con ella y he conocido muchos sitios y a mucha gente que sin las BMW seguramente no habría tenido la oportunidad de conocer; es un estilo de vida y le tengo que agradecer muchísimo. Además, BMW es un cheque al portador en la reventa”.

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