UN VIAJE SANADOR – INDIA EN MOTO. ENTRE HADAS

Por Elsi Rider
Salía temprano para poder llegar a primera hora de la tarde. La carretera se hacía complicada, brillaba como un espejo y las trazadas eran difíciles, a todo ello sumarle que los turcos conducen “a su manera” y al igual que los griegos, hacen de las curvas rectas.

Hubo un momento en el que me encontré perdida en medio de una carretera y aquí es cuando una despliega los mapas (¡soy mujer de mapas, je,je,je,je!), con lo que enseguida me orienté y a la vez vinieron dos señores muy majetes que me indicaron donde estaba y las diferentes alternativas que había para llegar a un mismo sitio.

Poco a poco fui avanzando por las sinuosas carreteras turcas, una tiene que ir pendiente de ellas, pero a la vez olvidarse para poder disfrutar de conducir.

Lusi, mi BMW F 700 GS se está portando muy bien, “no se queja de nada”… Y de repente, después de una curva, nos sorprende un paisaje espectacular… Había llegado a Capadoccia, un paisaje “lunar” como lo describen en todos los sitios, por el que han pasado muchas civilizaciones y que la erosión ha esculpido para dar forma a estas rocas débiles que permitían construir sus casas dentro de ellas.

Localicé rápidamente un sitio para quedarme a dormir, quería rodar un poco antes de que se fuese el sol por este maravilloso lugar; la noche cayó y me fui con Lusi al hotel, donde sus dueños, muy amables, eran además artistas, ella pintora y él escritor. Por la noche, en medio de la tertulia, me regalaron un libro de poemas que él había escrito y ella ilustrado. Y es entonces cuando te das cuenta, una vez más, de que te sientes como en casa, a miles de kilómetros y con una distancia cultural enorme. A pesar de ello, estás cómoda, rodeada de anécdotas del golpe de estado tan cercano que habían vivido en Turquía, de cómo se conocieron siendo ella una turista francesa y él un trabajador en la zona y de cómo no hay distancia que separe al amor.

Entre chimeneas de hadas

Rodar por Capadoccia en moto es un placer, un lujo y además para los amigos del off-road, es el sitio indicado para perderse.

Cada camino te lleva a un mágico lugar. Casas con sus ventanas y puertas esculpidas en la roca, misteriosas ciudades subterráneas, donde los primeros fundadores “hihitas” dieron paso a distintas civilizaciones que habitaron en este lugar de la Anatolia turca, asirios, mongoles, persas, sirios kurdos, armenios, griegos, romanos y turcos claro.

Capadoccia es tierra de paso para caravanas a lo largo de su historia y guarda grandes secretos escondidos que uno ha de visitar, creo, que al menos una vez en la vida.

Amanecer en las alturas

Una de las cosas que recomiendo hacer es subir en globo y disfrutar del maravilloso espectáculo de ver la puesta de sol, que para mí fue el segundo mejor amanecer de mi vida, ¡mereció la pena el madrugón!, porque hay que estar listo a las cinco de la mañana.

Dar los buenos días al sol desde una altura que te permite contemplar un plano general de la singularidad del lugar es un deleite, un sentimiento y una emoción que pocas palabras pueden describir. Acompañada además en mi globo por un matrimonio turco, la ecuación fue perfecta porque a tanta belleza se sumaron dos buenas personas con las que me despedí con un gran abrazo.

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