CAMINO A CENTRO AMÉRICA

Por Charly Sinewan
Parece que ha llegado el momento de salir de México y retomar el camino hacia el sur, ese que quedó pausado debido a la pandemia. Llevo año y medio largo en este país y me siento muy afortunado de haber pasado aquí esta época tan complicada, pero el viaje debe de continuar e intentar, algún día, llegar a Tierra del Fuego.

De momento salgo de Baja California, mi segunda casa, y enfilo la carretera costera, la 200, hacia Guatemala. Me queda un mes de visa para estar en México y varios estados, con miles de kilómetros por medio porque este país es enorme. Lo que implica eso, es que hay que elegir. No puedo ver todo ni estar todo el tiempo que me gustaría en cada lugar, así que he decidido invertir el máximo posible en Oaxaca y, por tanto, pasar deprisa por Jalisco, Michoacán y Guerrero. Y eso hago.

En el capítulo de hoy atravesamos Michoacán, uno de los estados supuestamente más peligrosos del país y en el que, con casi toda seguridad, me encontraré retenes y no exactamente de la policía o del ejército. Puede parecer extraño, pero aquí es más que normal que te detengan otro tipo de organizaciones para saber quién eres y a dónde vas o, incluso, gente organizada de los propios pueblos que han decido defenderse por sí mismos.

Esta es la historia del paso por Michoacán y los retenes, algo sorprendentemente normalizado en esta parte del mundo. Incluso para alguien de fuera que lleva tiempo aquí, como es mi caso.

Seguimos viaje.

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