ISABEL VILLALÓN, RESPONSABLE DE CALIDAD DE UNA MULTINACIONAL DE DISTRIBUCIÓN: “LA GENTE QUE NO TIENE MOTO SE PIERDE UNA PARTE ESENCIAL DE LAS EMOCIONES Y DE LA VIDA”

Por José Mª Alegre
Isabel Villalón Varona (28 años. Burgos), vive en una localidad valenciana a una hora de la capital. Llegó desde Madrid, la gran urbe en la que residió un tiempo procedente de su ciudad natal, llevándose a su ubicación actual su BMW F 800 R, porque “soy muy feliz cuando voy con la moto. Cuando la conduzco siento felicidad, libertad, es sentir el aire en los pulmones, me encanta. Creo que la gente que no tiene moto se pierde una parte esencial de las emociones y de la vida, es algo que debería hacer todo el mundo”, proclama.

A esta joven de rostro risueño, sonrisa franca y respuestas espontáneas y sinceras, la atracción por la moto le viene “por mi tío Pepe. Cuando era pequeña recuerdo la ilusión que me hacía verle porque me daba una vuelta en su moto. Él siempre ha tenido BMWs, como la de la foto en la que estoy subida en su moto, tenía yo cinco años. Y creo que la afición me viene de eso. Las motos siempre me han llamado mucho la atención y cuando me fui haciendo adolescente, yo pedía moto, pero me dijeron que ‘cuando te ganes tu dinero y puedas mantenerla, tendrás moto’”.

Y así fue. Ella se compró su primera moto de su pecunio, aunque tuvo que esperar hasta los “24 años. Era una CBR 125R. La disfruté en Madrid, porque entonces vivía allí. Con el dinerillo de mis primeras prácticas remuneradas de la carrera (Agrónomos) que tenía ahorrado de trabajos que había hecho durante los estudios y con una pequeña nómina fija todos los meses, con la que podía mantener la moto, me compré la 125”, explica.

¿Y cuál fue la reacción de los padres de Isabel al conocer que su hija tenía moto? Lo cuenta ella con mucha gracia y risas. “Se llevaron las manos a la cabeza, sobre todo mi madre; mi padre, decía, ‘vamos a dar una pequeña vueltecita juntos para ver qué tal te manejas’. Él tenía moto desde antes de que naciéramos nosotras, tengo una hermana pequeña, y cuando nacimos dejó de utilizarla. Luego, le regalamos con su dinero (más risas) la R 1200 GS, yo tenía entonces 16 años”, rememora, tema, el del regalo pagando el beneficiario del mismo que “aparco” para más adelante.

A la 125, Isabel le dio un buen tute. “La tuve nueve meses y le hice 15.000 kilómetros Como seguía estudiando, la utilizaba por la mañana para ir a la Universidad, por la tarde me iba a la otra punta de Madrid al trabajo, a realizar las prácticas que tenía, y los fines de semana me iba a la sierra, de ahí que la moto tuviera tantos kilómetros en tan poco tiempo”, aclara.

Normalmente, iba sola, “primero -continúa-, porque mi 125 cogía unos 100 km/h, más o menos, y luego porque no sabía conducir todavía, y sola iba más concentrada, más atenta en cómo mejorar mi conducción y en la sierra hay muchas curvas para aprender. Otras veces subía a la Cruz Verde, me comía un bocadillo y volvía a bajar. Y me encantaba mi 125, creo que ha sido la moto con la que más feliz he sido, yo iba conduciéndola y decía, ‘¡no me lo puedo creer, por fin tengo moto! Era muy feliz cada vez que me subía en mi moto”.

Pero la vida es evolucionar, no estancarse, afrontar nuevas experiencias y desde hace ocho meses nuestra rider trabaja en una población cercana a Valencia. “Una empresa de distribución me ofreció ser la responsable de calidad de frutas y verduras en Villanueva de Castellón, donde está la central de compras y por eso me vine. A mí me gusta mucho el campo y cuando me ofrecieron el puesto me vine sin pensarlo. Estaba bastante cansada de Madrid, porque es una ciudad que tiene mucho tráfico, mucha gente, estaba un poco agobiada y me vine sin dudarlo”, reconoce.

Vuelvo a la BMW que le regalaron a su padre pagando él, a lo que ella acepta sonriente. “Le regalamos esa moto mi madre y yo, bueno, la familia. Se la compramos por sorpresa, aunque el dinero era suyo (risas), el dinero de la familia, o sea, el suyo. Mi padre no tenía ni idea del regalo que le íbamos a hacer. Él la quería, pero no se la hubiera comprado y le dijimos, ‘aquí la tienes’”.

Y la reacción del progenitor fue como cabía esperar. “Se quedó a cuadros, alucinado, fue un día muy bonito. Se quedó mirando la moto, sin palabras, y la utilizó bastante. Luego, la cambió por una RT, porque la utilizan mucho para viajar y mi madre va más cómoda”, afirma.

De la R 1200 GS hay una anécdota que Isabel cuenta entre risas, aunque en su momento éstas brillaron por su ausencia, pero la perspectiva del tiempo suaviza lo sucedido. “A mí me llamaba mucho la atención la GS de mi padre -confiesa- y recién comprada, bajé un día al garaje para ver si podía cogerla y se me cayó, tenía entonces 16 años. Yo, por aquel entonces, no conocía ninguna técnica para levantar motos, con lo cual tuve que pedir ayuda y reconocer mi culpa y me cayó una bronca buena. Ni a mí ni a la moto nos pasó nada, bueno, algún líquido había por el suelo (risas)… Era gasolina”.

Isabel sale en moto con su padre (64 años) cuando se da la circunstancia, cada uno en la suya, “y perfecto. Nos lo pasamos muy bien, además, es muy prudente y va despacio y mola compartir un hobby así con tu padre, aunque yo creo que me gusta más con él”, reconoce mirando a su pareja que está presente durante la entrevista, provocando risas de complicidad entre ambos.

De la 125, Isabel pasó a su actual F 800 R. “Vendí la 125 y me lo estuve pensando, porque 15.000 kilómetros en nueve meses significa que utilizo mucho la moto y sabía que iba a ser así porque me encanta, yo solo tenía moto, y aunque tengo coche desde hace solo un año, casi siempre voy a moto. Tampoco quería gastarme mucho dinero, pues estaba empezando a trabajar en aquel momento y Madrid es una ciudad muy cara. Finalmente, aconsejada por mi tío Pepe, vimos la F 800 R y me decidí por ella, porque es una moto muy polivalente, no pesa mucho, es bonita y además porque mi familia tiene BMWs e ir con el club de Motos BMW y poder hacer viajes con ellos, pues eso para mí es importante. El 16 de agosto de 2018, recogí la moto nueva del concesionario de Burgos”, detalla.

Fue su sempiterno tío Pepe el que insistió en que “tenía que hacerme del Club. Me decía, ‘yo te lo pago y te vienes a las rutas con nosotros’. ‘Venga, vale’, le dije”. Y así fue, como lo demuestra el hecho de que Isabel ya ha participado en rutas, “la más bonita fue la de Cangas, la Nacional del Club, a la que también fue Lorena Sanz (entrevistada en la News de mayo), que fue con la F 850 GS recién estrenada”, recuerda.

Cuando lleva su F 800 R, Isabel asegura ir “normal, pero claro, depende de con quién me compares (risas). No me han caído multas por velocidad… Bueno, sí -tras hacer memoria- una, subiendo a la Cruz Verde, en una zona de 50 iba a 78 km/h. Pero, generalmente, voy a la velocidad suficiente como para pasármelo bien”. 

José tiene una F 900 XR y en una ocasión se fueron de viaje yendo Isabel de ‘paquete’, una experiencia que a nuestra protagonista no le convence del todo, pues “a mí me gusta más llevar mi moto, porque es totalmente diferente. Puedes ir de ‘paquete’ y seguramente vas disfrutando más del paisaje, vas más relajada, pero lo normal es que cada uno vaya en la suya propia, que es la gracia de tener moto, el poder llevarla”.

“Tiene una explicación el que vaya en la mía -interviene José-. Lo que nos gusta es salir todo el día, comer de bocatas en la montaña en un paraje natural y volver ya por la noche. Entonces, mi moto es la que nos permite meternos en pistas y cuando elegimos una de las dos, cogemos la mía por ese motivo, y ella con la XR. Pero yo no tengo ningún inconveniente en ir de ‘paquete’. Es más, a veces, yendo yo detrás conduciendo ella, he estado a punto de dormirme, porque voy relajado, no tengo ningún problema”.

Isabel no desprecia el off-road y cuando los dos ruedan con sus motos por caminos “yo le sigo (a su pareja), pero no a la velocidad que va él. Algunas veces me da respeto, porque si la F 800 R se me vence o se me cae, yo no tengo tanta fuerza”. Por eso “quiere una moto de campo, una 250 o 400 como mucho”, añade José.

La moto, protagonista en la vida de ambos, cuando no se conocían y ahora en común, pues fue “ella” quién los “presentó”: “Yo vine aquí, a Valencia, el 20 de mayo de 2019, sin conocer a nadie. De Madrid estaba bastante saturada y a mí no me gusta el bullicio. Y, como te he dicho antes, no me lo pensé. Y vi este pueblo, que debe tener 1.200 habitantes, y dije, ‘aquí me quedo’. Y aquí me instalé, en Tous. ¿Y los fines de semana, qué hacía? Pues me iba a hacer rutas yo sola con mi BMW, a descubrir los puertos de montaña de Valencia, la Carrasqueta, el de Dos Aguas… En una de estas salidas, conocí a un amigo del grupo de José que me propuso salir con ellos algún día y pensé, ‘tampoco tengo nada mejor que hacer. Si no me gusta, no vuelvo a salir más’. Para mí es importante ir a gusto en la moto y me gusta llevar mi ritmo y no me siento cómoda con gente que lleva un ritmo demasiado rápido. Total, que me animé y quedé con ellos y allí estaba José. Y en la tercera o cuarta salida que hicimos, haciendo un puerto que está aquí cerquita, el de Navarrés, veníamos de unos caminos de piedras, yo tenía las ruedas frías, y la carretera es muy mala porque está muy lisa y en una de las curvas se me fue la rueda y acabé en la cuneta. No me pasó nada, según me caí, me levanté, pero se acercó José y me dio un abrazo y seguimos la ruta”, rememora.

“Y yo, que tenía una R, me hizo comprar una BMW y apuntarme al Club”, exclama José, al que le pregunto, sonriendo, si se arrepiente de haber conocido a Isabel y de haberse comprado la F 900 XR… : “Nada, ni de ser del Club -responde sonriendo también-. Lo que tengo ganas es de ir a alguna Nacional o cualquier ruta organizada por el Club”.

Isabel está encantada con su moto, “es que voy muy bien con ella, puedo viajar a cualquier sitio y tengo las maletas y da igual a donde vaya, voy muy cómoda, puedo con ella, estoy muy echa a la moto. En un futuro, me llama mucho la atención la R 1250 RS, lo que pasa es que pesa mucho. La R 1250 GS, también me gusta, pero lo mismo que la anterior. Pero creo que a mi moto todavía le quedan kilómetros (tiene 40.000) y rutas por hacer, porque con el Covid se nos han frustrado algunas y las tenemos pendientes. En el primer año y medio que la tuve le hice 30.000 kilómetros, pero desde la pandemia la tengo parada, prácticamente. A trabajar voy con la moto o el coche, indistintamente, dependiendo en parte de la ropa que tenga que llevar. Pero yo he ido con los taconazos de once centímetros con la 125 y aprendes a conducir con las marchas con el tacón, no es tan complicado”, indica sonriendo.

Para esta mujer que es todo simpatía, la moto es, “sin exagerar, de las cosas más importantes de mi vida, porque ya no solamente es un hobby, es… No sé cómo explicarlo… Con la moto haces terapia. No podría estar sin ella. No me planteo no tener moto, es ya una parte de mi vida, da igual donde vaya o donde esté, yo creo que siempre tendré moto y todos los planes que hacemos son con la moto de por medio”.

Muchos son los viajes deseados por esta rider, “porque nunca he salido de España con la moto -reconoce-; entonces, hay un montón. Está Marruecos, la costa francesa, Portugal, Argentina, pero el viaje por excelencia, el que más ganas tengo de hacer, son los Alpes suizos. Ya lo teníamos planeado para la segunda quincena de junio, quince días, hasta Alemania y volver por los Alpes, pero no ha podido ser. Y la transpirenaica…”. Y se queda pensativa, porque fue un viaje que de nuevo el Covid truncó: “El año pasado, el día que José se compró la F 900 XR, decidimos enseñársela a su mejor amigo, ‘que le va a hacer mucha ilusión’, dijimos y fuimos a verle. Al día siguiente, hicimos las maletas y nos subimos a la XR para hacer un viaje de 2.500 kilómetros. Incluso habíamos reservado un taller por el camino para hacer la revisión de los mil kilómetros. Salimos a las siete de la mañana y llegando a Cap de Creus, nos llaman para decirnos que habíamos estado en contacto con un positivo, el amigo de José, que lo desconocía cuando le visitamos, y tuvimos que regresar y encerrarnos por la cuarentena. Fue otro viaje frustrado. Por eso todas las vacaciones futuras son en moto, porque son mucho más divertidas”, proclama Isabel.

Pregunta. Y cuando vengan hijos, ¿qué pasará?

Respuesta. Tendremos que turnarnos la moto… -responde él-. Nos lo hemos planteado, supongo que bajará el ritmo de la moto, lógicamente lo tenemos asumido, pero en ningún momento se ha planteado dejarla. Dejaremos el niño en buenas manos a primera hora del día para salir nosotros de ruta, aunque sea corta.

A lo que Isabel aclara: “No tenemos pensado tener niños en un corto plazo, ni medio (ríe). Cuando vengan, ya vendrán. Ese no es un problema de la Isabel del presente, es un problema de la Isabel del futuro, ya veremos. A lo mejor le tenemos que comprar al niño o a la niña una moto campera y hacernos los tres camperos. Ahora bien, lo que no voy a hacer es comprarle una moto a los 16 años, se la tendrá que pagar él, igual que me la he pagado yo, porque luego lo valoras mucho más”.

Por su condición de mujer, Isabel no se ha sentido humillada o desairada yendo en moto, “la verdad es que no, al revés. Por desgracia es una afición más masculina, más arraigada en los hombres, pero creo que ellos valoran que haya chicas que vayan en moto. Normalmente el sentimiento que expresan es el de sorpresa, incluso diría que también admiración. En general, la gente se sorprende. Por ejemplo, en el trabajo me preguntan: ‘¿Así que tú eres la de la moto?’”.

Hay que animar a toda aquella mujer que quiera llevar moto a que lo haga…: “Por supuesto, es algo que todo el mundo debería probar, porque es muy divertido y te sientes muy libre. Yo, a mis amigas las he intentado convencer, a todas y a cada una de ellas, una por una, y siempre dicen, ‘es que es muy peligroso’. El peligro siempre está en la carretera y se debería hacer más campañas de concienciación para que la gente que va en coche tenga la constancia de que un despiste puede acabar en una desgracia para una persona que va en moto o en bicicleta, pero al final, si eres una persona prudente, si vas protegido, si vas siempre con los cinco sentidos en la moto, que es como se debe, sabiendo que tienes que ir despacio y siempre pendiente, te compensa y merece la pena. Creo que todo el mundo debería llevar una moto, por lo menos intentarlo alguna vez y luego si no les gusta mucho, dejarlo, pero que lo prueben”, concluye.

3 Respuestas para “ISABEL VILLALÓN, RESPONSABLE DE CALIDAD DE UNA MULTINACIONAL DE DISTRIBUCIÓN: “LA GENTE QUE NO TIENE MOTO SE PIERDE UNA PARTE ESENCIAL DE LAS EMOCIONES Y DE LA VIDA””

Deja tu comentario