RECORREMOS LOS PUEBLOS DEL MAESTRAZGO TUROLENSE DE LA ESPAÑA VACÍA CON LA NUEVA BMW R 1250 RT (I)

Por José Mª Alegre
Impresiona llegar a una localidad y que te reciba (casi) todo el pueblo, y sobrecoge que esos habitantes (casi) “quepan” en la R 1250 RT con la que he viajado. Porque en Cirujeda, provincia de Teruel, habitan un total de nueve personas, dándome la bienvenida seis de ellas, pues dos no se encuentran en ese momento y el tercero, que sí está, el único joven que hay, declina salir en la foto, aunque no tiene inconveniente en darme su opinión del por qué su pueblo, como tantos otros de la España vacía o vaciada, que recorro con la nueva R 1250 RT, se muere.

Varias son las Comunidades Autónomas que sufren la despoblación, siendo Teruel una de las que más padece el fenómeno de la emigración de sus pobladores que abandonan sus lugares de origen en busca de ciudades y pueblos en los que la vida fluya y propicie oportunidades para tener un futuro mejor. Un horizonte de ilusión y esperanza que ya no atisban en sus lugares de origen porque han perdido el tren del progreso con la dispersión, el envejecimiento y, en gran medida, por la falta de impulso y apoyo de quien debiera aplicarlo.

Viajar con la nueva R 1250 RT es una delicia, por comodidad, seguridad y potencia. Antes de coger la N-211, circulo por la N-2 para probar el novedoso Control de crucero activo (ACC), primicia en este modelo recién presentado que aumenta el confort y la confianza. El sistema funciona como en los coches, marcas una velocidad, así como la distancia del vehículo que nos precede donde quieres que actúe el sistema, haciéndolo con una tecla en el manillar, y la moto regula su marcha en función del de delante, no llegándole a alcanzar nunca, porque mantendrá la distancia programada por nosotros. De ello se ocupa el sensor de radar de la parte frontal, por ello, una vez la moto llegue al que tengamos frente a nosotros, el sistema regula la velocidad según la del vehículo alcanzado, retomando la inicial automáticamente al apartarse y dejar la vía expedita. Pero si va por nuestro carril (en una autovía, como es el caso), deberemos adelantarlo para que de nuevo recuperemos la velocidad programada, o bien tomar nosotros el control de la velocidad con el puño derecho en cuanto notemos que nuestra RT pierde velocidad.

También es novedad el pantallón TFT extragrande de 10,25″, un tremendo cuadro de mandos digital con múltiples posibilidades, como ver todas las funciones de la moto o acceder al sistema de navegación y la conectividad. Además, tienes la posibilidad de observar varias funciones a la vez gracias a la pantalla dividida, como el ordenador de a bordo por un lado y la velocidad y las revoluciones del motor por otro. Como me dijo uno de los habitantes de uno de los pueblos visitados, “esta pantalla es más grande que la tele de mi casa”.

Ya en la N-211, llego a Molina de Aragón, que tiene una población de 3.365 habitantes, ciudad que ha sido una de las cuatro elegidas para la implantación de proyectos digitales en la España vaciada. En un alto de la carretera, con el pueblo bañado por el sol púrpura a poco de echar el cierre del día, plasmo la imagen con la RT como gran protagonista.  Hago lo mismo en Pozuel del Campo, precioso enclave que encuentro unos kilómetros más allá de solo 90 habitantes situado sobre un montículo, aunque aquí el sol ya brilla por su ausencia. Sus calles empedradas y los restos de la muralla que protegía el pueblo recuerdan la importancia que tuvo este lugar en la Baja Edad Media.   

La tarde ha caído y debo llegar a Utrillas, donde pernoctaré, antes de que oscurezca, pues no me gusta conducir de noche por el peligro que suponen los animales que cruzan la carretera. Pero me temo que el ocaso se me ha adelantado; sin embargo, la magnífica iluminación de la R 1250 RT que proporcionan los faros full Led de tres módulos y las luces autoadaptables a las curvas (las llamadas luces ‘cuneteras’), me devuelve la claridad que me ha privado el sol (algo menos, claro), llegando a Utrillas por la N-420 disfrutando del paisaje mientras fue de día, de la gran protección de la BMW debido a la cuidada aerodinámica, a la gran pantalla regulable eléctricamente (mayor que la anterior) y a la perfecta posición de conducción, tan cómoda que permite hacer tiradas largas sin notar el cansancio. Y ese novedoso frontal afilado que me recuerda a un ave en perfecta conjunción con el viento que debe cortar sin apenas resistencia en su vuelo… Rasante, en este caso 

Nuevo día y primera visita a uno de los pueblos donde me esperan, Cirujeda, ya citado al principio. Para llegar hasta él, sigo por la N-420, desviándome en la A-1403, una carretera secundaria de buen asfalto. En esta época del año, finales de mayo, el campo está en su máximo esplendor y estas tierras de la comarca Cuencas Mineras no son una excepción. La jornada despierta y yo me he despejado con unas pocas curvas que hay en la Nacional. Propietario como soy de una F 850 GS, moto ideal para circular por todas las carreteras secundarias previstas, me pregunto si la R 1250 RT se defenderá con parecida solvencia en territorio claramente GS. Luego, acabado el reportaje, sentiré haber dudado de las enormes capacidades de la RT para adaptarse al hábitat de su hermana de marca. Rectificar es de sabios …

Antes de llegar a mi destino matinal, paso por Aliaga (326 h.), a cuyo Ayuntamiento pertenece Cirujeda, que desde 1981 es pedanía. Sigo camino y me detengo en la central térmica de Aliaga, que empezó a funcionar en 1952 y dejó de hacerlo en 1982, y cuya monumental construcción me llama la atención. Su cierre fue el inicio del declive de los pueblos de alrededor, pues contrató a mucha gente de la zona y creo riqueza.  

Llego a Cirujeda que está en la sierra de Sant Just, a 1.150 metros de altitud, recibiéndome su alcalde pedáneo, Javier Colas, junto con el resto de habitantes, siete, pues los dos que faltan para completar el censo de nueve personas que lo moran, no se encuentran en ese momento, tal como cito al inicio.

Iván, el joven que declina salir en la foto junto al resto de convecinos, tiene 32 años y es el de menor edad de todos ellos, cuenta “que la gente no se quiere quedar en Cirujeda porque no ve oportunidades en el pueblo, prefiere la ciudad y cobrar ochocientos o mil euros que quedarse a cuidar el ganado o las tierras familiares, no valoran el fruto del campo”. Conductor de un camión autobomba contra incendios, además de dedicarse a la apicultura, “porque hay que tener varios empleos para subsistir aquí”, lamenta que “los políticos no apuesten por los pueblos y prefieren que se invierta en las grandes ciudades donde se concentran las nuevas generaciones”, asegurando con convicción que “al sistema no le interesa que subsistan los pueblos pequeños, le interesa más que la gente esté congregada, porque así consume más. En los pueblos somos autosuficientes, de gastar poco, por eso al sistema no le interesamos”.

En Cirujeda no quedan niños, se han ido. Tampoco hay Internet, ni tan siquiera cobertura telefónica, “para tenerla hay que irse hasta esa curva”, se lamenta el Alcalde señalando un punto de la carretera cuya distancia exige vehículo o caminata. Colas, que tiene 42 años, el segundo más joven del pueblo, tras Iván, mantiene que “si se creara algún tipo de industria, se podría subsistir”.

Fernando Gómez es un precursor del cultivo de la trufa en la zona, hongo de alto valor en la cocina que no surge como las setas, sino que hay que plantar la carrasca de encina y luego cuidar, no dando fruto hasta pasados ocho o diez años. Gómez se queja de que por culpa de la pandemia, obligando al cierre de los principales consumidores de trufas, los restaurantes, el precio de éstas ha estado bajísimo, “pero de la trufa se puede vivir -confirma- no así del trigo o la alfalfa”.

Jesús Feced piensa que el problema de regresar “es la vivienda, porque sus propietarios, que ya no están en el pueblo, no las quieren vender porque es la casa de sus padres, aunque se vayan deteriorando por el abandono que sufren”. Insiste en que “Internet es uno de los problemas gordos que hay, porque si hubiera conexión la gente vendría y teletrabajaría, pero las compañías han de invertir mucho, crear la infraestructura para que llegue la cobertura aquí, pero no les renta porque somos cuatro. Estamos abandonados de la mano de Dios”, concluye.

“Cirujeda llegó a tener 350 habitantes, con 50 niños y niñas”, explica Ramona Escuin, de 77 años, madre del alcalde Colas. Ella es la que está sentada en la R 1250 RT, junto a su hijo y los hermanos Temprado, Francisca y Miguel (con camisa a cuadros). A la derecha, de la fotografía, Feced, en primer lugar, y Gómez.

Me despido de las fuerzas vivas de Cirujeda y me dirijo a Montoro de Mezquita, ya en la comarca de El Maestrazgo, otro pueblo que, como el anterior, tiene pocos vecinos, aunque este le supera… ¡en menos: solo siete! Para llegar a él me meto de nuevo por la A-240, en dirección a Ejulve, pasando por el puerto de Majarinos (1.450 m) muy “entretenido” debido al mal estado del piso, si bien lo más preocupante es la gravilla que hay en algunas curvas. Reduzco la marcha, aunque mantengo el Dynamic (tiene otros tres modos de conducción: Road, Rain y, como novedad, Eco, con el tren de rodaje ajustable electrónicamente con compensación de carga al llevar Dynamic ESA la unidad de pruebas que conduzco. A los sistemas electrónicos citados se añaden los magníficos frenos con ABS Pro completamente integral, el asistente para conducción en montaña (HCS) y el control dinámico de tracción (DTC), es por ello que la confianza en la R 1250 RT es absoluta, avanzando con aplomo y seguridad por tramo tan complicado.

Al llegar a Ejulve, tomo la A-1702, tramo perteneciente a la famosa Ruta del Silencio (The Silent Route), 63 kilómetros de carreteras de curvas en buen estado, sobre todo en la que me encuentro, discurriendo por las comarcas de El Maestrazgo y Andorra-Sierra de Arcos con unos paisajes monumentales y la indomable belleza de estos parajes en donde el silencio imponente casi permanente es interrumpido por el sonido de las muchas motos que hacen la ruta.

En Montoro de Mezquita, otra pedanía perteneciente en este caso a Villarluengo, me recibe Mari Carmen Olague, su anterior alcaldesa pedánea. Está situada a mil metros de altitud, tiene una historia de mil años y su población, como ya queda dicho, es de siete habitantes y 24 en la temporada cálida.

Entro en el pueblo con la BMW y me parece desolador lo que veo y es que no veo ni un alma. Al poco aparece Mari Carmen (Zaragoza, 54 años), una emprendedora con gesto dulce y hospitalario que, a base de transformar viviendas en casas rurales, está consiguiendo que Montoro reviva, aunque solo sea los fines de semana y períodos vacacionales.

“Esa es la lucha que tenemos desde mi caso en particular y desde la Asociación para el desarrollo de Montoro, todo con el afán de que el pueblo no muera, que venga una, dos o tres familias, monten un bar o un restaurante o una tienda de souvenirs, que daría para tres familias y tres familias en este pueblo es mucho”, expone.

Esta zaragozana se fue a vivir “a la localidad turolense en 1993 porque desde pequeña tenía claro que vendría a vivir a Montoro. Mis padres no son de aquí, vinieron de casualidad a traer a un vecino para ver a su madre y estuvieron seis años trayéndolo hasta que se sacó el carné y se compró un coche. Y en el 93, cuando me quedé sin trabajo en Zaragoza, decidí venir y encantada de la vida, estoy superagusto”.

Mari Carmen tiene dos casas rurales, El Obrador y Valloré de Maestrazgo, “que iban muy bien hasta la crisis del 2009. Tuvimos un parón muy importante, pero luego, con la apertura de las pasarelas (que permiten superar una bella ruta que discurre por el río hasta el estrecho de Valloré), la verdad es que la cosa ha empezado a remontar bastante bien. Además, tenemos el bosque de hadas, que atrae a muchísimo turismo familiar”.

Para esta empresaria que lucha para que Montoro salga adelante, la primera medida para que ello sea posible, al igual que el resto de pueblos que están en peligro de despoblarse, debe partir de los propios vecinos. “La principal asignatura pendiente que tenemos la gente del territorio es creernos que tenemos un territorio que merece la pena vivir y transmitírselo a los hijos que esto es así y que aquí se puede vivir. Cuando mis hijos iban al colegio, primero a Ejulve y luego a Andorra y Alcañiz, muchos de los padres les estaban transmitiendo a sus hijos que en el pueblo no se podía vivir y ‘tú te tienes que ir’, les decían. Lógicamente se tienen que ir, tienen que estudiar, tienen que formarse, pero si quieren volver no les puedes inculcar de pequeños que el pueblo no es un medio de vida para ellos. Este es uno de los pilares fundamentales y otro, que la Administración se vuelque con los pueblos y que haga cosas y que nos ayuden, que si en un pueblo hay que tener una banda ancha en condiciones para que se haga teletrabajo, pues que nos la pongan. El mundo está evolucionando mucho y por eso mismo hay que intentar conseguir dotar a los pueblos de las mismas cosas que tienen en las ciudades para que aquí nos podamos desarrollar.”

Los siete vecinos de Montoro tienen edades comprendidas entre los 21 del hijo de Mari Carmen, y los 90 de Consuelo o los 84 años de Domingo Salesa, edad que debe confesar para creérmelo (yo y el que le escuche), pues los lleva estupendamente. Nacido en el pueblo, Salesa fue camionero de profesión, por eso “he recorrido bastante mundo haciendo mucha carretera -confiesa- y me he ganado la vida al volante”.

Domingo no recuerda cuantas personas había en el pueblo en su juventud, “yo solo sé que íbamos quince chicos y dieciséis chicas -apunta- y había dos tiendas también y ahora resulta que quedamos cuatro y el de la guitarra (sonríe). Tenemos un bar que lo abrimos para las fiestas, cuando viene la gente, pero poca cosa”.

Para él la gente se ha ido de Montoro “porque aquí no hay vida, antes vivíamos con lo que teníamos y lo poco que había, porque como no teníamos otra cosa, todos alegres y contentos, pero esto ha evolucionado mucho y ahora no hay vida. Aquí crear puestos de trabajo es muy difícil y si no se crean puestos de trabajo, no puede subir el pueblo, ¿de qué vamos a vivir aquí si solo hay cabras montesas y jabalíes y poco más? Es imposible”.

Mari Carmen y Domingo posan amablemente junto a la R 1250 RT en la plaza de Montoro de Mezquita, asombrándose él de la pantalla que luce la BMW. Yo también me asombro de la moto, por su comportamiento y seguridad. Saliendo del pueblo en busca de la A-1702, la cantidad de gravilla que hay en la carretera de acceso a la población me da un susto al deslizar la rueda trasera, disparándose los controles de la moto evitando males mayores. Me felicito por rodar con la R 1250 RT por estas carreteras que, en general, son una delicia, disfrutando de los 136 CV del bóxer, motor con distribución variable ShiftCam como el anterior, solo que éste se ha adaptado para cumplir la norma de gases de escape EU5, consiguiendo menor consumo, mayor dinamismo y óptima eficacia.

Pensativo por lo escuchado en los pueblos visitados, por esa España rural que parece se vacía por momentos, me dirijo a Alcañiz para encontrarme con Rubén García Cabo, rider también y gran conocedor de la zona que me acompañará a Cuevas de Cañart, donde nos espera la alcaldesa Rafaela Liébana al día siguiente. Así que pongo rumbo a la capital del Bajo Aragón donde me he citado con él, me quedan cien kilómetros que haré todos ellos con mucha lluvia, pues los cielos se han abierto y en algunos momentos cae la mundial. Desde luego es mucho más sencillo viajar con la R 1250 RT a la localidad alcañizana, por más agua que caiga, que poner solución al complejo tema de la España vacía del que seguiré ahondando para dar cuenta en la próxima News. Hasta entonces. (Antes, permitidme que me detenga en Calanda para rendir homenaje al gran Luis Buñuel).

Una respuesta para “RECORREMOS LOS PUEBLOS DEL MAESTRAZGO TUROLENSE DE LA ESPAÑA VACÍA CON LA NUEVA BMW R 1250 RT (I)”

  • Javier Bikerman dice:

    Un buen artículo…Me ha recordado los lugares por donde aprendí a montar en moto, y mi trabajo, entonces como maestro, en mi querido Teruel, de dónde salimos en el 95, precisamente por la falta de oportunidades que ya entonces comenzaban a hacerse patentes.
    Una buena tierra, con mejores gentes, que agoniza en estertores de callado silencio y soledad.

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