UN VIAJE SANADOR. INDIA EN MOTO Y ATRAVESANDO GRECIA

Por Elsi Rider
Toca subir a Lusi, mi BMW F 700 GS al barco. La aventura está por delante. Escala en Cerdeña y buenas conversaciones en aquel barco, donde todos se acercan a mi moto para preguntar si mi destino era Grecia y con caras de incredulidad, vuelven a preguntar cuando mi respuesta es “India”.

He conocido a tres personas que de forma independiente y voluntaria, con sus propios medios, se dirigían a Grecia para ayudar en los campos de refugiados sirios cargados de ilusión y buenos proyectos, entablando enseguida una buena charla que duraría buena parte de la noche en aquella cubierta, con una suave brisa que nos hacía envolvernos en mantas; los tres compartíamos nuestros sueños, empatizábamos los unos con los otros. ¡Da gusto encontrar a personas así! Cuando llegó la hora de despedirnos, entre abrazos nos deseábamos suerte y felicidad para cumplir nuestros sueños.

Bueno, en Grecia ni Dios lleva casco, pero se desayuna muy bien, así que tras haber sido agasajada con unos paquetes de aceitunas típicas de allí, los chicos del café se hacen unas fotografías conmigo y con mi moto. La etapa de hoy es hasta Alexandróupoli. Bordear el mar Egeo es sencilla y llanamente espectacular, con su color turquesa, sus calas, su arena blanca, ¡Qué sensación de felicidad! Dan ganas de pararse cada poco para hacer fotos, porque verdaderamente es una postal de infinita de belleza.

Los griegos son gente muy agradable, pero gritan un montón. Por cierto, las cocineras fuman en la cocina, los camareros fuman en el bar, los clientes fuman en el local, los perros entran a los restaurantes, los gatos hasta se suben por las mesas y a la hora de conducir están como chotas, aunque, hay que decir, que cuando regresas del viaje, como podréis ir leyendo, entonces te parecen conductores de primera. A medida que te alejas de Europa, la conducción va siendo más y más caótica.

Para los que vayáis por allí, os recomiendo Kavala, una preciosa ciudad de la región de Macedonia, situada a orillas del mar. Un bullicio controlado y unas terrazas al lado de las playas donde poder apreciar y disfrutar de un inolvidable atardecer. Tiene un castillo y un acueducto abierto al tráfico por unas calles empedradas que atraviesan una población con mucha vida.

La carretera hacia Alexandroupoli fue más bien pista de tierra, no por falta de carreteras sino por decisión propia. Hubo un momento en el que estaba sola en mitad de la nada, atravesando campos de algodón con asentamientos marginales de los que allí trabajan y de repente “gente en todo terrenos colgada de las ventanas” a todo tren por las pistas que crearon una nube de polvo que “riete tú del Dakar”, dicho esto con ironía como es obvio.

El mejor y a la vez peor momento fue cuando de repente me encontré con un empedrado hacia arriba en mitad de la pista, así que me acordé del maestro Feliu y “ante la duda, gas”, eso sí, la bajada era de vértigo y eran piedras tamaño XL, pero ya no había marcha atrás, me lancé y lo pasé… ¡Quién me lo iba a decir a mí por aquel entonces!, novata en off-road y temerosa de cualquier caída en tierra. Lo cierto es que fue un momento de plenitud, y Lusi, mi BMW F 700 GS ¡se portó!

Toca seguir devorando kilómetros, degustando el camino, el día a día, el momento, porque lo importante es siempre lo que te va regalando la vida.

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