MAL CAMINO

Por Agustín Ostos
Después de charlar un poco con mi embriagado tocayo Agustín, un niño de la zona nos advirtió seriamente sobre la ruta que Simón había preparado para aquel día. Era muy peligrosa. Si caíamos, podríamos morir. Bueno, ¿cómo en todas, no? Los grandes logros requieren grandes riesgos, decía el Dalai Lama.

Y es que la “ruta gourmet» que aquel día Simón había seleccionado en la Sierra Nevada de Santa Marta nos llevaría por asfalto desde Palomino hasta El Campano, lugar donde cogeríamos una sinuosa y desafiante trocha que nos conduciría, atravesando cerros y ríos, hasta Machete Pelao y, de ahí, bajaríamos hasta Guachaca para, en caso de haber sobrevivido a la aventura, finalizar el día volviendo a Palomino.

Y lo que pasó fue que, en medio de ese paradisiaco camino, sucedió la pesadilla que no quería: me caí con la moto por un precipicio de siete metros debido a una piedra y un leve exceso de velocidad. Esta es la primera parte de la historia:

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