EL BOSQUE ANIMADO. SAN ANDRÉS DE TEIXIDO

Por Willy Sole Gin
Ando metido en tierras de meigas. En la fraga de Cecebre. Son las fragas, bosques tupidos, sin apenas luz, repletos de hayas, abedules, carballos y helechos. Todos inmersos en un microclima que los mantiene a una temperatura y humedad constante. Están pintados con todos los colores habidos y por haber, entre el verde y el marrón. Bosques que quizá, sólo puedan encontrarse en Galicia…

Relativamente cerca se encuentra San Andrés de Teixido. Lugar alabado por tantos y descrito como una de las aldeas más bellas y con más magia del Norte.

Vengo pensando en el libro de Wenceslao Fernández Florez, “El Bosque Animado”, y en la magnífica película, que, sobre éste, dirigió José Luís Cuerda.

A mediados del siglo XX, Xan de Malvís decidió convertirse en el bandido Fendetestas. Pensaba Malvís que cada bosque debía tener su bandido, aunque en este caso, Xan fuera el paradigma de la bondad.

Así que por esta fraga anduvo Fendetestas, dueño y señor de senderos y caminos, intentando atracar a todo el que se le pusiese a tiro. Incluido el cura de Cecebre.

Amigo de Malvís, anda cojo por el mismo bosque Geraldo el pocero, que ejerce de zahorí con muy mala fortuna. Sin descanso se arrima a Hermelinda. Paisana impresionante comparable a cualquier queso (no necesariamente del norte) y que como no podía ser de otra forma, no hace ni caso a Geraldo.

A parte de su bandido, cualquier bosque que se precie, ha de tener su propio fantasma. De modo que aparece por allá otro tipo entrañable. Fiz de Cotobelo.

Alma en pena que juró en vida peregrinar a San Andrés de Teixido y que le sorprendió la muerte antes de poder cumplir su promesa.

Anda Fiz amortajado, hecho trizas y siempre de noche, vagando por la fraga como lo que es, un muerto en vida.

Tenemos pues al bandido Fendetestas, a Fiz el fantasma, a Geraldo el pocero y a Hermelinda, el mencionado queso de bola o de tetilla, según se prefiera.

Decide Hermelinda marchar a servir a la ciudad. Y aquí empezó toda mi confusión

Asocié que la muchacha se iría a servir a San Andrés de Teixido cuando realmente marchó a La Coruña. Era Fiz el fantasma, el que debió ir a San Andrés y nunca fue.

Dejando atrás Cedeira y subiendo y bajando hacia San Andrés, comprendí que es imposible que alguien allá por los años cincuenta, emigrara con intención de mejorar, a una aldea de no más de diez casas. Me enamoré del lugar nada más verlo. Su belleza es indescriptible.

Calzadas romanas atraviesan prados y bosques para llegar al pueblo. Siempre con el Mar a lo lejos, serpenteas por colinas empinadísimas pintadas de colores ocres. Y al Oeste uno de aquellos faros difícilmente alcanzables desde Tierra.

Fiz, Geraldo, Fendetestas, Hermelinda y desde entonces, yo mismo…

Bosques animados, bandoleros, fantasmas, zahoríes enamorados, bellezas salvajes, la Santa Compaña y mis faros imposibles…

La felicidad completa…

@entremapasycandiles

BMW R 1200 R (Aunque pudiera haber sido otra cualquiera…).

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