LA GS, UN SIGNO DE IDENTIDAD

Por Eduard López Arcos
Recuerdo que cuando empecé a viajar, llevaba una cámara compacta (analógica) en la mochila. No le hacía mucho caso y solía volver a casa con pocas fotos, o ninguna.

En una ocasión, me encontré con un turista valenciano en una tienda de recuerdos de un pequeño pueblo escocés. Iniciamos conversación, mientras él le daba vueltas a un expositor giratorio repleto de postales. Me explicó que él nunca hacía fotos y que prefería comprar postales porque siempre serían más bonitas que las imágenes que podría hacer con una cámara. No quería dedicar tiempo a hacer fotos, ni tampoco tener que cargar con una cámara y menos tener la obligación de luego llevar a revelar los carretes. Asenté con la cabeza mientras pensaba que a mí tampoco me gustaba distraerme con una cámara de fotos. Veía a los turistas con la cámara pegada al ojo sin enterarse de lo que pasaba a su alrededor y eso no me motivaba mucho para sacar la cámara de la bolsa y hacer una foto.

Una nueva pasión

Nunca tuve interés en la fotografía, aun si siempre he apreciado el arte, nunca pensé que yo también podría utilizar una imagen para transmitir algo.

Mi percepción sobre la fotografía empezó a cambiar a partir de mi travesía por el África Occidental, ahora hace diez años. Todo lo que vivía y veía era apasionante y, de alguna manera, empecé a sentir que había muchas cosas sencillas que valía la pena capturar y mostrar.

En el 2012, cuando fui a vivir a las dunas del Erg Chebbi, en Marruecos, la luz del desierto y sus contrastes iluminaron y alimentaron aquella curiosidad incipiente sobre la fotografía.

Cuando conviertes algo en pasión, ésta deriva en un camino de aprendizaje continuo que ofrece una enorme cantidad de posibilidades y satisfacciones personales.

Más que una moto, un signo de identidad

Revisando mis fotos me he dado cuenta de que en un elevado porcentaje de mis imágenes aparece una GS. Algunas de estas imágenes me trasladan en un momento, un lugar, y por un instante siento los olores, el entorno, la gente y recuerdo las aventuras de ese día, de ese viaje. Y mi GS siempre está ahí.

Pensando en todo esto, me he dado cuenta de que la GS es, para mí, más que una moto. Es un signo de identidad que habla por sí solo. La GS es aventura, emoción, experiencias, deporte, diversión y cualquier otra cosa que pueda aportar a nuestras vidas.

¡Larga vida a la GS!

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