RUTA MADRILEÑA CON LA BMW R 18 CLASSIC: IMPONENTE Y SEDOSA A LA VEZ

Por José Mª Alegre
Admiré la R 18 por primera vez en los BMW Motorrad Days Sabiñánigo 2019, la gran fiesta anual de BMW Motorrad España (acontecimiento que hizo un paréntesis el año pasado, como tantos otros eventos, debido a la pandemia).

El nuevo modelo llegaba para inaugurar la nueva gama de las Cruiser o custom después de años de ausencia en el catálogo de la marca, haciéndolo a lo grande, pues grande es la R 18, aunque es más apropiado calificarla de imponente. En aquella presentación del nuevo modelo, al que todavía le faltaban ‘detalles’, de ahí que su nombre fuera entonces Concept R 18, unidad exclusiva traída desde Alemania para estar presente en el evento, ya quedaban claras sus hechuras, sus numerosos cromados, el cardan a la vista y, sobre todo, su espectacular estética.

La R 18 es un ejercicio ‘retro’ de BMW reviviendo la mítica R5 de 1936, una moto adelantada a su tiempo con características tan novedosas entonces como el cambio en el pie o la horquilla telescópica. La R 18 ha plasmado muchos detalles de aquella R5, por ejemplo, el depósito en forma de lágrima de igual color que la del 36, negro, rematado con dobles líneas blancas; la transmisión central con el eje a la vista que permite ver como gira, un detalle técnico portentoso o el chasis de doble viga triangular. Eso en cuanto al guiño de los diseñadores homenajeando a la legendaria R5, creando, sin embargo, bajo esa estética retro una moto moderna y actual. Para ello han utilizado la más pura tecnología de la marca, con un distintivo que la diferencia de cualquier otro modelo, el impresionante “big boxer” de 1.800 cc, el motor de mayor cilindrada jamás fabricado por BMW en sus casi cien años de historia. Y el resultado es impactante, más aún al conducirla.

La R 18 Classic First Edition es una versión rutera de su “hermana mayor”, la R 18. Y las diferencias respecto a ésta son visibles, llevando como equipamiento original parabrisas, luces delanteras adicionales ‘cuneteras’ de Led -al igual que el faro principal- perfectamente integradas en el conjunto, no desentonando en absoluto; asiento de pasajero; alforjas; control de velocidad; llanta de radios -de 16” la delantera- y neumáticos ‘bobber’. Los escapes, también diferentes, recorren, paralelos al suelo, ambos laterales, llegando hasta el final de la moto. Ambas R 18 son susceptibles de enriquecerse con el extenso catálogo de accesorios específicos que presenta BMW para que hagamos de cualquiera de ellas un ejemplar único y diferente (hasta cuarenta posibilidades de personalización distintas propone la marca). Y si es cierto que la Classic, contemplada en parado, invita a hacer muchos kilómetros, el pálpito se confirma una vez subida en ella, pues permite hacer largas distancias sin cansarte.

Es más, sorprende lo realmente cómoda que es, con una altura del asiento de solo 710 mm, subirse a ella es de lo más accesible incluso para aquellos que no son muy altos. Por otra parte, el asiento es confortable, tiene buen mullido, además de una superficie generosa, “detalle” que agradecieron mis posaderas. Y la buena posición de conducción, con el manillar ancho y los estribos dispuestos en el centro, facilitando el control de la moto, favorecen los desplazamientos con muchos kilómetros por delante sin fatiga.

Para comprobarlo, qué mejor que darse una vuelta con moto tan apetecible haciendo una ruta por el norte de la Comunidad de Madrid, llegando hasta la sierra, incluso pisando nieve en Navacerrada, manto blanco dejado por ‘Filomena’ y por alguna que otra nevada caída con posterioridad.

Lo primero que reclama la atención del atónito probador al darle al botón de arranque de la R 18 Classic (con llave de proximidad), es el bonito y cautivador sonido del poderoso bóxer de cuatro válvulas por cilindro movidas por varillas y el acentuado balanceo en cada acelerón. Eso es fruto, sin duda, del “Big Boxer” refrigerado por aire y aceite, el mismo que lleva la R 18, con iguales cifras: 91 CV a 4.750 rpm y par motor de 158 Nm a 3.000 rpm.

La instrumentación la compone un bonito reloj analógico que muestra la velocidad, albergando una pequeña pantalla LCD con numerosa información –incluyendo la marcha engranada- y que va cambiando a medida que pulsamos un botón situado en la piña izquierda.

Impresiona circular con la R 18 Classic, sintiéndote un privilegiado al llevar semejante moto, y cuando miras hacia abajo y ves los apabullantes cilindros que sobresalen con igual poderío que desplazan los 345 kilos de esta obra de arte -de los que poco más de cien corresponden al motor-, te quedas con la boca abierta. Pero es más el ruido que las nueces. Quiero decir que la R 18 Classic puede sobrecoger al principio, y de hecho lo hace, pero luego, conduciéndola, es más dulce y sedosa que la primera impresión que ofrece, disfrutando de la facilidad de su conducción, de su comodidad, de su maravilloso sonido y de su impresionante par motor, cuyo empuje es tan tremendo que casi no hace falta reducir para salir airoso a pesar de la marcha que llevemos engranada.

Así pues, embobado con la moto, tomo la A-2, el único tramo de autovía y también de Nacional que haré en todo el recorrido, saliendo en el kilómetro 45. Durante ese tramo de la autovía compruebo que el parabrisas de esta Cruiser cumple su misión de protegernos el tronco y la cabeza del aire, virtud que aumenta sus opciones ruteras. Muchos pueden pensar que la R 18 Classic es una moto de autopistas USA, mercado para el que está pensada, y sí, también, pero admite perfectamente las secundarias ‘made in Spain’, pues, a pesar de sus dimensiones es muy estable, absorbe bien los baches, mostrándose rígida pero también progresiva, resultando efectiva e incluso divertida en curvas.

Salgo de la A-2 hacia El Vellón para coger la M-129, una carretera interesante con muchas curvas y buen firme, tramo más concurrido que el circuito de Jerez Ángel Nieto un domingo del WSBK por colegas de diversos medios que, como yo, están probando motos de distinto pelaje. Dirigiéndome a Torrelaguna, me encuentro en un repecho con un ‘mensaka’ que va con su patinete eléctrico ‘remando’ con la pierna en un intento por superar la cuesta. Me temo que si se encuentra con la autoridad se dejará la poca recompensa que pueda ganar por el viaje, pues un vehículo como el suyo no puede circular por carretera. Me admiran estos chavales que optan por trabajar, a pesar del riesgo y la poca ‘bolsa’ que consiguen, antes que quedarse de brazos cruzados.

En curvas, esta moto que mide cerca de 2,5 metros de largo y 1,731 metros entre ejes, y un ángulo de dirección de 57.3º, se lleva con soltura, entrando en los giros con solvencia, pues su estabilidad es magnífica. Sin embargo, hay que recordar que la altura al suelo es limitada, por lo que tocaremos con los avisadores a ambos lados por igual con facilidad a la que inclinemos en demasía, saltando chispas de los estribos como si fueran una bengala de cumpleaños. A mitad de recorrido, me divertía marcando estos en el asfalto, pero procurando no pasarme. 

La R 18 Classic, al igual que su “hermana mayor”, lleva tres modos de conducción, Rain (el más tranquilo), Roll (medio) y Rock (el más dinámico, ¡viva el rock and roll!), optando siempre, una vez probados los dos primeros, por este último, pues es el más ‘cañero’ con diferencia. Por otra parte, el modelo lleva de serie el sistema antideslizamiento de la rueda trasera ASC, ayudado por el control de freno motor MSR (su misión es impedir el deslizamiento de la rueda trasera al cortar gas o cambiar de marcha bruscamente), ayudas a la conducción que se completan, en este caso opcionales, con el control de arranque en pendiente y la marcha atrás asistida, palanca que se encuentra sobre el pie izquierdo. 

Pasado Torrelavega, cojo la M-131, dirección El Berrueco, donde a diez kilómetros hay un desvío hacia el embalse del Atazar por la M-133. Esa distancia hasta la presa, territorio motero, sobre todo los sábados y festivos, son una pura delicia, kilómetros que se multiplican por dos, pues luego, una vez llegado a la presa, hay que volver de nuevo sobre nuestros pasos en busca de la M-131 para continuar el recorrido hacia Lozoyuela, pasando por El Berrueco. Así pues, doble disfrute. 

En esas curvas, la Classic sorprende por su agilidad, aplomo y seguridad, trasladando confianza por la gran sensación de control que proporciona. Una moto de su envergadura y peso impresiona por la dulzura con la que rueda, sintiendo la fuerza del “Big Boxer” desde poco más de las mil vueltas. La moto se desliza, tanto por las rectas como por tramos serpenteantes. Al dar gas, notas que una fuerza te empuja por la espalda con decisión, sin brusquedad, pero con firmeza, cambiando las marchas con facilidad, un cambio de seis velocidades bien escalonado, respondiendo siempre al roscar gracias a su elevado par. Con ABS y frenada combinada, los tres discos de la Classic cumplen su cometido a la perfección.

Uno de los puntos que no será del gusto de todo el mundo es la nula probabilidad de pasar desapercibido con la R 18. Con esta moto siempre hay que estar dispuesto a dar conversación, porque no con pocos los que tratan de ponerse a tu lado en un semáforo o aparcándola para preguntarte por ella fascinados por su belleza. Otros desearán tocarla, anhelando que a alguno le dé una descarga (ficticia) cuando cometan semejante sacrilegio de tocar tu bien tan preciado.

En Lozoyuela-Navas-Sieteiglesias, me dirijo a Cincovillas (yo conté alguna más), hasta Manjirón, y de ahí, tomando la M-126, siguiendo la Ruta de los castillos, fortalezas y atalayas, accedo a la M-604, cogiendo la M-634, para llegar a Lozoya y de ahí al puerto de Navacerrada.

En total unos 300 kilómetros de rectas y curvas por carreteras con buen firme y poco tránsito (en días laborables), divirtiéndome un montón con esta moto que es flipante por hermosa, sedosa, elegante, de buen rodar, que frena con decisión, está bien acabada, con detalles de gusto y estética exquisita que resulta tremendamente adictiva. En movimiento se lleva (casi) como una pluma recordándonos en las maniobras en parado que mejor tener la fuerza de un atleta de halterofilia, pues las dimensiones, el peso y la gran envergadura así lo aconsejan. Claro que la marcha atrás, opcional como apunto anteriormente, nos sacará del apuro. 

La BMWR 18 Classic es una moto que te deja asombrado cuando la ves, sigues con igual asombro al conducirla, tornándose en fascinación a medida que sumas kilómetros, quedándote embelesado cuando te bajas de ella, no queriendo entonces apartarte de ella. Tanto es así, que no me asombraría si alguien me dice que tiene un amigo que dice conocer un tipo que duerme junto a su moto. No hará falta preguntarle de qué modelo se trata, seguro que es una BMW R 18 Classic.

     

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