HACIA PONIENTE. RUTA DE LAS LUCES… CON EL FARO DE LA BMW

Por Willy Sloe Gin
Gran atrevimiento resulta escribir lo sentido en estas aventuras recurrentes. Miles de kilómetros buscando luces o a mí mismo. ¡Quién sabe! Acompañado siempre por BMW y por motos distintas en cada viaje.

Para ello era necesario hacer el viaje solo y así buscar la soledad de los faros, la soledad de quien no sabemos por qué se sube a una moto para darse de bruces con tanta paradoja. Libertades y angustias a un tiempo, felicidad y añoranza, tormentas tornadas en calma, compañías y ausencias infinitas. Todo empapado, todo dibujado por esa linde invisible en la que a babor crecen los ocres y a estribor se mezclan esmeraldas y cobaltos. Silencios que nacen y descansan en Fronteras Imperfectas. Así avanzas de a poco, sabiendo que a proa y popa todo es Todo, que estás andando un camino cierto, ajeno a necedades cotidianas, a sentimientos de “medio pelo”.

Por eso tanta milla. Para buscar en el otoño colores imposibles, olores desconocidos. Para intentar comprender la lluvia, para perderme en la Luz, para reconciliarme conmigo mismo.  Para pelearme y perder ante mis miles estados de ánimo…

Te obstinas en Tierra planeando el Viaje. Intenciones y planes nacidos para ser cambiados. Porque es el Viaje quien manda. Prosa, poesía o teatro. ¡Qué más da! Teatro en el que sólo trabaja un actor principal, protagonista. Y así, aceptas con no poca resignación, que todos los demás somos actores de reparto. Sustituibles, prescindibles. Así es y así debe ser…

Es el Viaje, el Camino en sí mismo el que te guía. Y te das de bruces con lo que vienes buscando.

El País Vasco y sus bosques mágicos, embadurnados con todos los colores posibles. Tantos como sentimientos al vivirlos. La profundidad de Cantabria y sus playas, unidas todas por carreteras perfectas. Asturias bella e interminable. Galicia, celta y legendaria. Portugal hermano. Bañado en fados, plagado de puentes y ríos, desembocaduras de mares de agua dulce que lo tienen cosido a cicatrices. Vendavales del Cabo de San Vicente. Viento constante, frío e inquieto que acaricia a mil faros rotos, viejos, limpios y sobre todo solos.

Y llega por fin el giro. Para agarrar la “derrota” que llevo soñando desde Higer. Rumbo al Este por la Costa de la Luz para encontrarme con mi Tierra.

Tres noches en mi casa, en Zahara, intentando poner todo en orden y ya pensando en los Faros de Levante. Con el Faro de Trafalgar como testigo. Aquí me fundí en otro viento, el Levante. Cálido, imprevisible, salvaje y vivo.

Entiendes entonces que todo será otra Frontera Imperfecta. Distancia mínima que separa la Tierra de la Mar, el Faro de la Moto, el Miedo de la Felicidad, la Verdad de la Sinrazón, la Soledad de la Soledad…

Todo seguirá alumbrando porque todo es Luz.

“Todo lo que tiene nombre existe”. (Antiguo adagio vasco)

“Aquello que no puedes nombrar, no existe”. (Proverbio griego)

@entremapasycandiles

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