UN AÑO DESASTROSO EN EL QUE NOS HA IDO BIEN

Por Charly Sinewan
Para mí el 2021 ha empezado mucho peor que cualquier día de 2020. Y lo digo con todo el respeto para todos aquellos que lo habéis pasado mal en 2020, ya sea por vuestra salud, la de los vuestros, o por las consecuencias económicas de la pandemia. Sé que sois muchos los que estáis afectados y os mando a todos el mayor de mis ánimos. Pero eso no quita que haya que ser sincero a la hora de hacer balance del fatídico 2020 y reconocer que para mí no fue tan malo.

Primero por la suerte de no haberme contagiado ni de haber sufrido pérdidas de familiares o amigos, pero también por haberme coincidido en un país como México, enorme y sin muchas restricciones donde he podido seguir viajando, que es mi trabajo y mi pasión. 2021, sin embargo, ha empezado algo peor, pero eso es otra historia para siguientes entregas.

Terminamos el 2020 llegando a Monterrey tras varias semanas de viaje desde Ciudad de México. Un viaje largo, pero no por la distancia que no debe de ser más de 3.000 kilómetros. Lo que ha hecho, y en general hace que tarde en llegar a los lugares, son los tipos de caminos que elijo, siempre o casi siempre por tierra, y sobre todo porque tengo una serie en Internet que cada vez me lleva más trabajo y por tanto me hace parar más veces. Y también, que quede claro, que cada vez me tiene más motivado para intentar hacerla mejor y entretener más.

El caso es que el último capítulo arrancó dando gritos en la oscuridad, en el suelo, con la moto encima y el pie enganchado. Estaba buscando un lugar en el que esconderme para acampar libremente y me salí del camino campo a través, en una zona con ligera pendiente y suelo irregular. Con una moto tan grande y tan cargada es fácil que se desequilibre y se vaya al suelo. Y eso fue lo que pasó, con la mala suerte de que el pie quedo enganchado y la moto me cayó encima y en bajada. Levantarla desde esa posición era imposible, de ahí los gritos intentando levantarla. Tuve que descargarla desde el suelo después, en un movimiento imposible y propulsado por la adrenalina, conseguir levantarla lo suficiente como para sacar el pie. Fueron unos minutos muy angustiosos, no sé cuántos porque la cámara se quedó sin batería y dejó de grabar cuando llevaba seis minutos.

A partir de ese momento la historia cambia de tono. Una maravillosa acampada libre, unos últimos kilómetros disfrutando del campo y los caminos de tierra hasta Monterrey, y un largo desenlace para terminar una etapa y un año extraños, pero en líneas genérales y desde un punto de vista individual, bueno. Dentro de un marco desastrosos que, por supuesto, anula la parte buena de lo individual.

Os dejo el último capítulo de la Etapa 17 y el próximo mes arrancamos con la 18, que coincide con el año 12 de esta vuelta al mundo en moto interminable.

Un abrazo a todos

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