LALY HERNÁNDEZ, HIJA DE UN DESTACADO PILOTO OFICIAL DE MOTOS: “MI F 750 GS ES ALGO FUERA DE SERIE, ME TIENE LOCA”

Por José Mª Alegre
Laly Hernández Fernández (Cáceres, 1965) lleva inoculado en su cuerpo, mucho antes que la vacuna del Covid-19, que se la administraron recientemente por pertenecer al colectivo sanitario, tema del luego hablaremos, la moto. Su padre, Carlos, fue un destacado piloto y en su casa la moto siempre ha estado presente. Con estos orígenes, no es de extrañar pues que esta rider afirme estar “enamorada de mi F 750 GS, es algo fuera de serie, me tiene loca”.

El padre de Laly, Carlos Hernández, compitió pilotando motos entre 1954 y 1965, logrando el título de campeón de España de 125 en 1962, pasando luego a la categoría de 250, donde sería piloto oficial de Bultaco al fijarse en él Francisco Bultó, “Don Paco”, “que le tenía mucho aprecio”, asegura su hija, quedando subcampeón de la categoría en 1963. Ganador también del Trofeo Presidente de la RFME y subcampeón de España Fórmula Junior, no puede resultar insólito que Laly naciera “llevando la moto en los genes. Al ser mi padre piloto de moto -prosigue-, en casa, todos hemos vivido por y para la moto. Desde pequeñitos, al circuito (su progenitor, una vez retirado, fue uno de los precursores del trazado de motocross Las Arenas, en Malpartida de Cáceres, donde se celebran distintos campeonatos, el de España incluido), desde pequeñitos montando en moto, tanto yo, que soy la mayor, como mis tres hermanos. Todos vivimos la moto en casa de una manera muy especial”.

Con semejante figura paterna, no puede asombrar que Laly montara en moto “por primera vez con siete añitos. Era una sin marchas, solo tenía que acelerar”

Eso fue ya en Cáceres, donde Laly vino al mundo, poco después de que sus padres se trasladaran desde Salamanca, donde residían. Desde allí, Carlos viajaba para correr en los diferentes circuitos de la península, que no eran sino peligrosos trazados urbanos con bordillos, farolas, señales y balas de paja como toda protección donde arriesgaba su vida, al igual que sus rivales, “de hecho, un compañero suyo de escudería se mató, eso hizo que la Escudería Charra se deshiciera, un poco por miedo y por pena”, apunta Laly. Un piloto, Carlos, “que, como persona lo quería todo el mundo, y como piloto no he tenido la suerte de verle correr, lógicamente, pero mi padre, por lo que he escuchado, y por las revistas que he leído, era buen piloto”.

Pregunta. ¿Tu padre te inculcó la moto como afición o ésta fue calando en ti de una forma natural?

Respuesta. Yo soy motera de nacimiento, desde que estaba en la barriga de mi madre, porque ella montaba en moto con mi padre embarazada de mí, ¿cómo no me va a gustar la moto? En casa vivíamos la moto de una forma natural. Ya de mayor, iba a ver a mi padre, ¿dónde?, a la tienda de motos que tenía, porque él, lógicamente, tenía negocios de motos, que en la actualidad lo llevan mis hermanos. Y desde pequeñitos nuestra vida han sido motos y motos. En casa solo había revistas de motos, solo se hablaba de motos, entonces, de una forma u otra, la moto era el presente. Yo siempre digo que tú haces y aprendes lo que ves en casa y en mi casa sólo se veían motos”.

Carlos no llegó a competir con Ángel Nieto por una cuestión generacional (era once años mayor que el 12+1), pero les faltó poco para coincidir. “Él lo dejó justo cuando Ángel Nieto empezaba. Mi padre corría en El Retiro de Madrid, donde se celebraban muchas carreras y en las que Nieto también participó. Corrió también en Albacete, en las 24 horas de Montjuïc de Barcelona, en La Bañeza, que era entonces la catedral del mundo de la moto, y que mi padre ganó en 1962. La primera vez que fui a La Bañeza, ¡uff, qué emoción! -exclama Laly-, mi padre ya había fallecido y lo pasé mal. De hecho, él figura en un cartel que anuncia esas carreras. Cuando se celebró el 50 aniversario de La Bañeza, que fue un año especial, se le recordó a él y a los pilotos fallecidos y fue muy emocionante. He ido varios años y no me extraña que la gente acuda una y otra vez, porque es algo increíble”.

Carlos Hernández falleció “en 2008, a causa de un problema coronario. Tenía 69 años, se acaba de jubilar, pero aun así seguía dando su vueltecita por su negocio de motos que supervisaba todos los días”, recuerda Laly.

Con semejante figura paterna, no puede asombrar que Laly montara en moto “por primera vez con siete añitos. Era una moto sin marchas, sólo tenía que acelerar y luego mi padre ya nos compró una Bultaco Chispa con tres velocidades. Y desde entonces, nos gustó y nos gustó. Mis hermanos han hecho todo lo que han querido dentro del mundo de la moto. Carreras de motocross, de trial, que se practicaba mucho por los alrededores de Cáceres, llegándose a celebrar campeonatos de España. Ya te digo, en casa las motos no han faltado nunca”. 

P. Con ese historial familiar, ¿qué es la moto para ti?

R. Te lo voy a resumir en tres palabras: moto igual a vida. Es cierto que mi vida dio un vuelco muy grande, porque me casé joven y fui madre joven también. Tengo una hija con 33 años y el pequeño que tiene 29, de los que estoy muy orgullosa y ahora estoy estupenda para disfrutar de mi moto y estoy disfrutando de ella más que nunca. Cuando me case, pues lo típico, dejas de montar en moto por los embarazos y la crianza de los hijos, pero en mi casa siempre ha habido scooters. Mi exmarido también tenía moto grande y luego cuando mis hijos se empezaron a hacer mayores, mi hija me pidió una scooter, que se la regaló su abuelo. A mí me daba mucho miedo y estaba deseando cambiársela por un coche (¿Y se dejó?). Sí, pero le sigue gustando la moto, de hecho, tengo nietos que ya tienen motillo con tres añitos. Y mi hijo, la primera vez que montó en moto lo hizo con una que le regaló mi padre cuando tenía cuatro años y la partió saltando en el circuito. Mis hermanos se lo llevaban al circuito, a brincar y saltar, y de ahí le viene su afición al motocross ahora. Le gusta mucho la moto, ha corrido en supermotard, en scooter y ahora compite en motocross.

Pero el destino es cambiante y se produjo un hecho en la vida de esta profesional de la sanidad que la acercó de nuevo al mundo de las dos ruedas. “Me divorcié y retomé la moto. Fue cuando dije ‘ahora es mi momento y voy a retomar la vida que siempre me ha gustado’. Me compré una moto grande y así empecé. Llevo ya ocho años en moto, en ese tiempo he tenido tres y con la última, la F 750 GS, estoy enamorada y no cambio más de moto. Actualmente, creo que la felicidad más grande que tengo es mi moto. Mis hijos ya son mayores, tienen su vida y ahora mismo mi prioridad es la moto, y te lo digo de corazón”.

La BMW “lo tiene todo. Es manejable, segura, me aporta tranquilidad y en las curvas solo tengo que hacer un movimiento de cadera y va sola”

Laly utiliza la F 750 GS “para viajar, para salir de ruta dominguera, para irme un fin de semana a la Vera, al Jerte, por mi tierra que es preciosa. Tenemos infinidad de sitios por la provincia de Cáceres para la moto que son increíbles. Voy mucho a Portugal, que lo tengo aquí al lado y es una maravilla. En primavera y verano también voy con ella al hospital a trabajar, porque me es muy cómoda, aparcas en cualquier sitio, en la misma puerta del hospital y la moto la uso para todo, prácticamente. De hecho, le hago muchos más kilómetros que al coche, raro es el año que no le hago a la moto de 15 a 20.000 kilómetros”.

La F 750 GS, comprada en febrero de 2020, aunque “me la entregaron a finales de junio a causa del confinamiento”, cuenta, es la primera BMW que tiene, decidiéndose por ella “porque siempre quise una BMW y siempre quise una trail. ¿Qué pasó? Que en mi casa, como te he contado, hay negocios de motos de otras marcas, y aunque ellos no se enfadaban porque sabían que yo siempre quise una BMW, me dio cargo de conciencia. Total, cogí una moto de las que venden mis hermanos, una bicilíndrica, que no estaba mal, pero se me hacía poca cosa. A los dos años, la vendí y me cogí una naked 900, que me encantó, le hice 25.000 kilómetros. Me hice un montón de viajes. Pero en mi cabeza seguía el runrún de la BMW y el año pasado vendí muy bien la 900, y me compré la BMW, mi sueño, y tengo que decir que, como esta, ninguna. Todas me han dado su servicio, no me han ido mal, gracias a Dios no he tenido nunca un accidente, ni una caída, salvo en parado. Pero la BMW me está dando unas sensaciones que no me había dado ninguna moto”.

P. ¿Y qué tiene la BMW que no tuvieran las otras?

R. Lo tiene todo -asegura-. Es manejable, segura, me aporta tranquilidad cuando voy en ella y en las curvas solo tengo que hacer un movimiento de cadera, como nosotras las mujeres sabemos hacer (sonríe), y va sola, me encanta, me tiene enamorada. Esta moto me jubila (dice riendo), aunque  mi ilusión es la F 850 GS, me gusta mucho, pero la mía va de lujo. Yo se la recomiendo a toda la gente, a todas las mujeres que quieran moto, la F 750 GS es una maravilla.

Perteneciente a la sanidad pública desde hace 25 años, Laly, que trabaja en el Hospital San Pedro de Alcántara de Cáceres, donde es conocida como “la motera”, “mi plaza está en urgencias, pero ahora estoy en neonatal”, es la primera persona que ha recibido la vacuna del Covid-19 que he tratado.

P. ¿Qué sentiste y qué reacciones has tenido, si es que te ha producido alguna?

R. Me pusieron la vacuna a últimos de enero y muy bien, no he sentido nada, efectivamente el brazo sí que duele, los dos primeros días, ahora mismo no tengo dolor alguno y no he tenido ninguna reacción adversa, aunque sí hay gente que la tiene, pero yo ni he tenido fiebre, ni malestar general, nada, solamente dolor de brazo. Y muy contenta, la verdad, yo estaba deseando ponérmela y ahora me toca la segunda dosis, el 17 de febrero, y a esperar a estar inmunizada”.

Para aquellos que sientan rechazo a vacunarse, Laly sostiene que no deben tener “reparo alguno, la vacuna hay que ponérsela, yo, como sanitaria, lo recomiendo, de verdad, hay que ponérsela, porque todas las vacunas son beneficiosas para la salud y esta, especialmente”.

“Me pongo el casco y se me quitan todas las penas, es que me olvido de todo. Yo, como todos, necesito una válvula de escape, y la mía es la moto”

Por su trabajo, nuestra protagonista es testigo del sufrimiento ajeno, situaciones de gran dureza para las que la moto resulta terapéutica. “Efectivamente, la moto me ha servido para evadirme en muchas ocasiones. Cuantas veces llegas del trabajo, has tenido una semana dura, porque hay casos muy fuertes, donde tienes que estar como con la vacuna, inmunizada para todo, porque se ven cosas muy duras, y al final te acabas acostumbrando, pero sí es verdad que a veces te vienes a casa con mal cuerpo, sobre todo cuando lo ves en gente joven y te da mucha pena. Entonces, cojo la moto y salgo con ella, me pongo el casco y se me quitan todas las penas, es que me olvido de todo. Yo, como todos, necesito una válvula de escape, y la mía es la moto”.

No son pocos los proyectos moteros de Laly, “¡tengo tantos que hacer! -exclama-. Primero, que nos dejen salir del término municipal de Cáceres. Con irme a 40 o 50 kilómetros, para mí eso es disfrute total. Siempre queremos lo que no tenemos y ahora me siento encerrada. Hay días que cojo la moto aunque sea para ir a la gasolinera y darme tres vueltas por Cáceres. Cuando acabó el confinamiento, fui la primera que llego a un hotel rural, en el Gasco, en las Hurdes, y me regalaron la estancia de lo contento que se puso esa familia. La señora me dijo: ‘Por fin tenemos un cliente’. Y ahora estoy deseando que nos abran ya mismo el municipio para irme donde sea, ya sea La Vera, el Jerte, Los Ibores, el Valle del Ambroz, Guadalupe, tenemos mil sitios. Y mi viaje en abril será la Transpirenaica, que ya estamos organizando, del 18 al 24, siempre contando con qué nos dejen y ojalá esto termine o por lo menos vaya a mejor y podamos hacerlo”.

Pero no se acaban aquí los propósitos viajeros de Laly. “En verano, quiero recorrer España, es mi ilusión, el mes entero me lo cojo para eso. Todas mis vacaciones son para la moto, yo no me voy a playas, ni a tirarme en un hotel, si un día cuadra en un sitio de playa, pues me doy un baño y me quedo a dormir, pero al día siguiente a seguir rodando. Yo, al contrario que todo el mundo que quiere ir a la India, o a Cabo Norte, que lo respeto, por supuesto, mi ilusión es dar la vuelta a España perimetralmente, es mi sueño, independientemente de que conozco casi todo. Empezar en Valencia, por ejemplo, y dar la vuelta entera y este año, si Dios quiere y puedo, mi mes de vacaciones será para realizarla”.

P. ¿Alguna mujer se sorprende por verte conduciendo la moto?

R. Sí, date cuenta de qué Cáceres es una ciudad pequeña, dónde todavía la gente no está acostumbrada a ver a una mujer en una moto grande. Tú vas a Madrid, a Barcelona o a una ciudad grande y hay cantidad de moteras. Pero en Cáceres todavía no hay muchas, es verdad que cada día hay más chicas que se están sacando el carné de moto, lo sé por mi hermana, que tiene el negocio de motos, y me cuenta que las chicas están comprando motos, pero todavía no llegamos a las cifras de las ciudades que he dicho. 

P. ¿A qué atribuyes que haya pocas moteras en tú ciudad?

R. Pues no lo sé. Quizá porque es una ciudad pequeña. Yo quedó con chicas de aquí para salir en moto, entre ellas mi hermana y amigas, y conozco a ocho o diez chicas que tienen moto grande, habrá alguna más, seguro, pero no hay muchas moteras y me encantaría que cada día fuéramos más y poder salir cuántas más mejor. En Cáceres, por ejemplo, una BMW como la mía solamente la tengo yo, es la única, creo. 

Esta mujer extrovertida, magnífica embajadora de su tierra, dice convencida “que la moto ayuda a socializarse, sobre todo a la gente introvertida”

Tras la entrevista, Laly me lleva por la ciudad (las fotografías hechas fuera de Cáceres son suyas realizadas antes de la pandemia), ambos en nuestras motos, y compruebo que su conducción es dinámica, llevando la BMW con alegría, “cuando se puede -me dice-. Me gusta disfrutar de la moto, del paisaje y cuando llegan las curvas y se puede… Hay una carretera, la que va al Meandro del Melero, que aparte de ancha, tiene mucha visibilidad y ahí sí se puede y me encanta. Pero no me gusta arriesgar, ir por encima de mis posibilidades. Mi padre me decía que manejara yo la moto, no ella a mí.

P. La ruta o el destino, ¿qué disfrutas más?

R. Lo disfruto todo. Desde que lo estoy organizando ya lo estoy disfrutando, eso es lo bueno de la moto. El viaje se disfruta tres veces, cuando lo organizas, cuando lo haces y cuando lo recuerdas. Pero si es una simple salida a la Vera y el día antes ya estoy nerviosa por coger la moto.

En sus viajes, Laly sigue confiando en el “papel”.  “Soy de las antiguas todavía y voy con el mapa. Bueno, a veces tengo que poner mi móvil, pero tengo mucha intuición, me guío súper bien”. Viajando le gusta “descubrir cosas nuevas, y aunque conozco todas las carreteras de Extremadura, siempre encuentro algo nuevo. Me meto por los lugares más recónditos, veo una carreterilla y me digo ‘voy a ver dónde llega’. Y a veces las he pasado canutas, sobre todo si voy sola, eso que te metes por un camino que se va estrechando y no tiene salida y luego me las veo y deseo para dar la vuelta, como me pasó en la Ribera Sacra buscando un puñetero mirador. Al final conseguí salir, iba entonces con la naked y lo pasé fatal, pero lo conseguí”.

Esta mujer extrovertida, magnífica embajadora de Extremadura en general y de Cáceres en particular, pues no pasan dos palabras que no hable de las maravillas de su tierra, carreteras incluidas, que tan bien conoce, asesorando incluso a quién la llame para rodar por ellas, que hace amistad con todo el mundo enseguida, que le gusta viajar sola, aunque no rechaza ir acompañada, está convencida “que la moto ayuda a socializarse, sobre todo a la gente introvertida”. (¿En qué se van tus pensamientos cuando conduces tu BMW?) “Suelo estar concentrada, pero hay una cosa en la que pienso mucho cuando voy en la moto, que mi padre desde arriba me cuida y me protege. Creo que es mi Ángel de la guarda y me encantaría que me viera con esta moto”. 

11 Respuestas para “LALY HERNÁNDEZ, HIJA DE UN DESTACADO PILOTO OFICIAL DE MOTOS: “MI F 750 GS ES ALGO FUERA DE SERIE, ME TIENE LOCA””

  • Isabel Puug dice:

    Me ha encantado saber más de ti, de otra guerrera que dusfruta de la moto, de viajar, de conocer carreteras, pueblos y gentes!!!! Espero conocerte en persona en algún sitio del mundo!!!!!

  • Laly dice:

    Muchísimas gracias. Me encantaría que nos juntáramos algún día.

  • Alfonso dice:

    Genial relato

  • Tino dice:

    Laly, enhorabuena por este precioso reportaje que te ha hecho Alegre.

  • HelgaVK dice:

    Wwuuaaauuu, vaya entrevista!!! Orgullosa de ser tu amiga 🔝🔝. Que corazón más grande tienes.. A ver si está situación acaba y volvemos a coincidir y recorrer juntas esa tierra tuya q me tiene enamorada. Salud amiga!!

  • Juanjo Candela dice:

    Fantástico reportaje y fiel reflejo de Laly . Es una motera

    verdaderamente apasionada y una gran persona.

  • Andres partebiela dice:

    Me encanta Laly siempre con tu alegria y disfrutado de esta pasion llamada moto..un vemos

  • Menxu dice:

    Que voy a decir que no sepas Laly, eres auténtica y una gran persona, fue una aventura inolvidable compartir tu pasión el pasado verano en Portugal, esta entrevista me ha servido si cabe para descubrirte un poco más… eres una caja de sorpresas… enhorabuena.

  • Cristina dice:

    Laly me encantaría conocerte y hacer alguna ruta juntas. Leo tu vida y es tan parecida a la mía que me encanta. Soy de tu mismo año y llevo la misma moto y para mí es mi «niña» 😁😘

  • Ana García Hernandez dice:

    Laly es mi amiga , y doy fe que la moto es tu mejor amiga , y escape . La encanta ,y disfruta de ello.Extremadura
    A tiene mucho para viajar en moto .

  • Juan dice:

    Fantástico relato, encantado de conocerte hoy en el Meandro derrochas alegría y entusiasmo
    Un abrazo

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