AMANDA HURTADO: “VIAJAR EN MOTO ES VIVIR MÁS, VIVIR AL MÁXIMO”

Por José Mª Alegre
Amanda Hurtado (Vic, Barcelona, 1987, “nací el día de Navidad”, recuerda sonriendo) ama rutear y viajar con su moto, una BMW F 700 GS, porque “es vivir más, vivir al máximo. Antes lo hacía en coche, en avión o de ‘mochileo’, pero en moto el viaje empieza en la misma puerta de tu casa y ya lo vives desde allí. Es como vivir mucho más, lo exprimes al máximo, las sensaciones se multiplican, todo lo que llegas a sentir es más intenso, es increíble”.

La BMW F 700 GS de Amanda “se llama Freya -explica- en honor a la diosa de la mitología nórdica y germánica y como es una moto alemana, pensé que le pegaba esta diosa. Es un nombre muy femenino, le queda muy bien, una mujer asociada a la fertilidad y la guerra, me salió de golpe, y mi moto es como la ‘guerrita”, sustantivo que adorna con una sonrisa, atributo que acompaña a la rider durante toda la conversación.

Pregunta. En tu muro de Facebook escrito está que amas rutear y viajar con tu moto, haciéndolo con tu F 700 GS, ¿por qué con una BMW y no otra?

Respuesta. Cuando conocí a mi pareja, hace unos años, él tenía una 1000 de 2012 y yo siempre iba de ‘paquete’, de artillera, y así empecé. Hacíamos rutas pequeñitas, como mucho habíamos ido a Carcassonne. Entonces, la cambió por una BMW R 1200 GS, en octubre de 2017, y fue subirme en aquella moto y me gustó, me encantó, fue un cambio brutal, fue la moto que me despertó las ganas de sacarme el carné, porque, me dije, ‘quiero llevar mi propia moto’ y si es BMW, mejor, porque me da confianza. En febrero de 2018 me apunté a la autoescuela y en junio tenía el carné y sabía que quería una F 700 GS, porque con el tema del A2, una 1200 no podía ser. También me apetecía empezar con una moto que fuera más pequeñita, aunque no la veo pequeñita, ¡no lo es! (exclama, como si Freya pudiera sentirse ofendida). Pero siempre miraba algunos vídeos de Elsi Rider y otros muchos buscando opiniones de cuál moto elegir y tiraba hacia BMW. Y me lancé a comprar la F 700 GS de segunda mano, una que tenía solo 4.000 kilómetros. Era de un chico de Barcelona que no la usaba, la tenía parada en el garaje, y fue como una ganga y la compre antes de tener el carné, la cogía de ‘estranquis’ (se ríe) por el polígono y me encantó.

P. Y qué tal con Freya…

R. Es una moto que ha superado mis expectativas. Es muy dócil, me lo pone muy fácil. Yo nunca había llevado una moto con marchas… No creo que cambie de marca, incluso no sé si cambiaré la moto en un futuro, porque me gusta mucho. También tiene su punto guerrero, lo tiene todo. Además, es bastante polivalente, para viajar es un lujo, también para rutear y para desconectar, aunque sea para ir a comprar el pan, me va muy bien.

“Con 14 años empecé a coger el scooter de mi padre sin que lo supiera, y me iba por ahí, con todo el morro, aprovechado que no estaba”

Es llamativo que Amanda sintiera la necesidad de conducir su propia moto al ir de ‘paquete’ en la R 1200 GS nueva adquirida por su pareja. “A mí, las motos siempre me han gustado, pero el despertar en mí la necesidad de llevarla fue, efectivamente, con esa R 1200 GS. Cuando yo era pequeñita, mi padre, que siempre ha tenido motos, me subía en una Fantic del año 89 o 90. Yo me agarraba al manillar y me llevaba a hacer caminos. Ya de jovencita, con 14 años, empecé a coger su moto sin que lo supiera. Era un scooter y me iba por ahí, con todo el morro, aprovechado que mis padres no estaban y aunque me vieran los vecinos. A mí me gustaba llevar motos -prosigue-, pero no me había planteado nunca tener la mía propia. Tal vez porque yo, de adolescente, empecé a montar en caballo, nada profesional, y todavía tengo dos caballos, pero me dediqué más a la equitación que a las motos, aunque seguía cogiendo la que mi padre tuviera en el garaje, sin que se enterara. Pasaron los años, pero realmente lo que me despertó el tener mi moto, decir ‘¡qué pedazo de moto!’, fue subirme en la R 1200 GS”.   

Los kilómetros que Amanda suma con su F 700 GS son algo más de 50.000, “el primer año le hice 19.000 kilómetros, el segundo, 17.000 y este año, que todavía no ha acabado, porque yo cuento los años de junio a junio, que fue cuando la saqué del concesionario donde le limitaron la potencia, llevaré unos 10.000 kilómetros”. Una moto, su BMW, que usa “para ir a trabajar, aunque no siempre, pero normalmente para rutear todos los fines de semana, siempre que se pueda, y para viajar”. 

En el muro de Facebook consta la imagen de nuestra rider subida en una R 1250 GS, “sí, es de mi pareja, que la ha cambiado por la 1200 GS que tenía”, confirma Amanda, moto que ella ha llevado, “y tengo que decir que la sensación de aplomo, debido al bajo centro de gravedad, por el motor bóxer, es mucho mejor que la mía. Es también más dócil de conducir, parece mentira, pues en la F 700 GS noto el peso más arriba. Para entrar en curvas, superbién. Es una moto que te lo pone superfácil. Es tranquila, pero con nervio, si le pides, responde, se nota la distribución variable. Y es muy divertida, muy noble y dócil, disfrutas mucho de su conducción, tanto si vas por carretera, como por pista, la puedes cargar hasta arriba y la seguridad que te da, es increíble, me gusta mucho, demasiado (se ríe). Pero también me gusta mucho la mía”, añade.

¿Y cómo conduce la dueña de Freya: tranquila, ligera, cañera…? “Depende del día (ríe de nuevo), del momento y del tipo de ruta. Cuando ruteo por carreteras que conozco, las condiciones climáticas son buenas y la carretera está seca, entonces sí que puedes apretar un poco más y disfrutar, pero nunca ir a lo loco. Y cuando voy de viaje, siempre conducción preventiva. También he salido en grupo, pero no sé qué pasa con los chicos que me hace mucha gracia. Si hay muchos hombres, no sé si es una cuestión ‘testosterónica’, está mal que lo diga (ríe algo apurada), pero si uno va ‘quemadillo’, el otro más y llega un momento que digo ‘Oye, que yo os dejo, que vais un poco como locos’. Por eso me gusta más salir sola o en pareja. Yo diría que tengo una conducción fluida, nunca me pongo al límite porque pienso que por una caída tonta me puedo pasar tres meses con la pierna rota, como mínimo, no vale la pena arriesgarse”.               

Durante los dos años y siete meses que lleva conduciendo su F 700 GS, su propietaria y Freya llevan visitados cinco países, “Italia, Francia, Suiza, Austria, Eslovenia e Irlanda, este último como ‘paquete’.

P. Tú, que has ido en el asiento de atrás y desde hace menos de tres años has pasado al delantero, ¿qué diferencia encuentras entre una y otra forma de ir en moto?

R. Cada una tiene sus cosas buenas. A mí, ir de ‘paquete’ me gusta, pero me gusta más conducir mi moto. Yendo de ‘paquete’ puedes disfrutar más del paisaje, haces más piña con tu pareja, más equipo, y me gusta, porque aumentas la confianza en quién lleva la moto. Pero el que va detrás también ha de saber ser ‘paquete’, porque ha de trabajar mucho su postura, las curvas, acompañar al piloto, no inclinarse para el otro lado, dejarse llevar y tener esa fluidez con la moto y el piloto y no es nada fácil. Yo me he cansado más yendo de acompañante que conduciendo mi moto. Pero prefiero llevar mi moto, porque la sensación de libertad, de poder conducir, de ponerte tus límites, ‘quiero llegar hasta aquí’, y las sensaciones que transmite llevar tu moto, eso, de ‘paquete’, no lo sientes tanto. 

“Lo importante es el viaje, las curvas que has hecho, todos los paisajes que has visto, todo lo que has vivido, te queda más eso que el destino al que llegas”

P. La moto es un magnífico confesionario. ¿Qué piensas cuando vas conduciéndola?

R. Yo pienso, sí, demasiado (suelta una carcajada). Pienso y siento y es como una terapia, y te da esa sensación de libertad, de buen rollo. Luego, te bajas de la moto y ves las cosas de otra manera, lo que piensas de la vida, de las cosas, es como si te vieras a ti misma y estuvieras abriéndote a ti, de alguna manera, hablándote y también a la moto y es como si ella te respondiera. Es muy ‘friki’ lo que estoy diciendo, pero es así como lo vivo. Y luego, las sensaciones que tengo, y soy un poco moñas, por lo que voy a contar… pero es que soy así. Por ejemplo, me emociono cuando viajo con la moto por todas las sensaciones que voy percibiendo y con el paisaje que me rodea. Me acuerdo en el viaje por los Alpes, al subir el Col de la Bonette y parar arriba, ante ese silencio, esa inmensidad, me puse a llorar a chorretones, pero yo estaba bien, aunque no podía parar de hacerlo por todo lo que estaba viendo. Con otro vehículo no lo hubiera vivido así, porque lo que me llega a transmitir conducir la moto es muchísimo, despertando en mí mil y un sentimientos.

Amante de la naturaleza, le “apasiona vivirla -apostilla-. Me gustan los puertos de montaña, las carreteras secundarias bonitas, pintorescas. A mí me metes en una gran ciudad y me agobia, me canso… es que yo siempre he sido de pueblo” (ríe sin complejos).

Le gusta darse un festín de moto, “eso de hacerme cien kilómetros y luego hacer turismo, no. Si me dan a escoger, prefiero tute de moto, el viaje más que el destino, aunque no llegues a él; lo que estás viviendo lo has de disfrutar en el viaje, entonces, lo importante es el viaje, las curvas que has hecho, todos los paisajes que has visto, todo lo que has vivido, te queda más eso que el destino al que llegas”. 

P. ¿Crees que ir en moto, desplazarte en ella, es una forma diferente de afrontar la vida?

R. Totalmente, te digo más, yo no concibo mi vida sin la moto. Es un estilo, una manera de vivir. Es que una vez que te aficionas, que ya llevas tu moto, sacarla de tu vida es totalmente imposible y lo único que deseo es poder conducirla muchos años y si puedo, toda mi vida, porque me da mucho y me ha ayudado a conocerme a mí misma, a conocer mundo. Para mí mi vida es salir de ruta todos los fines de semana y cuando tengo días de vacaciones, viajar todo lo que se pueda, aunque sea cerquita, da igual, coger la moto e irse, vivir y disfrutar.

A esta mujer de pasiones sobre dos ruedas, también le gusta ‘perderse’ sola. “Fui un fin de semana a Navarra a la reunión de las GS Girls y en otra ocasión también me fui sola por los Pirineos franceses en plan ‘voy a desconectar’. Quiero empezar a ir sola, porque tengo varios proyectos en mente, ha venido el coronavirus y se han aplazado, pero me gustaría hacer en mi vida un viaje un poco largo en solitario”, cuyo destino nos revela más adelante.

De obligado cumplimiento es sacar el tema que nos ha cambiado la vida, la pandemia que vivimos desde hace casi un año. “No me puedo quejar, porque tengo trabajo y hay gente que lo está pasando mucho peor con el tema económico, sobre todo en el sector del turismo y la hostelería. Luego, la gente que se ha ido, que no ha podido despedirse de sus familiares. Yo he llevado mal el tema de no poder salir, de no tener libertad, la incertidumbre de no saber qué iba a pasar durante el confinamiento. Pero, ya te digo, no me puedo quejar, porque realmente hay gente que lo ha pasado y lo está pasando muy mal y cuando me pongo a pensar, me entristece”. 

“No lo he contado a nadie, pero lo voy a contar. Me gustaría hacer con Freya un gran viaje, llegar en solitario a Mongolia, un ‘sueñazo”

Le pregunto si al tomar las doce uvas, cuando las campanadas de fin de año, hace apenas tres semanas, le pidió deseos al nuevo año y cuáles fueron, si son confesables, sorprendiendo su respuesta: “No soy de uvas (ríe abiertamente). Y te diré más, este año a las doce ya estaba en la cama -confiesa con una carcajada-, porque tenía que levantarme pronto para irme en moto y empezar bien el año. Pero deseo muchas cosas este 2021, lo primero, que acabe la pandemia, para tener libertad todos, la libertad de antes, la normalidad de antes, sobre todo. Pedí eso y poder cumplir los proyectos, como el de hacer un gran viaje en solitario que no he contado a nadie, pero lo voy a contar. Me gustaría ir con Freya en solitario a Mongolia, un ‘sueñazo’ que me gustaría cumplir, aunque no creo que pueda ser este año, con la pandemia como vamos… Pero no tengo prisa e imagino que será en 2022 o 2023, más o menos. Es una cosa que tengo que hacer, tengo que enfrentarme a mis miedos y lo necesito como crecimiento personal, tener una experiencia así en la vida y con Freya. Y luego, iba a ir a Marruecos el año pasado, pero como llegó la pandemia…, y pensé ‘por favor, que en 2021 pueda ir a Marruecos por fin, por primera vez, que tengo muchas ganas de hacerlo en moto”.                

     

P. ¿La mujer y la moto, cómo se llevan?

R. Fenomenal, superbién. Cada vez somos más mujeres moteras y cada vez habrá más, yo creo. He conocido a chicas que ahora son muy buenas amigas y no tenían el carné de moto, mi amiga Montse, por ejemplo, y la animé para que se sacara el permiso de moto y se comprara una F 700 GS (ríe). Creamos un grupo de chicas moteras en Girona para salir en moto, aunque ahora no lo podamos hacer por la pandemia, nada oficial, no es un moto club, y pueden venir también chicos, si quieren, porque no separamos por género, porque me gusta dar visibilidad a la mujer motera y animarla a ello, porque se lleva muy bien la combinación mujer y moto. Una mujer en moto queda superbién y si es en una GS, queda mejor todavía y animo a todas las chicas a que, si les gusta la moto, ¿por qué no? ¡Solo es querer!”.

En este tema, Amanda quiere llamar la atención sobre la propuesta de equipación para ellas existente en el mercado, “porque hay poca oferta para nosotras. Ropa técnica para la mujer motera, para la mujer viajera no hay mucha y creo que las marcas se deberían poner las pilas porque cada vez somos más las chicas que vamos en moto y si se busca la igualdad, en el equipamiento también debería existir”.

Por último, le pido a Amanda que, de preguntárselo (que lo hago), cómo se definiría, “pregunta difícil -responde-. Me da un poco de vergüenza (ríe al decirlo). Soy una persona muy transparente, la gente me dice que tengo mucho carácter, pero yo creo que tengo mucha personalidad, pero bueno, no sé si es lo mismo a veces. Tengo mucho criterio propio, eso me ha llevado, en ocasiones, a estar bastante sola, pero no me preocupa porque soy bastante amiga de mí misma. Soy muy intuitiva, hemos de hacer caso todos de la intuición. A veces soy un poco ingenua, soñadora, me ilusiono enseguida, pero lucho por tener la sonrisa en la cara, por sentirme bien por lo que sea. Intento siempre respetar a todo el mundo y estar con la mente abierta. Soy muy amigable, muy extrovertida, abierta y risueña. También soy un poco rebelde, a veces”, y debe ser cierto porque así consta en la cabecera de su “Muro”. 

5 Respuestas para “AMANDA HURTADO: “VIAJAR EN MOTO ES VIVIR MÁS, VIVIR AL MÁXIMO””

  • Beta dice:

    Adorei esta entrevista! De mulher para mulheres! Parabéns.

  • Quique dice:

    He tenido el placer de coincidir con Amanda en el Rally Mototurístico Ruta Vía de la Plata, y es una gran rider que vive intensamente su pasión por la moto y los viajes. Estupenda entrevista!!

  • Isabel Puig dice:

    Que genial que dieras el paso a llevar tu propia moto!!! Es tan genial!¡! Comparto contigo que también lloro de emoción cuando llego a algunos destinos o en ciertas rutas!!! Fijo que cumplirás tu sueño!!!

  • Ricard G. Bonet dice:

    Inspiradora historia. Conocí a Amanda justo cuando se compró la BMW y coincidimos en un curso de Off Road. Nos dió a todos una lección de ganas y superación. Una crack

  • Cristian Sepulveda dice:

    Hola Amiga viajera me llamo Cristian y vivo en Chile, he visto y leído tu experiencia y guau increíble, ojala puedas seguir subiendo mas rutas para verlas.
    Tengo una consulta para ti, como lo haces para subsistir en tus viajes con respecto al dinero que llevas para gasolina y estadía, aparte del dinero que ahorras obviamente.
    Quiero comenzar a viajar pero el dinero ahorrado no me va a durar todo el tiempo y pretendo ir bien lejos, me encantaría que me guiaras o dieras algunos tips si es posible.
    un abrazo a la distancia y buenas rutas.

Deja tu comentario