#VALLESVERDES2020. VALLE DE LIÉBANA, LEYENDAS Y MAGIA

Por Elsi Rider
Amanece en el corazón de Picos de Europa. El sol calienta mi cara y crea un bonito perfil sombrío de todas esas montañas que me rodean, entre ellas el Sagrado Corazón. Una de las mejores noches bajo miles de estrellas.

Bejes, ¡ése perdido pueblo! Picón, pastora y un corazón sagrado

Cantabria, tiene unos 50 valles, aunque los más conocidos son unos pocos, que recorreremos en esta ruta #vallesverdes2020, entre ellos, el de Liébana.

Pero sigamos con Bejes, un pueblo al que se accede a través del Desfiladero de la Hermida y donde pasar una noche en vivac se convierte en el mejor hotel de miles de estrellas. El cielo está absolutamente alumbrado por ellas y la luna es una enorme linterna que ilumina la silueta de los picos, como si quisiera proteger de enemigos a este remanso de paz que es Bejes.

Un pueblo famoso por su queso Picón, que no pude probar puesto que por desgracia no me gusta este alimento, pero que los entendidos dicen que es de diez. Aquí vivió la pastora más anciana de España, que justo había fallecido hacia poco con sus 95 años y donde me encontré un singular monolito que recordaba a la “partera” por asistir a las mujeres bejesanas en las horas de traer sus hijos al mundo: Cristencia González (1880-1972), pone la placa que la homenajea.

Heidi, pero motorizada

Rodando en moto por estos lugares me sentí, por qué no decirlo, como Heidi, pero encima de mi BMW F 700 GS, entre sus paisajes de película, y es que no es de extrañar que eligieran Mogrovejo para rodar “Heidi, reina de las montañas”, y que construyeran la cabaña del abuelo en Pendes; pena que después del rodaje la desmontarán, porque creo que hubiese sido un buen reclamo turístico, aunque también puede que tengan razón al querer dejar todo como está y preferir menos turismo y más autenticidad.

Los diablillos de Colio

Recorriendo este valle de Liébana, también descubres Colio, un pequeño pueblo cántabro con una leyenda peculiar, la de sus diablillos. Una leyenda muy conocida que surge de un proceso natural entre los Picos de Agudinas y Acero, conocido como el Canchorral de Hormas, que da lugar a la garganta del río La Sorda y donde dicen se refugiaban estos diablillos. Eran las rocas de estos picos las que por agentes atmosféricos se fragmentaban y eran arrastrados por este río causando unos ruidos “ensordecedores”, que para los vecinos eran diablos. Diablillos haciendo de las suyas.

El amor milenario de un tejo y un olivo

Seguir recorriendo este Valle entre sus altas montañas te hace sentir pequeña, es como si te estuviesen recordando insistentemente que llevan muchos más años que tú y que las que dominan los territorios son ellas, insultantes, majestuosas, altas y de belleza extraordinaria. Y entre ellas, humilde pero decidida, llego a Santa María de Lebeña, donde otra bonita leyenda nos da la bienvenida.

Santa Maria de Lebeña es una joya del mozárabe cántabro y en ella aparece una torre construida después, dicen, para embellecer el lugar que ya de por si es bonito por naturaleza. Aquí el amor se representa en forma de un tejo y un olivo que simboliza un amor milenario entre Don Alfonso y Doña Justa del sur que ni el rayo que alcanzó al tejo en 2007 y rompió en dos, pudo separar, ya que hoy por hoy la pequeña rama que conservaron de él vuelve a crecer con fuerza.

Cae la noche, y hay que buscar lugar para aparcar a Lusi, mi moto. Toca descansar rodeada, protegida y ensimismada con la majestuosidad de los valles cántabros. Llenos de magia, leyendas y de vida.

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