JUAN CARLOS FERRERO, PROPIETARIO DE UNA S 1000 XR: “LAS BMW SON MOTOS MUY BIEN ACABADAS Y EL MOTOR ES SÚPER FIABLE”

Por José Mª Alegre
Juan Carlos Ferrero (Onteniente, Valencia, 1980) es uno de los grandes del tenis español. A pesar de estar retirado, sigue presente en el recuerdo de los aficionados por llegar a ser número 1 del tenis mundial, conquistando numerosos títulos en las canchas de todo el planeta. Lo que tal vez se conoce menos es su afición por las motos que él nos cuenta en esta entrevista.

Ferrero accedió a la cumbre del ranking ATP en 2003, año en el que ganó Roland Garros. Considerado uno de los tenistas españoles más importantes de la historia, con cuatro Másters 1000 y 16 títulos de la ATP, además de tres Copas Davis, el tenista valenciano se retiró de las competiciones profesionales en 2012, pero no de la raqueta, porque sigue en activo desde su academia JC Ferrero Equelite, en Villena. Desde allí, a 60 kilómetros de Alicante, enseña el camino del éxito a los futuros campeones.

JC Ferrero Equelite es un centro de referencia de la raqueta, pues funciona desde hace 25 años, “cumplidos justo ahora”, recuerda Ferrero. En la academia se forjan los tenistas del futuro, alumnos “desde los 12-13 años, hasta los 29 que tiene el mayor, Pablo Carreño”, explica su fundador y director.

De lo que no se ha retirado Ferrero ha sido de las motos o mejor dicho, dejó la competición tenística y se subió a una, disfrutando en la actualidad de la nueva S 1000 XR, la segunda, porque las motos son una de sus pasiones. “Pues sí, desde muy pequeño -cuenta-, pero siempre he estado ahí con el candado puesto porque la moto no es muy compatible con una carrera tenística. Pero siempre me ha gustado mucho el mundo del motor, de los coches, de las motos, aunque al final siempre he ido un poco más hacia los coches, porque es lo que podía disfrutar más y las motos las dejé para cuando me retirara. Ha sido a partir de entonces cuando ya he tenido moto y voy haciendo viajes con los compañeros que tengo aquí, en Villena. También, soy muy amigo de Sete Gibernau, y cuando él corría iba muchas veces a los circuitos a verle competir”.  

Pregunta. Fuiste número 1 del tenis mundial, con un sinfín de títulos y campeonatos ganados, como el prestigioso Roland Garros, una vida dedicada al tenis profesional de alta competición, ¿añoras esa época o te hace feliz esta otra etapa de docencia desde tu academia trabajando con futuros valores?

Respuesta. Obviamente, se añora un poco. Al final, desde los siete años que tenía cuando empecé jugando y desde los 16 o 17 que me inicié como profesional, es toda una vida haciendo algo que te encanta y que te hace sentir bien, jugar delante de la gente, entrenar para conseguir títulos, para conseguir victorias y al final, cuando uno deja de jugar porque o ya no se siente competitivo o físicamente ya no está bien, se crea un pequeño vacío que yo, por suerte, al tener la Academia y estar totalmente involucrado en ella, no tuve ese vacío tan grande. Pero hay muchos tenistas que después de jugar, cuando lo dejan, se encuentran en una etapa algo complicada de manejar, porque muchos se quedan sin saber qué hacer. Pero la etapa de enseñar y entrenar es algo que también me hace feliz. Compartir las enseñanzas que tuviste y ver cómo van progresando los chavales, también es muy satisfactorio. 

P. Esa vida tan exigente que lleváis cuando estáis en activo, yendo de país en país, de hotel en hotel, sin ver más que las canchas de tenis, ¿es duro de llevar?

R. Sí, es duro, pero al mismo tiempo es lo que has elegido y vives por y para ello. Al final, uno, cuando se involucra tanto y decide ser profesional, tiene que llevar una vida tenística en lo que prácticamente todo está dedicado a eso. Los viajes son duros, el entrenamiento diario es duro, cuidar tu físico es difícil, las derrotas, que hay muchas, porque hay muchas semanas que pierdes… Pero al final es una vida como otra cualquiera, porque se convierte en un trabajo que has elegido y que realmente te gusta y si vas consiguiendo objetivos, es muy satisfactoria.

P. Además de dirigir tu escuela, eres entrenador de algún tenista?

R. Estoy con un chaval que tiene 17 años, se llama Carlos Alcaraz y está consiguiendo resultados muy buenos. Está en el puesto 130 del ranking mundial y, evidentemente, para la edad que tiene, está muy bien posicionado y creo que está llamado a ser uno de los mejores jugadores de la nueva generación que viene por detrás empujando y que va a ser, yo creo, de los mejores.   

P. Trabajas con chavales muy jóvenes, ¿con tu experiencia aprecias al que puede llegar a ser un gran campeón?

R. Cuando realmente ves a alguien que tiene cosas diferentes, las detectas. Ver a un chico de diez años y decir ‘este va a ser un fuera de serie’, es muy complicado, pero sí ves a alguien que tiene cosas diferentes. Yo, por ejemplo, vi a Carlos Alcaraz jugando por primera vez cuando tenía 13 o 14 años aquí, en la Academia, jugando algún torneo, y ya se veía que iba a ser un jugador diferente. Obviamente, no se puede nunca asegurar nada, porque es muy complicado, y más en tenis por muchas circunstancias, muchas veces jugadores buenos al final se tuercen un poco, pero cuando ves a alguien que tiene características diferentes, sí que lo notas.   

P. ¿Alcaraz puede llegar a ser un sustituto tuyo, o de Moyá, de Ferrer, Robredo o de Nadal?

R. Creo que Carlos puede llegar muy alto y estoy trabajando para ello. Obviamente, compararlo como el nuevo Rafa Nadal, comparación que la hace casi toda la prensa española, o con David Ferrer o yo mismo, o con alguien que ha llegado a ser número uno también como Carlos Moyá, son palabras mayores, pero sí que es verdad que Carlos es el mejor tenista español joven que tenemos en estos momentos y el que más apunta a llegar muy alto.        

P. Supongo que el chaval talentoso que llegue a ser un campeón dependerá de muchas cosas, el ser un fenómeno no es suficiente, ¿no?

R. El talento es bienvenido, porque los que realmente llegan arriba deben tener cosas diferentes, pero el talento sino está acompañado de trabajo, de sacrificio, de una responsabilidad y seriedad a la hora del trabajo, al final se va perdiendo, es algo inevitable, sólo con talento no se puede llegar. Pero, además, tiene que estar acompañado, primero, de un gran equipo que lleve a ese chaval, que sea muy profesional y que sepa realmente lo que está haciendo, y después, compromiso serio del chico, porque los chavales que con 16, 17 años se tuercen es debido, en muchos casos, a las carencias del equipo, porque no lo han sabido llevar muy bien o porque el chaval tiene muchas insatisfacciones y el equipo tiene que estar muy pendiente.

P. ¿Hay relación entre el tenis y la moto?

R. Por supuesto, la concentración, el saber qué hacer encima de la moto, tienen mucho en común con ambas disciplinas. Al final, en un partido, el manejo de las decisiones en los momentos importantes tiene que ver con la capacidad mental y en la moto, en carretera, hay que ir muy concentrado; pero, sobre todo, los pilotos compitiendo deben manejar ese tipo de decisiones, cuándo adelantar, cuándo no, cuándo acelerar, cuándo arriesgar, y deben estar concentrados, también el sacrificio diario de prepararte realmente bien para subir a la moto… Yo creo que tienen muchas cosas parecidas. 

P. ¿La disciplina que exige el tenis de competición sirve para adquirir valores que engrosen las virtudes de una persona que lo harán mejor como individuo a medida que vaya creciendo?

R. Por supuesto que sí. Siempre se ha dicho que el tenis al final te hace crecer como persona muy rápido porque tienes que visitar otros países, otras culturas, otros idiomas, saber estar en muchos lugares que requieren de eso. En el tenis debes conocer el significado del sacrificio, del respetar, del ser humilde y el tener esa seriedad de trabajo durante todos los días tan joven, al final te hace crecer muy rápido.   

P. ¿Qué te ha enseñado el tenis?

R. Todo eso, por supuesto. Aquí, en la Academia, se enseñan todo este tipo de valores, es importante ser tenista, pero mucho más importante al final es saber comportarse, compartir, respetar, sacrificio, creo que eso, la convivencia con todos los chavales que hay en la Academia, también, es muy importante.       

Juan Carlos tiene una S 1000 XR, “la nueva que ha salido este año y estoy muy contento. Antes tuve el modelo anterior y también una R 1200 GS”, aclara.

Ferrero se decantó por este modelo “porque el tema de los cuatro cilindros me llamó mucho la atención desde siempre, el notar la frenada y el recorrido de las horquillas delanteras, eso es algo que va conmigo. Tuve la R 1200 GS y no me llegué a hacer con el Telelever nunca. Soy mucho de ir tocando el freno de atrás, sobre todo en curva y, supongo también que el hecho de haber empezado con Sete Gibernau a enseñarme con motos más de competición, sintiendo ese tipo de sensaciones en la moto, hicieron que al final me decantara pon una moto un pelín más deportiva que la GS”, reconoce. 

De BMW, al extenista le gusta que “son motos muy bien acabadas. El motor es súper fiable. Antes, tuve otras marcas y siempre tienen alguna cosita por ahí y BMW, al final, es una moto que puede ser muy divertida, deportiva y a la vez fiable, que es algo muy importante a la hora de viajar y pasártelo bien. Tampoco soy súper entendido en motos, pero es lo que voy buscando”.    

P. ¿De qué te viene la pasión por las motos?

R. La afición por las motos no me viene de familia, pero siempre me ha gustado mucho el mundo del motor en general, como te he contado, el mundo de la gasolina, como le llamo yo. He hecho muchos cursillos de conducción de coches, porque siempre me ha interesado mucho. He tenido también karts de marchas, incluso he llegado hacer alguna carrerita, siempre me ha gustado mucho y como te he dicho las motos no eran una opción y hasta que no me retirará, sabía que no podía tener. Sete Gibernau fue quién me enseñó a ir en circuito, a coger buenas posiciones, y me gustan mucho las motos, pero hay que intentar respetarlas mucho y disfrutarlas”.

P. ¿Viajas con ellas o las utilizas para desplazarte?

R. Suelo hacer un viajecito al año de 5 o 6 días con los amigos. Hemos viajado por Europa, Italia, Los Alpes, Portugal, un viaje al año. Y algún domingo por la mañana, cuando estoy aquí, me suelo escapar para hacer el típico almuerzo con los amigos. 

P. Hispamóvil es el Concesionario BMW donde llevan el mantenimiento de tus motos, ¿satisfecho?

R. Pues sí, porque aparte de encontrar un buen concesionario, he encontrado dos muy buenos amigos ahí que son Fran Bernabéu y Juan Antonio Cano, son dos amigos espectaculares que he conocido a raíz de comprar ahí la S 1000 XR y me tratan de una manera espectacular. Juan, incluso, me deja también algún coche para que pueda disfrutar de ellos, algún M2 o M8.

P. El valor de un buen servicio, de un buen trato, valores que los encuentras en Hispamóvil…

R. Sí. No tengo ningún tipo de queja, porque siempre, desde el principio, cuando no tenía ningún trato con ellos, llegué ahí y me trataron de una forma que me hicieron sentir muy bien, trato familiar, muy cercano y eso fue lo que me hizo seguir la relación con ellos.   

P. ¿De qué se aprende más, de una victoria o de una derrota?

R. Normalmente, se habla más de una derrota, porque se suelen hacer las cosas peor. Sí que es verdad que muchas victorias, cuando uno lo hace realmente bien, también se recalca, pero yo creo que sirven un poco más las derrotas, porque pican más, duelen más y sueles recordarlas más también, las tienes en la mente; son los partidos que se suelen hablar más con el entrenador, ver las cosas que has hecho mal para poder ir mejorando.    

P. Un viaje soñado para hacer con la moto.

R. Aquí me pillas, no sé… Me encantaría irme dos o tres meses con un par de motos de carretera, BMW, por supuesto, e ir probando en muchos de los circuitos que vemos en la tele y poderlos disfrutar, eso siempre me ha llamado la atención, aunque nunca lo he podido hacer. Pero ojalá pueda hacerlo algún día.

P. En los viajes, ¿disfrutas más del recorrido o del destino? 

R. Un poco las dos cosas. Al final, cuando se hace un viaje de este tipo, se va por lugares muy bonitos, puertos de montaña que en pocos sitios ves, y vas haciendo el viaje mientras disfrutas de la moto, del recorrido, del paisaje y sobre todo de la compañía. Al final, es algo que haces solo una vez al año debido al trabajo y por eso hay que disfrutar el menú completo, como lo llamo yo.

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