LA AUTOCRÍTICA DEL ‘YOUTUBER’ MOTERO

Por Carlos Permuy
A principios de siglo pasado, las cámaras fotográficas con carrete de 35 mm democratizaron a la fotografía poniéndola al alcance de la gente, lo cual significó un salto cuantitativo (ya que todo el mundo podía registrar lo que quisiera) y cualitativo (al convertir la fotografía en arte). Algo similar ocurrió con las filmadoras de 8 mm, que también democratizaron la imagen en movimiento y la llevaron a nuestros hogares.

No obstante, hubo un factor que hizo que se pensara mucho lo que se fotografiaba o se filmaba, que no era otro que el precio de los carretes o de los rollos de película, además del coste de su revelado, claro. Estaba al alcance de todos, cierto, pero si te querías dedicar a la fotografía o al cine de forma algo más seria (aunque fueras un aficionado), te costaba un buen dinero. De ahí que en casa de nuestros padres y abuelos hubiera como mucho un par de álbumes de fotos familiares y unos rollos de película de las vacaciones para verlas de vez en cuando con un proyector.

Más recientemente, hará unos veinte años, irrumpió en nuestras vidas la imagen digital. Ya no hacía falta comprar carretes de fotos ni rollos de película de vídeo, las cámaras con sensor o las famosas Handycam de Sony hacían que sólo se necesitase un soporte digital parar tomar fotos o grabar vídeo, eliminándose el problema del gasto adicional en carretes, rollos y revelados. Esto democratizó aún más la fotografía y el vídeo, aunque todavía hacían falta unos ciertos conocimientos de ambos para obtener resultados decentes.

Pero entonces llegaron los móviles con cámara integrada y capacidad tanto para foto como para vídeo y las cámaras de acción tipo GoPro y similares. De repente, ya no hacía falta conocer bien el triángulo de exposición para tomar una foto o saber qué ópticas usar para conseguir la imagen que queríamos, simplemente con apretar un botón o dejar la cámara de acción grabando todo quedaba “perfecto”. O eso es lo que a priori parecía porque no era así.

Esto ha llevado ya no a la democratización de la imagen, tanto fotográfica como de vídeo, sino que se ha entrado peligrosamente en la vulgarización de la misma. Aplicado al mundo de la moto, todo el mundo es fotógrafo y todo el mundo es videógrafo y eso está muy bien si esas fotos y esos vídeos los creamos para un uso personal, incluso para compartirlas en los foros y redes sociales para que las vean nuestros amigos pero ya es más peligroso si nos sentimos probadores de motos, porque ya entramos también en el ámbito periodístico y de saber llevar una moto con unos ciertos conocimientos, y no estoy hablando sólo de coger una curva correctamente, sino saber de chasis, suspensiones, neumáticos, motores, y cómo afectan éstos al pilotaje. No estoy hablando que se tenga que ser un piloto profesional, pero sí al menos preocuparse de tener una base sólida y unos fundamentos basados no sólo en haber llevado una moto, aunque montemos desde hace muchos años.

Hoy en día, sobre todo en YouTube, está lleno de canales donde aficionados realizan pruebas de todo tipo de motocicletas. Se compran dos o tres cámaras de acción, una enfocando el rostro del supuesto probador, otra situada muy baja para ir filmando la rueda y otra hacia delante o hacia atrás, según el gusto del “probador”… y he llegado a ver auténticos disparates.

Por ejemplo, recuerdo un vídeo donde el “probador” se salía en cada curva que tomaba y otro que decía que unos neumáticos “sport-turismo” le duraban 25.000 kilómetros. No sólo no tienen ningún tipo de conocimiento, sino que su búsqueda de ‘likes’ y seguidores puede hasta resultar peligroso para aquellos que empiezan en el mundo de las motos y se crean a pies juntillas estos disparates.

Si quieres crear un canal de pruebas de moto por pasión, incluso si eres aficionado, hay que hacerlo bien, formarte de antemano y tener mucha, muchísima experiencia con una moto. Además, si te formas correctamente poco a poco querrás que tus vídeos sean mejores y ya empezarás a intuir que también te harán falta unos ciertos conocimientos de grabación de vídeo, ya que una GoPro está muy bien, pero el tipo de imagen que da es la de un ultra gran angular cuyo abuso hace que el vídeo sea insulso y aburrido.

Resumiendo, si lo haces, hazlo como toca. Nunca porque necesites de ‘likes’ y seguidores para subirte el ego y, aunque así sea, ten en cuenta que puedes estar jugando con la seguridad y, por ende, con la vida del que tiene pocos conocimientos y te hace caso.

¡Hasta el mes que viene!

Una respuesta para “LA AUTOCRÍTICA DEL ‘YOUTUBER’ MOTERO”

  • Víctor dice:

    No puedo estar mas de acuerdo con esta reflexión, el tema youtube/inflencers se ha salido de madre…lo peor es que muchas marcas les siguen el juego, una pena

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