GABY RODRÍGUEZ, RIDER Y PROFESORA: “LA MOTO ME ACERCA A LOS CHICOS QUE ENSEÑO EN EL COLEGIO”

Por José Mª Alegre
Gaby Rodríguez (Buenos Aires, 1977) aparece todas las mañanas montada en su R 1200 GS en el colegio del que es profesora de Secundaria, teniendo a su cargo chicos y chicas de 12 a 17 años, imagen que no pasa desapercibida a los estudiantes que enseña. ¿Eres su heroína?, le pregunto. Y ella, con esa sonrisa tatuada en su rostro, responde: “No sé si heroína, pero es cierto que la moto me acerca mucho a ellos”.

Todos los días, Gaby sale de su casa perfectamente equipada con su BMW para recorrer los muchos kilómetros que hay hasta la escuela (vive más allá de las lindes de la gran ciudad), una condición, la de rider, “que te facilita el contacto con los chicos. El hecho de que te vean con tacones y falda y con libros y cuando sales del colegio con la equipación de la moto, el casco, las botas, etc, les llama la atención. La moto no solo me ha permitido acercarme a los chicos, sino incluso acercarlos a la lectura, porque sabía de algunos que les gustaba la moto, pero no les gustaba mucho leer, entonces les facilitaba libros que tenían que ver con las motos. Al final, lo que repetiré en más de una ocasión, la moto te acerca a las personas porque te ven como más terrenal, más cercana”. 

Esta profesora allende los mares, que no carece de esa entonación o “cantito” en el habla argentino tan característico del país suramericano y que resulta tan seductor, si bien en su caso se manifiesta más suave por el tiempo que lleva entre nosotros, procede de una familia donde las motos no eran bien acogidas. Es por ello que creció sin conducir ninguna, cosa que no hizo hasta que llegó a España, hace once años, aunque debió esperar todavía casi un lustro más para hacerlo. Sin embargo, de bien pequeña sintió la pasión “por el motor. Yo iba a ver la Fórmula 1 con mi tío. Me levantaba a las dos de la mañana para estar a las cuatro en el autódromo y coger sitio para ver correr a Michael Schumacher, que era lo que teníamos en aquel momento allá en Argentina. Todo lo que tenga que ver con el moverse, el desplazarse, la velocidad, el placer de conducir, me gusta. La realidad es que a mí me gusta conducir. Entonces, comencé con el tema de los coches, pero la moto da una libertad y una conexión con el entorno, que es único”, asegura.

Su primer contacto con una moto como conductora fue “tonteando con una V Strom 650 que me parecía gigante. La moto me llevaba a mí, yo no la llevaba a ella. Al cabo de unos fines de semana de estar conduciéndola, la aparqué y allí quedó”.

Pregunta. ¿Cómo fue el tema de empezar con las GS?

Respuesta. Mi idea era viajar a Marruecos y la única manera que tenía de convencer a Sergio, mi marido (rider cuya R 1200 GS la lleva ahora su mujer, comprándose otra GS igual), era hacerlo en moto, ‘bajamos -le propuso-, pero bajamos en moto, ¡fenomenal!’ -respondió él-. Entonces, empecé a planificar el viaje. Llegaron los BMW Motorrad Days y fuimos a Formigal (septiembre de 2013) y me subí en la F 650 GS que había en la exposición y dije ‘esta es mi moto’. A la semana siguiente me había comprado mi ‘seis y medio’ y empecé a montar. Yo ya tenía el carné, aunque no había conducido nunca (salvo con la V Strom, cuya “relación” fue un suspiro) y así empecé”.

La mala experiencia que tuvo con la primera no le quitó a Gaby las ganas de seguir yendo en moto, a pesar de que “me dolía la tripa de miedo, así te lo digo (se ríe a carcajadas), cada vez que Sergio me decía vamos a practicar”.

Y ella siguió insistiendo, porque “hay cosas que no se pueden explicar; hay cosas que tienen que ver más con algo que sale de dentro, como el tema de la moto. Sin haberla probado, sin haber conducido prácticamente, sin nada, fui y me compré una, usada, porque sabía que me podría caer todas las veces que necesitara y más, y que iba a poder disfrutarla, porque era mi moto, que aún conservo. Y fue con esa moto con la que aprendí a rodar, a hacer curvas, a caerme, pues eso es parte del ser motero, cuando uno va probando cosas nuevas, tienes que aprender a la fuerza, y yo sí he aprendido a la fuerza, lo puedo confirmar” (dice riendo, recordando las incontables caídas que tuvo con esa moto, hasta el punto de decirle a su marido en cierta ocasión, “Nos podemos ir, que ya estoy harta de caerme”).

Con la F 650 GS, Gaby hacía “500 kilómetros los sábados y 500 kilómetros los domingos. Volvía de trabajar, me quitaba los tacones y la falda, me ponía el equipo de cordura y me iba a practicar, todo para estar preparada para ir a Marruecos y en cuatro meses estaba rodando por Marruecos”.

Antes del deseado viaje, Gaby participó con su ‘seis y medio’ “en el Desafío Invernal, metiéndome de lleno en la parte de pista. Y así, poco a poco, paso a paso y también con mucha paciencia de todos aquellos que me han acompañado, porque cuenta mucho el apoyo de los que tienes alrededor, fui aprendiendo”.

Entre el asfalto y la tierra, Gaby no tiene preferencias, “yo creo que los dos. Una vez me dijeron algo que me encantó. íbamos de ruta (por carretera), paramos, y me dicen ‘parece que vas bailando con la moto’. Esa es la sensación, el danzar feliz con la moto en las curvas”. En cuanto a la tierra, “es un reto -define-. Cada pista por la que voy, por más que la conozca, siempre ha cambiado: una piedra, más arena, más seca, más dura y eso hace que tengas que estar muy concentrado y confiar mucho en ti mismo. Y es un reto que me gusta, porque cuando lo supero me siento muy bien, pero son dos cosas distintas que se disfrutan de distinta manera. Creo que son parte del porqué tengo la GS, porque su versatilidad te permite hacer tanto una cosa como la otra. Yo, con la 1200 me he metido por sitios que cualquiera dice ‘por ahí con la moto uno no va’. Y cuando uno confía, aprende y escucha a los que saben, se pueden hacer cosas increíbles”.

A Gaby no le gusta la velocidad “por la velocidad en sí. Hay gente que le encanta la autovía y la velocidad. El tema de la velocidad tiene que ver con el hecho de ir cómoda, de disfrutarlo, no de la velocidad alocada. Prefiero las curvas. Me gusta bailar” (apostilla riendo), gustándole las carreteras secundarias, “incluso las terciarias”, dice con igual sonrisa.

P. Por qué BMW?

R.  Creo que, en un principio, tiene que ver con el hecho de que encontré la moto con la que yo me sentí cómoda (la F 650 GS), porque como he dicho antes había probado otras y la ‘seis y medio’, sin embargo, me dio confianza, seguridad y que la podía llevar. Después, cuando uno va avanzando, va subiendo. He tenido una F 700 GS y ahora que tengo la 1200, es una moto donde uno se siente realmente seguro y es un placer conducirla. La primera sensación que tuve arriba de la 1200, y la tuve de copiloto, fue el de sentirme encima de un tren, de una locomotora, de que iba pegada a la carretera, como que la moto decía ‘tranquilos, que aquí estoy yo’. Esa seguridad que da la 1200, no la cambiaría”.  

Además de las GS, otro de los atractivos que atrae a Gaby de BMW es la filosofía que envuelve a la marca. “Mi BMW me ha permitido contactar no solo con el entorno y la naturaleza, sino también con el grupo de las chicas GS Girls, algo que tiene que ver con esa filosofía de juntarte, de compartir, de viajar. La filosofía del poder combinar la tierra y el asfalto, eso da mucho. La tranquilidad y seguridad que te da la moto en el viaje. Esto te lleva a estar en contacto con gente que probablemente no te la encuentres en tu vida, pero que comparten esto contigo”.

De perderse, Gaby tiene claro que sería en “cualquier sitio de montaña con curvas, aunque no tengo uno preferido. Y si tuviera que volver a hacer un viaje, haría de nuevo el de los Balcanes, Montenegro, Kosovo, Macedonia, Albania, sitios que me han dado mucho y creo que por ahí sí me perdería”. 

Esta mujer de gran determinación ha viajado por Europa, “bastante -asegura-. Ojalá hubiera viajado todavía más y siempre en moto”, vehículo con el que calcula haber hecho “más de doscientos mil kilómetros”. 

P. Como cuenta al inicio, Gaby está casada con un motero, de hecho fue él quien le inoculó la pasión por las dos ruedas. ¿En una pareja de riders, la moto une o lo contrario?

R. La moto une siempre, respetando los espacios, pero la moto une porque hace que uno entienda al otro. El hecho de no tener que sacrificar tiempo para estar juntos y si uno sale con su grupo o está viajando y el otro no lo está haciendo, también está disfrutando porque sabe de qué se trata. Siempre es un punto a favor el hecho que la otra persona entienda y comparta. 

Pero son más cosas, en este caso personales, que Gaby ensalza de la moto. “Cuando uno va en la moto, a pesar de que vas compartiendo la ruta, con tu pareja en la mayoría de las veces, o con tus amigos, es un momento íntimo, individual. Creo, además, que es la mejor conexión entre algo que me apasiona, el conducir, con el hecho de ser parte del entorno, porque la moto me permite tener frío, sentir la lluvia, percibir el perfume del campo cuando es primavera y yo soy una persona que ama la naturaleza. Después, da libertad, un tópico, sí, pero es real. La moto te da también la posibilidad de contactar de forma más fácil. Yo he hecho varios viajes sola y estar en contacto con tu moto es como la película de ‘Avatar’, estás como conectado a ella de una manera especial y eres parte de ella y ella parte de ti”.

P. Has ido en el asiento de atrás y ahora tú llevas la moto, ¿cuál es el paso que han de dar las que quieran seguir tu ejemplo?

R. Animarse a vivir su propia experiencia. Atrás se disfruta mucho, porque yo he disfrutado mucho yendo atrás, pero las decisiones son del otro y tienes que confiar en él. En cambio, cuando una es piloto, las decisiones y la confianza están en ti. Entonces, es muy importante, incluso para el crecimiento personal y realmente se disfruta muchísimo.

P. La moto es un vehículo para desplazarte, para viajar, para disfrutar, para entender la vida de otra manera…

R. Todas ellas. Pero yo creo que es una forma de entender la vida más que nada, porque cuando uno escoge la moto como forma de vida, como forma de ver las cosas, de entenderlas y disfrutarlas, hace que ésta sea distinta. De esa manera también se respeta más y se es más consciente de las cosas porque tienes esa pasión por la moto.

Pero no acaban ahí los apasionados argumentos de esta rider sobre la moto, continuando por “el hecho de viajar, que es una filosofía totalmente distinta. Muchas veces me han preguntado, ‘y a dónde vas si solamente tienes esas dos maletitas y te vas de viaje un mes’, ¡justamente! -dice rotunda-. Uno empieza a ver el hecho de lo importante, y eso también se puede extrapolar a otros órdenes de la vida. El hecho de ser mujer arriba de una moto hace que, por ejemplo, la gente se acerque de otra manera. Las propias mujeres en Montenegro, que vinieron a hablar conmigo y a decirme ‘qué increíble que una mujer haya llegado hasta aquí en moto desde España’. Y hay muchas chicas dando vueltas, no solo yo, pero es mi experiencia personal”.

P. Entrenas todos los días, pero no compites, lo haces por gusto, porque te gusta, para aumentar tu dominio de la máquina, para no perder el tacto de la moto…

R. Salgo con la moto todos los días o casi todos. Cuando empecé, iba a comprar el pan al pueblo de al lado para poder sacar la moto, hacer la carretera de curvas, para tener un mejor dominio, porque cuando se tiene un objetivo tienes que dedicarle tiempo y esfuerzo. Hay gente que se sube a la moto y enseguida hace una curva estupendamente. Yo he tenido que trabajarlo, le he dedicado tiempo y le sigo dedicando tiempo. Hay veces que simplemente salgo a rodar con la moto para poder hacer una pista que se me quedó atragantada, ver si una curva puedo hacerla de otra manera o disfrutar de una carretera. Siempre recomiendo que uno tiene que hacer de la moto el día a día. Si pretendes algo y tienes un objetivo con la moto, hay que perseguirlo y cuando los vas alcanzando, te sientes feliz y satisfecho”.

Para nuestra profesora “la moto es práctica y talento. Creo que el talento todos lo tenemos, todos podemos mejorar nuestras habilidades. El hecho de que a uno le cueste más algo, hace que necesite practicarlo más. Con esfuerzo todo se puede conseguir”.

Para Gaby los años que se tengan no son importantes para conducir, “porque la moto no tiene edad. Si uno realmente la disfruta, vas a tu ritmo, sacándole toda la esencia a esa moto, no importa la edad ni la moto que tengas”.

A las riders que se inician, Gaby les aconseja que “primero, confíen en ellas mismas. Y una vez tengan claro que sí pueden hacerlo, que lo hagan. Si una tiene esa curiosidad, por lo menos que lo pruebe y hay un montón de grupos donde nosotras nos juntamos, nos apoyamos y estamos compartiendo estas experiencias y ninguna chica va a estar allí sola. Todas empezamos alguna vez. Todas nos hemos caído, nos seguimos cayendo, hemos tenido dudas, momentos en los cuales dijimos que no. Estas cosas pasan, pero tienen que confiar en que pueden hacerlo. Que se animen, y si necesitan acompañamiento, en España hay muchos grupos de chicas para apoyarlas”.

Uno de esos grupos es el GS Girls Península Ibérica del que ella es su ‘alma mater’. Para ello viajó sola con su R 1200 GS por Francia, Suiza y Austria, entre otros países, para asistir al encuentro de las GS Girls en Europa central y “juntarme con las alemanas, las holandesas las suizas, italianas, y esas han sido de las cosas en la moto que más he disfrutado”.

De ese viaje, a su vuelta, surgió el grupo antes citado, presente en Facebook. GS Girls Península Ibérica “une a Portugal, España y Andorra y nos juntamos todas las chicas, todas ellas con GS, donde nos sentimos con total libertad de resolver dudas o preguntas con respecto a la mecánica, la conducción o lo que sea. Y luego hacemos rutas, pasamos juntas un fin de semana, además del encuentro anual que organizamos”.

No son pocos los países visitados por Gaby en moto, algunos de los cuales ha nombrado antes, como Marruecos, “que amo y me encanta y procuro ir todos los años, es como esa necesidad de bajar y recorrerlo, pero, realmente, lo que disfruté con plenitud fue cruzar parte de Europa sola, acampando. Mi moto, mi tienda y yo, teniendo un objetivo, de aquí a aquí y lo que vaya surgiendo”.

 

P. Eres persona inasequible al desaliento                                

R. (Se ríe un montón). No, yo creo que a todos nos pasa, que hay días en los cuales uno no tiene el espíritu en forma. Pero cierto que cuando tengo un objetivo trabajo para alcanzarlo, a veces se alcanza, otras hay que trabajar aún más, pero trato de que mis objetivos sean asequibles para poder tener la satisfacción de conseguirlos y de ir progresando.

Respecto a la nueva F 850 GS Adventure con la que me desplacé al encuentro con esta mujer decidida y valiente, invitándola a que la llevara, afirma que “estas motos, lo que tienen ahora, es la manera en la que entregan la potencia. Por ejemplo, cuando vas haciendo ‘off’, la entrega de esa potencia a la rueda es mucho más suave. En versiones anteriores esa entrega era más brusca y la suavidad es muy importante en pista. Los modos de motor que tiene también ayudan mucho, además de la seguridad en curvas”.

P. Crees que el acceso de la mujer a la moto está normalizado

R. Yo creo que hay muchas cuestiones. Por un lado, están las chicas que no terminan de animarse, ahí creo que todos debemos de tener un papel fundamental y activo en el hecho de seguir incentivando y motivando a las chicas para que lo hagan. Por otro lado, creo que hay veces que el entorno no permite. La mujer, todavía, está muy arraigada a los estereotipos sociales. Es complicado a veces ser madre, esposa, trabajar y encima dedicarte a la moto, hay veces que se tienen que alinear los planetas y nos queda una cuenta pendiente con esto, que poco a poco se va resolviendo, pero muy despacio. Por otra parte, la equipación no está al mismo nivel que la de los chicos. Tanto las botas, que no hay números pequeños, como los pantalones, que ocurre lo mismo, como el compuesto de esas prendas. Creo que todavía nos queda camino por recorrer.

P. Cómo te defines?

R. Soy una persona que busca constantemente tener objetivos que alcanzar y superar. A mí me gusta crecer, me gusta mirar para atrás y decir ‘¡jo, lo que he conseguido!’, no solo en la moto, sino en el día a día. Esto es como una cuesta en bici, cuando llegas arriba y dices, ‘¡lo que acabo de subir!’. Es un poco eso, el querer alcanzar un escaloncito más”.

GS Girls Península Ibérica: https://www.facebook.com/groups/1621369474849542

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