ALBERT BARNIOL, “EL HOMBRE DEL TIEMPO” DE TVE: “SALIR EN MOTO SIEMPRE TE SACA UNA SONRISA, SINO VEINTICINCO”

Por JMA
Albert Barniol (Barcelona, 1972) es “El hombre del tiempo” en RTVE, espacio meteorológico que presenta tras el informativo de La 1, sobre las 22 horas. Rostro popular de la pequeña pantalla, no es tan conocida su afición por las motos, que le gustan desde siempre, siendo propietario de una BMW R nineT.

“Mi padre iba en moto. Tenía una Vespa antigua, de los años cincuenta, y desde entonces siempre fui en moto, que era la forma más habitual de desplazarme y es donde yo me sentía súper a gusto, me encantaba. Barcelona (donde vivía. Ahora reside en Madrid, como explicará más adelante) es un lugar donde el clima es tan benigno, que puedes ir durante todo el año en moto y en sí siempre es un placer. A los 16 años ya pedí mi primera moto, que no me daban, y a escondidas cogía la de mi padre, yendo por la urbanización donde veraneábamos. A los 18 años, lo primero que hice con el dinero que ahorré trabajando fue sacarme el carnet de conducir moto y básicamente es con lo que me desplazo desde entonces”. Tanto es así que Barniol reconoce no tener coche, “tengo carnet, obviamente, pero no tengo coche y sigo yendo en moto que es con lo que yo me siento a gusto, desplazándome y viajando. Es una forma, yo creo, de entender también, no te diré la vida, pero sí una forma de relacionarte con tu entorno”.

A pesar de ser su vehículo preferido, Albert no ha tenido muchas motos, “las hago durar muchísimo -explica-. Empecé con la Vespa de mi padre, la de los años cincuenta, como te he dicho, qué conseguí heredarla, hasta que la rompí por utilizarla mal. Luego tuve un par más, pero mi primera moto gorda fue una BMW, la F 650 CS Scarver, que la verdad hay muy pocas y creo que me duró doce o catorce años, hasta que me compre esta, la R nineT, una moto que cumplía casi todas mis expectativas y todos mis requisitos de moverme por cualquier lado. Si me apetecía hacer un viaje más largo, lo hacía, porque, al fin y al cabo, tú puedes hacer lo que quieras, el kilometraje nunca es un problema. El problema está en la velocidad que quieras llevar en ese viaje o las cosas que quieras cargar. Entonces, yo iba con mi moto, me hacía mi viaje de mil kilómetros, ¿qué tardaba cuatro días?, pues los tardaba, tampoco me generaba problema alguno. Cuando la Scarver empezó a morirse del todo, empecé a mirar y pensé, ‘voy a comprarme algo con cabeza, que no sea solo de corazón o de estética’ y entonces me compre la R nineT, que me llamó la atención desde siempre. Intenté resistirme, porque pensé, ‘esta no es la moto más práctica del mundo’, pero luego, en el fondo, la practicidad la pone uno. Tiene cinco años y cien mil kilómetros ya, y va como si fuera el primer día, la verdad es que me encanta”.

A pesar de ser motero hasta la médula, no es el único vehículo que utiliza para desplazarse… “La moto y una bicicleta -confiesa-. De hecho, voy alternando entre las dos para ir a trabajar. Yo voy en moto todo el año, yendo a trabajar siempre en ella, excepto cuando me apetece ir en bicicleta, porque el día es fantástico y todo eso, entonces voy en bici. Pero en el 90% de las veces, me desplazo en moto todos los días del año, haga el tiempo que haga y vaya dónde vaya”.

Pregunta. ¿Y si llueve? Bueno, tú juegas con ventaja y sabes cuándo debes llevarte lo necesario para no mojarte…

Respuesta. Sí (dice sonriendo). De hecho, no es una cosa que me moleste especialmente. Las condiciones meteorológicas o climáticas no son tan trascendentales. Lo importante es ir preparado para ellas. En eso sí juego con una pequeña ventaja, aunque hay muchas veces que salgo sin pensar qué tiempo va a hacer ese día y salgo un poco despistado. Pero, lo que te decía, lo importante es ir preparado para las condiciones climáticas. En el fondo, la lluvia es algo más incómoda, pero si vas bien equipado y vas con cuidado, también puedes disfrutar. Un viaje lo puedes disfrutar de mil maneras, depende un poco también de la forma en que lo orientes.

Para Albert, “la moto es una forma de relacionarme con el entorno, en el sentido de que cuando uno viaja en moto, sobre todo si haces desplazamientos un poco más largos, te da tiempo a pensar mucho, porque estás contigo mismo, eso está muy bien. Pero no digo nada que no diga otro motero. La relación con el entorno es tan cercana, vives tan de cerca todo aquello donde pasas… La velocidad no es una de las cosas que más me gusta de la moto, prefiero ver, disfrutar, tener contacto. A veces, pasar calor o frío, también tiene su gracia y es un disfrute constante. De hecho, en general, salir en moto siempre te saca una sonrisa, sino veinticinco.

Tranquilo, apacible, de verbo pausado, al “hombre del tiempo” de TVE de su moto, la nineT, le gusta que “es tremendamente fácil de llevar y qué tiene un motor, bueno, todos los que conocéis el motor bóxer lo sabéis, que te lo permite todo. Puedes salir a bajas revoluciones, puedes darle un poco más de fuerza y siempre responde. Es segura y hace que todo sea sencillo y a mí eso me gusta mucho. No me gusta mucho la electrónica, no me gusta tener modos de conducir, ni tener que ajustar las suspensiones, entre otras muchas cosas porque tampoco lo sabría hacer. Entonces, esa simplicidad de la nineT para mí son virtudes, más que carencias”.

P. Cuándo la gente te ve, eres Albert Barniol o “el hombre del tiempo”?

R. Yo, tengo la suerte que en general soy Albert Barniol. Quiero decir que la gente, obviamente, mucha te reconoce. Pero, primero, que siempre es muy amable y luego muchas veces es eso de “Yo a ti te conozco, hemos coincidido en alguna boda tú y yo, ¿verdad?”, y luego acaban cayendo. Pero, en líneas generales, me tratan con total normalidad y paso totalmente desapercibido. Luego, sí, cuando te conocen, te preguntan qué tiempo va a hacer y si se van a casar o van de viaje, también te lo van a preguntar, pero son gajes del oficio.

Siempre me he preguntado si ser hombre o mujer del tiempo es simplemente porque “das bien ante la cámara” o una vocación que exige, además, estudios y conocimientos sobre la materia. Como tengo la oportunidad de salir de dudas, Albert me las aclara, iniciando la explicación en que lo suyo, “al final, es un poco por casualidad. Uno encuentra, sino la vocación, el trabajo que le gusta a base de ir evolucionando lentamente. No es una vocación que yo tuviese desde pequeño, pero a mí se daban bien las Matemáticas y no la Ciencia. Empecé a estudiar Física, porque me gustaba; a raíz de asistir a conferencias y demás, descubrí que la Meteorología era la vertiente de la Física qué más me gustaba y a partir de aquí, buenas prácticas en un sitio y en otro, y al final acabas presentando, qué es, digamos, la parte folklórica de nuestro trabajo, y la que, al final, es la más evidente, pero no es la principal vocación. Pero luego te das cuenta que si te gusta contar cosas, si te gusta hablar, pierdes un poco la vergüenza y resulta un trabajo muy gratificante”.

Una de las polémicas en torno al tiempo, que es uno de los espacios más vistos en televisión, sobre todo cuando se aproximan fiestas, es la responsabilidad que conlleva predecirlo en fechas como Semana Santa o puentes, pues un mal pronóstico puede arruinar las expectativas del sector hotelero y de restauración, llevándose todas las críticas el profesional del tiempo que no “acertó” con la meteorología. “Bueno, es una responsabilidad siempre -responde Albert-. Tenemos la imagen de los días festivos porque pensamos en el tiempo en la ‘tele’ desde nuestro punto de vista lúdico y obviamente la Semana Santa es un tiempo muy complicado, los fines de semana también. Pero el día a día para la gente que trabaja en la calle, en el campo como los agricultores, u otras profesiones, el tiempo también es importante, aparte que la Meteorología también tiene incidencia en las condiciones de vida de las personas. Hay veces que la gente se muere por una riada o tiene destrozos por un temporal de viento o de mar y eso es una parte de la responsabilidad que nosotros tenemos. Además, yo trabajo en la televisión pública, somos un servicio público pagado por todos los españoles y por tanto la importancia de nuestro trabajo para devolver el pago que nos dan y la responsabilidad que tenemos, es algo que yo creo que todos los que trabajamos en medios públicos lo tenemos bastante arraigado. Entonces, eso hace que nuestro trabajo tenga un punto diferente o especial que a mí personalmente me gusta”.

P. Cuántas veces te llaman para preguntarte, Albert, qué me voy a no sé dónde, ¿qué tiempo va a hacer?

R. Bueno, como te puedes imaginar en Semana Santa y en vacaciones de verano, más. También en Navidad y luego en cumpleaños, festividades. Siempre te lo preguntan cuando el tiempo va a estar complicado. Si el ‘Iphone’ les dice que va a hacer sol, muchas veces no te molestan. Pero cuando el ‘Iphone’ les dice que va a llover y ellos quieren que no llueva, ya te lo empiezan a preguntar. Y luego también cuando en vacaciones se van a destinos desconocidos, donde no es tan fácil saber el tiempo. Qué va a hacer en Kuala Lumpur o en sitios así, también nos lo preguntan.

P. Viajas mucho con la nineT?

R. Va a épocas. No he hecho superviajes, los hago, como mucho, de distancias de 800 o mil kilómetros. Hago viajes que suelen ser de un día, desde Madrid puedo salir a Segovia o a Ávila, o puedo ir por los alrededores de Madrid. Voy a Barcelona también, y aunque el viaje es un poco aburrido, luego, desde Barcelona, hay en Cataluña entornos que conozco mucho y me gusta bastante hacerlos. Rutas de varios días, tengo pendientes algunas, pero todavía no las he podido realizar con la nineT.

La ruta más lejana realizada por Barniol a lomos de su R nineT fue “a Niza, saliendo desde Madrid, pasando por Barcelona, por la Costa Brava, ida y vuelta. Ese ha sido el más largo que he hecho, haciendo noche en Girona, y luego me volví por el Pirineo, que también es una ruta que me gusta bastante. Desde Girona me fui a Ripoll, la Collada de Tossas, de ahí seguí hacia la Seo, salté de valles hasta Pont de Suert y llegué a la Vall d’Aran. A continuación, Benasque, porque tengo familia que tiene casa por ahí cerca del Pirineo aragonés, en un pueblo que se llama Fiscal, cerca de Aínsa, pasándolos a visitar. Y después tire hacia abajo hasta coger la autovía en Huesca, que, aunque no sea tan divertido, también tiene su parte de encanto, porque te permite que la mente se dispare y no hace falta estar tan pendiente de tu entorno y también tiene su gracia”, argumenta.

Como buen rider, Albert tiene el viaje soñado, más bien “un par que espero que más que soñados se hagan posibles, porque les tengo muchas ganas. Uno es desde Pamplona a Vigo, un viaje que me gustaría hacer, creo que el entorno es muy chulo. Y después tengo otro, más sencillo todavía, que es desde Cádiz hasta Granada. Son dos viajes que espero poderlos hacer algún día. En teoría es encontrar solo una semana para poder llevarlos a cabo y algún cómplice, pero son dos viajes que les tengo muchas ganas y creo que dan mucho juego para disfrutarlos”.

Barniol considera que el gozo de un viaje en moto está “siempre en el recorrido y en la forma de recorrerlo también. Una de las cosas que me gusta de la nineT es que en el fondo no puedes hacer mil kilómetros de golpe. La gracia de la niteT es qué, primero, por cuestiones logísticas de depósito de gasolina, cada 300 kilómetros tienes que parar y el cuerpo también te pide a veces parar. Pero eso está bien, porque si en 300 kilómetros no eres capaz de encontrar un lugar donde detenerte, tomar un café y a lo mejor hablar con alguien, es que te estás perdiendo una parte grande del viaje. Pero luego, obviamente, hacerte tus trazados, tus curvas, ver el entorno, también tiene su gracia. No soy un piloto al que le guste mucho la velocidad, como ya he comentado, y no me encuentro cómodo, probablemente tampoco sé lo suficiente, a pesar de llevar muchos años conduciendo, pero en cambio a las velocidades más o menos legales, lo disfruto con locura”.

P. ¿La moto es una solución para los atascos en las grandes ciudades?

R. La moto es probablemente, para las grandes ciudades, uno de los vehículos más cómodos y más prácticos que existen, para casi todas las ciudades del mundo. Ir preparado para el clima, como te decía antes, es fundamental. Obviamente, con situaciones como la que estamos viviendo del cambio climático, la moto probablemente se tiene que adaptar; hay caminos, las motos eléctricas es un recorrido que se debe hacer, pero que seguramente, una vez solucionado eso, las podremos disfrutar igualmente y por tanto es fundamental. La moto, cuando has viajado con ella, no entiendes cómo la gente se puede desplazar en coche por la ciudad.

Como tantos otros que hicimos lo mismo, Albert vino a vivir a Madrid, ciudad hospitalaria que acoge siempre con los brazos al que la elije como destino. “Fue una cuestión de trabajo -afirma nuestro rider-. Yo trabajaba en Barcelona, también haciendo de meteorólogo, presentando el tiempo. Y me llamaron un día de Televisión Española si me apetecía venir, hace quince años ya, y no me lo pensé mucho. Me pareció una aventura, yo conocía muy poco Madrid, solo de turismo, y me vine y la verdad es que desde entonces me siento en casa”.

 

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