TIFFANY COATES ¡DE NINGÚN SITIO A TODAS PARTES! UN VIAJE A LA INDIA SE CONVIRTIÓ EN UNA ÉPICA AVENTURA DE DOS AÑOS Y MEDIO EN SU R80GS

Tiffany Coates ha explorado seis continentes en motocicleta y ha recorrido cientos de miles de millas a través de innumerables países durante más de veinte años de viajes de aventura. Los viajes de Tiffany continúan, tanto en solitario como a través de su trabajo como guía de motociclismo, y siempre le demandan sus charlas y presentaciones en eventos de viajes de aventura en todo el mundo.

La primera vez que te entrevisté fue hace veinte años. Volvías de tu primer viaje en motocicleta, que hiciste con tu mejor amiga a lomos de una BMW R 80 GS. Con sólo dos meses de experiencia, cruzaste el Reino Unido y toda Europa hasta llegar a la India…

Se suponía que el viaje emprendido iba a durar nueve meses, pero una vez que llegaron a Delhi se dieron cuenta de que no iban a parar y continuaron camino hasta llegar a permanecer en la carretera durante dos años y medio. Veinte años después, Tiffany ha seguido adelante subiendo y bajando por el largo y sinuoso camino de la vida y se ha ganado la reputación de ser la mujer motociclista de aventura más importante del mundo. Desde su granja blanca en Falmouth, en la costa de Cornualles, Tiffany ha continuado su pasión por los viajes que la ha llevado a lo largo y ancho de todo el mundo; de Inglaterra a Australia, del Sahara a Tombuctú, de Ciudad del Cabo a El Cairo, de Alaska a Tierra del Fuego, tres meses recorriendo Brasil y el Amazonas… Labrador, Asia Central, Madagascar, Isla de Pascua, Siberia y Mongolia exterior. Con decir que rompió el récord de altitud de una motociclista femenina en una expedición de Londres al Tíbet y llegar al campo base del Everest se entienden sus títulos de ‘recordwoman’ del mundo del motociclismo.

Y lo más sorprendente: siempre a lomos de aquella BMW R 80 GS que la llevó a la India. Una moto que fue perseguida por lobos y elefantes desbocados, que superó tormentas, huracanes y amenazas de volcanes, pero con la que le encanta aventurarse por algunos de los lugares más remotos del planeta, cabalgar, acampar y, sencillamente alejarse de todo.

Pregunta. Quién pensaría que dos décadas después de entrevistarte todavía vivirías la misma vida.

Respuesta. Sí, es increíble. Realmente nunca habría pensado que fuera factible en aquel entonces y tengo que admitir que a veces me pellizco para darme cuenta de que no estoy soñando, que todavía estoy viajando y todavía encuentro nuevos destinos para explorar y, lo que es sorprendente para muchos de ustedes, todavía montando en la misma moto de entonces.

P. En 1992 compraste esta moto, ¿cuántas millas habrás hecho con ella?

R. Creo que ahora marca 285.000 millas justas (458.565 km).

P. Cuéntame un poco sobre tu relación con esta moto.

R. Fue una relación de trabajo de un piloto totalmente novato que sólo tenía cinco días de experiencia cuando me monté en la BMW R80GS de segunda mano para probarla. A los pocos kilómetros, ya sabía que iba a comprarla. Luego, tras dos meses con ella, fue salir de viaje con mi mejor amiga Becky y cuando llegamos tan lejos como la India, comprendimos que no pararíamos ahí. Y fuimos aprendiendo sobre la marcha en la carretera a medida que avanzamos. Parecía una locura, pero alguien nos dijo que eran motos grandes y pesadas, pero ideales para dos personas con todo el equipo de acampada que llevábamos para recorrer los miles de millas a la India, así que eso fue un poco lo que le dijo a mi cerebro que sería ideal. Tan grandes que teníamos que ponernos de puntillas para llegar al suelo… Mirando hacia atrás, parece algo increíble: no teníamos ni idea de lo que estábamos comprando; sólo sabíamos que queríamos ir a la India y que íbamos a ir en moto.

P. Resultó la decisión correcta y supongo que hoy ya conoces hasta la última de cada una de las tuercas y tornillos de tu moto.

R. Si tienes una moto durante veinte años que nunca se descompone, vas aprendiendo. A veces me he encontrado en medio de la nada, a cientos de kilómetros de un concesionario BMW para resolverme un problema, pero ha aparecido un tipo con una pequeña bandeja de estaño con herramientas básicas que parecen sacadas del arca de Noé y se pone a golpear la moto, bang, bang, bang, y lista para llegar para hacer la reparación definitiva. O en Mongolia, donde el tipo le echa un vistazo y te dice si pueden repararla o no, pero si no pueden, tienen un primo con una tienda de motos en el próximo pueblo que te resolverá el problema en un momento.

P. Absolutamente brillante. Te lanzas a la aventura sin previo conocimiento. Mucha gente tiene miedo de dar esos primeros pasos tentativos, la pura aventura sin mirar hacia atrás.

R. Definitivamente, la vida es para vivirla; siempre ha habido viajes y siempre los habrá. Tal vez lo que nos llevó a la aventura fue la ignorancia ciega y el optimismo, que dijimos: ‘Vamos a conseguir nuestras licencias de la moto e ir a la India’, sólo pensando en que viajar sobre dos ruedas te da la independencia y la libertad de ir a donde quieras. Saber demasiado era anticipar problemas; sólo teníamos fe ciega de que era una moto que funcionaba y funcionaba bien y, simplemente, decidimos salir y si las cosas van mal sólo tendremos que pedir ayuda en el camino. Y eso es exactamente como se desarrollaron las cosas: perseverar para conseguir las cosas.

P. Creo que fue Ted Simom quien dijo, en ‘Los viajes de Júpiter’, que algunas de las mejores aventuras suceden cuando las cosas están pasando mal y que algunos de sus mejores recuerdos de viaje están ligados a la adversidad.

R. Sí, sí y cuando las cosas salen mal tienden a convertirse en una epopeya. Sobre todo cuando piensas que nada puede ir a peor y va y lo hace: ir a peor.

P. No sé si has hecho alguna estadística sobre cualquiera de estas cosas.

R. No, no soy muy buena para contar estas cosas. Ni siquiera el kilometraje: es aproximado y es una estimación conservadora porque a veces se me ha roto el cuentakilómetros. Recuerdo que recorriendo una pista de grava por el Labrador, golpeé una roca con la rueda delantera y ví que la aguja del cuentakilómetros contaba para atrás a toda velocidad hasta llegar a cero. Bueno, pensé, tendré que empezar a contar mis millas de nuevo. Cada milla que he recorrido tiene su historia y me sería más fácil sumar cuánto tiempo he pasado fuera de casa en mi vida que sobre mi moto.

P. El mundo ha cambiado mucho desde aquel viaje original en la R80GS.

R. Habrá algunas personas que pueden verlo como un cambio terrible. Pero creo que todos nos hemos vuelto más conscientes y tal vez estemos mejor informados sobre las situaciones de los diferentes países. Y eso, de alguna manera, ha creado más inquietud, más miedo en la gente, pero creo que, por otro lado, las cosas que no han cambiado es esa especie de ignorancia dichosa, de no preocuparse para salir y hacerlo con esa creencia de que, bueno, vamos a tratar cada situación cuando suceda de la mejor manera.

Lo que sí ha cambiado para mejorar han sido las comunicaciones y las infraestructuras: todos parecemos saber al instante lo que está sucediendo en el otro lado del mundo. Cuando partimos por primera vez, mi familia no sabría de nosotros durante semanas, hasta que enviaríamos cartas. Porque si estaba en Yugoslavia y era el cumpleaños de mi mamá, llamarla suponía gastarme el presupuesto del día en la llamada.

Pero hay algo que no ha cambiado: la gente y cuando viajas, tienes que confiar en la bondad de los extraños, pues si no estás preparado para confiar en los demás, entonces los viajes pueden ser muy incómodos. Tienes que estar abierto a la amabilidad y generosidad que encontrarás en personas con las que a veces ni siquiera compartes una palabra común de lenguaje, pero que serán felices de ayudar a los viajeros. Se trata de confiar, escuchar y dejarse ir.

P. ¿Y eso puede hacerlo cualquiera en cualquier parte del mundo?

R. Sinceramente, creo que cualquiera puede dar la vuelta al mundo en cualquier moto. Sólo tienes que querer hacerlo

P. Y en tu opinión, ¿el mundo todavía vale la pena explorarlo como tú lo hiciste entonces?

R. Bueno, ésa es una pregunta interesante… Definitivamente, diría que sí porque hoy todos tenemos nuestras propias aventuras a medida, ya sea un viaje de fin de semana por Gales o un viaje transcontinental a Beijing. Siempre hay lugares que queramos visitar como individuos. Yo quisiera ver cómo ha cambiado la Australia de los años 80 y hoy todavía hay muchos lugares que quiero descubrir.

P. Hablabas sobre la amabilidad de la gente con los extraños y cómo la gente casi siempre se abre y te ayuda.

R. La gente con menos posesiones y los niveles más bajos de materialismo, son, paradójicamente, los que más. En África, en poblados donde no te pueden ofrecer más que agua, te cocinan fríjoles secos hervidos con un poco de sal y te los ofrecen felizmente. Sin embargo, cuando llegamos a lugares de países con gente que es mucho más rica, parecen sospechar de los extraños, como si fueras a arrebatarles lo que les pertenece: tienen miedo de perder lo que es suyo. O es lo que parece.

P. ¿Crees que la gente tiene miedo de perseguir sus propios sueños de viajes de aventura porque temen lo que podrían perder en ese proceso?

R. Supongo que depende de sus motivos para viajar. Para viajar con éxito necesitas a veces dejar ir las cosas un poco y no estar tan preocupado ni llorar por lo perdido. Cuando miro mi moto y veo sus abolladuras y grietas, pienso que cada una tiene una historia que contar y para mí es parte de su belleza.

P. ¿Cuándo eres más feliz?

R. Me encanta esa pregunta porque para mí me resulta muy fácil de responder. Sería acampada en un lugar remoto, donde no hay señales de nadie más. Esa sensación de libertad y disfrute de los grandes territorios al aire libre…

P. Aquí en Cornualles, puedes sentir algo de eso, que te pierdes cuando estás fuera de tu casa.

R. Siento que tengo un equilibrio afortunado en mi vida: vivo en la parte más hermosa del Reino Unido y el mundo está lleno de sitios con vistas más increíbles y gente con las vidas más increíbles que conoceré. Y al final de ese viaje, estoy feliz de volver a casa de nuevo porque vivo en un lugar que también es igual de hermoso y está junto al océano.

Tiffany Coates también trabaja como guía independiente.

P. ¿Disfrutas en esos viajes compartiendo tus experiencias con otros?

R. Me costó adaptarme a la mentalidad de guía. Cuando me ofrecieron el trabajo, dije: ‘Oh, no, gracias. No estoy segura de que sea para mí’, pero, después, con los años y los viajes, he comprendido que sí era un trabajo para mí, compartir mi pasión por los viajes y encender el entusiasmo en los demás, ya sea en el ‘camino a la muerte’ en Bolivia o cruzando un desierto de África y viendo a la gente experimentar y disfrutarla al mismo nivel que yo la disfruto y ver ese entusiasmo en la cara de las personas.

P. Entonces, ¿cuánto tiempo crees que podrás continuar con esta maravillosa vida?

R. Nunca digo nunca. Voy a seguir mientras quiera y pueda y quizás, cuando llegue a mis setenta u ochenta y tal vez me sea un poco difícil mantenerme derecha y que sea un poco pesado sostener mi moto, la cambie para seguir pilotando.

P. ¿Cuántas personas han tratado de comprártela?

R. Bastantes a lo largo de los años; de hecho, en los EEUU la querían para un museo de BMW, pero les dije que todavía estaba a mitad de camino de mi viaje, así que tendrán que esperar a que lo termine y entonces los avisaré.

Cuando se me agote la curiosidad. El año pasado, por ejemplo, me fui a Borneo para satisfacer mi curiosidad por la gente en las selvas y la belleza de la isla… Siempre hay más lugares por los que siento esa llamada de la curiosidad.

Podcast completo de la entrevista en inglés:

🔊 Spotify: https://spoti.fi/2NbROf8

🔊 Apple Podcast: https://apple.co/3efHfnl

🔊 Deezer: https://bit.ly/3fFYpL6

Deja tu comentario