‘MANUAL DE AVENTURA OVERLAND’, EL LIBRO PARA LOS AVENTUREROS

Por Miquel Silvestre
Acaba de salir la tercera edición de mi libro ‘Manual de aventura overland’, el único libro técnico escrito en español para preparar grandes expediciones en moto, y he seleccionado algunos pasajes para celebrar la buena noticia y que así podáis haceros una idea de lo que han encontrado los miles de lectores que lo han leído en el año que lleva publicado.

El mundo es un lugar maravilloso y vale la pena conocerlo. Y más si se puede hacer palmo a palmo, kilómetro a kilómetro sobre un medio de transporte que controlas tú. Eso es lo que se conoce como viaje ‘overland’, o sea, cuando te desplazas con tu vehículo sobre la tierra, ya sea en un coche, una bici o aún mejor, una motocicleta. Esta modalidad de viaje supone vivir una gran aventura. Porque aventura es sinónimo de incertidumbre. En el viaje ‘overland’ todos los días surgen una serie de problemas de mayor o menor envergadura que hay que superar imperativamente para seguir avanzando. Y de eso se trata, porque lo que el verdadero aventurero persigue es demostrarse que puede enfrentar sus problemas y resolverlos por sí mismo.

No te preocupes pensando que no tienes todavía el dinero o el tiempo necesario. Para dar la vuelta al mundo en moto solo hacen falta dos cosas: ganas de viajar y una moto. Si se tiene eso, lo demás acaba llegando. El dinero, el tiempo, el valor para comenzar la aventura… Todo eso que hoy no tenemos y a veces creemos que no llegará nunca, lo lograremos si en realidad tenemos verdaderas ganas de viajar en moto. Soy de los que opinan que cuando realmente deseamos algo todas nuestras decisiones conscientes e inconscientes nos dirigen hacia ese objetivo hasta que lo alcanzamos o lo hacemos posible.

Este libro está pensado por y para esos locos sobre locos cacharros que quieren vivir una gran experiencia fuera de su zona de confort, para acabar su travesía conociéndose mejor a sí mismos que cuando empezaron su viaje. Porque es la presión que soportamos lo que nos revela quienes somos en realidad. No te ofendas, pero si eres de los que buscas confortables viajes de placer por carreteras bien asfaltadas que te lleven de un buen restaurante a un hotel con encanto recomendado en las guías turísticas, puedes dejar ahora mismo este libro donde lo has encontrado. No es para ti. Este manual es para aquellos tipos raros que quieren llegar extenuados al final del camino, cubiertos de polvo, barro y experiencias para decirse: ¡Diablos, menuda aventura!

¿Por qué somos aventureros? Quizá porque nos resistimos a envejecer. Durante el gran viaje nunca un sitio es igual que otro. No hay día sin su miedo ni sin su euforia. No hay jornada en la ruta que no esté llena de vida. Nacemos niños, pero pronto nos dicen que debemos dejar de jugar para ser hombres de provecho, trabajar en la cadena de montaje y repetir cada día la misma rutina. Cuando nos queremos dar cuenta, somos adultos y apenas nos hemos enterado de que estábamos siendo jóvenes. Por eso creo que algunos necesitamos tanto viajar. Aventurero es quien persigue el fantasma de las emociones jóvenes.

El aventurero se encuentra a sí mismo fuera de la “Burbuja Occidental”. Este concepto es más inmaterial que geográfico y se refiere a esa privilegiada parte del mundo donde el desarrollo económico es alto y provee a toda la sociedad de elevados estándares de consumo, bienestar e infraestructuras viarias. No hace referencia a la justicia intrínseca de esa sociedad sino al despliegue material disponible. Se trata de Estados ricos y con sólidos sistemas legales y administrativos.

Los Estados Unidos de América, por ejemplo, pueden ser considerados para los estándares europeos como una sociedad injusta en la medida en que su darwinismo social deja mucha gente en el arroyo, pero las carreteras, urbanismo, servicios públicos de limpieza o iluminación están ahí para todos y son de alta calidad. Sus leyes pueden ser draconianas, pero son claras y se aplican por tribunales independientes. Sus policías pueden ser duros y hasta violentos, pero no son corruptos y están sometidos a tribunales ordinarios y al escrutinio público.

Dentro de la “Burbuja” se encuentra Europa occidental, algunos países de Europa oriental, casi todo Estados Unidos, Canadá y Chile, y las zonas costeras y urbanas de Australia y Nueva Zelanda. Excluyo porciones de países desarrollados de la seguridad de la “Burbuja” porque hay determinadas áreas que por su lejanía, extensión o aridez permanecen en las afueras de la cúpula protectora, como ocurre con la mayor parte de Alaska, la Patagonia austral, los territorios del norte canadiense o el ‘outback’ australiano. Viajando por esos parajes, aunque estemos bajo soberanía de un estado moderno, encontraremos los mismos problemas que podríamos tener en el interior del Sahara, Siberia o el Gobi.

La llamo “Burbuja Occidental” por su pequeña dimensión en comparación con el tamaño del planeta Tierra. Apenas representa un 20% de la población mundial, aunque consuma el 80% de los recursos. Los habitantes de la “Burbuja”, sobrealimentados, superprotegidos e hipersensibles creemos ser el centro de la balanza, pero en realidad somos una anomalía en el planeta. La inmensa mayoría de la población mundial vive en condiciones que a los occidentales se nos harían intolerables. Condiciones duras pero que son la expresión más pura de la normalidad. Aunque no lo creamos, los normales son ellos viviendo al día, y no nosotros generando tejido adiposo como enfermedad de tanta sobreabundancia como nos rodea. Por eso hay que salir fuera de la “Burbuja”, para comprender por fin tu verdadero papel en el mundo y la suerte inmensa que has tenido por nacer en un tiempo y un lugar privilegiados en el espacio y en la Historia.

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