MOTO AVENTURA EN COLOMBIA

Por Agustín Ostos
A mayor velocidad de lo que habría debido, fui avanzando por los llanos orientales colombianos en dirección Saravena, donde unos kilómetros después empezaría el camino de tierra montaña a través.

Pero lo que yo no sabía es que el mismo día que pernocté en Tame, el 10 de enero, hubo un atentado del ELN, el Ejército de Liberación Nacional, la guerrilla más activa de Colombia, lo cual provocó que el Ejército colombiano estuviera desplegado por toda la ruta que aquel día Soy Tribu, en su profunda ignorancia, estaría tomando. Dicen que ojos que no ven, corazón que no siente. Pero mi corazón suele sentir todo demasiado. Muchas fueron las veces que me explicaron el conflicto armado, y como extranjero en moto en un país tan hermoso no podía evitar preguntarme por qué los humanos siguen manchándose de sangre las manos.

Chacho, es que una cosa es leer los problemas del mundo en el periódico y otra, muy distinta, comenzar a verlos con tus propios ojos. Pero bueno, había llegado el momento de subir y bajar montañas. Había llegado el momento de jugar con cada curva y sentir un poquito de adrenalina. Había llegado el momento de ser parte viva del camino. Había llegado el momento de vivir el momento, y nada más.

Durante esta ruta tuve un pensamiento muy presente: nada te obliga a estar aquí, pues si quisieras haber ido por asfalto podrías haberlo hecho. Por tanto, no puedes quejarte de nada de lo que te pase. Ni de la temperatura, ni del terreno, ni de la posibilidad de que te cruces con alguien vestido de verde. Por supuesto que todo esto podía suceder. De hecho, estaba sucediendo. Pero entonces recordé el poder de la mente. Ese poder que, como todo en la vida, puede ser utilizado para bien o para mal. Y claro, partiendo de la base de que yo estaba allí para disfrutar… la decisión estaba tomada. El resultado podéis verlo aquí:

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