DE PORTUGAL A PORTUGALETE CON LA BMW R 1250 RT. MOTOS, BARCOS Y CRÓNICAS

Por Willy Sloe Gin
Llegado a la tercera y última parte del viaje reflexiono sobre el tono y género con el que he venido contando tanto kilómetro y también alguna que otra milla náutica. Distintas son las definiciones que intentan explicar este género literario o periodístico que es la crónica.

Dependerá de cada cual escoger entre unas u otras en función de dónde crea estar situado. Periodismo, literatura… Es para mí una amalgama de ambas con un tercer ingrediente añadido. Porque la crónica para serlo debe ser a un tiempo veraz y subjetiva, inmediata y extemporánea, periodística y literaria, o dicho de otro modo, contradictoria en sí misma por la subjetividad de quien ha vivido los hechos y veraz por la objetividad necesaria de la que pretende nacer.

A esta crónica le falta una pata de la trébede que la sujeta, la inmediatez. Será y es por haber sido escrita cien días después de lo vivido, cuando detrás de cada curva se adivinaba el desastre que se nos venía encima.

Pero partimos para sentir y contarlo luego, aunque se detuviera el tiempo, aunque nos acompañaran sentimientos a los que no queramos volver, que nos cayó encima la relatividad más cruel y sangrante.

Maravillosamente acompañados por la BMW R 1250 RT dejamos atrás Portugal (no me cansaré nunca de cantar las virtudes de esta moto…). Volvimos a entrar en España por Salamanca, por Fuentes de Oñoro para hacer noche en Ciudad Rodrigo y puestos a barlovento al día siguiente, agarrar el camino hacia Francia no sin antes hacer altos en Bilbao y San Sebastián. Todo con la felicidad que te proporciona conducir esta moto de “par infinito” y el desasosiego que sabía iba a traer esta crónica también anunciada.

Entre Bilbao y San Sebastián nos esperan tres maravillas que miran hacia la Mar y que acompañan a los que andan allá afuera, los faros de Lequeitio, Zumaya e Igueldo. Triángulo perfecto con una luz en cada uno de sus vértices. En Ellos agarramos el sosiego ganado luego de tantas horas de moto, que las paradas estaban empapadas en soledades de gentes que intuían lo que algunos no querían o no se atrevían a ver.

Vimos nosotros los dos lados del espejo. Pero el cronista se debe a su oficio como el viajero a lo que encarte, de modo que, entre la tierra y el salitre, seguimos recorriendo la Costa Vasca con la mejor de las compañeras. (RT)

Se cerró España, Europa y medio mundo antes de poder volver a casa. Pero volvimos. Eso sí, con esa sensación apocalíptica de transitar por carreteras y caminos desiertos, tristes. Parece que después de tanto tiempo y sacrificio van cambiando las cosas. Esperemos que nos invada la cordura y no tengamos que volver a la tormenta. Si es así, Dios no lo quiera, lo seguiré contando desde la subjetividad del cronista, desde la soledad del viajero.

Se cumple ahora el V Centenario de la primera vuelta al mundo. Fue Magallanes quien intentó circunnavegar el globo sin conseguir acabar la faena. En Filipinas, llamadas hasta entonces Islas de San Lorenzo muere Fernando de Magallanes. Agarró el testigo Juan Sebastián de Elcano para arribar en Sanlúcar de Barrameda casi tres años más tarde. Partieron más de doscientos cincuenta hombres y cinco naos. Llegaron dieciocho hombres famélicos y enfermos a bordo de un solo barco. Llegó lo peor al final, como casi siempre. Ya bordeado el Cabo de Buena Esperanza la enfermedad y miles de calamidades más asolaron la poca flota que quedaba.

Aquel éxito no exento de tragedia contó cómo no, con su cronista. Escribo un apunte de su relato mucho antes de llegar a las costas del Senegal.

“La galleta que comíamos ya no era más pan sino un polvo lleno de gusanos que habían devorado toda su sustancia. Además, tenía un olor fétido insoportable porque estaba impregnada de orina de ratas. El agua que bebíamos era pútrida y hedionda. Por no morir de hambre, nos hemos visto obligados a comer los trozos de cuero que cubrían el mástil mayor a fin de que las cuerdas no se estropeen con la madera… Muy a menudo, estábamos reducidos a alimentarnos de aserrín; y las ratas, tan repugnantes para el hombre, se habían vuelto un alimento tan buscado, que se pagaba hasta medio ducado por cada una de ellas… Y no era todo. Nuestra más grande desgracia llegó cuando nos vimos atacados por una especie de enfermedad que nos inflaba las mandíbulas hasta que nuestros dientes quedaban escondidos…”

Antonio Pigaffeta. Cronista de la Expedición.*

Cuando se publique esta nueva entrega de la Newsletter de BMW Riders, andaremos ya metidos en faena. Iremos a buscar cuatro Luces que faltan en la costa almeriense. Allá nos espera Mario Sanz, farero de Mesa de Roldán con el que pasaremos días por la costa y noches en su faro. Y nos llevará la BMW R 1250 HP Adventure.

Entonces, pararemos para acabar de dar forma al próximo libro. Entre la luz y la sal, Faros de España y Portugal. Y luego seguir viajando, seguir viviendo…

Motos, barcos, viajes y cronistas… A pesar de todo, la felicidad completa.

*Fragmento del libro ‘Las fronteras imperfectas’. Chiado Editorial.

Mi agradecimiento a: BMW Motorrad España, Movilnorte BMW Motorrad, TRImotos, Pousada de Mafra, Autoservicio del Motorista, QuintaMarcha.com y a todos los que viajan conmigo.

5 Respuestas para “DE PORTUGAL A PORTUGALETE CON LA BMW R 1250 RT. MOTOS, BARCOS Y CRÓNICAS”

  • Enrique dice:

    Muy interesante y muy bien escrito, da gusto leer estos relatos

  • Jálama dice:

    Siempre consigues que el lector inicie su propio viaje. Enhorabuena por la crónica, esperando ya la siguiente 🙂

  • Lucicas dice:

    Una mezcla apasionante de cultura, literatura,geografía,experiencia de vida… y lo más importante,saber transmitir todo sin ir a ningún sitio.Leer unas líneas y sentir que estás con Willy y su BMW.Poder disfrutar de paisajes y kilómetros desde tu propia ventana.
    Tus palabras son importantes para todo aquel que necesite irse de viaje,desconectar,conocer otros mundos y maneras. GRACIAS.

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