ELSI RIDER: “QUIERO LLEGAR A SER UNA VIEJECILLA CON HISTORIAS QUE CONTAR”

Por José Mª Alegre
Tenaz, tozuda y valiente, pero siempre con una palabra amable y una sonrisa en los labios, y, sobre todo, “con ganas de vivir”, así es Elsi Rider, motoviajera que ha visitado con Lusi, su BMW F 700 GS, más de una veintena de países. Sostiene que el acceso de la mujer al mundo de la moto “por desgracia no está normalizado”. Pero ella va y viene con su BMW aplicando una frase que define su camino vital: “Quiero llegar a ser una viejecilla con historias que contar”.

Elsi Rider (León, 1972, “aunque me he criado toda la vida en Galicia, por lo cual me considero ‘galegoleonesa’ -dice riendo-, y ciudadana del mundo de corazón”, apostilla), es una rider que rebosa optimismo, alegría y vitalidad, tanto que contagia su buen rollo a quien se acerque a ella para charlar o simplemente para saludarla, porque esta mujer no rehúsa a nadie y para todos tiene un gesto cordial, una conversación interesante. Empática por naturaleza, Elsi no concibe su existencia sin la moto, porque para ella “es vida, es alegría, es respirar, es libertad, liberación, es un equilibrio para mí”.

Y si la moto es para Elsi vida, Lusi, su BMW F 700 GS, es todo, tanto que asegura que “BMW tiene que sacar la marca Lusi -dice riendo a carcajadas-. Para mí es un ente, alguien con quien hablo en los viajes, es más que una moto; vale, es algo inerte, pero para mí ha cobrado vida a través de los viajes; cada arañazo tiene su historia, cada cosa que tiene la moto tiene su antes y después, de verdad, BMW debería sacar la marca Lusi”, recalca, y vuelve a reírse, algo que no faltará en toda la entrevista.

Esta Embajadora de BMW Motorrad España, que muestra su “satisfacción enorme por representar a una marca que me ha dado tantas alegrías”, ha visitado con Lusi un montón de países, tantos como 21, y es posible que se le quede alguno en la punta de la lengua al nombrarlos de memoria y a bote pronto, destacando por su lejanía y complejidad en acceder a ellos, “Georgia, Armenia, Azerbaiyán, Uzbekistán, Kazajistán, Rusia, Transnistria, Moldavia, Omán, Emiratos Árabes, Arabia Saudí, la parte del desierto que conseguí pasar, Irán, India y Turquía”, recita la motera.

Tal es la actitud positiva de esta mujer que el confinamiento que todos hemos sufrido (y seguimos en ello, aunque con más libertad debido a la desescalada con las diferentes fases de cada provincia y/o Comunidad) debido a la crisis sanitaria por el Covid-19, lo ha vivido “bien, desde el primer momento me resigné. También es cierto que yo tengo cierta práctica en esto, porque cuando estuve en el hospital un mes en coma y otro más en planta, quieras que no, ya tienes ahí una parte de práctica. Así pues, desde el primer momento decidí, que, como en todas las cosas de la vida, había dos opciones, la buena y la mala, y opté por la primera, la mejor, que era llevarlo con optimismo, intentar inyectar un poco de ilusión a la gente que estaba más decaída y, por supuesto, saber que de esto saldremos y espero que más reforzados”, confía.

Y es cierto que Elsi durante los tres meses de pandemia no ha parado de transmitir ilusión, animo y esperanza en los sucesivos vídeos suyos que ha ido subiendo a las RRSS en las que tiene un ingente número de seguidores.

Pregunta. Tú, además de ser tozuda en tus propósitos, eres optimista por naturaleza.

Respuesta. Sí, la verdad que sí, soy tozuda y optimista. Yo creo que la vida me ha enseñado a ser optimista. Al final, te enfrentas a cosas, porque éstas van a pasar, y la actitud con la que las enfrentes cambia su enfoque y hacerlo con optimismo es un plus, porque te da fuerza para empujar más por todas las cosas de la vida. Es así de sencillo.

P. ¿Has viajado mucho con Lusi en sueños estos meses de confinamiento?

R. Sí, lo he hecho, y he bajado al garaje y me he dado una vuelta en pijama y katiuskas y un vecino apareció en ese momento y todavía alucina. Sí, la he echado de menos, date cuenta qué tenía pendiente el viaje a África, que era mi décima celebración por los diez años de vida que ésta me ha regalado y que cumple ese tiempo (Elsi se refiere a esos dos meses que pasó en el hospital antes citado, en los que a punto estuvo a punto de perder la vida como explicará más adelante) y para celebrarlo iba a recorrer muchos países de África y ahí se ha quedado aparcado el proyecto. Además, qué curioso, en pleno confinamiento empecé a recibir mapas de todos los países que iba a visitar y entonces sí he soñado mucho con Lusi, pero, sobre todo, he recordado los buenos momentos. Tengo que reconocer que cuando tenía un día malo, porque todos los hemos tenido en algún momento de este período, he buscado un vídeo, alguna aventurilla y me animaba y decía que ‘el mundo es muy bonito y algún día volveremos a cabalgar juntas, Lusi’.

Este viaje africano conmemorativo de ese décimo aniversario de vida que Elsi tenía programado, la iba a llevar a “Israel, Palestina y Jordania, luego atravesaría Egipto, bajando por el Nilo, para pasar a continuación a Sudán, Kenia, Yibuti, Eritrea, Etiopía y Tanzania. Iban a ser tres meses de viaje que, de momento, queda parado porque las informaciones de allí no son muy buenas, pues la pandemia se está extendiendo por el continente africano y me imagino que en dos años no se podrá hacer nada… Iba a partir a primeros de septiembre desde los BMW Motorrad Days en Sabiñánigo… (también cancelados). Bueno, ahí queda pendiente el viaje, que iba a ser el más largo. Cuando pase todo esto”, comenta resignada.

P. ¿Qué ha cambiado de esa motoviajera que se fue a India, pasando por Irán, lo que te valió figurar en la Wikipedia en letras de oro como la primera mujer española en cruzar en moto ese país y la segunda del mundo, por detrás de la británica Loys Price, haciendo 22.000 kilómetros en dos meses, en 2016, que hay, repito, de esa Elsi a la actual?

R. ¡Ostras, qué pregunta, ‘más pillao’! Yo creo que sigo siendo la misma persona, quizás veo todo eso desde otra perspectiva diferente y me he dado cuenta de lo maravilloso que es el mundo, que no hay frenos cuando quieres descubrir. Pero creo que no he cambiado nada, porque sigo poniéndole la misma ilusión en cada viaje que hago, como el primero a India. Todo es novedad, todos son por algo, todos tienen un fin… Quizás tengo más experiencia, obviamente, a la hora de conducir y a la hora de meterme en berenjenales; tengo más conocimiento de mi moto, de cualquier ruido que haga, y yo… No sé, quizás sea más humilde, en el sentido de que cuanto más conoces más cuenta te das de lo que te queda por descubrir, es que me haces una pregunta muy difícil -concluye sonriendo-.

P. Qué país de los visitados te he dejado una huella más profunda.

R. En mi primer viaje fue Irán, pero tengo que decir que el ‘top’ de todos los que he hecho ha sido este último a Arabia. Primero, por conocer la guerra tan de cerca y después Omán, que me gustó mucho por esa mezcla de inmigrantes de Zanzíbar, país del que son originarios sus habitantes. También Arabia, que me pareció fascinante. Pero el que más me ha gustado ha sido Irán, a pesar de las dificultades que he tenido en este último viaje, pero me sorprendió mucho y me sigue sorprendiendo, porque cuando ves todas las noticias que llegan de allí y luego conoces a la gente in situ, sorprende mucho, y así lo corroboran todos los que van a ese país.

P. ¿Crees que tenemos tendencia a prejuzgar a la gente y luego nos sorprende una vez la conocemos?

R. Desde luego, así somos los seres humanos. Prejuzgamos sin ton ni son y luego, cuando los conoces, no tienen nada que ver con lo que habías pensado. Siempre es mejor no hacer juicios anticipados y conocer a las personas, conocer los países.

P. Debido a un error médico, tuviste un fallo multiorgánico que casi te cuesta la vida, incluso viste el famoso túnel de luz blanca y creíste que te morías, estando ingresada en el hospital dos meses, como has contado. Pero esa experiencia tan tremenda cambio tu vida y no para mal, precisamente.

R. No es que creyera que me moría, sino que yo vi que me memoria, porque algo de lo que tiene ese túnel es que sabes que te mueres. Y sí, mi vida cambio por completo, porque, siempre lo digo, de repente empezó a ser importante lo que es importante, que es lo más cercano: una conversación con un amigo, esos sueños que tenemos pendientes que parecen tan lejanos, que son tan tópicos, pero son los que dan sentido a nuestra vida. Si sueñas cinco, harás dos, si no sueñas nada, no harás ninguno. Y sí, me dio el arranque suficiente como para cumplir ese sueño que tenía, mi primer viaje a India, animarme, liarme la manta a la cabeza y hacerlo. Desde luego, un suceso así te da una perspectiva diferente y ahora, por ejemplo, con el Covid, mucha de la gente que ha salido de esta enfermedad, al entrevistarla lo dice, que a partir de ahora la vida será más vida, que fue lo que yo dije. La vida es más vida cuando me di cuenta de que me había dado una segunda oportunidad y que tenía que aprovecharla. Sí, mi vida cambió y cambió para bien.

P. ¿Y cómo sería la Elsi actual si no hubiera ocurrido aquel episodio? 

R. Una chica que tendría tres o cuatro trabajos, que no podría hacer grandes viajes porque estaría agobiada con reuniones de trabajo y cuarenta mil excusas más, supongo que llegaría a ser eso, una viejecita que no tendría estas historias que contar.

P. La alegría al irte y la tristeza al volver, ¿esos son los sentimientos que te embargan en el inicio y final de cada viaje?

R. Tengo la alegría siempre de irme y la incertidumbre de lo que me voy a encontrar. Cuando llego también tengo alegría, porque yo soy mucho de tener ‘campo base’, de tener a mi grupo de amigos, a mi grupo de gente a la que abrazar, esta cosa que ahora suena tan rara, pero también con cierto pesar, porque cuando estás entrando en el garaje, dices, ‘¡buf!, qué pena, ya se ha acabado todo esto’. Pero según estas retornando al ‘campo base’, ya vas pensando en la siguiente aventura. O sea, que tampoco es una pena muy profunda, sino un ¡continuará!

P. Y dónde se disfruta más, en el viaje o en el destino.

R. Para mí hay tres partes, el antes, el durante y el después. Yo, personalmente, disfruto mucho en el antes, porque empiezas a soñar con lo que quieres ver. En el durante, porque lo estás viviendo in situ y en el después, porque son los recuerdos que te quedan, pudiendo repasar vídeos que te vuelven a llevar a ese lugar. Yo creo que lo más maravilloso de hacer viajes es eso, qué viajas tres veces.

Para Elsi, la mujer y la moto es un binomio tan indisoluble “como el hombre y la moto. Yo creo que ya hay que pasar de este tema, a los hombres que no les guste la mujer en la moto, pues que miren para otro lado, ¿no?  A la mujer se nos debe valorar en este aspecto no por ser rubias o morenas, sino por lo que estamos haciendo en cualquier disciplina en el mundo de la moto, en mi caso mototurismo. Creo que se nos debe valorar por ser capaces de hacer las mismas cosas que cualquier otra persona que vaya en moto”, defiende la motoviajera.

P. ¿El acceso de la mujer al mundo de la moto está totalmente normalizado?

R. No, por desgracia creo que no está normalizado, y por desgracia también creo que las mujeres seguimos siendo de segunda división, como en muchas parcelas de la vida. Pero bueno, yo es algo que hago por devoción, entonces los hombres que me puedan mirar por encima del hombro, pues me da un poco igual, no sé si esto es correcto decirlo o no, porque todo lo que hago lo hago por mí y luego me encanta compartirlo con todos y agradezco mucho a toda esa gente que viaja conmigo siguéndome en las RRSS. Yo no sé si es la edad, pero ya llega un momento como que estas cosas te resbalan un poco. Me gustaría que a las mujeres moteras se las valorara no por ser féminas, sino por lo que están haciendo, sin comparar con los hombres.

P. Qué debería hacerse para que haya esa normalización.

R. A lo mejor que haya menos envidias, punto número uno. Y que los hombres dejaran de vernos como esa mujer débil que va moto. Hoy por hoy, la maña vale más que la fuerza y todo el mundo puede desenvolverse en las mismas situaciones de una forma u otra y por supuesto los hombres que creen que el de la moto es un mundo exclusivo para ellos, que empiecen a dar un enfoque diferente a todo esto.

P. La sociedad española como ve a la mujer motera, en general.

R. Yo creo que con admiración, aunque en algunos sectores se nos vea como las secundarias, pero el resto de la gente nos ve con admiración, porque ven que estás viajando en mi caso sola, haciendo frente a un montón de cosas y situaciones sin más medios que los que llevas encima, como las cámaras para transmitirlos. Yo me he encontrado a gente que me admira y me valora por lo que hago.

Encandilamiento que Elsi levantó en alguno de los países visitados, como en “Irán y también en Omán, allí fue extraordinario, pero el más sorprendente en ese sentido fue Irán, porque las propias mujeres del país, cuando me veían llegar en mi moto, me veían como una liberación para ellas, como un ‘ojalá podamos llegar a ser como esta mujer europea que va en moto sola algún día’”, afirma.

P. El año pasado, cuando fuiste a la península arábiga, estando en Turquía, junto a Siria, viste la guerra de cerca por las detonaciones de las armas y de las bombas que escuchaste. ¿Cuál fue el primer impacto que tuviste al oírlo?

R. Una mezcla de miedo y de curiosidad, porque la parte turca lo veía con normalidad absoluta, como si no fuera con ella; era una guerra que estaba allí, al lado de los turcos, pero no tenía nada que ver con ellos, y yo con el corazón helado al escuchar los disparos sabiendo que en ese momento se estaban perdiendo vidas humanas y bien cerquita de mí. Fue una mezcla de sensaciones, por un lado, mucha tristeza por eso, por saber que se estaba muriendo gente allí al lado y, por otra, la indiferencia de un turco junto a mí removiendo su té como si la cosa no fuera con él. Reconozco que aquello me quitó el sueño esa noche porque me sobrecogió. Y luego, el miedo cuando rodaba entre la frontera de Turquía, Siria, Irán e Irak. De hecho, tuve que pasar por continuos controles militares rodando por la montaña y de repente uno de esos controles me para y me dice que estoy en zona de terroristas y me enseña las fotos de unos terroristas muertos que ellos habían abatido allí. En aquel momento se me espigó todo el cuerpo y pensé que debajo de la nieve tenía que haber restos humanos con seguridad. Tiré con la moto, con la noche que me caía encima, atravesando poblaciones donde la gente salía a mi encuentro sin saber muy bien por qué, y se me puso un nudo en la garganta.

Los próximos planes ruteros de Elsi pasan por nuestro país. “Quiero recorrer las Islas Canarias en moto, porque siendo España, están muy apartadas, y creo que sería bonito darles un poco de protagonismo y me apetece mucho visitarlas en moto. Esa es la idea más inmediata y, por supuesto, África pendiente para cuando se pueda”, desvela.

Nuestra protagonista asegura que para hacer lo que ella, ir sola por el mundo con su moto y enfrentarse a lo que salga, no es necesario tener un valor especial, sino “tener ganas e ilusión por vivir, dar el primer paso, el segundo, el tercero y luego ya viene todo en bajada”.

Reconoce que cuando conduce canta bajo el casco, “sí, a veces, pero, sobre todo, hablo con Luis, va a parecer de locos, pero muchas veces lo hago. (¿Y te ha contestado alguna vez? Le pregunto riendo yo esta vez). Bueno, no me ha contestado de palabra, pero, por ejemplo, en Rusia, cuando nos caímos en un barrizal, le dije: ‘Lusi, a ver, tenemos que salir de aquí’ y le di dos palmaditas y no me habló, pero yo entendí que me estaba diciendo un sí y salimos de allí -vuelven las sonrisas -. Cuando estoy metida en algún berenjenal, le doy dos palmaditas y le digo eso, que vamos a salir de aquí. ¡Van a pensar que estoy loca! Yo creo que tengo un vínculo especial con Lusi, el día que le robaron el retrovisor me dolió, pero más que por mí, por ella, ‘¡quién ha osado tocar mi Lusi’, exclamé!”, reconoce Elsi.    

Y yo pregunto, querido lector, ¿quién de ustedes, riders, no ha hablado con su moto o rogado en alguna situación comprometida, por ejemplo, buscando una gasolinera desesperadamente con la reserva bajo mínimos? El hecho de ponerle nombre a la montura es para poderla nombrar como si de una persona se tratara y de ahí a la plática con ella, media un paso.

P. ¿Qué es lo que más temes en un viaje?

R. La verdad es que no temo nada, si no lo puedo hacer, me vuelvo y siempre digo que lo he intentado, que para mí ya es suficiente. Pero no temo nada, todo lo contrario, pienso en lo que voy a disfrutar del viaje, qué es lo que espero de él, pero, así como temer, honestamente, nada. Si tengo una avería en cualquier parte, más o menos me la pueden arreglar; si me quedo sin gasolina, siempre habrá alguien que me la proporcione; si tengo que dormir, monto la tienda de campaña… Siempre hay gente que te echa una mano y cuanto más viajas, menos temeroso te haces a esas cosas, porque más cuenta te das de que la gente es buena y por naturaleza intentan ayudarte en todo.

Elsi tienes dos perros labradores, Luka y Sira. Hace poco, a la primera, le diagnosticaron un cáncer terminal. “Luka es la mayorcita, la abuelina, está bien, con medicación muy fuerte para que no tenga dolores. Y esperando a que llegue su momento y de alguna forma estos meses sirven para despedirme de ella, ya sabes que para mí esta perra es un angelito, porque cuando estuve tan malita me ayudó mucho, así que… es duro, pero verla bien me tranquiliza, porque no tiene dolores y estamos disfrutando las dos de ambas”, explica resignada.

P. ¿Qué consejo se puede dar a esas mujeres qué, gustándole las motos, quisieran viajar como tú haces, subirse a una moto e irse, aunque sea por España, pero no se atreven por lo que sea?

R. Que lo hagan, sin ningún miedo, que pongan primera, luego segunda, tercera y así hasta el final, que se dejen llevar, que no se sientan obligadas por nada ni por nadie, simplemente disfrutar del momento y del día a día y seguramente después de eso vendrá un segundo, tercero y cuarto viaje.

P. Enfrentarse a lo desconocido como tú haces, ¿cómo lo llamas, valor, valentía, coraje…?

R. Ganas de vivir, eso es lo que me da fuerza. Mira, Alegre, te lo digo de corazón, no tengo que demostrar nada a nadie, hago lo que hago porque tengo ganas de hacerlo, porque la vida me dio una segunda oportunidad y me comprometí con ella. Una segunda oportunidad que voy a aprovechar.

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