VOLVEREMOS A RODAR

Por Agustín Ostos
Lo echo de menos. La libertad del camino, la emoción de la ruta, el corazón bombeando fuerte mientras avanzo hacia lo desconocido; muñeca firme, espíritu vibrante y atención plena enhebrando decenas de variables al unísono.

Velocidad, frenos, inclinación, terreno, embrague, curva, recta, arena, tierra, polvo, agua, peso, cuerdas, cadena… y mi alma lubricada tejiendo todo. Y las cámaras. Y el drone que no se extravíe. Y yo que no me estampe. Y para un rato que descanse. Para que estire las piernas, charle con las ovejas autóctonas y observe el paisaje. Cierro los ojos y respiro: así veo aún mejor.

Añoro llegar exhausto a un hostal de poca monta tras ocho horas de exquisito traqueteo y deliciosas sacudidas. Devorar como un neandertal la comida que encuentre. Tragar cerveza como un vikingo y quedarme dormido al primer roce de almohada. Despertar completamente magullado y decir: ¡Joder, qué guapa la ruta de ayer! Me duele todo, pero quiero más.

Sin embargo, no hay mal que dure cien años ni confinamiento que no llegue a su fin. Por eso, riders del mundo, os digo una cosa: Volveremos a rodar, volveremos a vivir.

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