SONIA BARBOSA: “LA MOTO ME HA DADO LA VIDA, LA CAPACIDAD DE SENTIRME VIVA. LA NECESITO”

Por José Mª Alegre
Sonia Barbosa (1975) es una mujer menuda, pero decidida, morfología que, sin embargo, no ha podido con su férrea voluntad de cumplir aquello que deseaba hacer, como por ejemplo montar en moto. Pero antes tuvo que vencer sus propias negaciones, “porque muchas veces somos nuestro peor enemigo”, reconoce.

Nacida en Aveiro (Portugal), Sonia, sin embargo, se siente asturiana, pues los 42 años que lleva viviendo en el Principado le otorgan ese derecho, sentimiento, el de sentirse de un lugar, de raíces más profundas que la que otorga partida de nacimiento alguna.

Un viaje en moto que le cambió la vida

Sonia es una profesional del volante, ganándose la vida conduciendo un autobús repleto de pasajeros. Sin embargo, su pasión por las dos ruedas se remonta a poco más de una década, iniciándose a consecuencia de un viaje a Galicia en moto que la marcó tanto que ya nada sería igual. “Eso ocurrió hace once años -cuenta esta mujer de cabellos platinos-. Me encontré con una amiga qué hacía mucho tiempo que no veía y me propuso ir hasta Orense en moto y yo le dije que no, que a mí me daban mucho miedo las motos y que no me gustaban, pero logró convencerme. De hecho, antes de que yo le dijera que sí, me compro un traje motero de segunda mano por Internet que le costó cien euros (Sonia se ríe y me dice “esto, entre nosotros”). Al final dije que sí -continua- y fue una experiencia única porque cambió mi vida”.

Fue al partir cuando salió a relucir la baja estatura de nuestra protagonista, circunstancia que no ha achicado el carácter resuelto de esta mujer, pero que no es baladí, como ella misma explica. “Yo no me sabía subir ni a la moto, porque era muy alta, y mi amiga tuvo que agarrarse a una barandilla para que no nos fuéramos las dos al suelo, y estuve las cuatro horas qué hay desde Avilés hasta Orense sin bajarme de la moto, porque luego no sabía cómo subirme”.

El caso es que aquel viaje supuso un vuelco en la vida de Sonia, que pasó de no gustarle las motos a tener tres, una naked, la primera, a la que siguió una deportiva, y la actual, su querida Trailera, una BMW F 650 GS con la que va y viene, casi sin descanso, desde hace cinco años. “Trailera se comporta muy bien -asegura-, me encanta, es parte de mí; yo no concibo mis viajes en moto sin mi BMW, por eso este último viaje a Kirguistán me costó un poco más hacerlo con otra moto, la que alquilé allí, porque transportar a Trailera hasta allí me suponía mucho dinero, debiendo renunciar a ella, y como me costeo yo los viajes, no me alcanzaba para llevármela”, reconoce nuestra rider.

El problema de altura de Sonia con las motos lo ha superado con su BMW, pero no con otras, “cada vez que quiero probar una, no puedo, porque son demasiado altas y eso me resulta muy frustrante. Cuando compré las que tuve, les rebajé la suspensión, el asiento y después ya pude llevarlas”. A este problema se añadía un segundo, la vergüenza de “montar un número” al subirse a la moto, problema que, con el tiempo, ha superado, “sí -dice ella-, ahora soy una sin vergüenza”, señala con una gran carcajada. “La vergüenza es algo negativo porque te pierdes muchas cosas, aunque, en realidad, a mí me ha ayudado a ir sola en mis viajes porque no quería ir con otras personas pues al bajarme de la moto se me caía muchas veces y eso me daba mucho sofoco”.

Cien mil kilómetros con Trailera

Sonia no tardó en comprobar que aquello no la conduciría a nada positivo, “me di cuenta de que estaba perdiendo muchas cosas, muchas oportunidades, que tenía que estar esperando a alguien para que me sacara la moto del garaje, pues yo no me atrevía a hacerlo sola. Harta de esperar a que pasara alguien, como hacía cada vez, me decidí a hacerlo yo. Ocurrió que se me cayó en la rampa del garaje alguna vez. Incluso en una ocasión, cuando iba a trabajar a las 5:30 de la mañana, me pasó eso, la moto se quedó en el suelo en mitad de la cuesta, y salí a la carretera intentando parar algún coche; finalmente, fue un chico, también motero, el que me ayudó. Pero nunca he dejado de coger la moto porque se me cayera; y sí, se me cayó unas cuantas veces”, apostilla.

Sonia lleva hechos con Trailera cerca de 100.000 kilómetros, aunque el viaje más bonito no lo ha hecho con ella, qué ha sido el de Kirguistán, “seguramente por la interacción con la gente -asegura-; el de Alaska me gustó muchísimo y creí que nada iba a superar ese viaje, pero este ha sido, a nivel personal, muy fuerte, porque he conocido una cultura nueva, todo era muy nuevo para mí. Alaska, Canadá, Estados Unidos (lugares que ha recorrido con Trailera), no dejan de ser países parecidos al nuestro; sin embargo, Kirguistán, me ha aportado muchas cosas. He pasado tanto miedo en este viaje, que, una vez superado, me dije que ‘si he podido con esto, puedo con todo’. De hecho, lo he puesto en la contraportada del libro”.

El libro al que se refiere, del que es autora, el segundo ya en su bagaje como escritora (su primer libro, ‘Alaska, en moto hasta la última frontera’, se publicó en 2018), lleva por título ‘Kirguistán. En moto por el paraíso de los nómadas’, con prólogo de Domi García y editado por Círculo Rojo. La obra recoge la aventura de esta rider valiente por el país asiático y que tuve el honor de prologarlo en una sala abarrotada del Centro Riojano cuando Sonia lo presentó en Madrid ante seguidores y amigos.

Es en el libro donde Sonia explica los momentos de temor en su viaje a Kirguistán y que me contó en Cantalejo, localidad segoviana a la que acudió para asistir a ‘La Leyenda Continúa’, concentración invernal en la que promocionó su segunda obra. “Miedo -prosigue la rider- porque me encontré sola en situaciones complicadas; una noche incluso dormí mal porque no sabía cómo podría sacar la moto de dónde la había metido al día siguiente. Me decía, ‘a ver quién me ayuda mañana’, y la saqué con ayuda. En otra ocasión, eran las siete de la tarde, ya de noche, estaba lloviendo y no tenía dónde dormir y no quería seguirdando vueltas en esas circunstancias y me puse muy nerviosa. De repente, me encontré en una estación de autobuses en Tokmak, una de las ciudades más peligrosas de Kirguistán, y estaba ahí pensando ‘¿qué hago?’. Al final, una aplicación me señaló un hotel a 8 kilómetros. Fui hacia allí y resultó ser un edificio qué parecía abandonado, con los cristales rotos, el camino de entrada en mal estado, con baches de enormes charcos y para entrar con la moto me las vi y deseé, pero me metí y pasé la noche en aquel lugar”, desvela.

Admiración a la rider en Kirguistán

Pregunta. ¿El hecho de ser mujer te facilita las cosas o todo lo contrario?

Respuesta. A mí no me supone ningún impedimento a la hora de viajar, ni tampoco me las dificulta. En el autobús, por ejemplo, tengo que escuchar muchas veces ‘¡uf, nos lleva una mujer!’, pero, como ya estoy acostumbrada a esos comentarios, me dan igual. Y resulta que en Kirguistán, en vez de tener rechazo, sentí muchísima admiración por parte de las personas con las que me encontré. Para ellos, yo era como una diosa, porque no están acostumbrados a ver mujeres en moto. Me acuerdo que llegue a un ‘hostel’, y al verme la señora me dijo ‘cuando te vi con la moto y tan pequeña…’. Pero se portó muy bien y le he mandado el libro en agradecimiento por todo lo que me ayudó. La verdad es que desperté mucha expectación allí donde fui, los niños se ponían a mi alrededor, sacaba una foto a dos chavalines y enseguida llegaban diez más porque querían salir todos. Me trataron muy bien, y en cambio en Alaska, nada de eso ocurrió.

A Sonia, la moto le ha dado “la vida, la capacidad de sentirme viva, de vivir. La necesito. Y Trailera es la moto perfecta. Tengo muchas amigas que me llaman loca por todo lo que hago. Que si te puede pasar algo, que si un accidente, que si tal… En el libro he puesto una dedicatoria a una de ellas en la que digo ‘Recuerda que necesito esto para sentirme viva’, porque sin la moto, estos viajes no serían lo mismo. Como te decía, Kirguistán me ha gustado mucho, porque además de la moto, he alternado muchos medios de transporte, autobús, taxi compartido… pero cada vez que cogía la moto, las sensaciones de libertad se triplicaban”.

P. ¿Cambiarás a Trailera?

R. Con el tiempo…

Pero, de momento, no tengo pensado hacerlo. La moto va bien y la conoce tanta gente por ese nombre… No me lo planteo, sobre todo porque económicamente no puedo, o cambio de moto o viajo, pero las dos cosas no pueden ser. Entonces, prefiero esperar un poquito y seguir viajando con Trailera, aunque sea más viejecita y con el tiempo, cuando pueda, cambiar de moto.

Además de los viajes que realiza Sonia allende nuestras fronteras y que tiene plasmados en los libros mencionados, disponetambién de un blog digital, ‘Explorando el paraíso en moto’, en el periódico ‘El Comercio’ de Avilés. En él muestra los encantos de Asturias, tierra que tanto ama. Son ya “cinco años haciéndolo (los hizo el pasado enero) y en él doy a conocer las riquezas de Asturias, sobre todo lo que no se suele ver de ella, porque la gente, cuando viene, se compra una guía o acude a una oficina de turismo, y visita los pueblos más típicos, Ribadesella, Tazones, Llanes, Cudillero… Pero a mí, lo que me gusta es lo que no se ve. De hecho, estoy escribiendo otro libro que se llama ‘Paraísos desconocidos de Asturias’ y es sobre pueblos como Rueda, en el Concejo de Aller, o Tene, en el de Quirós, lugares que no los suele visitar la gente, pero que creo deben figurar, y es como un pequeño aperitivo, para que quien lo lea se anime a visitar Asturias”. Este nuevo libro (el tercero) no es el único proyecto de esta rider hiperactiva que arde en deseos de rodar con su BMW para enseñar rincones de Asturias para cuantos no se conforman con disfrutar de los lugares por todos conocidos y desean descubrir otros parajes de tan bella Comunidad. Tenemos un proyecto -cuenta Sonia-, que espero que salga -susurra en voz baja como si el contarlo pudiera truncarlo-, que es llevar el blog que hago a la televisión. He hecho un vídeo promocional, con ‘El Comercio’, para promocionar los pueblos ejemplares de Asturias. Y vamos a presentar a esos 29 pueblos ejemplares un recorrido en moto por esas localidades, para darlos a conocer aún más”.

Corverana ejemplar

Sonia lleva hechos muchos kilómetros rodando en moto por Asturias, “¡Uf!, el infinito y más allá -exclama riendo-, muchísimos. Yo soy muy feliz cogiendo un bocadillo y yéndome con la moto por ahí toda la tarde y comérmelo en lo alto de un puerto y hacer fotos, que me encanta. A veces, salgo de trabajar con dolor de cabeza por el tráfico, por el estrés de mi trabajo, y cojo la moto y no hay mejor terapia que ella”.

Son tantos los lugares de Asturias que visita Sonia con Trailera y lo dispuesta que está siempre a escribir sobre ellos, que “en ‘Turismo Asturias’ -prosigue-, página oficial de promoción del Principado, las tres rutas que hay, Oriental, Occidental y Zona Central, son mías, hechas contra Trailera, para que las hagan ya sea en moto o en coche y para mí eso es un orgullo. También estoy promocionando para la Fundación Parque Histórico del Navia el occidente de Asturias y ya hay dos rutas, la de ‘Miradores’ y la de ‘Pueblos ejemplares’, hechas por mí, tanto el texto como las fotos. Estamos hablando de que esa fundación, formada por nueve concejos, ha admitido en su web rutas en moto, con lo cual el mundo motero ya está visible en una página oficial y me siento muy orgullosa. Una de esas rutas, además, lleva aparejada unas credenciales de motero ejemplar que cada uno va sellando en los pueblos por los que pasa, ya sea en un hotel, un bar, incluso en la policía local, obteniendo el diploma de motero ejemplar. El año pasado, Corvera, qué es el concejo dónde vivo, me nombró ‘Corverana ejemplar’”.

Con dos libros y un tercero en ciernes, le recuerdo a Sonia su condición de escritora, rectificándome: “No, soy conductora de autobús -asegura con gran humildad-. Lo que a mí me da de comer es el autobús, esto es una afición, un hobby y es algo que desde muy niña me gustaba. Escribir me relaja, no me cuesta trabajo, bueno, da trabajo porque te quita mucho tiempo de otros menesteres, por supuesto; a veces, las personas que escribimos, tú lo sabes, necesitamos desconectar de lo que nos gusta para hacer otras cosas, porque luego, cuando vuelves a conectar, te gustan más”.

La mujer tiene libre acceso a la moto

Respecto a la entrada de las féminas en el universo de las dos ruedas, Sonia opina que “cualquier mujer puede acceder al mundo de la moto, pero, por mi experiencia personal, las motos deberían ser más accesibles para personas que tienen ciertas dificultades como yo, porque no puedo llevar cualquier moto y tengo que gastarme 600 euros más, aparte de su precio, para bajarla y adaptarla a mi estatura, y resulta mucho dinero. Pero acceder las mujeres al mundo motero, por supuesto, pero no podemos hacerlo a todas las motos. Para mí es muy frustrante llegar a un concesionario y decir ‘quiero esta moto’ y no poder probarla porque su altura es excesiva para mí, y eso me da mucha pena. Por lo demás, la mujer tiene libre acceso a la moto”.

El libro ‘Kirguistán’ de Sonia lleva al inicio una hermosa dedicatoria que dice así: “Dedicado a mi padre, al cual le encantaban las motos, pero, lamentablemente, nunca llegó a verme sobre una. Gracias por ser mi ángel de la guarda en los viajes. Te quiero”.

P. Qué diría tu padre, al que tanto quisiste, viéndote sobre tu moto y esa exitosa actividad tan reconocida qué haces publicando tus rutas en libros y blogs?

R. Exclamaría, ‘¡esa es mi hija!’ y se lo diría a todo el mundo. Lo sé porque con el autobús ya me lo hizo. Cuando yo empecé a conducir autobuses, hace 17 años, había muy pocas chicas haciéndolo, y él venía siempre en el último viaje por si me ocurría cualquier cosa. Yo pasaba por delante del portal de su casa, y había una parada muy cerca de donde ellos vivían y él se subía y todo el mundo sabía en esa calle que Álvaro tenía una hija conductora de autobús, porque él se enorgullecía de ello. Entonces, si me llega a ver sobre una moto, ¿cómo se hubiera puesto? Él, al que, encima, le encantaban las motos. (¿También se hubiera sentado en el asiento de atrás de tu moto?) No, eso no, asegura Sonia sonriendo y con los lagrimales a punto de desbordarse.

Nunca dejes que tus miedos sean más grandes que tus sueños  

P. Qué les aconsejas a las mujeres que quieren tener una moto para viajar, para disfrutar, y no se atreven a dar el paso.

R. Hay una frase que dice: ‘Nunca dejes que tus miedos sean más grandes que tus sueños’, frase que la tengo puesta en uno de los laterales del armario de mi habitación; es lo primero que veo todos los días al levantarme. Yo les digo a ellas eso, que, si quieren hacer algo, que lo hagan, y que no piensen en los impedimentos, que se visualicen haciéndolo. Yo ya me he visualizado en mi siguiente viaje, y cuando me visualicé en Kirguistán, a continuación, lo hice viéndome en la torre de Burana y cuando llegué allí y estuve frente a esa torre, me dije ‘estoy aquí’, y no me pareció tan complicado llegar. Creo que muchas veces somos nuestro peor enemigo, con lo cual habría que decir ‘quiero hacer esto’, qué es lo que hago yo, normalmente, me apetece hacer esto… Y no estoy pensando en los impedimentos que se pueden presentar, porque si lo pienso, no lo haré. Si pensara en la cantidad de cosas que me podían pasar en Kirguistán… El futuro no está escrito. Pero depende de uno mismo, y ellas mismas se ponen impedimentos. Yo sé que he sido fuente de inspiración para muchas mujeres, lo sé porque me lo hacen llegar, y eso es muy gratificante. Hay personas que me han dicho, ‘te debo mucho’, y yo les digo, ‘no me debes nada’. Una de ellas es mi amiga Mai. Ella quería una moto, pero envidiaba a esas chicas que tienen las piernas tan largas, mide tres o cuatro centímetros más que yo, y le dije ‘pues, súbete a mi moto’, y se compró finalmente una BMW igual que la mía, ¿tú sabes lo que significó para mí eso? Y luego salió conmigo mogollón. El hacer las cosas está en nuestra cabeza y a veces tiramos a pensar lo peor, en lo que no podemos hacer, cuando es todo lo contrario.

Uno de los debates del viajero es dónde está la esencia del viaje, la importancia de la aventura, en el camino o en el destino, dilema cuya reflexión expone Sonia.

“Todo el mundo dice que lo importante es el camino y no el destino, y en realidad, este viaje mío a Kirguistán, lo que le diferencia del de Alaska, es que cuando salí de Los Ángeles, yo tenía un objetivo, qué era Alaska, y tenía que llegar allí, era una meta, llegar. Sin embargo, en Kirguistán, fue lo contrario. Llegué a Biskek, la capital, y recorrí el país, no tenía un destino, el destino era el país en sí, era todo el camino y yo opino que la aventura está ahí, en el camino”.

P. ¿Tienes pensado ya el próximo viaje con Trailera?

R. ¡Sí! -responde arrastrando la vocal-. Pero no suelo decirlo porque no me gusta. Cuando antes estaba más en las redes sociales, me creaba ansiedad el hecho de que una persona supiera que tal día me iba a ir de viaje, y me preguntaba ‘¿Y si luego no voy? ¿Y si luego fracaso? ¿Y si luego…?’. Y ahora, sin embargo, cuando llegó al sitio y pongo la primera foto, la gente exclama ‘¡ala, si no dijiste nada!’ No, no lo voy a decir; cuando fui a Croacia, no dije nada. Normalmente, las fotos las pongo a posteriori para que la gente no sepa exactamente dónde estoy, sobre todo viajando sola, por seguridad”.

Dos semanas en shock a la vuelta de Kirguistán

Nuestra protagonista no recuerda exactamente los países visitados, “no lo sé, nunca he echado cuenta, pero igual no han sido muchos. Tres muy grandes, Alaska Canadá y Estados Unidos, y luego Croacia, Eslovenia, Francia, Italia…”, yéndose de nuevo al último país visitado, el que da título a su recién estrenado libro, y que le ha dejado una profunda huella. “Kirguistán me gustó mucho, fue un viaje muy intenso. A mi regreso estuve dos semanas en shock, porque mi cabeza había estado durante un mes escuchando ruso, un idioma que no entiendo, viendo aquella gente, esa pobreza, y volver aquí, otra vez a la rutina, era como ‘¡no quiero esto!’ ‘Yo estaba bien allí’, me decía, y a mi regreso me sentí como fuera de lugar, con unas sensaciones muy extrañas… Kirguistán me gustó mucho”, repite de nuevo evocando los recuerdos.

P. ¿Has pensado en vivir de esto, de viajar con Trailera, como hacen otras riders?

R. No, nunca me lo he planteado, ni me lo planteo. De hecho, no quiero patrocinadores, lo que pueda ganar de algo, lo que saque del libro, es un trabajo mío. El blog, por ejemplo, es altruista, yo no cobro nada por él, llevo cinco años y no he cobrado ni un euro, por eso me han ofrecido lo de los ‘Pueblos ejemplares’, porque después de tanto tiempo han visto que lo hago porque realmente me gusta, si quisiera realmente sacar algo de dinero, ya me hubiera ido de allí. Por supuesto que está genial tener para tus gastos, pero en mi caso no es así, la actividad con la moto me da más gastos que beneficios. La gente me pregunta ‘¿de dónde sacas el tiempo?’ y le respondo que quitándole tiempo a otras cosas, a mi familia, a mis amigos, tiempo que se lo doy a la moto.

Tiempo que también se lo dedicó a la News, porque Sonia estuvo colaborando con este medio durante el período 2016-2017, actividad de la que se siente “muy orgullosa de haber escrito para BMW dos años, me parece que fue como un salto muy grande para mí, porque pasé de tener doscientos amigos a tener cinco mil en un mes y medio y eso a cualquier persona le espanta un poquito… Te gusta, pero a la vez te da miedo”.

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