FRANCISCO CATRAIN Y VICENTE MASCARAQUE, “LA VUELTA AL MUNDO EN BMW R80 G/S”: “EL RETO DE NUESTRA VIDA”

Por José Mª Alegre
Francisco Catrain y Vicente Mascaraque, afrontan “el reto de nuestra vida”, dar la vuelta al mundo en sendas BMW R80 G/S, perímetro a la Tierra que lo realizarán siguiendo la circunferencia ecuatorial, de ahí el 360º de su logotipo. Para ello, deberán recorrer 40.000 kilómetros durante tres meses, cruzando quince países y tres continentes.

Curiosamente, la aventura de ambos coincide con el 40 aniversario de las monturas con las que darán la vuelta al planeta, la icónica R 80 G/S (Gelände/Strasse). Por ello y para celebrarlo, le añadirán esos tres ceros más a la onomástica del modelo, de los que 7.500 kilómetros serán por campo (Gelände), 22.500 por carretera (Strasse) y 10.000 kilómetros por mar y aire. La salida será el 1 de junio y pretenden estar en los BMW Motorrad Days Sabiñánigo 2020 el próximo mes de septiembre.

La vuelta al mundo de Catrain (La Coruña, 1962) y Mascaraque  (Barcelona 1971) era, inicialmente, “una salida a La Pamir -toma la palabra Francisco, el más locuaz de los dos-, y valoramos su duración, un mes y medio; luego, ya que estábamos allí, iríamos hasta el lago Baikal, que representaba un mes más de viaje, regresando por la parte norte de Siberia-Moscú y Vicente propuso una tercera prolongación, llegar hasta Vladivostok, dejar las motos allí y regresar al año siguiente. Yo le dije que este proyecto tenía que ser ‘non stop’ y se nos ocurrió dar la vuelta al mundo, en la idea de que cuando le dices a la gente lo de La Pamir o el lago Baikal, no saben dónde ubicarlos, pero cuando hablas de la vuelta al mundo, todo el mundo sabe lo que es, no hay que dar muchas más explicaciones”.

Izq: Frco. Catrain. Dcha: Vicente Mascaraque.

El nombre de su aventura surgió en una travesía en barco con las motos a Mallorca, “íbamos buscando un nombre -prosigue Catrain-, qué vino solo, 360º, grados que resultan obvios, y el ‘One World One Ocean’ a continuación, que tiene su explicación. Los grandes ‘overlanders’, como Miquel Silvestre y Charly Sinewan, habían comentado que para dar la vuelta al mundo hay que hacer mínimo dos océanos y yo le comenté a Vicente, vamos a hacer un solo océano, pasar por el estrecho de Bering, canal que hace 20.000 años era tierra firme y se hubiera podido pasar con las motos, y tenemos muchas dificultades para cruzarlo a esa latitud y de ahí surge el nombre de la vuelta al mundo”, explica Francisco. “La mayor dificultad no es el estrecho de Bering (que separa Siberia de Alaska), porque tanto Vicente como yo, que estamos todo el día metidos en Internet, hemos averiguado que Air Bering realiza un vuelo chárter donde entramos nosotros y las motos, aunque el coste es elevado, siete mil dólares. El problema son los dos mil kilómetros de la península de Chukotka (Siberia-Rusia) que debemos superar, tierra firme que, en verano, sin embargo, es un cenagal y no hay carreteras”. “Yo -interviene Vicente-, hablé con Anatoli, un ‘overlander’ ruso que además es fotógrafo. Él va con una moto pequeña, una monocilíndrica de 250 cc, y debe medir unos dos metros porque en las fotos la moto casi no se ve y me dijo qué cruzar esa parte con nuestras motos es prácticamente imposible”.

Pero, resulta que el ruso Anatoli sí ha cruzado Chukotka, haciéndolo con tanto arrojo como imaginación. “Él lo ha atravesado con una cámara de camión, a modo de flotador, y la moto encima”. “Él, prácticamente solo lleva la gasolina, pues apenas lleva comida, porque se puede tirar una semana comiendo hierbas -es Francisco el que interviene ahora-. Lleva una cámara de camión que infla con una bomba, pone la moto encima, que al ser pequeña pesa poco, se pone esas botas de pescar que llegan hasta el pecho y pasa el cenagal caminando. Allí los ríos son muy amplios, hay grandísimas extensiones de agua, pero muy poco profundos, de metro y medio o dos metros como mucho, y él pasa andando empujando el flotador con la moto subida en él y así supera ese tramo, algo impensable para nosotros”. “Hay vehículos anfibios -sigue Mascaraque- que circulan en convoyes, pero es difícil que se paren y nos suban las motos al camión, me decía Anatoli”.

Fco. Catrain

“Están construyendo una carretera (aclara Francisco) qué conectará ambos lados y que se podrá utilizar todo el año, porque en invierno es posible acceder al otro lado, al norteamericano, porque en Alaska hay carreteras de nieve. El otro problema de Bering es que una vez en Nome (ciudad ubicada al otro extremo del estrecho, ya en territorio estadounidense), hay que ir hasta Anchorage, cuya distancia es de mil kilómetros que en invierno se podrían hacer, pero la temperatura entonces es de 40º bajo cero y siempre de noche, por lo que es impensable hacerlo”. “Y en verano -apunta Vicente- no hay manera de llegar por tierra desde Nome, que es la población de Alaska más pegada a Rusia, hasta Anchorage, la capital, donde se inicia una carretera ‘fácil’ que baja hasta Canadá y de ahí hasta Key West (Florida), sumando en ese tramo 10.500 kilómetros”.

Lo más viable para los dos amigos es llegar hasta Anchorage en avión, pilotos y motos, desde Nome, superando así los poco menos de mil kilómetros que separan ambas poblaciones. Antes, sin embargo, deberán vencer los tramos de Chukotka y Bering, que serán los de mayor dificultad, pues a los problemas descritos se unen los engorrosos trámites administrativos en ambos lados, así como los enlaces por barco y/o avión hasta los destinos planificados. “Si es así, habremos conseguido evitar la gran travesía del Pacífico, realizando pequeños embarques a través del estrecho de Bering, sin separarnos de nuestras mimadas Gelände/Strasse”, recalca Francisco. Llevarán recorridos entonces, a comienzos de la segunda semana de agosto, unos 20.000 kilómetros con las motos, 2.500 kilómetros en ferrys y 1.500 kilómetros en aviones.

Prendados ambos de la marca BMW, la elección de la R 80 G/S para tan ambiciosa aventura fue, en primer lugar, porque “es una moto que este año cumple el 40 aniversario de su lanzamiento y pensamos qué es una oportunidad para celebrarlo y siendo miembros del club R 80 G/S de Barcelona, con más motivo. Y, además, porque creemos que es la moto adecuada. Las estamos preparando y Paco las está poniendo a punto”, revela Vicente.

Pero el motivo de mayor peso es, tal como cuenta Francisco, que “pensamos que es la moto para hacerlo, además, somos unos enamorados de la marca, de los modelos de los años 70. La primera moto grande que llevé, que se la robé a un primo mío, era una R100 /7 y hoy tengo como diez o doce en mi taller y es un sueño hecho realidad. Y hay un tema muy importante, la sencillez de estas motos. Las modernas son fantásticas, de eso no hay ninguna duda, pero hay que pensar en la posibilidad de reparación en tierras lejanas y lo mejor es ir con un vehículo sencillo. Para mí, la moto ideal es una R 80 G/S con la instalación nueva y una revisión hiper exhaustiva, que quede como recién salida de la fábrica. Otro factor es el peso y las más modernas pesan mucho más y, resumiendo, la no complejidad. En estas motos, cualquier avería es muy sencilla repararla”.

Vicente Mascaraque

“Y es muy fiable -añade Vicente-, hemos hecho auténticas barbaridades con ellas, tanto en pistas, como en carretera, y es una moto de gran fiabilidad, en general todas las bóxer, y son sencillas”. “En 2017 fui a Cabo Norte con este mismo modelo (interviene Francisco) y tuve un problema, que luego no fue tal, pero me acogió un particular y en su garaje acabé con las bielas en la mano porque desmonté el motor y lo volví a montar en una tarde. Comprobé que todo estaba bien, que había sido una falsa alarma, volví a cerrarlo todo y al día siguiente continuamos camino. Esto, en una moto moderna, es impensable”.

Catrain es ingeniero técnico industrial y Mascaraque, licenciado en ADE. Ambos tienen un dilatado historial profesional, deportivo y viajero sobre dos ruedas. Paco, como le conocen sus amigos, fue piloto de motos en las categorías de resistencia, clásicas y Supersport durante más de 25 años. Profesionalmente, fue director comercial de una multinacional alemana, desarrollando actualmente su pasión en Boxerland (BMW ‘airheads’ Motorcycles). Cuenta en su haber con numerosos viajes en moto por centro Europa, Escandinavia, Inglaterra, Balcanes, Grecia, Cabo Norte y Marruecos.

Responsable financiero en varias multinacionales, Mascaraque reside en la actualidad en Irlanda asesorando fiscal y financieramente a empresas de Internet. Apasionado de las motos y aficionado al off-road, enduro y trial, ha realizado numerosos viajes de larga distancia en moto por Marruecos y África central, ha recorrido las sendas del París Dakar y cruzado Europa hasta Cabo Norte y desde Irlanda hasta los Alpes. Los dos viajeros tienen repartidas las funciones, “Vicente es el responsable del ‘software’ y yo soy el del ‘hardware’”, dice Francisco entre risas.

La R80 G/S de éste es del 85 y la de Vicente del 83. “Son el primer modelo (especifica el anterior), el de cardan rígido, no el de Paralever, el primero que salió. A las dos se les ha abierto el motor, la caja de cambios, se les ha puesto amortiguadores nuevos, suspensión delantera de la GS 100, depósito grande y una serie de preparaciones especiales de culatines y refuerzos para las caídas, las piedras y paso de ríos. Además -prosigue Francisco-, tenemos unos padrinos de viaje, encomendándole a uno de ellos la custodia de un motor como los nuestros, embalado y listo para su envío, junto a una caja de cambios, empaquetada en su caja correspondiente, y un grupo trasero y una transmisión de los que no podrá separarse de ellos los cien días o lo que dure el viaje. Si se va de vacaciones a Mallorca, se los tiene que llevar, porque si salta la alarma roja, nos lo tiene que mandar a donde estemos del mundo”.

Los dos viajeros tienen claro que “lo único que nos puede abortar el viaje, es una lesión física nuestra, pero no una avería. Yo -manifiesta Francisco- viajo con un pequeño kit de herramientas, porque nos hemos limitado el peso en 50 kilos cada uno, llevamos los recambios consumibles, porque se harán dos mantenimientos, uno en Ulán Bator (Mongolia) y el otro en Anchorage. Además de ese kit, llevo los utillajes para abrir el motor y la caja de cambios, que pesan 2,3 kilos. Tenemos previstos todas las cosas que nos pueden dejar tirado, los componentes eléctricos van duplicados, y por eso viajamos en dos motos gemelas, llevando de repuesto bobinas, placa de diodos, alternador, encendido, discos de embrague etc, y las motos van revisadas por ultrasonidos”.

Fco. Catrain

Las R80 G/S pesan 180 kilos, “yo creo que estaremos sobre los 250 kilos por moto, maletas incluidas, más el peso del piloto -aclara Catrain-. Llevaremos el equipamiento más necesario y sin apoyo, salvo hasta el monte Ararat, lugar al que nos acompañará uno de los padrinos con un Land Rover, pero porque le apetece. Hemos hecho una selección de prioridades, porque si no pones un límite, empiezas a cargar y acabas en 300 kilos. Pensando en ese peso, hemos reforzado la suspensión y todo el sistema de maletas preveyendo las caídas. Llevamos también bolsas especiales para llevar gasolina, dos de diez litros cada uno con lo que tendremos una autonomía máxima de unos 600 kilómetros. En la R80 G/S estándar no pasamos de 425 o 450 kilómetros, dependiendo si es tierra o asfalto, que siempre varía”.

Los orígenes moteros de Vicente y Francisco son de largo recorrido, empezando a describirlos el más joven de ellos “porque cuando empieces tú, Paco… Soy su mochilero -dice sonriendo-. Las motos me han gustado desde niño, siempre. En mi juventud, las motos que más veía por la calle, era la R80. En casa no había motos. De hecho, estaban totalmente prohibidas y sólo entraron cuando nos fuimos a vivir fuera de Barcelona y mis padres se vieron forzados a comprarnos motos para podernos desplazar a la ciudad al colegio o a la universidad. Desde entonces, yo soy un usuario de moto normal, que, entre un coche o moto, voy en lo segundo y ahora incluso soy coleccionista. Todo lo que lleva motor bóxer me gusta, teniendo una colección de motos, porque me gustan y es una afición como otra cualquiera. Es el gusto y la sensación que te da el ir en moto, el hacer viajes y la aventura que siempre conlleva la moto”.

La pasión de Catrain por las dos ruedas es una herencia genética, “mi padre había corrido en moto cuando era soltero, y me inculcó la pasión por las motos, aunque involuntariamente, porque, curiosamente, me prohibió tenerlas. Habiendo estudiado ingeniería técnica mecánica, siempre me ha apasionado todo lo que es la parte de la mecánica, de hecho, fui el responsable comercial de una multinacional alemana muchos años. Cuando me jubilaron vi la ocasión de hacer de mi hobby mi profesión y es ahora a lo que me dedico y lo hago de una manera monomarca, reparando solamente BMW’s, GS y principalmente de dos válvulas, alguna vez me traen alguna cuatro válvulas y bueno, las reparo, pero prefiero las de dos, dedicándome a ello en cuerpo y alma”.

Como en casa de Francisco pesaba la prohibición de tener moto, en el pueblo las ‘cambiaba’ de sitio “sin permiso y después ya me aficioné a viajar mucho. Luego, durante 25 o 30 años, vino la etapa de las carreras, compitiendo. Siempre he corrido en asfalto, en velocidad y después en resistencia y clásicas. He disputado carreras internacionales, como el Bol d’Or de 24 horas con moto moderna y el de resistencia de clásicas, haciéndolo siempre con una BMW de dos válvulas de muy altas prestaciones, al nivel de una moto moderna, con el motor preparado en Alemania. Y toda la vida he estado con las manos metidas en las motos, no entendería la vida sin ello”.

Vicente Mascaraque

Pregunta. ¿La moto es el centro de vuestra vida?

Respuesta. Del 50%, mínimo -responde Francisco-. Como afición, sí -apostilla Vicente-. En mi caso no -interviene Francisco de nuevo-. Yo siempre he compaginado mi trabajo con las carreras, de hecho, pedía días de vacaciones para irme a correr, lo cual a la familia no gustaba mucho a veces. Pero la pasión puede más que ninguna otra cosa y ahora, desde hace seis o siete años, no me dedico a otra cosa en el tiempo lectivo que no sea a algo relacionado con las motos, sea repararlas, sea planificar viajes, rutas o cualquier otro tipo de eventos, o sea, mi vida gira en torno a las motos.

La amistad de estos dos decididos riders no viene de muy atrás, remontándose a tres años. “Nos conocimos en el club R 80 G/S Barcelona -comenta Vicente-, fue en la primera salida, en Gerona, en casa de uno de los padrinos de nuestro viaje, que es un poco el alma mater del club. Este es un club con mucha actividad, con un chat y un buen ambiente. Fue en el último viaje qué hicimos a Córcega con este grupo, estábamos tomando una cerveza y Francisco iba con el libro de Asia central; yo tenía pensado hacer un viaje a La Pamir. Incluso me había comprado una BMW F 650 X de 2007, qué es la que llevan muchos ‘overlanders’, y tenía pensado irme con ella al Nepal. De hecho, tengo la ruta en la cabeza y cuando Paco me habló de ir a La Pamir, me pareció factible por la ruta, por el tiempo que había que dedicarle y por el compañero de viaje, que eso es importante, y dije, ‘venga, yo me apunto’. Y allí empezó todo”.

Una ley física dice que los polos iguales se repelen, tal vez por eso los dos amigos se embarcan en una aventura que les obligará a estar juntos las 24 horas durante más de cien días, porque son diferentes. “Sí, bastante -asegura Vicente-. Fuera de las motos, me imagino que sí -apostilla Francisco-. Él es más puntilloso, más meticuloso y quizás yo tengo otras cualidades -añade el primero-. Hemos hecho bastantes salidas con las 90 S…”.

P. De físico qué tal andáis, porque este es un viaje muy exigente…

R. Hombre, yo creo que muy bien -salta Vicente-. De hecho, me estoy preparando para correr la Maratón des Sables en Marruecos dentro de un mes, y en general, hago deporte, no tanto como hace diez años, quizás, qué hacía triatlones, pero sigo corriendo.

Francisco, por su parte, práctica “MTB, principalmente, y en mi trabajo no paro quieto nunca, tengo bastante esfuerzo físico. Pero en este punto, debo decir que nos han recomendado hacer pilates, porque al ir tantas horas en moto, hay que procurar que el cuerpo no se entumezca y hacer pilates o caminar algo, en cualquier caso, es un punto de atención”.

El 5 de junio los dos ‘overlanders’ inician esta vuelta al mundo. “Ese día cogeremos un ferry hacia Italia, Civitavecchia, y nos hemos puesto para volver poco más de tres meses”, exclama Mascaraque. “Cien días para estar de vuelta con la intención de llegar a los BMW Motorrad Days en Sabiñánigo, que haremos todo lo posible. El límite que nos hemos puesto es el 31 de septiembre, porque el uno de octubre deberíamos dedicarnos a nuestros quehaceres, serían cuatro meses”, apostilla Francisco.

Fco. Catrain

P. ¿Habéis pensado en los problemas, peligros y dificultades que os vais a encontrar en vuestro periplo planetario?

R. Por lo que nos han contado, el tráfico en Rusia es bastante caótico, y a partir de cierta hora nos han recomendado estar en el hotel. Nos han recomendado también no acampar en Siberia por los osos. Más que nada es tener cuidado en no caernos, si el límite es de 100 km/h, pues ir un poco más despacio para tener un margen de seguridad, porque lo que daría rabia sería tener una caída tonta, lesionarse, una costilla rota, una muñeca fracturada que diera al traste con el viaje. La moto, al final se arregla, pero a nosotros resultaría más complicado, asevera Vicente.

Francisco es quien toma la palabra. “Cómo digo yo, la ansiedad no nos puede programar la jornada. Si el siguiente pueblo está a doscientos kilómetros, y nos va a pillar la noche, no hacerlos y esperar al día siguiente. Cerrar el día muy pronto, por la tarde. Y más que los miedos, me preocupan las incógnitas. Hay dos escollos grandes, el viaje de vuelta de Miami hasta aquí (España), lo tenemos más o menos controlado, y, además, ya habremos hecho el viaje y que sea lo que Dios quiera. El gran escollo es, como contábamos al principio, definir por donde vamos a saltar de Siberia a Alaska. Y aquí hay otro problema. En Estados Unidos se realiza una especie de control anticontaminante de los vehículos, por lo que nos podrían retener las motos entre dos o tres semanas, y lo tenemos que evitar”, exclama Francisco. Por otro lado, “para embarcar la moto en cualquier punto de Siberia -prosigue- hay que petrolear la moto, no puede ir con un átomo de tierra, por un tema sanitario. Y luego, en EEUU tienen que verificar que es un vehículo que no contamina, como te digo. Y sino nos permiten continuar, tampoco podríamos embarcarlas de vuelta a casa porque el barco demora unas tres semanas y las tendríamos que mandar por avión. Eso sería estar prácticamente un mes parados, con lo que supone de coste añadido, porque estar ese tiempo en Estados Unidos… Eso nos rompe todos los esquemas. Este tema nos está volviendo locos, el de que nos retengan las motos por esa ‘cuarentena’”, cuenta Francisco.

P. ¿En cuanto a países, lugares, tramos y carreteras, tenéis algunos que os preocupen?

R. Desde el punto de vista de la conducción, hay que llevar cuidado en Meteora, Grecia; el monte Ararat, un sitio muy bonito; la Ruta de la Seda, desde Samarcanda, una vez pasado el mar caspio; Kazajistan, carreteras muy rotas, mucha tierra y mucho calor -describe Francisco-. El mar de Aral, que en realidad es un desierto, donde hay mucha arena y mucho calor. La ruta de La Pamir (carretera de mil kilómetros de distancia que pasa por la cordillera de igual nombre entre Afganistán y Tayikistán a 4.600 metros de altura), por la que realizaremos varios bucles para recorrerla en profundidad. Deberemos vadear el río Bartang varias veces, pues no hay puentes para hacerlo. Si el río está alto por el deshielo, será un gran problema. Si el agua está baja, resultará factible. En este caso, tenemos un protocolo para las motos, y es que los ríos a vadear los pasaremos siempre pie a tierra y uno a cada lado de la moto, porque no se puede caer, pues tendríamos que abrir el motor, vaciar los cilindros de agua, cambiar aceites, vaya, que las motos no deben caerse. Luego, llegará la carretera más problemática, que será después del lago Baikal, se trata de la Bam Road. Tiene 4.600 kilómetros, pero nosotros haremos 1.500 kilómetros por una vía de servicio paralela a la vía del tren. Esta Bam Road está totalmente abandonada y hay muchos vídeos en Internet que muestran puentes caídos en los que hay que poner tablones para atravesarlos o buscar camiones para que te suban la moto a la caja y pasar los ríos. En ese tramo hay un punto problemático llamado Vitim Bridge, un puente de 570 metros de largo y diez metros de altura con traviesas de tren sin ningún tipo de quitamiedos ni barandillas y el río pasa por debajo con un caudal impresionante. Habrá otros muchos puentes que estarán derruidos y nos tendremos que meter por los de la vía del tren, vigilando por si llega. Ese es el punto, a mi modo de ver, más crítico y podemos tardar en hacer esos 1.400 kilómetros quizás una semana. Luego, está la ‘Ruta de los huesos’, que es casi a continuación, desde Yakutsk hasta Magadan. Es una pista de grava de 2.000 kilómetros cuyo estado depende de las condiciones meteorológicas. Si nos viene la época de lluvias, se forma un barrizal impresionante, quedándose la gente atascada, incluso he visto motos que en cada kilómetro las tienen que sacar al quedar las ruedas hundidas en el barro. Afortunadamente, iremos en la mejor época, cuando no hay lluvias, pues planificamos este viaje para llegar a esa carretera en la mejor época, en la segunda quincena de julio, pero esto es la teoría”.

Vicente Mascaraque

P. ¿Qué coste tiene el viaje?

R. Es mejor no saberlo a veces -comenta Vicente con más discreción que convicción-. El coste es muy sencillo y muy complicado -apunta Francisco-. Hemos dividido el viaje en diez etapas: Europa, Asia menor, Asia Central, Mongolia, Siberia, Chiukota, paso de Bering, Pacífico, ‘Coast to Coast’ y la vuelta. El viaje, en principio, sale, haciendo mil números, en 10.000 euros por barba, o sea, cien euros por persona y día. Luego está la gran incógnita, qué pueden ser otros 10.000 euros cada uno, que es cuando tengamos que volar motos y pilotos. Está la preparación de la moto: recambios, equipación, porque después de 40.000 kilómetros habrá elementos que quedarán destrozados: las botas, el traje… Y también hay que contar el post viaje, si hacemos un libro, etc, y eso tiene un coste -habla Vicente-. Yo, la moto, quizás ni la toque -asegura Francisco-, me compre otra y no la toque nunca más. Lástima que en el Pacífico la tengamos que limpiar, porque a mí me gustaría llegar con la moto tal y como esté y no tocarla. Pero, bueno, estamos sobre los 35.000 euros los dos, a los que hay que añadir todo el proyecto y podemos estar hablando de casi 50.000 euros. El problema es que hay un gran desconocimiento de los ferrys y aviones que debemos coger. Hay un tema importante, viajar por Siberia es más barato que vivir en Madrid o Barcelona. Este viaje en Europa, tres meses, te gastas 60.000 euros. Hemos hablado con personas que han estado donde viajaremos y han dormido en un hotel por cuatro euros, los dos. En Europa, dos personas, pernoctando en hoteles medios, guardando la moto, sale por 250 euros por noche, que si estás diez días son 2.500 euros”.

En el equipaje de estos riders no faltará la tienda de campaña, “como alternativa -dice Vicente-, y con la idea también -apostilla Francisco- de acampar dentro del recinto de una casa, pedir permiso a los campesinos y hacerlo en un sitio privado, no acampada libre. La tienda de campaña no es un planteamiento, es un plan B”.

P. De este viaje, además de la experiencia, ¿qué quedará?

R. Pensamos hacer fotografías y vídeos -anota Mascaraque-. Llevaremos un dron, aunque no tengo experiencia en manejarlo, pero es cuestión de práctica. Hay países como Uzbekistán que están prohibidos, pero intentaremos sortearlas. Hemos visto recientemente un vídeo de Charly Sinewan que le bajan el dron, porque hemos visto todos sus vídeos, al igual que los de Miquel Silvestre y de otros cuantos. Nos gustaría hacer un libro, reflejando el viaje y los pormenores del mismo, desde el principio. De hecho, estamos haciendo fotos ya de todo, de las motos, de la equipacion, del taller, de nosotros, y explicar los preparativos y los motivos y ese será el recuerdo. Pero lo más importante, sin duda, será el recuerdo que me quedé del viaje y la experiencia y que a lo mejor no es el último. Ya está siendo una experiencia -añade Francisco- desde el momento que estamos conociendo a tanta gente. Como me dijo un exdirector mío, el viaje ya es un éxito desde el mismo momento en que lo habéis imaginado. Nos vamos a encontrar con mil sinsabores, pero también las mismas satisfacciones. Y vamos a volver a la cultura de lo que era la Europa de los 50, el viajar sin normas. Y nos va a extrañar, porque aquí estamos absolutamente encorsetados.

El viaje tiene también un componente solidario y que tanto Catrain como Mascaraque no quieren pasar por alto. “Pretendemos colaborar con la Fundación Vicente Ferrer, con la que ya hemos colaborado en otras ocasiones. Se trata de establecer una especie de ‘crowdfunding’, sin ningún beneficio para nosotros, con dos líneas de recaudación, la de una empresa que esponsorice y que estamos buscando y la de las aportaciones voluntarias. El viaje lo iremos publicando en un blog que llevaré yo -explica Vicente-, con un link a una página de Garmin en donde se nos ubicará en el mapa y cómo vamos avanzando. Estaremos localizados por satélite, constantemente, para tener más seguridad, para que todo el mundo sepa dónde estamos en tiempo real, y también la familia. Esperamos tener mil entradas diarias a nuestra página web, y así, junto con la firma patrocinadora, intentar recaudar hasta diez mil euros para la Fundación Vicente Ferrer para que pueda hacer los proyectos que lleva a cabo en la India.Lo estamos ultimando y pronto lo daremos a conocer. Queremos que sea un viaje muy interactivo, y en la presentación intentaremos montar un chat de toda la gente qué quiera tener noticias puntuales nuestras durante el viaje”.

P. Qué dice la familia?

R. Que tengamos cuidado -dice Vicente-. Yo he dicho que me iba de colonias -apunta Francisco con guasa-. Mis sobrinas me dicen que ‘todavía no te hemos dado autorización para que te vayas de colonias’ -reímos todos-. Están entusiasmadas, incluso todas han hecho un ‘crowdfunding’ familiar para que hagamos camisetas que les ha encantado y ahora todas quieren camisetas. Yo les digo que sí, pero que la unidad de envasado es de diez y por cada decena que vendan una será de regalo para ellas. La verdad es que hay expectativa y en las dos últimas semanas esto va creciendo, con entrevistas continuas. Además, estamos cerrando la presentación en una sala ‘top’ de Barcelona, que será espectacular, una chulada.

P. Estáis ilusionados?

R. Sí, mucho. Nos gustaría salir mañana -es Vicente quien lo afirma-. Ya me veo en el ferry con la moto, con esa sensación que sientes cuando estás embarcado de que ya no hay vuelta atrás. Hace dos meses le decía Vicente -prosigue Francisco- que estaba como en el examen que quieres alargar. Ahora no, he pasado esa metamorfosis. El otro día salimos con 20 o 30 motos (‘¡40 motos!’, le rectifica Vicente) y fuimos los dos por un río y le dije a Vicente que me estaba viendo en La Pamir. Esto me recuerda mucho a cuando preparaba las carreras de 24 horas, porque los preparativos los meses anteriores eran una locura, y cuando daban la salida, yo, encima de la moto, decía: ‘Toda la suerte está echada’ y empezaba a descansar, porque sólo había un tema a hacer, pilotar. Esto es lo mismo, cuando demos el pistoletazo de salida, todo lo que surja lo resolveremos en el momento y ya no tendremos que especular. La suerte estará echada. Estoy deseando salir”.

Mientras, tanto Vicente como Francisco disfrutan con los contactos nuevos que se están produciendo, por ello “una de las cosas que recordaremos de este viaje -dice Vicente-, es la gente que estamos conociendo que han hecho el viaje que empezaremos en junio antes que nosotros. Es verdad que escribes a alguien y no te contesta, pero en general la gente tiene muy buen ‘filing’ y hemos conocido a varios, moteros, gente que ha escrito libros; incluso un ruso que nos dio una pista para coger un avión no sé dónde y muchos contactos. La cuestión es la gente que conoces, ya solo eso, el tratarlos, y el viaje de esta envergadura, hace que te sientas un poco de ese club, el de los grandes viajeros, y es una pasada”.

“Víctor Sagi nos dijo una cosa muy interesante: ‘No hagáis caso a nadie, no os va a pasar nada y os lo vais a pasar en grande’, explica Francisco.

Que así sea, riders.

La página web es 360OneWorld.com

Una respuesta para “FRANCISCO CATRAIN Y VICENTE MASCARAQUE, “LA VUELTA AL MUNDO EN BMW R80 G/S”: “EL RETO DE NUESTRA VIDA””

  • jorge dice:

    viaje sin igual con una gran maquina simple y robusta como ella sola.mucha suerte y disfrutar de nuestras don valvulas.
    saludos desde una GS100 con unos pocos km.

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