LO ORIGINAL A VECES ES MEJOR

Por Eduard López Arcos
Mi segunda publicación del año en la News será algo escueta. Tengo la vista fastidiada y necesito reposarla. No logro mantener mucho rato los ojos delante de la pantalla. Veo doble, y no he bebido alcohol ni he tomado ninguna substancia psicotrópica. El caso es que hace unas semanas agarré un buen resfriado, de los que hacen historia.

He habitado durante un mes y medio en una casa en Hassilabied, en el desierto, delante de las dunas del Erg Chebbi. Un amigo que vive en Alemania, con toda la buena voluntad del mundo, me dejó su casa que está todavía en construcción. La casa es enorme y está completamente vacía, desalmada. Los primeros días dormía con mi saco de dormir y el aislante. Todavía la temperatura no era muy baja. Luego empezó hacer más frío, y un amigo me prestó una cama, un par de sillas, una mesilla y un pequeño radiador. Las duchas las tomaba con agua fría, pues todavía no hay calentador. Compré una manta en el mercado que me sirvió para cubrir el viejo colchón.

Las paredes de la casa estaban frías.  La construcción es moderna, es decir, de ladrillo. A diferencia de las casas tradicionales de adobe, el ‘tocho’ es muy frio en invierno y en verano convierte la casa en un horno. El cambio climático obliga a cambiar las costumbres. Antes, en el desierto, apenas llovía. Ahora caen unas tormentas tan fuertes que debilitan los muros de adobe hasta que se desploman. En invierno, el adobe conserva el calor del sol de la mañana y las tardes son agradables dentro de las casas.

Como decía, el cambio climático está generando problemas. El sol es cada vez más intenso y los contrastes de temperatura de la mañana a la tarde son enormes. Durante todas estas semanas no he descansado bien. Después de las salidas en moto, algunas exigentes, llegaba sudado a casa y nunca lograba entrar en calor. El cuerpo no aguantó y tuve fiebre muy alta. No tenía termómetro, pero los delirios son una pista de que me subió mucho la temperatura.

Luego de la fiebre llegaron los dolores fuertes de cabeza. Y después de los dolores de cabeza, cuando pensaba que ya estaba recuperándome, empiezo a tener problemas con la vista. No es nada agradable ver doble. Tampoco es muy alentador ir a una clínica en Marrakech, de urgencias, y que acabe siendo una pérdida de tiempo. Por suerte, la casa de mi amigo Carlos, aquí en Marrakech, es confortable. Cerca hay un pequeño restaurante en donde puedo comer bien, y además es económico.

Espero mejorar en pocos días. Con la vista mal es muy peligroso viajar en moto. Así que ojalá no se trate de nada grave y que dentro de poco esté recuperado y pueda continuar viajando.

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