ISABEL PUIG: “A LAS MUJERES LES DIGO QUE ES UN LUJAZO IR EN EL ASIENTO DELANTERO DE LA MOTO, CONDUCIÉNDOLA; QUE NO ENTIENDO CÓMO PUEDEN IR UN PALMO ATRÁS”

Por José Mª Alegre (texto y fotos)
Isabel Puig (Barcelona, 1957) es motera desde los once años, es, por tanto, una consumada rider que tiene a la moto por compañera desde, prácticamente, “toda la vida”. Ella sabe lo que es llevarla y también ir de ‘paquete’, por ello y por la experiencia que le asiste, comenta “a todas las mujeres que conozco que realmente es un lujazo ir en el asiento delantero de la moto, conduciéndola; que no entiendo cómo pueden ir un palmo atrás”.

Entrando en el muro de Facebook de esta mujer de voluntad firme y decidida, se puede comprobar que entre el millar de amigos que tiene figura una extensa nómina de motoviajeros, unos conocidos, véase los Embajadores de BMW Motorrad, y anónimos otros, pero no menos apasionados que los anteriores por devorar kilómetros sobre dos ruedas. Porque Isabel, que trabaja en el departamento de Selección de una multinacional, no se conforma con ver y leer las proezas de los citados, ya sean los primeros, como los ‘desconocidos’ (que no para ella), sino que con su F 850 GT también viaja y disfruta con su BMW.

Me encuentro con esta mujer en “La Leyenda Continúa”, concentración invernal que se celebra en Cantalejo (Segovia), con más de nueve mil inscritos este año (¡nuevo récord!), riders que desafían las bajas temperaturas, como los siete grados bajo cero de esta edición. Mercurio por los suelos que, no obstante, no arredra a los asistentes, como a esta sesentañera de actitud juvenil plasmada en su rostro carente de arrugas a la que los años no le han arrebatado ni la energía ni la ilusión por montar en su BMW y recorrer los más de 1.200 kilómetros -ida y vuelta- que hay entre Barcelona -donde reside- y la localidad segoviana para disfrutar del encuentro con los amigos y compartir con ellos una buena charla, acompañada de viandas y bebidas, al abrigo de una buena hoguera.

Isabel no es una recién llegada al vehículo de dos ruedas, porque “la moto me ha acompañado toda la vida -asegura-. Mi abuela me compró la primera moto cuando yo tenía once años y desde entonces se convirtió casi en un miembro más de la familia que me ha acompañado durante toda la vida de diferentes maneras. Unas veces como piloto, que es cuando empecé. Luego, me casé con un motero, como no podía ser de otra manera, y viajé mucho de ‘paquete’, pero siempre en las rutas nos alternábamos y cogía yo la moto. Posteriormente, cuando mi marido falleció, no tuve ni que pensar si iba o no a seguir con la moto, sino que continué con ella hasta ahora. No te puedo decir que la moto sea todo, porque en la vida hay familia, hay trabajo, hay amigos, pero también la moto, que, curiosamente, ha estado conmigo desde muy pequeña, como te he dicho”.

Desde entonces, las motos que han pasado por su vida han sido muchas, tantas que no recuerda el número, “pero más de diez, seguro”, apostilla, las tres últimas BMW, una F 650 GS y dos F 800 GT. “Cuando tuve la primera F me apunté al grupo BMW Luxury Touring, pero con la ‘Gesita’ no los podía seguir. Entonces, opté por la F 800 GT, con la que me siento muy cómoda para viajar y que incluso, cuando me quiero meter en una pista, me meto -dice con autoridad-. Y es que yo procedo del trial, con lo cual no me da miedo la tierra. Si tuviera que viajar yo sola, volvería otra vez a la trail, a la GS. Es una opción. Yo, en breve me jubilo y cuando lo haga podré hacer viajes sin la restricción del tiempo, serán más baratos que ahora, porque no podré dormir en hoteles buenos, pero dispondré de tiempo para hacer rutas más largas que haré posiblemente sola y la opción sería volver de nuevo a la GS”, quedándose pensativa sobre cuál será la GS elegida, elección que no adelanta.

Marcada por el regalo que le hizo su ‘yaya’ en su más tierna infancia, Puig utiliza la moto “para todo, para trabajar, para ir a comprar, para ir de viaje, para disfrutar, para despejarme…, para todo -repite-. Además, la F 800 GT no es excesivamente pesada, me manejo muy bien con ella en parado y es muy polivalente”. No se ha detenido a sumar los kilómetros que lleva hechos en moto, pero al peguntarle si pueden llegar al medio millón, me responde que “muchos más. Con esta llevo recorridos casi 15.000 kilómetros y la compré el pasado julio” (salen a 2.500 kilómetros mensuales).

En cuanto a países visitados, “casi todos los europeos, siempre en moto -subraya- y de África, Marruecos”. En sus viajes, le gusta “conocer culturas, relacionarme con la gente, hacer amigos, descubrir cosas y me gusta volver a los sitios y encontrarme con las personas que he visto en anteriores visitas. También hago viajes solo para pensar, para desbloquearme. En ocasiones, cuando el cuerpo o la mente se me bloquean por el trabajo o lo que sea, cojo la moto y me voy un fin de semana yo sola no con el objetivo de ver esto o aquello, sino para desbloquearme; voy a un hotel, a una casa rural y estoy allí y durante el camino pienso y vuelvo nueva. Mi mejor viaje es siempre sola”.

No obstante, y a pesar de lo que pudiera parecer, Isabel no es un alma ermitaña, “soy super sociable, me encanta estar rodeada de amigos, pero los viajes, tal vez porque al hacerme mayor tengo menos paciencia, podría ser -reflexiona-, me gusta hacerlos sola. Yo disfruto mucho levantándome cuando me da la gana, quedarme en un sitio porque me gusta, hacerme un puerto de montaña cinco veces porque en las anteriores no he disfrutado debido a un camión que he pillado delante o me he encontrado con un ciclista que me ha ralentizado la marcha, y lo vuelvo a hacer y nadie me dice ‘qué pesada eres’ o ‘llegamos tarde al hotel’… Esos viajes en solitario los disfruto mucho. Lo descubrí haciendo la Transpirenaica sola, hace años, y me pareció genial”, y mientras lo cuenta su semblante es de total gozo y satisfacción.

Para ella, hacer kilómetros en otro vehículo que no fuera la moto sabría diferente, “la sensación de olor, color, de viento en la cara, no sería la misma, aunque no descarto viajar en un ‘motorhome’, por ejemplo, pero como siempre prefiero la moto, nunca llegaré a hacerlo, porque la moto me tira más”. Con ella hará ese viaje deseado “dentro de dos o tres años -apunta-, será el de los veinte mares europeos. Salir de Barcelona y meter los pies en esos veinte mares que bañan nuestro continente, sola y con tiempo, tres o cuatro meses, en plan baratillo de ‘jubileta’”, riéndose a gusto por el ‘palabro’.

Esta rider de gesto afable, talante abierto y comunicativa, de sonrisa franca y cordial, afirma no haberse sentido nunca menospreciada por su condición de mujer, “nunca jamás he sentido esa sensación, al contrario. Siempre me he visto muy bien acompañada, y no lo he sentido ni en moto ni trabajando ni en nada. Pero también tengo que decir que soy muy sociable, entonces, difícilmente una persona así se puede encontrar rara o desplazada… No, nunca he tenido ese problema, ni aquí ni en otros países ni en ningún sitio. Y, sin embargo, conozco a mujeres que se han sentido incómodas en algún grupo motero por temas muy curiosos. Tengo una amiga superguapa que me decía que son las parejas de los compañeros las que la rechazan en los grupos, porque como es guapa, simpática y tal, la ven un peligro. Yo, a lo mejor no soy tan guapa y las mujeres de ellos no ven el peligro (se echa a reír con ganas con la misma naturalidad que charla con unos y con otros), porque ese problema no lo he vivido”, concluye. De lo que no se cansa es de fomentar el que ellas viajen en su propia moto, comentándoselo “a todas las chicas, a todas las mujeres que conozco, que realmente es un lujazo ir en el asiento delantero de la moto, conduciéndola, que no entiendo cómo pueden ir un palmo atrás”.

Pregunta. ¿Y que hay que hacer para que esas mujeres avancen ese palmo pasando del asiento de atrás al de delante?

Respuesta. “Es difícil porque yo creo que están acomodadas. Yo montaría algo, aunque no sé si se puede o si es legal -apostilla-, en los eventos que se hacen en torno a los moteros para que las mujeres pudieran conducir la moto en un lugar acotado. También, motivar al marido, al compañero, a la pareja que va delante para que la incite a llevar la moto. Mi marido me decía ‘coge tú la moto, porque si yo me tuerzo un pie, no podemos volver a casa’ y a mí me encantaba conducirla, aunque fuera un rato. Y ese pasito de ponerse delante, verán la gozada que es, lo diferente que es a ir detrás”.

Preguntarle a Isabel por la plena normalización de las féminas en el mundo de la moto es colocarla en una situación desconocida, “porque no he tenido nunca ese problema. Sin embargo, son mis amigas las que me ven un bicho raro. Cuando siguen mis hojas de ruta a través de las RRSS y me ven feliz y contenta, me dicen: ‘Pero ¿cómo puedes disfrutar estando en un sitio a tantos grados bajo cero?’. Y les contesto que no lo han vivido, que lo tienen que probar, que deben ir allí para ver a los amigos que te encuentras tres veces al año, a los que abrazas, y les pregunto si han sentido alguna experiencia similar, y no saben contestarme. Yo no veo en las páginas de sociedad mujeres que no sean moteras que disfruten tanto como lo hacemos las que lo somos, que puedan explicar tantas vivencias como tenemos nosotras. Y las animo y he conseguido que alguna coja la moto… Creo que hay que empezar desde muy pequeño. Tengo una amiga que tiene la parejita, al niño lo ha puesto a hacer trial, pero a ella no. ‘Mete a la niña también en el mundo del trial’, le digo. ‘¿Pero cómo va a ir la niña en moto?’, me responde. Y la estoy intentando convencer para que la pequeña realice la misma actividad que su hermano”.

Puig no olvida su mejor viaje en moto, su primera visita a Marruecos. “Es el que recuerdo como más aventura porque iba con mucho miedo, el tema sanitario, tener un accidente… Antes de ir llamé a un amigo que había hecho el París Dakar muchos años, y su mujer, que nos conocemos de toda la vida, me dijo ‘si vas a Marruecos tendrás que ir todos los años porque te encantará’. La ruta nos la hizo un chico español que vive en Tánger, que resultó ser una ruta muy clásica; luego, hemos hecho recorridos muchísimo mejores, por zonas menos turísticas. En esa primera fuimos a Zagora, Merzouga, con mucha moto alrededor, y para mí fue el despegue, comprobar que no había pasado nada, que había sido fantástico. Cierto que tuvimos algún problema, pinchamos, rompimos una rueda, pero no pasó nada porque todo se solucionó. La gente era maravillosa, nos abrían sus casas, y me encantó. Para mí fue el viaje que tengo interiorizado como el mejor, el más bonito y sí, he vuelto más veces”.

Como viaje más reciente, nuestra rider recuerda con satisfacción la ruta realizada este pasado verano “por Caramulo, una sierra preciosa en el centro de Portugal, donde hay una pista con algo de asfalto, pero muy estrecha que va por encima de las crestas de las montañas y tenía la sensación de volar. Ibas con la moto, al lado tenías las aves que te iban siguiendo y la sensación era la de volar, se me saltaban las lágrimas. Si alguien pudiera sentir esa sensación, que es tan maravillosa, no dejaría la moto nunca, era tan bonito, una auténtica gozada. Si yo pudiera meter esas sensaciones en una cajita y dársela a las chicas, ‘toma, prueba esto’, sería genial”.

P. ¿Qué te cuesta más, marcharte de viaje o volver?

R. Yo creo que todo tiene su qué. Cuando vas volviendo ya estás pensando en el próximo viaje. Volver se te hace duro, pesado, normalmente porque al día siguiente hay que empezar con la rutina. Pero cuando llegas a casa, enseguida surgen mil ideas para viajar. Porque el viaje empieza en el momento en que tú dices ‘destino tal’, y ya empiezas con los preparativos. Comienzas a buscar documentación, a preparar esto, comprar aquello y ya estás en modo viaje. Entonces, tú nunca terminas de viajar, estas siempre viajando, esto es lo maravilloso también”. Y luego, ya encima de la moto, “disfrutar del viaje, siempre, si no llego, no llego, porque me quedo antes aquí o allá, pero disfruto del viaje. Puedes gozar incluso volviendo a casa haciendo otro recorrido diferente al salir de trabajar y disfrutar de ese nuevo trayecto en moto”.

8 Respuestas para “ISABEL PUIG: “A LAS MUJERES LES DIGO QUE ES UN LUJAZO IR EN EL ASIENTO DELANTERO DE LA MOTO, CONDUCIÉNDOLA; QUE NO ENTIENDO CÓMO PUEDEN IR UN PALMO ATRÁS””

  • juan Doval dice:

    Yo soy ese chico español de Tanger que te organizó tu primera ruta por Marruecos,después vinieron más viajes.
    Siempre supe que volverías porque eres motera,lo llevas en la sangre en tu ADN.No tienes nada que envidiar a cualquier motero.Sigue así amiga.Siempre nos quedará marruecos.

    • Isabel Puig dice:

      Juan!!! Y cada vuelta era mejor que la anterior!!! Para el próximo nordeste, creo que es lo que todavía no conozco.Muchas gracias !!!

  • Andrés de Luxury dice:

    Como “hombre de moto” ha sido, es y será un honor, un orgullo y un placer poder compartir ruta contigocomo hicimos por el Stelvio.

  • MCG dice:

    Que razón tienes amiga, mejor un palmo delante que no atrás.
    Te admiro desde el día que te conocí que te tuve de compañera en la vaca por el gran corazón que tienes,por tu valentía en tus viaje, por la de kms que has recorrido junto a tu marido y ahora sola.
    Me ha encantado estas lineas que te han ofrecido, ahora sé un poquito más de ti.

    Espero volvernos a ver y que me cuentes más historias.

    • Isabel Puig dice:

      Merche!!!! La Vaca allí nos conocimos y que sudada con el fuego todo el día!!! Nos volveremos a ver seguro!!! Tu eres de las que pasó ese palmo y ahora disfrutas de la conducción!!! Grande!!!!

  • Jordi Bornay dice:

    Me lo he leído todo y con cariño.
    Conozco a Isabel del día a día y doy fe del carácter aquí descrito, de gesto afable, talante abierto y comunicativa, de sonrisa franca. Es el signo de identidad de los verdaderos riders.
    Espero que antes de que te jubiles, deje la ‘palangana’ y tenga una moto de verdad, para salir juntos un día y aprender de ti.
    Un abrazo

  • Carlos Benavides dice:

    Nací en 1957 como tú, pero empecé con las motos algo antes, a los siete años me enseñaba mi padre a montar en una vieja vespa.
    He tenido 18 motos de todo tipo y cilindrada desde 50 a 1200 Cc
    Ahora con una F800R sigo montando y quizás planeando un viaje al cabo norte

    Animo a todos los monteros y uves.

Deja tu comentario