MOTO Y ENTREGA

Por Agustín Ostos
Me entrego. A la ruta, a los vientos y a los vuelos. Me entrego a lo que tenga que pasar, a lo bueno, a lo malo, a lo cierto y a lo incierto. En los caminos visibles trataré de discernir los invisibles, pues esos son los que me suelen llevar a donde tengo que llegar.

Pido emoción, aunque de eso, haciendo lo que hago, nunca falta. Y para el que no lo crea, puede ver este vídeo en el que se me rompe el radiador a 4.500 metros en medio de la estepa peruana.

Y es que es así: viajar en moto es entregar la posibilidad de que tengamos que pagar con la vida por disfrutar ese dulce veneno que nos hace sentir tan vivos. Probablemente estamos más expuestos que en ningún otro medio de transporte, como puede comprobarse en este otro vídeo en el que un camionero casi mata a mi compañero Víctor Segura en la Cuesta de Lipán (Argentina)

Y es que no pasa nada… hasta que pasa; y cuando pasa, se responde con la vida. Y si la vida es el mayor bien que existe… ¿Cómo puede alguien poner en peligro aquellas que ni siquiera son la suya? ¿Qué necesidad hay de hacer algo así? Quiero pensar que el tipo no es mala persona, que fue una imprudencia y que todos cometemos errores, pero… ¿Cómo pudo realizar un segundo adelantamiento de ese calibre después de casi llevarse por delante a un motorista? ¿Alguien me lo explica? No me entra en la cabeza.

La mayor parte de las veces que no se materializa el accidente quedan impunes porque no hay pruebas, pero en esta ocasión se cumplió nuestro objetivo: en menos de 24 horas desde que publiqué el vídeo atraparon el camionero temerario en Jujuy (Argentina). Sabemos que le han puesto una multa de casi 1.000 euros, que el camión quedó retenido y que la empresa no lo va a despedir. Sin embargo, aún no hay noticias de que vaya a ser imputado criminalmente, ni de si le quitarán su carnet de conducir chileno. Pero insistimos: nuestro objetivo era dar con el responsable y denunciar acciones potencialmente mortales para concienciar… y se cumplió. ¡Por unas carreteras seguras! ¡y que vivan las motos!

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