TU PRIMERA MOTO “GRANDE”

Por Carlos Permuy
Ya has pasado el calvario del A2, has estado un par de años más con tu moto de cilindrada media y, por fin, ha llegado el día. Vas a cambiarla por tu primera moto “grande”. Puede que sea una naked, porque es la que da más sensación de “montar en moto” ya que no tiene ningún tipo de protección o, simplemente, por su estampa preciosa con un diseño limpio.

También puede que sea una GT con la que recorrer el mundo descubriendo carreteras fantásticas con todo el equipaje a cuestas o una maxi trail, para perderte en el más recóndito de los desiertos, aunque, a lo mejor, lo tuyo puede que sea el circuito y lo que quieres es sentir la velocidad en su estado más puro y para ello has encargado una RR.

Sea la moto que sea, el trámite de encargarla y pagar la señal es único. Es un subidón y una alegría que los que no son moteros difícilmente podrán entender. Después viene el calvario, la espera de que llegue tu GS o RT o R o RR o la que sea. Te han dado un plazo de varias semanas y a ti te parece que no tienen corazón ni los que la fabrican ni los del concesionario porque ¡cada segundo de espera te parece eterno! No dejas de mirar en Internet fotos de tu moto, te lo sabes todo: su peso, su potencia, su par máximo… estás tan empollado que cuando te la entreguen ¡sabes que no hará falta que el vendedor te explique nada!

Por fin llega la llamada: “Tu moto ha llegado”, te dice la voz al otro lado del teléfono. Vas a buscarla más contento que un niño el día de Reyes. Es tu moto. La moto que posiblemente te acompañará en todas esas nuevas singladuras que has estado imaginando durante años, la moto a la que probablemente pondrás nombre y a la que hablarás más de una vez viajando sobre ella a lugares recónditos.

Te sientas en tu nueva montura y el comercial quiere explicarte para qué es cada botón pero tú le cortas a cada frase que empieza:

  • Y este botón es para…
  • ¡Para cambiar la visualización de la pantalla!
  • Así es, y este es para…
  • ¡Para cambiar la configuración de la suspensión y tienes tal y cual modo que…!

Al final, el comercial te dice: “Creo que no hace falta que te explique nada más, ¡que la disfrutes!”.

La arrancas, metes primera y la sensación cambia, ya no es sólo la ilusión de tener la moto “grande” que has soñado siempre, es algo más. Es una sensación que te dice que vais a ser grandes amigos y que a medida que os vayáis conociendo ella y tú seréis un solo ser fluyendo por la carretera.

Pero ahora tienes que ir con cuidado y cogerle el punto a tu nueva montura, por lo que extremas precauciones, pero vas rodando sin rumbo, sólo por el placer de rodar y de disfrutar cada segundo, en una vuelta que posiblemente nunca se repita puesto que es como aquella primera cita con aquella chica que te gustaba y que fue magníficamente bien, y ahora es tu novia.

Al llegar a casa, la dejas en el parking y no puedes dejar de mirarla, plantado allí delante sin alejarte de ella por bastante tiempo. Y esa noche, al acostarte, sueñas con todo lo que harás junto a ella y el mundo te parece maravilloso.

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