EURO ARRIBA, EURO ABAJO

Por Carlos Permuy
Con el título de este artículo mensual no me refiero al dinero, sino a algo que está haciendo temblar a los cimientos de la automoción que no es más que las tan famosas (y temidas) normas EURO.

Para empezar, diré que no tengo muy claro que la propulsión eléctrica sea la panacea para luchar contra la contaminación. Todos esos vehículos que se están fabricando se tienen que recargar enchufándolos al sistema eléctrico tradicional y esa electricidad también se genera usando combustibles fósiles en su mayor parte. Por si esto no fuera poco, nuestras ciudades no están preparadas para que todos tengamos vehículos completamente eléctricos. Los que tienen la suerte de tener una casa con garaje propio no tienen que adaptar nada, pero ¿y todos aquellos que viven en un piso y su coche duerme en un garaje comunitario o en la calle? ¿Cómo lo hacemos? ¿Aguantaría el edificio tal carga de consumo eléctrico? ¿Y si duerme en la calle? Además, el consumo de baterías de litio se ha disparado y si no se reciclan adecuadamente son muy contaminantes.

Y, sin embargo, la legislación medioambiental en todo el mundo “empuja” a los fabricantes a fabricar motores que cada vez contaminen menos usando para ello todo tipo de “inventos” como catalizadores, válvulas de distribución variable, válvulas de escape, difusores, inyectar la gasolina al propulsor… en fin, un despliegue tecnológico que aunque necesario, no deja de ser una complicación mecánica y un “estrangulamiento” del motor que cada vez respira “peor” y sólo los argumentos técnicos antes mencionados hacen que siga evolucionando y mejorando.

Y esto tanto ocurre en automóviles como en motocicletas, aunque los primeros lo tendrán más crudo con la entrada de la norma EURO 7 que, se supone, será el fin de los motores diésel.

Sinceramente, creo que el futuro inmediato de las motocicletas es la hibridación entre el propulsor de gasolina tradicional y el eléctrico. Ya hablé de ello unos meses atrás, pero una noticia proveniente de la sección de coches de BMW me dio una pista de por dónde podrían ir los tiros. La noticia en cuestión venía a decir que los próximos motores se estaban diseñando para que se les acoplara un pequeño motor eléctrico. Por lo que decía dicha noticia (realmente un rumor “casi confirmado”) no se trataría de un coche híbrido, sino de una especie de “turbo” eléctrico que estaría de serie en todos los propulsores de la marca.

Y entonces lo vi claro. “¡Eso es!” -me dije a mí mismo- “esta tecnología aplicada a la moto puede ser la ideal para muchos años ya que el dispositivo eléctrico ayudaría a contaminar muy poco y la sensación sería de moto con motor “de los de toda la vida”, amén de las ventajas en cuanto a prestaciones que tendría (tanto la potencia como el par serían mayores a pesar de tener un motor de explosión mucho más pequeño).

De esta manera nuestras motos apenas contaminarían, se podría repostar en cualquier gasolinera y mejorarían tanto las prestaciones como las emisiones y, estas últimas, de manera espectacular.

No quiero decir con esto que no crea que vaya a llegar la moto “grande” totalmente eléctrica con una autonomía suficiente incluso para realizar viajes de aventura. Lo que quiero decir es que creo que este sistema “ayudado por electricidad” se va a imponer masivamente en no mucho tiempo.

Hasta el mes que viene.

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