MI EXPERIENCIA EN LA NAVARIDER

Por Elsi Rider
La duda estaba en el aire, ¿me gustaría un evento con más de 800 inscritos? No estoy acostumbrada a tanta gente, mis grandes viajes son, como bien sabéis, en solitario, así que con la incertidumbre arrancaba desde mi campo base en Asturias, partí hacia Navarra.

Después de mi charla en la carpa militar que BMW Motos Javier instaló y que se quedó pequeña, comenzaba a conocer a gente de todos los lugares que venían a disfrutar de “algo diferente”, me decían.

A las siete de la mañana en grupos y cada dos minutos se va dando la salida ordenadamente para no entorpecer el tráfico. Mi grupo eran las Pink Bikers, mujeres valientes y emprendedoras con las que compartí ese fin de semana.

Poco a poco la noche va dando lugar a un precioso amanecer y entre carreteras perdidas íbamos mirando y admirando el paisaje. Más de 500 kilómetros por delante. Carreteras olvidadas, a veces complicadas y es que el otoño está llegando; en muchos tramos las hojas y erizos de las castañas tapan el camino, hay que rodar con precaución.

Los puntos de control son divertidos y en todos y cada uno de ellos hay una perfecta organización, con pincho y bebida sin alcohol incluido. Un poco de charla y unas risas, que además con este grupo de moteras está garantizado, y a continuar.

Llevamos ya unos 300 kilómetros y descubro que estoy disfrutando. Carreteras donde se podrían rodar películas, túneles formados por árboles, puentes y ríos con molinos de piedra, la típica arquitectura de la zona. Reconozco que descubrir Navarra de esta forma es sencillamente espectacular.

La anécdota

Cerca de Zugarramurdi, nos metemos por un camino con mucho musgo, hojas, y tapizado de erizos de castañas, por lo que extremamos la prudencia, excepto un grupo de italianos fuera de la ‘Nava’, viajando por su cuenta, que nos pasan a velocidades de vértigo. A los pocos kilómetros uno de ellos a punto estuvo de despeñarse por un barranco, se había salido de la curva patinando con los ‘erizos’ que la cubrían y por alguna razón incomprensible el grupo con el que viajaba había tirado sin él. Nosotras aparcamos y el italiano nos pidió ayuda, hasta que vio que éramos “mujeres”, por lo que intuyó que no era buena idea ayudarle, pero, nosotras, ante su cabezonería, conseguimos subir, con ayuda de unas cinchas, la moto a la carretera. Le costó dar las gracias y creemos que será una anécdota que le costará contar. Es increíble cómo se puede poner en duda a alguien en cuanto se quita el casco.

Anécdota aparte, con alguna perdida que otra que nos tomamos con mucho humor, fuimos recorriendo los kilómetros y saboreando Navarra para finalizar en el casco antiguo de Pamplona degustando las cazuelas y vinos típicos de la zona.

En definitiva, sólo puedo decir que, si te gusta la naturaleza, carreteras serpenteantes, bosques con encanto, buen ambiente y superar algunas que otras dificultades como parte del reto, Navarider tiene todo esto y mucho más.

Deja tu comentario