NAVARIDER DAY 2019, MOTOS, GASTRONOMÍA Y BUEN AMBIENTE

Por Gérard Mediavilla
El fin de semana del 4 y 5 de octubre de 2019, celebramos la sexta edición de NavaRider Day, un evento moto turístico no competitivo que se desarrolla en Navarra desde el año 2014.

Cada prueba (rider) tiene su espíritu, unas son de aventura, donde no sabes la ubicación del siguiente punto de control hasta que sellas el anterior, otras son de resistencia, donde se han de hacer 1.000 kilómetros en un día, pero nosotros siempre hemos tenido claro que esta debe ser una rider a la Navarra, donde la gastronomía y el buen ambiente tienen que ser los auténticos protagonistas.

Navarra es un paraíso para rodar en moto: sus carreteras bien asfaltadas, su paisaje pirenaico, que en octubre muestra el contraste de rojos, verdes y amarillos con sus innumerables puertos de montaña donde no hay una recta de 200 metros.

Octubre, con su sol de otoño, cierra además la temporada motera para muchos, sobre todo del norte, que se disponen a hibernar sus motos en el garaje esperando los primeros rayos de sol de la primavera del año siguiente.

Me siento raro en esta edición. Las tablas de los años anteriores me producen una falsa sensación de relajo que se ve contrastada por la cantidad de participantes (825) de los cuales aproximadamente la mitad son fieles repetidores. Ya no cabemos en el Parque de Antoniutti, como en otras ediciones y nos hemos trasladado al Parque de La Runa, menos céntrico, pero mucho más grande, más tranquilo y con buenos accesos al casco viejo de Pamplona al que se accede en apenas diezminutos caminando por la famosa cuesta de Santo Domingo, donde comienza el encierro de San Fermín.

El recorrido es largo en NavaRider 2019, no tanto por la cantidad de kilómetros: 511 que se pueden acortar hasta dejarlos en 420, sino por la sinuosidad de su trazado, que en muchos casos no permiten rodar a más de 60 km/hora. Pero de eso se trata: de disfrutar de la carretera sin prisas, del paisaje otoñal y del buen rollo en los puntos de control. Una vez oí algo que sin duda diferencia a NavaRider del resto de riders del Estado: NavaRider Day es ideal para hacerla en pareja.

Viernes 4 de octubre. A las 10 de la mañana empiezan a llegar las furgonetas y camiones de los patrocinadores para montarlo todo en el Parque de La Runa. Victor (Victor Pescados) Elena y yo hacemos de directores marcando y decidiendo los espacios que cada uno debe ocupar en el parque, mientras se van montando las carpas de BMW, Michelin… y otros elementos decorativos (arco de meta, ‘photocall’, etc). Este año disponemos de una carpa estilo militar proporcionada por BMW Motorrad para impartir una charla sobre los viajes de Elsi Rider, Embajadora BMW.

A las 3 de la tarde se produce un ‘déjà vu’. Como todos los años, Pep, un catalán montado sobre una Multistrada Enduro llega antes que nadie y tras el apretón de manos, la respuesta de siempre: “Tío, que hasta las 4 no podemos darte la mochila. No importa, responde. Hace bueno y esperaré tomando una cervecita”.

Poco a poco comienzan a llegar el resto de participantes que se van agrupando frente al ‘Castillo’ de BMW, una carpa hinchable bajo la cual hemos colocado la mesa para las acreditaciones. Con nuestro sistema hemos conseguido entregar cada mochila (personalizada) en menos de un minuto, pero el pico de participantes es inevitable y durante un rato se forma un poco de cola.

Risas y saludos mientras a eso de las 7 de la tarde comienza Elsi Rider a narrar su último viaje, apoyada con unas imágenes en un monitor dentro de la carpa BMW. Los oyentes están de pie, con una cerveza en la mano mientras escuchan atentamente las vivencias de Elsi. La carpa está llena.

Se pone el sol y nos vamos a cenar con unos periodistas que han venido a vivir NavaRider. No están acostumbrados a una rider de GPS, algunos son más de ‘road book’, pero NavaRider es para disfrutar del paisaje, sin tener que invertir tiempo en orientación. Raúl, uno de ellos, comenta que no es de multitudes, pero terminada la prueba confesaría que en ningún momento había sentido el agobio de una cantidad ingente de motos en la carretera.

Sábado, 6 de la mañana: Nos dirigimos nuevamente al Parque de La Runa a dar la salida a todos los motoristas que poco a poco van llegando unos minutos antes de su hora. Este año, como novedad, hemos incluido un café y un ‘croissant’ en la inscripción. Muchos hoteles no han abierto el bufé a esas horas y apetece meterse algo caliente en el estómago antes de arrancar la moto, todavía de noche. “Un buen detalle”, comentan muchos.

Txuma y Gerardo, los comisarios del punto de control de Belagua, han ido directos para montar el punto de sellado mientras a las 7 de la mañana comienzan a salir los primeros participantes en grupos de aproximadamente diez motos cada dos minutos. Apenas hay tráfico en la ciudad y a la organización nos intimida la presencia de un par de municipales que se acercan a la carpa de BMW: “¿Tendremos la música demasiado alta?” ¡No!, es solo que vienen a ayudar cortando el tráfico mientras las motos cruzan el arco de meta para la salida. Gracias por ello.

Victor, el chico para todo, hace de ‘speaker’, apoyado por Hugo, otro voluntario de la organización, mientras que las motos poco a poco van llegando al segundo punto de control (el primero es Pamplona) situado en el centro de esquí nórdico de Larra-Belagua. Las dos horas de ruta hasta allí son una auténtica gozada. Carretera estrecha hasta Lumbier y después el curveado puerto de Las Coronas que hoy nos recibe con un manto de niebla que se supera en la cumbre y parece algodón a nuestros pies. Al llegar a Isaba, el trazado continúa hacia Francia en uno de los paisajes más bellos de esta NavaRider. El Pirineo juega con ventaja en este sentido. Justo en la frontera con Francia está situado el punto de control. Es un edificio grande, con gran aparcamiento, donde se sirve un pincho de queso del Roncal acompañado de un caldo que entra muy bien a estas horas de la mañana y a 1.600 metros de altitud.

10 de la mañana: Hace ya casi una hora que ha salido el último participante y como no nos da tiempo a Victor y a mí a de llegar a Larra – Belagua, nos dirigimos directos al tercer punto de control situado en Zubiri, a 20 deja kilómetros de Pamplona, concretamente en el restaurante Gau Txori.

Cuando llegamos, sobre las 10:30, ya están presentes los primeros riders que, siguiendo las indicaciones de la organización, no han permanecido más de media hora en el anterior punto de control. La ruta que han seguido es de las preferidas por los foraneos: Vuelta hasta Isaba y después por el Pirineo Navarro: Ochagavia, Jaurrieta, las Abaurreas… Poco antes de Garralda les hemos metido por un desvío que llega casi hasta Aoiz. No se pueden perder ese trazado ancho, de asfalto impecable y curvas abiertas que permiten apretar el acelerador hasta el límite permitido superando la media de la ruta. Como colofón antes del punto de control de Zubiri, la bajada del puerto de Erro, en cuyo final se encuentra el restaurante frente a una gasolinera para repostar. Ya hemos completado la mitad de la ruta.

En el Gau Txori se lo han montado bien. Hace bueno y nos sirven la bebida más un pintxo de chistorra en la calle, mientras nos sellan el punto de control. Tres cuartos de hora después de nuestra llegada, Victor y yo arrancamos nuestras BMW (K 1600 GT y F 850 GS, respectivamente) y nos dirigimos por un atajo al cuarto punto de control situado en Dantxarinea, otro punto fronterizo con Francia.

Nos da mucha pena no ser dos participantes más, siguiendo todo el trazado en este día soleado, pero nosotros ya lo completamos unos meses atrás, y hoy estamos para trabajar, así que en apenas una hora llegamos al primero de los tres restaurantes establecidos para la comida. Hemos subido y bajado el puerto de Egozkue, por donde pasarán todos los NavaRiders y nos han inmortalizado con una foto de ruta.  Después hemos atajado hasta el punto de control. El grueso de los NavaRiders ha continuado por Belate, ancho y recién asfaltado, Ziga, y Orabidea. En este último puerto hay diversidad de opiniones. Ya lo advertimos en el ‘video briefing’. Es una vía perteneciente a la red de carreteras de Navarra, pero es estrecha, mitad cemento y mitad asfalto, con muchas boñigas de vaca y en esta época del año, plagada de castañas por el suelo. Para algunos preciosa, para otros… complicada.

Visitamos primero a Enrique y Vicky, comisarios en el Lapitxuri. Todo está en orden mientras van llegando los primeros participantes más o menos a la misma hora que nosotros. En el segundo restaurante, Rafa, Alberto y Reme controlan la llegada de los riders y por último vamos a comer al Otxondo, el tercero de los establecimientos distantes entre sí por unos cientos de metros, donde nos sellan el pasaporte Unai y Edalith.

Vemos a Paulino, David y Raúl, tres de los periodistas que están viviendo NavaRider juntos, y nos sentamos a comer. Su enorme sonrisa, sobre todo la de Raúl, delata lo bien que se lo están pasando y la conversación no puede ser otra que la belleza de Navarra y lo bien organizado que lo tenemos todo.

Tras la comida, Victor y yo nos dirigimos nuevamente al parque de La Runa adelantándonos a la llegada. El resto del grupo continua la ruta pasando por Zugarramurdi, Elgorriaga, Leitza y Lekunberri para llegar hasta el último punto de control en ruta situado en Irurtzun, donde espera una bebida incluida en la inscripción.

Se nota el cansancio de los riders en este punto y algunos (pocos) deciden atajar dirigiéndose hacia la meta prácticamente en línea recta por la N-240. Los que tienen más cayo en el trasero deciden continuar por la ruta sugerida recorriendo los últimos 75 kilómetros que les llevará hasta el alto de Guembe y les harán acercarse a Pamplona por la espectacular sierra de Echauri.

17:30 horas: Comienzan a llegar los primeros participantes. Luce el sol y poco a poco el parque de La Runa se va llenando de motos de diferentes marcas y modelos, predominando cómo no, las BMW. Parada obligada en el ‘Photocall’ y un brindis con una cerveza bien fría, también incluida en la inscripción.

Los apretones de mano, las sonrisas y el buen rollo son los protagonistas del parque, al que se van acercando curiosos a admirar el espectáculo de las máquinas de dos ruedas aparcadas en hilera.

Por consejo de la organización, los NavaRiders no permanecen demasiado tiempo en el parque. La fiesta aún no ha terminado. Todavía quedan las tres cazuelicas con tres vinos para cenar, que hemos distribuido hábilmente evitando aglomeraciones en los 27 establecimientos participantes y la fiesta final. Se respira gasolina y cuero en la parte vieja de Pamplona. Vayas donde vayas hay alguien con atuendo motero.

21:30 horas: Se abren las puertas de la sala Zentral, situada junto a la plaza del Ayuntamiento. Suenan los primeros acordes de originales versiones interpretadas por ‘La Tribu Obembe’, una divertida banda que mezcla melodías de ‘Iron Maiden’ o ‘Barricada’ con letras de ‘Mecano’ o la ‘Pantoja’. Son unos ‘musicazos’ y Txori, el cantante, sabe entretener al público con su espectáculo en el que alterna variados y divertidos atuendos.

23:00 horas: Subo al escenario junto con Elena para dar las gracias al resto de organizadores, patrocinadores y a todos los participantes, nombrando la cantidad exacta de NavaRiders venidos de toda España, que, sin contar a los navarros, suman exactamente 532. Llamo al escenario a toda la plantilla de comisarios, principalmente del Motoclub 7 de Julio y para no perder tiempo decidimos efectuar el sorteo de productos grabándolo en vídeo la semana que viene. La ‘Tribu Obembe’ es mucho más divertida que nosotros y el concierto debe finalizar a las 12 de la noche. Todos afirman que volverán en 2020 y yo sé que es cierto. NavaRider se ha convertido en una cita obligada para los asiduos a este tipo de pruebas.

Mientras tanto, muchos nos veremos las caras en WOW Rider. Tenemos otra cita en Huesca el próximo junio y ya hemos empezado a prepararla.

Vídeo:

https://motorutas.com/historicoDetalleEvento.php?idexcursion=69

 

 

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