ESLOVENIA SALVAJE

Por Eduard López Arcos
Han sido dos meses y medio de ruta por el norte de la península, recorriendo los Pirineos y Alpes franceses, el norte de Italia, Eslovenia y un pedazo de Austria. La improvisación me ha llevado por espectaculares carreteras reviradas de montaña, pistas y caminos en donde me adentraba plenamente en la naturaleza, y he compartido momentos con gente magnífica.

En mi anterior ‘post’ contaba mi encuentro con Catherine y Éric, en Francia. Desde que me despedí de ellos me he ido encontrando con más amigos, que han aliñado una ruta fantástica con su hospitalidad y buena compañía. Ha habido otros amigos con los que esta vez no he podido coincidir, pero espero poder hacerlo en otra ocasión.

Eslovenia, el paraíso

Me ha sorprendido mucho Eslovenia. En un primer momento su gente me pareció algo fría, pero desde luego esa fue solamente mi primera impresión. Reconozco que, a pesar de ser muy abierto y tener poca vergüenza (¡ja, ja, ja!), guardo las distancias cuando conozco a alguien. Según dicen esa sería una característica común que tenemos los catalanes, aunque también soy cauto defendiendo este tipo de clichés.

El ochenta y cinco por ciento del territorio esloveno es natural. Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto de la moto en plena naturaleza. Existen infinidad de pistas, caminos y senderos envueltos de exuberantes bosques que atraviesan montañas, algunas de las cuales superan los 2.500 metros de altitud. Con casi 2.900 metros, el Triglav es la montaña más alta de Eslovenia, con un entorno verdaderamente espectacular que conforma el imponente parque nacional que lleva su mismo nombre.

En un primer momento pensé en atravesar Hungría para llegar hasta Eslovaquia, pero me gustó tanto Eslovenia que decidí dedicarle más tiempo. Poder perderme por carreteras, dejar de lado el asfalto, refrescarme en magníficos lagos y acampar con absoluta libertad, es algo que me hace sentir completo y feliz, y encontré en Eslovenia el paraíso.

Un contratiempo

Una mañana, cuando me disponía a recoger mi “castillo” (mi estupenda tienda Atacama de Redverz), sentí que algo no iba bien en la parte inferior de mi espalda. En la zona lumbar derecha sentí un pinzamiento que me provocó una molestia, pero que se convirtió en un dolor que aumentaba de forma veloz y exponencial, hasta el punto de que me incapacitaba para estar de pie, hacer cualquier esfuerzo y caminar. Tomé dos comprimidos de antinflamatorio que llevo siempre en mi botiquín de viaje. La situación era preocupante. Estaba en medio de un bosque, en donde el acceso no era el más fácil y habitual. Tenía más posibilidades de encontrarme con un oso que con alguna persona. Mi teléfono tenía muy poca batería y tampoco tenía cobertura. Si hubiera tenido como única opción pedir ayuda, lo hubiese tenido muy complicado. Por fortuna, el antinflamatorio funcionó, y al cabo de una hora podía moverme, aunque con mucho cuidado. Empecé estirando la espalda y haciendo algunos ejercicios y luego pude empezar a desmontar el campamento y cargar la moto, no sin sentir un dolor constante.

Hospitalidad eslovena

Por fin encontré un pequeño pueblo, Col. Entré en un pequeño restaurante para tomar un café y pensar qué hacer. No podía continuar sin antes recuperarme de la espalda. Milos, el dueño del restaurante Gostilna Tratnik, se preocupó por mi estado y se solidarizó conmigo, pues él también había sufrido ese mismo problema. Me ofreció una habitación en su hostal. Allí pude comer y descansar durante tres días, que fueron suficientes para recuperarme, al menos en un noventa por ciento. Milos y su esposa son encantadores, se portaron estupendamente conmigo, y se convirtieron en nuevos amigos para mí.

Artesanía y motos

Después, me dirigí a Mureck, en donde pasaría unos días en casa de Gerald y Mahsa. Mahsa es iraní, pero ha vivido y visitado tantos lugares del mundo que su casa es precisamente esa: el mundo. Gerald es austríaco y un grandísimo artesano de cerámica. Pude ver cómo trabaja en el taller de su casa y me quedé impresionado por su arte. Realmente hace un trabajo excelente. Mahsa, por su parte, tiene una agencia de viajes (http://www.notjustatourist.com), que gestiona desde cualquier parte del planeta con su ordenador y teléfono móvil.

Tanto Mahsa como Gerald son motociclistas y viajeros, y su trabajo les permite dedicar buena parte del año a viajar. Hacen muy buena pareja. Además, Puma, una gatita jovencita, hace que la atmosfera de la casa, que ya de por sí es muy agradable, sea todavía más entretenida.

Os contaré más cosas sobre este viaje en mi próximo post.

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