HACIENDO LO CONTRARIO

Por Carlos Permuy
Recuerdo una situación que me ocurrió en uno de los primeros viajes en moto que hice con veintipocos años con un grupo de moteros ya curtidos que me duplicaban en edad.

Estábamos en la isla de Mallorca y habíamos bajado a Sa Calobra, una playa a la que se accede mediante una estupenda carretera de curvas, la cual se tarda un buen rato en recorrer. Pues bien, era prácticamente la hora de comer y queríamos ir a un restaurante de la otra punta de la isla. En esto, que cuando vamos a salir, uno del grupo, junto con su mujer, nos dice que ellos no van, que se quedan a comer en el pequeño restaurante que había allí, y que ya nos alcanzarían luego. Todo de buen rollo, por supuesto.

Personalmente, me sorprendió mucho este cambio de planes por parte del compañero por lo que le pregunté la razón del mismo. Él me miró con una media sonrisa (recordad que yo era el alevín del grupo con veintitantos) y me dijo lo siguiente: “Es tarde, seguramente llegaréis con la cocina a punto de cerrar con lo que os servirán de mala gana, eso si no la encontráis cerrada. Además, el cielo está encapotado y lo más seguro es que os pille un chaparrón durante la ruta. Yo prefiero comer aquí, a una hora decente, y en cuanto acabemos iremos al restaurante donde estaréis vosotros y seguro que aún tendremos que esperar”.

“No será para tanto”, pensé para mis adentros y me fui con el grupo hasta donde teníamos pensado comer. A los quince minutos de salir empezó a caer agua como si no hubiera un mañana, parando de llover al llegar al destino. Llegamos que ya estaban a punto de cerrar y como había pronosticado el compañero, nos sirvieron de mala gana y tarde. El resultado fue que cuando él llegó con su mujer nosotros estábamos esperando el postre, por lo que le dio tiempo incluso de tomar el café con nosotros y luego seguir ruta todos juntos. Por si eso fuera poco, comieron de cine y no les pilló la lluvia.

Medio en broma medio en serio, le dije que había tenido mucha suerte a lo que él me contesto lo siguiente: “Te voy a dar un consejo que te va a servir para todo en la vida, no sólo para la moto. Cuando todos hagan una cosa, tú haz lo contrario. Cuando todos vayan a curvear a la carretera “A” tu vete a la “B”. Habrá menos gente, menos peligro y te lo pasarás mejor. Cuando alguien diga de ir a algún lugar en horas que no tocan, como hoy, que la mayoría quiera ir no significa que sea lo más idóneo. Los moteros, cuando vamos en moto, tendemos a dejar las decisiones en manos del ‘Road Leader’, con lo cual nos volvemos vagos a la hora de pensar. Pero no sólo lo puedes aplicar al mundo de la moto, a la hora de hacer negocios también puedes hacerlo, cuando la gente venda, tú compra. Cuando la gente compre, tú vende y verás como al final las cosas saldrán bien.”

Como era un empresario de éxito y sus consejos eran dignos de escuchar, ha sido una de mis máximas hasta hoy.

Pero, ¿por qué os cuento todo esto? El otro día estaba mirando los mensajes de Instagram del grupo de BMWMOTOS.COM y en poco tiempo me salieron dos publicidades de dos marcas competencia de BMW. Una de ellas anunciaba el lanzamiento de una especie de Punta a Punta y la otra una suerte de Punta a Punta Espíritu GS, pero con su modelo de trail, claro está.

Y precisamente, me vino a la mente el sabio consejo que me dio el veterano motero hace ya veinte años y pensé “no estáis haciendo lo contrario, estáis haciendo algo que ya hace alguien con éxito y así no os podréis diferenciar y la gente siempre preferirá un original que funciona a una copia que vete tú a saber”. A lo que me dio a pensar, a su vez, que el motivo del éxito de BMW ha sido hacer unas máquinas increíbles precisamente por ser diferentes a todas las demás: bóxer, telelever, ABS (fueron los primeros en desarrollarlo junto con Bosch, aunque ahora lo lleven todas), y muchas otras cosas efectivas y, sobre todo, muy diferente a lo que había hasta ese momento.

¡Hasta el mes que viene!

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