GAUCHOS EN MOTO

Por Agustín Ostos
Una de las mayores riquezas del camino del viajero es el cruce con personajes auténticos que bien pudieran estar sacados de un cuento del realismo mágico… pues mágico fue, como poco, ir al parking que hay detrás del monumento a Güemes de Salta (Argentina) y que aparecieran de la nada dos auténticos gauchos ataviados religiosamente con su indumentaria clásica y rostro enjuto al contemplar mi motorizada jaca.

“¿Les gusta?” Pregunté. “A veces cocea, ¡pero con cariño se puede domar!” Añadí. Tal era la curiosidad que bañaban sus ojos tostados por el sol de mover ganado montaña adentro encima de sus corceles que no pude evitar invitarles a la experiencia de sentir, aunque por unos instantes fuera, estar encima de mi sempiterna Súper-Supernova.

“Ché, ¡es como una yegua de las nuestras!” Bromeaban entre risas. “Sí, pero cuando vuestros caballos van al suelo, suelen levantarse solos. Lamentablemente, no es el caso de mi compañera”, dije suspirando.
Y así, entretenidos, conversamos todos más de una hora intercambiando sensaciones de caballos y motocicletas, de la vida y sus sorpresas, del camino y sus misterios. Y ahora, con el recuerdo aún presente en mi memoria, les dedico estos versos:
Salúdale a la vida
cuando viene al galope
con dos gauchos argentinos
de poncho colgante
y generoso bigote
‘¡Yiiiiihaaaa!’

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